Crece en la coronación de un muro de piedra seca, sin tierra a la vista, y florece de abril a octubre sin que nadie la riegue. Esa escena resume bien al Centranthus ruber: una vivaz que da flor durante medio año en las condiciones que matan a casi todo lo demás. También explica su otra cara, porque lo que coloniza un muro ajeno coloniza igual de bien un arriate propio.
Qué planta es y cómo se reconoce
Centranthus ruber (L.) DC. se conoce en España como valeriana roja, hierba de San Jorge o milamores. Pertenece a la familia Caprifoliaceae, donde se integró la antigua familia Valerianaceae tras la revisión filogenética del grupo.
Es una vivaz de base leñosa de 40 a 90 cm, que forma matas redondeadas y algo desgarbadas con la edad. Los tallos son erguidos, huecos y glaucos. Las hojas van opuestas, son ovado-lanceoladas, enteras, de textura algo carnosa y de un verde azulado que se distingue a distancia incluso sin flor: las inferiores tienen peciolo y las superiores abrazan el tallo.
La inflorescencia es un corimbo denso, de flores pequeñas y muy numerosas, de 8 a 10 mm, en tonos que van del rosa carmín al rojo ladrillo. El detalle que identifica al género está en la flor: cada corola lleva un espolón fino en la base del tubo —de ahí Centranthus, de kentron, espolón— y un único estambre. Es lo que la separa a simple vista de la valeriana medicinal, que ni tiene espolón ni tiene un estambre solo.
Es fragante y funciona muy bien para la fauna: atrae mariposas diurnas, y sobre todo esfinges como la Macroglossum stellatarum, la esfinge colibrí, que aprovecha ese espolón con su larga espiritrompa, y polillas nocturnas.
Dónde vive de forma natural
Es autóctona de la cuenca mediterránea, con la península ibérica dentro de su área natural, especialmente la mitad este y el sur. Su hábitat de origen son los roquedos calizos y las gleras, y desde ahí ha pasado a los ambientes que el ser humano fabrica y que se le parecen: coronaciones de muro, taludes de carretera, escombreras, desmontes de vía de tren, medianeras y cunetas.
Ese comportamiento rupícola marca todo lo demás. Prefiere suelos básicos, va perfectamente sobre caliza y sobre yeso, aguanta terrenos pedregosos y pobrísimos, y tolera la sal, lo que la hace útil en jardines de litoral. Resiste heladas de hasta unos -12 ºC sin daño, aunque en zonas frías del interior pierde la parte aérea y rebrota de la cepa. Lo que no soporta es el suelo pesado con humedad invernal: en arcilla que retiene agua se le pudre el cuello.
Su valor en el jardín seco
Su mérito real es la duración de la floración. Con una primera oleada fuerte de abril a junio y, si se recorta, una segunda que puede llegar a noviembre en clima suave, cubre un periodo que en jardinería mediterránea suele quedar vacío: julio y agosto, cuando la lavanda ya ha pasado y el otoño queda lejos.
El segundo mérito es que no pide nada. Una vez establecida no necesita riego en la mayor parte de España, no quiere abono, no requiere suelo preparado y crece donde no hay sustrato que valga la pena. Es una planta de xerojardinería de las que aguantan el verano sin marcar el gesto.
Los sitios donde funciona mejor son los que reproducen su hábitat: coronaciones y juntas de muros de piedra seca, taludes que hay que sujetar y no se van a regar, jardines de grava, rocallas grandes, alcorques y el pie de una alambrada o una valla. Combina bien con Euphorbia characias, Nepeta, Erysimum, santolinas, Perovskia y gramíneas como Stipa tenuissima, con las que comparte exigencias.
El carácter colonizador: hablemos de la semilla
El fruto es un aquenio con vilano plumoso, del mismo diseño que el del diente de león. El cáliz, que durante la floración pasa desapercibido, se despliega al madurar en una corona de pelos que convierte cada semilla en un paracaídas. Una mata adulta produce miles y el viento las lleva lejos, de jardín a jardín y de solar a solar.
Además germinan en grietas, con muy poco sustrato, y la plántula desarrolla enseguida una raíz gruesa que se mete entre las piedras. Esa combinación —dispersión aérea a distancia y capacidad de arraigar en una fisura— es la que la ha llevado a naturalizarse fuera de su área. En el Reino Unido está ampliamente naturalizada, y en Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica y la costa oeste de Estados Unidos figura en listas de especies invasoras, en algunos estados con restricciones de venta.
En España es nativa, así que el problema no es ecológico sino doméstico: aparecerá donde no se la ha puesto, en el hueco entre losas, en la maceta del limonero y en el arriate del vecino. En zonas de muro histórico, además, la raíz trabaja la junta y ayuda a descalzar la piedra.
El control es el mismo gesto que mejora la floración, y por eso no cuesta trabajo extra: cortar las inflorescencias pasadas antes de que el vilano se abra. Para las plántulas no deseadas, arrancarlas jóvenes, porque con un año ya tienen raíz leñosa y hay que sacarlas con azadilla.
