Cada flor dura una mañana. Abre con la primera luz, aguanta abierta mientras el sol está bajo y hacia el mediodía se enrolla sobre sí misma como un paraguas cerrado, ya para siempre. Al día siguiente la trepadora ha fabricado otra tanda, y otra al siguiente, desde julio hasta que llega la primera helada. De ahí el nombre inglés de morning glory y de ahí también el desconcierto de quien compra la planta, la mira a las cinco de la tarde y cree que se le ha estropeado.

Con el nombre de campanita, campanilla o don Diego de día se cultivan en España varias especies del género Ipomoea, familia de las convolvuláceas. Son trepadoras volubles de crecimiento rapidísimo, casi siempre anuales en nuestro clima, y con una particularidad que condiciona todo lo demás: se cultivan de semilla cada año y detestan que les toquen la raíz.

Trepadora de campanita cubriendo una estructura vertical

Qué hay dentro del nombre «campanilla»

El género Ipomoea reúne más de seiscientas especies, y en vivero circulan sobre todo cinco:

Ipomoea purpurea. La clásica de flor morada, rosa o blanca, hoja acorazonada y semilla que se recoge sola. Es la más rústica y la que más se resiembra.

Ipomoea tricolor. La del cultivar Heavenly Blue, azul celeste con la garganta blanca y amarilla. Flor mayor, de hasta 10 cm, y algo más exigente en calor: en el norte húmedo tarda en arrancar.

Ipomoea nil. La japonesa, con siglos de selección detrás y flores jaspeadas o de borde ondulado.

Ipomoea alba, la flor de luna, que hace justo lo contrario: abre al atardecer, es blanca, enorme y perfumada, y se poliniza de noche. Plantarla junto a una tricolor da una pared que tiene flor a las ocho de la mañana y otra distinta a las nueve de la tarde.

Ipomoea lobata (todavía etiquetada a veces como Mina lobata), la banderita española, con espigas de florecillas tubulares que van del rojo al crema en la misma inflorescencia. No tiene la flor en campana del resto.

Aparte están las convolvuláceas que comparten apodo y no son Ipomoea. Si en la etiqueta pone Convolvulus tricolor, lo que hay en la maceta es una mata baja y no una trepadora, y no cubrirá la valla. Y si la campanilla ha aparecido sola entre las lechugas, con flor blanca o rosa pálida y raíz que se rompe en trozos al tirar, es Convolvulus arvensis o Calystegia sepium: mala hierba perenne de raíces profundas que rebrota de cada fragmento. La Ipomoea ornamental muere entera con la helada y no deja rizomas. Confundirlas lleva a arrancar la buena y a cavar la mala, que es la peor manera de tratarla.

Siembra: la raíz manda

Estas trepadoras hacen una raíz principal larga y frágil. Un trasplante mal hecho a raíz desnuda las deja paradas semanas o las mata, así que la siembra se plantea para tocarlas lo mínimo.

Lo más simple es sembrar directamente en el sitio definitivo, en abril o mayo, cuando el suelo pasa de 15 °C. En Andalucía y el Levante se puede adelantar a finales de marzo; en el interior de Castilla o en la meseta norte conviene esperar a que pase el riesgo de heladas tardías, que ahí llegan hasta bien entrado mayo.

Si se quiere ganar tiempo, la siembra en semillero se hace en marzo, en macetitas individuales de turba prensada o vasos biodegradables que van enteros al suelo. Nada de bandejas de alveolos pequeños con repicado posterior.

La semilla es dura y de cubierta impermeable. Sin tratamiento previo la germinación es lenta y desigual. Lo habitual es rayar la cubierta con una lima o un papel de lija fino por el lado contrario a la cicatriz y dejarla después doce horas en agua templada. La semilla que se hincha al doble está lista; la que sigue igual necesita otra pasada de lija. Se entierra a 1,5 cm y a 22-25 °C brota en cinco o diez días.

Marco de plantación: una planta cada 20-30 cm si es para cubrir una malla, o dos por maceta grande. Sembrar más apretado no da más flor, da más hoja y más araña roja.

Suelo pobre, sol de sobra

Aquí está el punto que decide si la trepadora florece o solo trepa. La Ipomoea agradecida al abono nitrogenado responde haciendo metros de tallo y hojas grandes, y aplaza la floración. Una campanita plantada en tierra de huerto recién estercolada, o regada con un abono universal rico en nitrógeno, puede llegar a septiembre con cuatro metros de follaje impecable y una docena de flores contadas.

Se planta en suelo medio o incluso pobre, bien drenado, sin enmiendas nitrogenadas. Si el terreno es muy flojo, un puñado de compost maduro al plantar es suficiente para toda la temporada. En maceta, sustrato universal sin más aportes hasta que empiece a botonar; a partir de ahí, un abono de floración rico en potasio cada quince días.

Sol directo, mínimo seis horas. A media sombra el tallo se estira, los entrenudos se alargan y las flores se cuentan con los dedos. La orientación sur o sureste es la buena, con una salvedad: contra una fachada blanca que reverbera y con el aire seco de julio en el interior peninsular, la flor se cierra antes y la araña roja tiene barra libre. Ahí funciona mejor una pared con sol de mañana y sombra de tarde.

