La vara floral de una echeveria no sale del centro de la roseta. Sale de un lado, desde la axila de una hoja, y se aleja arqueándose hasta medio metro antes de abrir la primera flor. Ese detalle anatómico, que parece menor, es la razón de que una Echeveria pueda florecer todos los años sin morirse, cosa que no ocurre con otras crasas de roseta que se le parecen.

Una inflorescencia lateral que no mata a la planta

El género Echeveria agrupa unas ciento cincuenta especies de crasuláceas, casi todas mexicanas, con presencia menor en Centroamérica y hasta el noroeste de Sudamérica. Su inflorescencia es un escapo axilar: un tallo florífero que nace en la axila de una hoja de la roseta, no en su ápice. Ese escapo lleva hojas bracteales reducidas y termina en una o varias cimas escorpioides, es decir, ramas curvadas en las que las flores se disponen todas del mismo lado y el eje se enrolla como la cola de un escorpión, desenrollándose a medida que abren las flores de la punta.

Las flores son campanuladas o urceoladas, de uno a dos centímetros, con cinco sépalos carnosos y extendidos y una corola de cinco pétalos aquillados, casi siempre naranja o rojo coral por fuera y amarillos por dentro. Se abren poco: son flores de polinización por colibrí en su hábitat, y esa forma tubular estrecha lo explica.

La consecuencia importante es que el meristemo apical de la roseta sigue intacto. Como la flor sale de un lateral, el punto de crecimiento del centro continúa produciendo hojas después de la floración, y la planta florece de nuevo al año siguiente. Es lo contrario de lo que ocurre en Sempervivum, Aeonium y Agave, donde la inflorescencia es terminal y consume el ápice: la roseta que florece muere, y solo sobrevive el género gracias a los hijuelos. Quien haya visto morir un Sempervivum tras florecer y tema lo mismo con una echeveria puede estar tranquilo.

Flor acampanada naranja de una Echeveria en la vara floral

Cuándo florecen y por qué muchas esperan al final del verano

El grueso del género florece entre abril y julio. Pero un conjunto bien definido lo hace de septiembre a diciembre, y a esas se refiere el color de otoño: Echeveria pulvinata, Echeveria harmsii, Echeveria nodulosa, Echeveria setosa y buena parte de los híbridos derivados de ellas empiezan a subir la vara cuando el calor afloja.

La explicación está en su origen. Son plantas de zonas montañosas de México con régimen de lluvias de verano y estación seca de invierno. La inducción floral se dispara con el cambio de estación, no con una fecha: días que se acortan, noches que bajan de 15 °C y un periodo previo de crecimiento activo con humedad. En España, ese conjunto de señales se produce a finales de agosto y en septiembre, cuando las noches se refrescan después de un verano de riegos. Una planta que ha pasado el verano en sombra profunda o sin regar apenas puede saltarse la floración por completo: la vara es un gasto que la planta solo asume si tiene reservas.

Desde que asoma el escapo hasta la primera flor pasan de cuatro a ocho semanas, y la inflorescencia dura otras tres o cuatro. Un ejemplar bien establecido puede emitir dos o tres varas sucesivas de axilas distintas.

¿Cortar la vara o dejarla?

Depende de tres cosas.

Déjala si la planta es adulta, está bien alimentada y quieres la floración, que es lo lógico. También si buscas semilla o vas a cruzar dos ejemplares: hay que dejar la vara hasta que los folículos maduren y se abran, entre seis y diez semanas después.

Córtala si el ejemplar es pequeño o recién enraizado, si la roseta se está adelgazando visiblemente mientras crece el escapo, o si la planta viene de un trasplante reciente. La vara tira de reservas y en una planta débil sale del tamaño de la roseta.

Un segundo motivo para vigilarla es el pulgón, que se concentra en el escapo tierno y en los botones con preferencia sobre el resto de la planta. Una vara infestada conviene cortarla y retirarla, porque desde ahí el pulgón pasa a las axilas de la roseta.

Cuando la floración termina, la vara se seca de la punta hacia abajo. Conviene cortarla dejando uno o dos centímetros y esperar a que ese muñón se desprenda solo: si se arranca de raíz en fresco, queda una herida abierta en la axila, justo el lugar donde el agua se acumula y empiezan las podredumbres.

Las hojas bracteales del escapo, por cierto, sirven de esqueje igual que las de la roseta, y algunas especies producen plántulas directamente sobre la vara.

Por qué una echeveria se pone roja

El color de una roseta es la suma de tres cosas: clorofila, carotenoides y antocianinas, más una cuarta que no es pigmento, la pruina o capa de ceras epicuticulares que da el azul blanquecino de Echeveria laui, Echeveria elegans o 'Cante'.

En condiciones de sombra domina la clorofila y la hoja se ve verde. Cuando la luz que recibe la planta supera lo que su fotosíntesis puede aprovechar, el exceso de energía genera especies reactivas de oxígeno que dañan el tejido. La respuesta es doble: baja el contenido de clorofila y se sintetizan antocianinas, pigmentos vacuolares rojos, rosas y violáceos que actúan como filtro solar interno. Al mismo tiempo quedan al descubierto los carotenoides amarillos y anaranjados que ya estaban ahí.