El recorte de junio: la operación que lo cambia todo
Cuando la primera floración empieza a pasar, entre junio y principios de julio según la zona, la mata se afea: los tallos se abren, se tumban por el centro y el conjunto queda deslavazado. En ese momento se le da un recorte fuerte, dejándola a unos 15-20 cm, o cortando aproximadamente un tercio de su altura si se prefiere ser conservador.
Con eso se consiguen tres cosas de una vez: la planta rebrota compacta desde la base, vuelve a florecer en agosto y septiembre y, sobre todo, no llega a soltar semilla. Es el mismo corte que evita la resiembra masiva y el que mantiene la mata presentable. Si se salta, la floración de otoño no llega y en septiembre habrá vilano por todo el jardín.
A finales de invierno se hace una limpieza de tallos secos a ras de la cepa. Y conviene saber que es una planta de vida relativamente corta, de tres a cinco años en buenas condiciones: en un jardín naturalista se autorreemplaza sola por semilla, y en uno controlado hay que reponerla de vez en cuando.
Cultivo y multiplicación
Exposición. Pleno sol. En sombra se ahíla, florece poco y se tumba.
Suelo. Pobre, pedregoso, con drenaje rápido y preferiblemente alcalino. Si el terreno es arcilloso, plantar en caballón o en la parte alta de un talud. Nada de enmiendas ricas.
Riego y abono. Riego solo el primer verano, para que enraíce. Después, ninguno en clima mediterráneo. Abono, tampoco: con fertilizante da mucha hoja blanda, se tumba y florece peor.
Problemas. Muy pocos. Pudrición de cuello en suelo húmedo, algo de oídio en veranos bochornosos y babosas en el rebrote tierno de primavera.
Semilla. Es la vía más simple. Se siembra en otoño o a principios de primavera, apenas cubierta porque necesita luz para germinar, y florece al segundo año, o el mismo si se siembra muy temprano. Recogerla es fácil: basta esperar a que el vilano se abra.
Esquejes y división. Se pueden tomar esquejes basales en primavera, de brotes jóvenes de 8-10 cm, que enraízan bien en arena. La división de mata es incómoda porque la cepa se vuelve leñosa y no admite bien que la partan; en plantas de más de tres años, es mejor sustituirlas que dividirlas.
La variedad blanca y otros cultivares
La forma blanca, Centranthus ruber var. albus, tiene la flor de un blanco limpio y el follaje algo más claro, y es igual de rústica que la roja. Da mucho juego en jardín seco, porque el blanco aguanta la luz dura del mediodía sin apagarse, cosa que al rosa carmín le cuesta. Hay que saber una cosa: sus plántulas no salen todas blancas, y en una plantación mixta la descendencia acaba dominada por el rosa, que es el color de tipo. Quien quiera mantener el blanco puro debe cortar las flores pasadas y reponer de esqueje.
Entre los cultivares seleccionados, 'Coccineus' tiene el rojo más intenso y 'Albiflorus' o 'Snowcloud' son formas blancas de vivero. También existe una especie hermana, Centranthus lecoqii, de flor lila pálido y hoja más glauca, presente en la mitad este peninsular.
No es la valeriana medicinal
El nombre común induce a error con frecuencia, así que conviene dejarlo claro: la valeriana roja no es la valeriana de la que se hacen las infusiones y los preparados para dormir. Esa es Valeriana officinalis, otra planta distinta, de la misma familia pero de otro género.
Las diferencias son evidentes en campo. Valeriana officinalis es una planta de suelos húmedos, de prados encharcados, orillas y bosques de ribera, con hojas pinnadas, divididas en muchos folíolos, flores blanco-rosadas en corimbo sin espolón y una raíz de olor muy característico. Centranthus ruber tiene hoja entera, flor con espolón, un solo estambre y vive en la roca seca. Ni el hábitat ni la morfología coinciden.
La tradición europea atribuye a la raíz de Valeriana officinalis un efecto sedante y de ayuda al sueño; las revisiones de ensayos clínicos disponibles arrojan resultados modestos y poco consistentes, con estudios de calidad desigual. Sus preparados presentan interacciones con depresores del sistema nervioso central —benzodiacepinas, alcohol, anestésicos— y no se recomiendan en embarazo, lactancia ni en menores sin criterio médico. Nada de esto se traslada al Centranthus ruber, que no tiene uso medicinal reconocido: sus hojas tiernas se han comido en ensalada en Italia y poco más. Ante cualquier duda sobre plantas medicinales o sobre su compatibilidad con una medicación, la consulta es al médico o al farmacéutico.
En resumen
Centranthus ruber, la valeriana roja o hierba de San Jorge, es una vivaz mediterránea de roquedo que florece de abril a octubre en suelo pobre, calizo y seco, a pleno sol y sin riego, y que resuelve muros, taludes y jardines de grava mejor que casi ninguna otra. Se dispersa con enorme facilidad por semilla provista de vilano, lo suficiente para figurar como invasora en varios países, y el mismo recorte fuerte de junio que la obliga a repetir floración es el que impide esa resiembra. La variedad blanca es igual de rústica, aunque su descendencia tiende a volver al rosa. Y no es la valeriana medicinal: esa es Valeriana officinalis, una planta de suelos húmedos y hoja pinnada que no tiene nada que ver con ella.