Llamar cardo a una planta no dice nada de su parentesco: dice cómo se defiende. En esa palabra caben géneros que no son hermanos entre sí, e incluso una familia botánica distinta, unidos por haber resuelto el mismo problema —que no se las coman en terreno abierto, seco y muy pastado— con la misma solución: espinas por todas partes.

Un cardo no es un grupo botánico

La mayoría de lo que llamamos cardos pertenece a las compuestas (Asteraceae) y, dentro de ellas, a la tribu Cardueae. Comparten la estructura típica de la familia: lo que parece una flor es un capítulo, un ramillete apretado de decenas o cientos de flores diminutas sobre un receptáculo común, rodeado por un involucro de brácteas que en este grupo terminan en punta espinosa. Los frutos son aquenios coronados por un vilano de pelos que actúa como paracaídas.

Pero el cardo corredor, Eryngium campestre, no es una compuesta: es una umbelífera, pariente del hinojo y la zanahoria, que ha llegado por su cuenta a un aspecto de cardo comprimiendo su umbela en una cabezuela densa rodeada de brácteas rígidas. Y la cardencha, Dipsacus fullonum, tampoco: pertenece a otra familia distinta. La espinescencia es un caso de manual de convergencia evolutiva, un rasgo que aparece una y otra vez en linajes separados porque funciona.

Quién es quién

Cynara. El género de huerta. Cynara cardunculus es la especie silvestre mediterránea de la que proceden dos cultivos: la alcachofa (var. scolymus), de la que se come el capítulo inmaduro, y el cardo de huerta (var. altilis), del que se comen los pecíolos blanqueados. Hojas grandes, profundamente divididas, de envés blanquecino, y capítulos de flores azul violáceo. Sus flores secas contienen enzimas coagulantes que se usan como cuajo vegetal en quesos extremeños de oveja.

Silybum marianum, el cardo mariano. Inconfundible por sus hojas grandes, lustrosas y con los nervios marcados en blanco, como si le hubieran derramado leche encima, de donde le viene el nombre. Capítulos grandes y solitarios, brácteas rematadas en espinas largas y recurvadas, flor púrpura. Bienal nitrófila, abundante donde hubo ganado. De sus frutos procede la silimarina; el asunto se trata en el artículo dedicado al cardo mariano.

Carduus. Cardos de capítulos medianos o pequeños, con frecuencia agrupados, y tallos con alas espinosas continuas que bajan desde las hojas. Carduus pycnocephalus y C. tenuiflorus son los que llenan los ribazos; C. nutans tiene un capítulo grande y solitario que se inclina hacia un lado, muy vistoso. Su vilano está formado por pelos simples y ásperos.

Cirsium. Muy parecido al anterior a primera vista, pero con el vilano de pelos plumosos, ramificados como una pluma, que es el carácter que separa ambos géneros con la lupa en la mano. Incluye Cirsium vulgare, robusto y de capítulos ovoides, y sobre todo Cirsium arvense, el cardo cundidor, perenne, dioico y de raíces gemíferas, que es el peor problema agronómico del grupo.

Onopordum. Plantas de gran porte, cubiertas de un tomento blanquecino que les da aspecto plateado, con anchas alas espinosas en el tallo y un receptáculo alveolado y sin pelos. Onopordum acanthium tiene su propia página: el cardo borriquero.

Centaurea. Un género enorme en el que la mayoría de las especies no pinchan en absoluto, pero unas cuantas sí y por eso se cuentan entre los cardos. Centaurea calcitrapa, el abrojo o cardo estrellado, lleva un involucro erizado de espinas largas, rígidas y amarillentas dispuestas en estrella; C. solstitialis hace lo mismo con flores amarillas. Se reconocen porque las brácteas del involucro llevan apéndices característicos y porque el vilano es corto o falta.

Eryngium, el cardo corredor. Umbelífera, no compuesta. Hojas coriáceas de nervadura reticulada, cabezuelas ovoides rodeadas por un collar de brácteas radiantes y punzantes, a menudo con tonos azulados o plateados. Raíz pivotante muy profunda. Al secarse en verano, la mata se desprende del cuello y rueda con el viento sembrando por donde pasa.

Scolymus hispanicus, el cardillo o tagarnina. Flores amarillas en capítulos sésiles pegados a un tallo de alas espinosas. Es el cardo comestible por excelencia del suroeste peninsular: se aprovechan los nervios centrales de las hojas de la roseta tierna.

Y quedan otros que aparecen constantemente: Galactites tomentosa, con nervios blancos como el mariano pero mucho menor y de capítulos pequeños; Echinops ritro, el cardo yesquero, de capítulos esféricos y azul metálico; y Carlina acanthifolia, el cardo ajonjero, aplastado contra el suelo, cuyas brácteas se abren y cierran con la humedad ambiente.

Capítulo de cardo mariano con brácteas espinosas y flores púrpura

Cómo distinguirlos a grandes rasgos

Sin entrar en claves, cuatro miradas resuelven la mayoría de los casos en el campo.

El vilano. Si los pelos del fruto maduro son plumosos, ramificados, se trata de Cirsium; si son simples y ásperos, de Carduus. Es la separación clásica entre los dos géneros más confundidos.

El tallo. Alas espinosas anchas y continuas apuntan a Onopordum, Carduus o Cirsium vulgare. Tallo limpio, sin alas, apunta a Silybum, Cynara o Cirsium arvense.

La hoja. Nervios blancos marmóreos sobre hoja grande y brillante, Silybum; los mismos nervios en planta pequeña y afieltrada, Galactites; hoja coriácea de nervadura reticulada y tacto de cuero, Eryngium.

