Entre los 3.800 y los 4.500 metros de la meseta de Junín y Cerro de Pasco, en los Andes centrales del Perú, el agua se hiela buena parte de las noches del año, la radiación ultravioleta es brutal y el viento no para. Ahí crece la maca, una crucífera de porte diminuto que engorda bajo tierra un órgano de reserva del tamaño de un nabo pequeño. Es prácticamente el único cultivo que da algo comestible a esa altitud, y ese detalle explica a la vez su prestigio y por qué no va a prosperar en el huerto de un chalet de Toledo.

Qué planta es y cómo se llama de verdad

La maca pertenece a las brasicáceas, la familia de la col, el rábano y la mostaza, y eso importa más de lo que parece: comparte con ellas los glucosinolatos, los compuestos azufrados que le dan el olor picante y que están detrás de algunas precauciones de las que hablaremos al final.

El nombre científico que aparece en casi todas las etiquetas es Lepidium meyenii Walp., pero la cuestión taxonómica no está cerrada. Varios botánicos peruanos sostienen que la planta cultivada corresponde en realidad a Lepidium peruvianum Chacón, y que L. meyenii sería una especie silvestre distinta, de menor tamaño y sin la raíz engrosada de interés. En la literatura comercial y en buena parte de la científica se sigue usando L. meyenii por inercia. Para el consumidor esto se traduce en algo concreto: el binomio de la etiqueta no garantiza gran cosa sobre lo que hay dentro del bote.

La planta forma una roseta rasante de hojas pinnatipartidas de apenas 10 a 20 centímetros de diámetro, pegada al suelo para escapar del viento y del hielo. Las flores son blanquecinas, minúsculas, con los cuatro sépalos y cuatro pétalos típicos de la familia, y en su mayoría se autopolinizan. El fruto es una silícula pequeña con dos semillas diminutas.

Lo que se consume es el hipocótilo engrosado junto con la parte alta de la raíz, una pieza de 3 a 8 centímetros de diámetro, aperada o achatada según el ecotipo. Se distinguen por color: amarilla o crema —la más abundante, en torno a dos tercios de la producción—, roja, morada, negra y jaspeada. Los colores no son variedades estabilizadas al modo europeo, sino poblaciones que conviven en el mismo campo y se separan tras la cosecha.

Hipocótilos de maca de distintos colores

Cómo se cultiva en su tierra

El ciclo agrícola andino empieza con las primeras lluvias. La siembra se hace entre septiembre y noviembre, a voleo sobre un terreno preparado de forma bastante rudimentaria: se remueve la capa superficial, a veces con la ayuda del pisoteo del ganado, y se cubre la semilla con paja o con el propio rastrojo. La semilla es tan fina que se mezcla con arena o con ceniza para repartirla.

La emergencia tarda de una a tres semanas. Después viene un periodo largo y lento: el engrosamiento del hipocótilo necesita entre siete y nueve meses, con cosecha entre mayo y julio, ya en plena estación seca. Se arranca a mano, planta por planta.

Y aquí llega la parte que suele quedar fuera del relato comercial, aunque es central en el producto tradicional: el secado al sol. Los hipocótilos frescos se dejan a la intemperie durante varias semanas —a veces uno o dos meses— expuestos al sol intenso del día y a la helada nocturna. Esa alternancia deshidrata la pieza, concentra los azúcares y transforma su composición. La maca seca es lo que se guarda, lo que se comercia y lo que se cocina; puede conservarse durante años. Lo que se comía y se come en los Andes es maca seca y luego hervida o tostada, en forma de mazamorra, sopa o bebida, nunca cruda en cantidad.

Otro dato revelador del cultivo: esquilma el suelo de manera notable. En los sistemas tradicionales de Junín, tras una campaña de maca la parcela se deja en descanso o pasa a pastoreo durante varios años —en algunas comunidades hasta ocho o diez— antes de volver a sembrarla. La expansión comercial de las últimas décadas ha comprimido esos barbechos, con las consecuencias previsibles sobre la fertilidad de la puna.

¿Se puede cultivar maca en España?

La semilla germina sin problema y la planta crece: cualquiera puede tener rosetas de maca en un bancal de Ávila o de Huesca. La pregunta correcta es otra, y es si se obtiene un hipocótilo grueso y con la composición que se le supone, y ahí la respuesta honesta es que no, o no con las mismas garantías.

