Un rizoma de espadaña puede avanzar más de un metro en una sola temporada, y las láminas flexibles de EPDM o PVC de los estanques domésticos no siempre lo detienen: los brotes jóvenes son puntiagudos y rígidos, y buscan la luz atravesando lo que tengan encima. Quien planta una Typha suelta en el fondo de un estanque de jardín suele descubrirlo dos o tres años después, cuando aparecen tallos en la otra orilla y el agua empieza a bajar de nivel sin causa aparente.

Dicho esto, es una planta magnífica cuando se la coloca donde corresponde. Estructura vertical de hasta dos metros, follaje que se mueve con el viento, esas mazorcas marrones tan reconocibles y una capacidad de depuración del agua que pocas plantas de ribera igualan. Todo el asunto se reduce a entender que no es una planta ornamental de maceta que además vive en el agua, sino una colonizadora de humedales a la que hay que ponerle límites físicos desde el primer día.

Espadaña (Typha latifolia) creciendo al borde del agua

Qué planta es y cuáles se cultivan aquí

La espadaña pertenece al género Typha, familia Typhaceae. En la península Ibérica conviven de forma natural tres especies principales, y conviene saber cuál se tiene delante porque su tamaño no es el mismo:

Typha latifolia es la más corpulenta y la que más se menciona: hojas planas de 1,5 a 3 cm de ancho, tallos de 1,5 a 2,5 m y, sobre todo, una espiga en la que la parte femenina (el «puro» marrón compacto) y la masculina (más fina, encima) se tocan, sin espacio entre ambas. Typha angustifolia tiene hojas de menos de un centímetro y deja un hueco visible de entre 1 y 8 cm entre las dos secciones de la espiga. Typha domingensis abunda en el sur peninsular y en los humedales mediterráneos, con espigas de tono más claro, canela en vez de chocolate.

Para un estanque pequeño existe una cuarta opción, poco frecuente en los viveros, que resuelve el problema de raíz: Typha minima, de 40 a 75 cm, con espigas cortas y redondeadas. Sigue siendo rizomatosa y sigue necesitando contención, pero su escala encaja en un jardín normal.

Los nombres populares se solapan sin piedad: enea, anea, bayunco, bayón, junco de la pasión, totora en América. «Enea» es además el nombre del material con el que se trenzan los asientos de silla, que se obtiene de sus hojas secas. Y ojo, porque «espadaña» designa también, en arquitectura, el campanario de muro; no es un error del lector, son dos palabras distintas que suenan igual.

La confusión que sí importa: el lirio amarillo

Fuera de la floración, las hojas en forma de espada de la espadaña se parecen bastante a las de Iris pseudacorus, el lirio amarillo de ribera, que comparte con ella charcas, acequias y orillas. La diferencia es relevante porque el rizoma del lirio amarillo contiene iridina y otros compuestos irritantes: provoca vómitos y diarrea si se ingiere, y dermatitis de contacto al manipularlo. La espadaña no.

Distinguirlas es sencillo si se mira la base de la planta. Las hojas del lirio salen en abanico plano, todas en un mismo plano y montadas unas sobre otras como las cartas de una baraja. Las de la espadaña nacen en disposición espiral alrededor del tallo, son esponjosas al apretarlas entre los dedos (están llenas de aerénquima, el tejido con cámaras de aire que le permite oxigenar el rizoma bajo el agua) y su sección en la base es semicircular, con una cara plana y otra abombada. Si al apretar la hoja notas una esponja, es Typha.

Añado aquí otra advertencia que va en dirección contraria a lo que se lee en muchos sitios. Es cierto que los rizomas y los brotes tiernos de la espadaña se han consumido tradicionalmente y que no son tóxicos. Pero Typha se emplea en fitodepuración precisamente por su capacidad de acumular metales pesados y otros contaminantes en sus tejidos subterráneos. Recolectar para comer en una balsa de riego, en una acequia junto a un camino o en un humedal artificial de depuración es exactamente el peor sitio posible. No es una planta peligrosa; el agua de la que se alimenta a menudo sí.

Dónde plantarla y cómo contener el rizoma

La espadaña vive en la zona de ribera, con la corona del rizoma bajo el agua o en barro permanentemente saturado. El rango cómodo va de 0 a 30 cm de lámina de agua sobre la corona; T. latifolia aguanta hasta 40 o 50 cm, pero rinde peor y tarda más en arrancar. En seco no muere de inmediato, aunque deja de crecer y las puntas se secan.

La contención no es opcional. Estas son las tres formas que funcionan, de menos a más segura:

Cesta de plantación acuática de pared rígida, no de malla, forrada con arpillera y rellena de tierra franca pesada sin materia orgánica fresca. Sirve para T. minima y, con revisión anual, para las especies grandes. El rizoma acaba saliendo por el borde superior: hay que sacar la cesta cada primavera y recortar lo que se haya escapado.

Contenedor cerrado y sin fondo perforado, tipo maceta grande de obra o bidón cortado, hundido en el estanque de manera que el borde quede unos centímetros por encima de la superficie. Es lo que impide de verdad que colonice el resto de la lámina de agua.

Estanque o balsa independiente, con solera de hormigón o con lámina protegida por geotextil de gramaje alto por ambas caras. Si el estanque es de lámina flexible y quieres espadaña grande suelta en el fondo, asume que antes o después habrá que reparar la lámina.

El suelo ideal es arcilloso o franco-arcilloso, fértil pero sin abonos frescos que disparen las algas. Nunca sustrato de maceta con turba y perlita: flota, se deshace y enturbia el agua durante meses.