El frío refuerza el efecto porque ralentiza el consumo de azúcares por la planta; esos azúcares acumulados son a su vez una señal que estimula la síntesis de antocianinas. Y la sequía actúa de forma parecida, al reducir la actividad fotosintética sin reducir la luz recibida. Por eso el momento de máximo color en España va de octubre a marzo: sol bajo pero intenso, noches frías y riegos espaciados. Una misma Echeveria agavoides 'Ebony' puede pasar del verde oliva al burdeos con solo cambiarla de sitio.

Ese color es una respuesta a estrés controlado, no un signo de salud ni de enfermedad. Lo que sí es un problema es el rojo acompañado de hojas arrugadas y blandas, que indica sequía excedida, o las manchas pardas secas con centro pálido, que son quemaduras por sol directo tras un cambio brusco de exposición.

La echeveria pálida y estirada

La otra cara del mismo mecanismo. Una roseta con los entrenudos alargados, el centro elevado sobre un cuello desnudo, las hojas más pequeñas, más finas, verde pálido y orientadas hacia arriba en lugar de abiertas está etiolada: crece buscando luz que no tiene. Ocurre en interior junto a una ventana, en balcones orientados al norte y en invernaderos con exceso de sombreo.

La etiolación no se corrige. Los entrenudos ya alargados no se acortan al mejorar la luz; lo único que se consigue es que el crecimiento nuevo salga compacto sobre un tallo feo. La solución es decapitar: cortar la roseta con tres o cuatro centímetros de tallo, dejarla cicatrizar una semana a la sombra y enraizarla en sustrato mineral apenas húmedo. El tocón restante suele emitir varios brotes laterales.

Al mover una planta pálida a pleno sol hay que hacerlo por etapas, con dos o tres semanas de exposición creciente o bajo una malla de sombreo, porque una hoja formada en penumbra no tiene la protección para el sol de mayo y se quema en un día.

Echeveria 'Afterglow' con roseta de tonos rosados y pruina

Cultivo en España

Luz. Sol directo de octubre a mayo. En julio y agosto, en el interior peninsular y en el sur, conviene malla de sombreo del 30 al 50 % o sol de mañana solamente: por encima de 38 °C la planta entra en parada y las hojas se marcan.

Sustrato. De 50 a 70 % de componente mineral —pómice, arena silícea gruesa de 2-4 mm, akadama o picón— con el resto de turba o fibra de coco. Maceta de barro y con agujero, ajustada al tamaño de la roseta.

Riego. Empapar hasta que drene y no volver a regar hasta que el sustrato esté seco en profundidad: en verano cada 7-10 días, en invierno cada tres o cuatro semanas o nada si está a la intemperie. Siempre a la base, nunca sobre la roseta: el agua retenida entre las hojas mancha la pruina de forma permanente y pudre el centro.

Frío. La mayoría toleran hasta 0 °C en seco y algunas hasta -3 o -4 °C, pero la combinación de frío y humedad es la que mata. En la mitad norte y en cualquier zona con lluvia invernal, a cubierto de la lluvia entre noviembre y marzo.

Plagas. Cochinilla algodonosa en las axilas y en el cuello de la raíz, pulgón en la vara floral y, con riego excesivo, larvas de mosquito del sustrato. La revisión del cuello al trasplantar detecta la cochinilla radicular antes de que sea un problema.

No consta toxicidad relevante en el género, pero tampoco es una planta de consumo y no debe tratarse como tal.

Híbridos con Graptopetalum y Pachyphytum

Echeveria se cruza con facilidad con géneros próximos de la misma familia, y esos intergenéricos son buena parte de lo que hoy se cultiva.

×Graptoveria (Graptopetalum × Echeveria): 'Debbie', 'Fred Ives', 'Titubans'. Heredan hojas más gruesas, mayor tolerancia al riego irregular y flores más abiertas y estrelladas, con el aspecto de Graptopetalum, en lugar de la campanilla típica de echeveria.

×Pachyveria (Pachyphytum × Echeveria): 'Powder Puff', 'Clavifolia'. Hojas muy carnosas y cubiertas de pruina, roseta más laxa, y más tolerancia al calor seco.

×Sedeveria (Sedum × Echeveria): 'Letizia', 'Blue Elf', 'Darley Dale'. Los más rústicos del grupo, con rosetas menores y ramificadas, y los que mejor aguantan a la intemperie en clima mediterráneo.

Todos florecen con el mismo esquema lateral y policárpico, de modo que las indicaciones sobre la vara valen igual para ellos.

En resumen

La floración de una echeveria sale de un lateral de la roseta, en una vara larga rematada en cimas escorpioides de flores acampanadas naranjas, y no compromete la vida de la planta porque el ápice de la roseta no se consume. Un grupo del género florece de septiembre a diciembre, inducido por el acortamiento del día y las noches frescas tras un verano de crecimiento. La vara se deja salvo en plantas débiles, y se corta al secarse dejando un muñón que se desprenda solo. El color rojo o rosa de la roseta es antocianina sintetizada como protección ante luz alta, frío y sequía; una roseta verde pálida y estirada indica falta de luz y solo se arregla decapitando y reenraizando.


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