La maca se ha adaptado a un conjunto de condiciones difíciles de reproducir: oscilación térmica diaria enorme, heladas nocturnas frecuentes durante todo el ciclo, radiación ultravioleta muy alta por la altitud, suelos pobres y ácidos de puna, y un ciclo largo sin verano cálido de por medio. En el llano peninsular la planta tiende a subirse a flor antes de engrosar —el calor de junio la acelera— y produce raíces finas y fibrosas, más parecidas a un rábano leñoso que a una maca.

Si aun así se quiere probar como curiosidad, las condiciones que más se acercan son las de zonas frescas de montaña, por encima de los 1.200-1.400 metros, en suelo suelto, con siembra a finales de invierno y aceptando un cultivo de ciclo largo. Merece la pena hacerlo como experimento agronómico, no como plan de autoabastecimiento.

Conviene añadir una nota sobre el origen del producto: una parte considerable de la maca en polvo del mercado mundial no procede del Perú. Desde comienzos de la década de 2010 se cultiva a gran escala en la provincia china de Yunnan, con material genético sacado de los Andes, y ese producto entra en la cadena de suministro internacional. Perú prohibió la exportación de semilla y protegió la denominación, pero el caballo ya estaba fuera del establo. No implica que la maca china sea mala, sino que la etiqueta "maca peruana" de un bote barato no siempre describe el origen real.

Campo de cultivo de maca en el altiplano andino

Qué se compra cuando se compra maca

En España la maca se vende como complemento alimenticio, en polvo, en cápsulas o en extracto. Tres precisiones útiles antes de mirar precios:

"Gelatinizada" no lleva gelatina. El término designa un tratamiento térmico —normalmente con presión— que rompe los gránulos de almidón del polvo. Se hace porque la maca cruda tiene mucho almidón crudo, que sienta pesado y provoca gases. La versión gelatinizada es más digerible y se acerca más al uso tradicional, que siempre pasaba por la cocción.

La maca "cruda" es un invento del marketing occidental. El crudiveganismo importó la idea de que lo crudo conserva más propiedades, pero en el uso andino la raíz jamás se consumió cruda en cantidad. Además, los glucosinolatos intactos de una brasicácea cruda son precisamente lo que puede interferir con la función tiroidea.

Adulteración y dosificación son problemas reales. Los complementos alimenticios no pasan por el control previo de eficacia y calidad que se exige a un medicamento. Se han documentado polvos mezclados con harinas más baratas y extractos con concentraciones muy dispares. Comprar a un fabricante con analíticas de lote no es lujo, es lo mínimo.

Lo que dice la tradición

En el altiplano andino la maca ha sido durante siglos, ante todo, un alimento: fuente de calorías y de proteína vegetal en un lugar donde no crece casi nada más. Su fama medicinal tiene dos ejes clásicos: la fertilidad —tanto humana como del ganado, y hay crónicas coloniales del siglo XVI que mencionan su uso para mejorar la reproducción de los rebaños llevados a la puna— y la resistencia física frente al esfuerzo y la altura.

De ahí derivan los reclamos modernos: energía, libido, rendimiento deportivo, equilibrio hormonal, "adaptógeno". Es importante subrayar que ese salto —de alimento de subsistencia con usos rituales y ganaderos a suplemento hormonal global— lo dio la industria en los años noventa, no la farmacopea andina.

Lo que dicen los ensayos

Existe investigación clínica sobre la maca, pero es escasa, con muestras pequeñas, seguimientos cortos y buena parte financiada por partes interesadas. Con esa advertencia por delante, este es el estado de la cuestión:

Deseo sexual. Es el terreno donde hay algo. Varios ensayos aleatorizados pequeños, en hombres y en periodos de ocho a doce semanas, han encontrado un aumento del deseo sexual autoinformado frente a placebo. Las revisiones sistemáticas que los han agrupado concluyen que la evidencia es sugerente pero limitada, insuficiente para una recomendación firme por el reducido número y tamaño de los estudios.