Luz, clima y agua

Sol directo, cuantas más horas mejor. A media sombra crece, pero se estira, se tumba con el viento y forma menos espigas. En sombra franca languidece.

Es una planta rústica de verdad. Resiste sin daño heladas de -20 °C mientras el rizoma esté bajo el agua o bajo barro, lo que la hace apta para toda la península, incluida la meseta y el interior de Aragón o Castilla. La parte aérea se agosta en otoño y rebrota con fuerza en marzo o abril, según la altitud.

El único cuidado con el agua es que no falte. En un estanque doméstico esto significa vigilar la evaporación estival: en julio y agosto, en climas como el de Murcia, Sevilla o el valle del Ebro, un estanque pequeño puede perder varios centímetros por semana. Si la corona del rizoma queda al aire y el barro se resquebraja, la planta se frena y las hojas amarillean desde la punta.

Poda: el detalle que decide si la matas o la conservas

Hay aquí un detalle fisiológico que funciona en los dos sentidos, y del que depende el resultado. Las hojas y los tallos de Typha son el conducto de aire que oxigena el rizoma sumergido. Si se cortan por debajo del nivel del agua durante el periodo de crecimiento, el conducto se inunda, el rizoma se queda sin oxígeno y la mata muere. Ese es, de hecho, el método mecánico que se emplea para eliminar espadaña de una balsa sin herbicidas: siega bajo el agua en pleno verano, repetida dos veces.

Así que, si quieres conservarla, corta siempre dejando al menos 15 o 20 cm de tallo por encima de la lámina de agua, y hazlo en otoño avanzado o a finales de invierno, antes del rebrote. Retira el material cortado del estanque: si se pudre dentro, consume oxígeno y ensucia el agua.

Segundo motivo para podar en otoño: la espiga. Cada «puro» contiene del orden de doscientas mil semillas con vilano plumoso, y cuando se abre a finales de invierno se deshace en una nube de algodón que se reparte por todo el jardín y por el del vecino. Si no quieres plántulas en cada maceta con platillo, corta las espigas en octubre o noviembre, cuando todavía están compactas. Si las quieres para decoración seca, córtalas pronto y sella el corte con laca; una espiga recogida tarde revienta dentro de casa.

Espigas de Typha latifolia, con la parte femenina compacta y la masculina encima

Abonado, multiplicación y plagas

Abono, en general, ninguno. La espadaña prospera en aguas ricas en nitrógeno y fósforo; añadir fertilizante a un estanque es la receta directa para una explosión de algas verdes. Solo tiene sentido en cestas pequeñas y agotadas tras varios años, con tabletas de liberación lenta específicas para plantas acuáticas, enterradas en el cepellón en marzo, nunca esparcidas.

Se multiplica por división del rizoma en primavera, entre marzo y mayo. Se saca la mata, se corta con cuchillo un trozo de rizoma de 10 a 15 cm que lleve al menos una yema visible o un brote, y se planta horizontal a unos 3 cm de profundidad en tierra pesada, con la yema hacia arriba. Enraíza en pocas semanas.

Por semilla también es fácil: se siembra en superficie sobre barro saturado, sin cubrir, porque necesita luz para germinar, a 20-25 °C. En la práctica no hace falta sembrarla a propósito: se siembra sola.

Un apunte legal que conviene tener presente: coger rizomas de un humedal natural no es tan inocente como parece. Buena parte de las zonas húmedas peninsulares están dentro de espacios protegidos, ZEPA, LIC o zonas Ramsar, donde la recolección de material vegetal está regulada o directamente prohibida. Es más limpio comprar la planta en un vivero acuático o pedirle una división a alguien que ya la tenga.

Plagas, pocas. Pulgones en los tallos tiernos de primavera, que se resuelven con un chorro de agua y con los depredadores que ya viven en cualquier estanque. Y una curiosidad: la oruga de Nonagria typhae, una polilla nocturna que barrena el interior del tallo y solo vive en espadañas. Si abres un tallo con aspecto marchito y encuentras una galería, es ella; no hace falta hacer nada.

Para qué sirve además de decorar

En un estanque de jardín cumple tres funciones reales. Consume nutrientes disueltos, lo que reduce la competencia disponible para las algas filamentosas. Da cobertura y sitio de puesta a libélulas, anfibios y aves pequeñas. Y sombrea el agua en los márgenes, bajando la temperatura en verano.

Fuera del jardín forma el esqueleto vegetal de los humedales artificiales de depuración, esos filtros verdes que tratan aguas residuales de núcleos pequeños: absorbe nitrógeno y fósforo y su rizoma sirve de soporte a la comunidad bacteriana que hace el trabajo grueso. Y sus hojas, cortadas en verano y secadas a la sombra, siguen siendo la materia prima del asiento de enea.

En resumen

La espadaña es una planta de ribera rústica, resistente al frío y al calor peninsulares, que solo pide sol y agua permanente en la corona del rizoma. Su virtud y su defecto son lo mismo: un rizoma vigoroso que coloniza y que puede dañar la lámina de un estanque, de modo que hay que plantarla siempre dentro de un contenedor de pared rígida y revisarlo cada primavera. Elige Typha minima si el estanque es pequeño y T. latifolia solo si tienes espacio de sobra.

Poda en otoño dejando tallo por encima del agua, retira las espigas antes de que se deshagan si no quieres plántulas por todas partes, no abones y no la confundas con el lirio amarillo, cuyo rizoma sí es irritante. Y aunque la planta no sea tóxica, no la recolectes para comer de acequias, balsas de riego o filtros verdes: acumula en el rizoma lo que lleve el agua.


Contenidos relacionados