Un soporte que se pueda abrazar

La Ipomoea trepa enrollando el tallo. No tiene zarcillos como la pasiflora ni discos adhesivos como la parra virgen, así que no sube por un muro liso, ni por una superficie ancha, ni por un poste grueso. Necesita algo delgado alrededor de lo cual pueda dar la vuelta: alambre, cuerda, caña, varilla o malla de retícula amplia. Un tutor de más de 5-6 cm de diámetro la deja dando vueltas en el suelo.

El detalle que ahorra disgustos: el tallo gira siempre en el mismo sentido, de derecha a izquierda visto desde arriba. Si al guiarla a mano se enrolla al revés, se suelta en cuanto sopla el viento. Merece la pena fijarse en cómo va la punta antes de dirigirla.

Con soporte adecuado sube de 2,5 a 4 m en una temporada, según especie y calor. Para tapar una malla de obra o una barandilla fea en un solo verano no hay muchas alternativas mejores.

Riego y verano

Riego regular y moderado, dejando que se seque el centímetro superior del sustrato. Encharcada amarillea y pierde raíz; seca del todo, cierra las flores antes y deja de emitir botones. En maceta, en pleno agosto peninsular, eso significa regar a diario y con un recipiente que no baje de 25-30 cm de profundidad: en un tiesto de balcón poco hondo, la raíz principal topa con el fondo y la planta se estanca.

La flor se abre y se cierra según luz y temperatura, no según lo bien que la cuiden. Los días nublados y frescos aguanta abierta hasta media tarde; en una ola de calor a lo mejor no pasa de las once. Eso no es un síntoma de nada.

Flor de campanita vista de cerca

Plagas y problemas reales

Araña roja. El enemigo serio en el clima seco del interior y del sureste. Hoja moteada de puntitos claros, aspecto polvoriento y telarañas finas en el envés y en las axilas. Aparece con calor y aire seco. Pulverizar el envés con agua al atardecer los días de bochorno la frena bastante; si ya hay colonia, jabón potásico o un acaricida específico, insistiendo debajo de la hoja, que es donde vive.

Mosca blanca y pulgón. El pulgón se ceba en las puntas tiernas y deforma los brotes nuevos. Jabón potásico bien aplicado suele bastar.

Caracoles y babosas. Se comen la plántula recién nacida en una noche. En siembra directa es la causa más habitual de que «no haya germinado nada».

Hojas amarillas y pocas flores. Casi siempre es exceso de nitrógeno o falta de sol, por ese orden. Antes de tratar nada, revisar el abono.

Las semillas no se tocan

Conviene decirlo claro y sin dramatismo. Las semillas de Ipomoea tricolor y de Ipomoea nil contienen alcaloides del grupo de las ergolinas, emparentados químicamente con los cornezuelos del centeno. Ingeridas provocan náuseas, vómitos, taquicardia, vasoconstricción y cuadros de confusión, y la planta no es en absoluto un juguete: no hay dosis doméstica segura ni uso recreativo inocuo, y aquí no se van a explicar preparaciones de ningún tipo. Buena parte de la semilla comercial va además tratada con fungicidas y repelentes, lo que añade un problema al problema.

En la práctica del jardín esto se traduce en dos precauciones sencillas: guardar los sobres de semilla fuera del alcance de los niños y recoger las cápsulas secas si hay críos pequeños o perros que mordisquean todo. La hoja y la flor no plantean ese riesgo; el problema está concentrado en la semilla.

Resiembra, invierno y la que no se marcha

Tras la floración, la campanita forma cápsulas redondeadas que se secan y sueltan tres o cuatro semillas negras. Ipomoea purpurea se resiembra con entusiasmo: la temporada siguiente aparecen plántulas por todo el arriate. Si eso molesta, hay que cortar las cápsulas cuando aún están verdes; si interesa, basta con recoger unas cuantas secas en octubre y guardarlas en sobre de papel, en sitio fresco y seco, donde conservan el poder germinativo tres o cuatro años.

Con las primeras heladas la planta anual se ennegrece y muere. Se retira entera y el soporte queda libre. En la costa mediterránea y en Canarias, sin embargo, hay una especie que no muere: Ipomoea indica, la campanilla azul perenne, que sobrevive el invierno, rebrota de cepa, se estratifica sobre setos y arbolado y se ha naturalizado en barrancos, ramblas y bordes de camino, donde tapa la vegetación autóctona hasta ahogarla. Su comportamiento invasor está reconocido en España y su cultivo está sujeto a restricciones en algunas comunidades. Antes de plantarla conviene consultar la normativa autonómica, y en ningún caso deben tirarse restos de poda ni fragmentos de tallo en barrancos, cauces o descampados: enraízan.

En resumen

La campanita es una trepadora anual de semilla, rápida y barata, que cubre una malla en un verano y da flor de julio a las primeras heladas. Se siembra en abril o mayo directamente en el sitio, tras lijar y remojar la semilla, porque no soporta el trasplante a raíz desnuda. Quiere sol directo, suelo pobre y bien drenado, riego regular y —sobre todo— nada de abono nitrogenado, que es lo que convierte la planta en un montón de hoja sin flores. Necesita un soporte fino que el tallo pueda rodear: un muro liso o un poste grueso no le sirven. Vigilar araña roja en verano seco, caracoles en las plántulas y guardar las semillas lejos de los niños, porque son tóxicas. Y si vive en la costa mediterránea o en Canarias, informarse antes de plantar Ipomoea indica, que ahí no es una anual simpática sino una invasora consolidada.


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