Testosterona: aquí se cae el principal argumento de venta. La maca se comercializa como estimulante hormonal natural, y los ensayos que han medido hormonas séricas han encontrado de forma repetida que no modifica los niveles de testosterona, ni tampoco de LH, FSH ni estradiol. Es decir, el efecto sobre el deseo que se ha observado, si es real, no ocurre por vía hormonal. Cualquier producto que prometa "subir la testosterona" con maca está afirmando algo que la investigación disponible contradice.

Disfunción sexual asociada a antidepresivos. Un par de ensayos pequeños en pacientes tratados con ISRS apuntaron a una mejoría modesta. Son estudios de pocas decenas de participantes; señalan una dirección, no la cierran.

Síntomas de la menopausia. Se ha estudiado en sofocos y molestias asociadas con resultados inconsistentes. Las revisiones concluyen que la evidencia es insuficiente para respaldar su uso.

Calidad seminal. Algún estudio ha descrito aumentos de concentración y movilidad espermática, sin correlato hormonal. Son datos preliminares que no se han replicado con solidez.

Energía, rendimiento deportivo, estado de ánimo, memoria. Aquí la investigación en humanos es anecdótica o directamente inexistente; casi todo lo que se cita procede de ensayos en roedores. Los estudios clínicos no respaldan estos usos.

Un dato normativo que aclara mucho el panorama: la EFSA no ha autorizado ninguna declaración de propiedades saludables para la maca en la Unión Europea. Por eso los envases hablan con circunloquios ("bienestar", "vitalidad") en lugar de afirmar que sirve para algo concreto. Cuando un producto no puede decir para qué sirve, esa es la información.

Precauciones reales

Como alimento cocinado, la maca tiene un historial de consumo seguro de siglos y no se le conoce toxicidad relevante. Como suplemento concentrado y prolongado, hay cautelas que sí conviene tomarse en serio:

Tiroides. Es una brasicácea y contiene glucosinolatos con potencial bociógeno, especialmente en la forma cruda y en consumo alto y sostenido. Quien tenga hipotiroidismo, bocio, nódulos tiroideos o esté en tratamiento con levotiroxina debe consultarlo antes.

Embarazo y lactancia. No hay datos de seguridad suficientes. La recomendación estándar es evitarla.

Patologías hormonodependientes. Cáncer de mama, de ovario, de útero o de próstata, endometriosis, miomas. Aunque los ensayos no han demostrado efecto hormonal, la prudencia en estos casos se impone y la decisión corresponde al oncólogo o al ginecólogo.

Tensión arterial y medicación. Se han descrito casos aislados de elevación de la presión. Quien tome antihipertensivos, anticoagulantes o antidiabéticos debe comentar el suplemento con su médico: no porque haya interacciones bien establecidas, sino precisamente porque no se han estudiado y estos son los tratamientos donde una interferencia se paga cara.

Efectos digestivos. Gases, hinchazón y molestias abdominales son frecuentes con el polvo crudo, por el almidón sin gelatinizar.

Y una regla que no admite matices: la maca no sustituye ningún tratamiento médico. Si hay un problema de fertilidad, de libido, de tiroides o de menopausia detrás de la búsqueda, lo que corresponde es un diagnóstico. Las dudas sobre dosis, forma de consumo o compatibilidad con la medicación se resuelven con el médico o el farmacéutico, no con el folleto del bote.

En resumen

La maca es una brasicácea de altura —Lepidium meyenii en las etiquetas, probablemente L. peruvianum en el campo— cuyo hipocótilo engrosado se cultiva entre los 3.800 y los 4.500 metros de los Andes centrales, con un ciclo de siete a nueve meses, secado al sol posterior y consumo tradicional siempre cocinado. Fuera de esas condiciones la planta vegeta pero no engorda como debe, así que cultivarla en España es un experimento, no una alternativa de abastecimiento. En cuanto a sus propiedades, hay que separar dos cosas: la tradición andina la asocia a fertilidad y resistencia física, mientras que los ensayos clínicos solo ofrecen indicios limitados en deseo sexual, descartan el efecto sobre la testosterona que sostiene su publicidad y no respaldan los usos como energizante o para la menopausia. La EFSA no ha aprobado ninguna declaración de salud para ella. Con tiroides delicada, embarazo, lactancia, procesos hormonodependientes o medicación crónica, la consulta previa es obligada.


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