El involucro. Espinas largas radiantes de color pajizo, Centaurea calcitrapa o C. solstitialis; brácteas convertidas en un collar de hojas rígidas alrededor de la cabezuela, Eryngium; capítulo esférico perfecto, Echinops.

Lo que hacen por los polinizadores y las aves

Ecológicamente, los cardos rinden mucho más de lo que su mala fama sugiere. Sus capítulos concentran cientos de flores tubulares cargadas de néctar accesible, y florecen en pleno verano, cuando el campo mediterráneo ha dejado de ofrecer casi todo lo demás. Son un recurso de primer orden para abejorros del género Bombus, abejas solitarias y mariposas; la vanesa de los cardos, Vanessa cardui, debe a este grupo hasta el nombre, porque sus orugas se crían en ellos.

Después vienen las semillas. Los aquenios de los cardos son grandes, oleosos y de fácil acceso, y sostienen a jilgueros —Carduelis carduelis, cuyo nombre científico es literalmente el del cardo—, pardillos y verderones durante el final del verano y el otoño. Los tallos secos, dejados en pie, sirven de refugio invernal a insectos que nidifican en médulas huecas. Segar un ribazo de cardos en agosto elimina de golpe las tres funciones.

Los que sí son mala hierba, y cómo manejarlos sin herbicida

Conviene separar. Los cardos anuales y bienales —Silybum, Carduus pycnocephalus, Onopordum, Centaurea— viven de la semilla: si no semillan, desaparecen. El control es mecánico y sencillo, aunque exige constancia: cortar la roseta por debajo del cuello con una azadilla de mango largo, o segar el tallo antes de que los capítulos abran. Hecho a tiempo, una sola pasada por planta basta.

El caso serio es Cirsium arvense, perenne con raíces horizontales gemíferas que rebrotan de cualquier fragmento. Aquí labrar es contraproducente: cada trozo de raíz cortado por el apero produce una planta nueva. Lo que funciona es el agotamiento por siega repetida, cortando en el momento de botón floral, que es cuando las reservas de la raíz están en su punto más bajo, y repitiendo cada tres o cuatro semanas durante dos o tres temporadas. Sobre eso, competencia: una pradera densa o una cubierta vegetal cerrada le quitan luz y le impiden instalar plántulas nuevas. El pastoreo con ovejas sobre los rebrotes tiernos ayuda en fincas grandes.

Y una regla común a todos: ningún capítulo debe llegar a soltar el vilano. Una sola planta produce miles de aquenios que vuelan cientos de metros, y el banco de semillas del suelo se paga durante años.

Roseta de cardo borriquero antes de emitir el tallo floral

Los cardos que se comen

El grupo ha dado dos hortalizas de pleno derecho, ambas de Cynara cardunculus: la alcachofa, que es el capítulo cosechado antes de que las flores se desarrollen, y el cardo de huerta, cuyos pecíolos se blanquean atándolos y cubriéndolos las semanas previas a la cosecha para que pierdan amargor y fibra. El cardo de huerta se siembra a finales de primavera y se recolecta en invierno, y es plato de Navidad en Aragón, Navarra y La Rioja.

De lo silvestre, el cardillo o tagarnina (Scolymus hispanicus) es el más aprovechado: se recogen las hojas de la roseta en invierno y primavera, se les quita la lámina espinosa y se guisan los nervios. También se comen los pecíolos tiernos del cardo mariano antes de que espine, el receptáculo carnoso de Cynara humilis y, en zonas de montaña, el corazón de Carlina acanthifolia. Todo ello con la advertencia habitual de cualquier recolección silvestre: identificación segura, lejos de cunetas y de bordes de cultivo tratados, y con permiso del propietario y dentro de la normativa autonómica.

Cardos en jardinería naturalista

Como plantas de jardín seco son difíciles de superar: estructura vertical, follaje gris o plateado, floración de verano y esqueletos que aguantan en pie todo el invierno. Cynara cardunculus funciona como pieza arquitectónica de dos metros con hojas plateadas enormes; Eryngium bourgatii, E. planum y E. giganteum aportan azules metálicos y son excelentes para flor seca; Echinops ritro añade sus bolas azules y atrae abejorros como pocas cosas; Silybum marianum resulta espectacular en su año de roseta; y Onopordum acanthium hace de centinela plateado al fondo de un arriate.

El manejo es el mismo para todos: pleno sol, suelo drenante y ningún riego una vez establecidos, porque el exceso de agua y de nitrógeno los tumba. Dos precauciones. La primera, colocarlos lejos de sendas y zonas de paso, porque pinchan de verdad. La segunda, decidir cuántos capítulos se dejan madurar: si se cortan antes de que el vilano se abra, la planta no resiembra; si se dejan, habrá cardos por todo el jardín y jilgueros comiéndoselos, que puede ser exactamente lo que se busca.

En resumen

Cardo es una forma de vida, no un parentesco. Casi todos pertenecen a la tribu Cardueae de las compuestas —Cynara, Silybum, Carduus, Cirsium, Onopordum, Centaurea, Scolymus, Echinops, Carlina—, pero el cardo corredor Eryngium es una umbelífera que ha llegado al mismo aspecto por convergencia. En el campo, el vilano plumoso o simple separa Cirsium de Carduus, las alas del tallo y los nervios blancos de la hoja resuelven el resto.

Ecológicamente sostienen polinizadores en pleno verano y aves granívoras en otoño. Como malas hierbas, los anuales y bienales se controlan cortando la roseta bajo el cuello antes de que semillen; Cirsium arvense exige siega repetida en botón floral durante varias temporadas y no tocar el suelo con apero. Comestibles hay dos cultivados, alcachofa y cardo de huerta, y uno silvestre bien asentado, el cardillo. Y en jardín seco, pleno sol, nada de riego y lejos del paso.


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