Ni es cactus ni le conviene el trato que se le da a un cactus. Las plantas que en los viveros llevan la etiqueta de «cactus piedra» son Lithops, un género de la familia de las aizoáceas —la misma de las uñas de gato que tapizan los taludes de la costa— sin una sola areola ni una sola espina. La diferencia no es una pedantería botánica: el calendario de riego de un cactus y el de un Lithops están casi invertidos, y confundir uno con otro es lo que acaba pudriendo la planta.
Cada planta es un par de hojas fundidas, hinchadas de agua, con la cara superior traslúcida. Debajo de esa «ventana» está el tejido que fotosintetiza, enterrado y a salvo del sol brutal del Karoo sudafricano y de Namibia, de donde proceden. En su hábitat viven al ras del suelo, entre guijarros del mismo color y del mismo dibujo que ellas, que es exactamente el disfraz que las ha hecho famosas.
El ciclo anual: entender esto es cultivarlas
Un Lithops renueva su cuerpo entero una vez al año. No echa hojas nuevas y conserva las viejas: fabrica un par nuevo dentro del par viejo y se lo come. El par anterior le cede su agua y sus reservas hasta quedar reducido a dos cáscaras de papel, que acaban abriéndose como una vaina para dejar salir al ejemplar nuevo.
Ese proceso —la muda— manda sobre todo lo demás. Traducido al año español:
Septiembre y octubre. Es cuando florecen. De la hendidura central sale una flor solitaria, blanca o amarilla según la especie, con aspecto de margarita y del tamaño de la planta o mayor, que abre a media tarde y cierra al anochecer durante varios días. Aquí sí se riega, de forma espaciada.
Noviembre y diciembre. Se van reduciendo los riegos hasta suprimirlos por completo cuando la flor se ha marchitado.
De enero a abril. Sequía absoluta. Dentro del par viejo está creciendo el nuevo, y el agua para hacerlo sale del viejo, no de la maceta. Un riego en este periodo hace que la planta absorba agua del sustrato en lugar de reciclar sus hojas: el resultado es un ejemplar hinchado, con las hojas viejas que no acaban de secarse nunca, cuerpos apilados uno sobre otro, grietas en la superficie o directamente podredumbre desde la base. Una planta que se pudre en febrero suele haberse regado en enero.
Mayo y junio. El par viejo ya es papel seco. A partir de ahí se puede volver a regar, poco y comprobando que el sustrato está seco hasta el fondo.
Julio y agosto. Reposo de verano. Con calor fuerte dejan de crecer; se mantienen secas o con un riego muy ligero al mes si se ven arrugadas. Sombreado en las horas centrales y mucha ventilación.
Ese calendario vale para la península con luz natural. Si cultivas en un alféizar interior con luz escasa, el ciclo se retrasa y conviene guiarse por la planta —hasta que las hojas viejas no sean papel, no hay riego— antes que por el mes.
Cómo regar cuando toca regar
La idea de que «apenas necesitan agua» produce el hábito de darles un chorrito cada semana durante todo el año, y eso es peor que la sequía. Lo que piden es poca frecuencia y empapado completo: cuando toca, se riega hasta que salga agua por el agujero de drenaje, y después no se vuelve a tocar hasta que el sustrato esté seco de arriba abajo, lo que en una maceta mineral bien hecha puede ser tres o cuatro semanas.
Riega por la mañana y, si puedes, evita mojar la hendidura central: el agua estancada ahí, con calor, es una puerta de entrada para hongos. Nada de platos con agua debajo.
Una planta ligeramente arrugada en verano no está pidiendo agua a gritos: está haciendo lo que hace en su hábitat. La que sí es señal de problema es la que se ablanda, cambia a un color translúcido o amarillento y cede al tacto. Eso ya es podredumbre y rara vez tiene marcha atrás.
Sustrato y maceta
El sustrato tiene que ser mineral en su mayor parte: entre un 70 y un 80 % de material inerte y el resto de materia orgánica, o incluso menos. Sirve una mezcla de pómice, akadama, arena de sílice gruesa o gravilla volcánica de 2-5 mm, con una pequeña fracción de sustrato para cactus. Nada de turba sola, nada de sustrato universal.
Las plantas de garden center llegan casi siempre en turba negra apretada, que tarda semanas en secarse. Ese es el material con el que un ejemplar sano se pudre en dos meses en casa. Trasplántalas en cuanto pasen el periodo de aclimatación, en primavera tardía o a finales de verano, sacudiendo la turba de las raíces con cuidado y dejándolas sin regar unos días después.
La maceta debe ser honda, y esto sorprende a quien ve una planta de tres centímetros. Lithops desarrolla una raíz principal larga y gruesa; en un cuenco plano de cinco centímetros la raíz se enrolla y la planta se estanca. Diez o doce centímetros de profundidad como mínimo, con buen agujero de drenaje. El barro cocido seca antes que el plástico y perdona más los errores de riego.
Cubre la superficie con una capa de grava del calibre del cuerpo de la planta. Además de imitar el hábitat, mantiene el cuello seco y evita salpicaduras de tierra.
Luz: donde se decide el aspecto
Quieren mucha luz: sol directo de la mañana y buena claridad el resto del día, con sombreo solo en los picos de julio y agosto en el interior peninsular. Un ejemplar con luz suficiente se mantiene bajo, compacto y con el dibujo de la ventana bien contrastado.
Con luz insuficiente pasa lo contrario y se nota enseguida: el cuerpo se alarga hacia arriba como una columna, el dibujo se difumina, el color palidece y la planta acaba volcándose de lado. Ese estiramiento es irreversible —esas hojas no vuelven a acortarse—, aunque el par siguiente sale normal si corriges la ubicación.
Si vienen de un vivero con sombreo, no las pongas a pleno sol de golpe: se queman, y la quemadura deja una cicatriz parda permanente. Aumenta la exposición durante dos o tres semanas.
Temperatura e invernada
En verano aguantan sin problema los 35-40 °C siempre que haya aire circulando y la maceta no esté empapada. El invierno es más delicado: completamente secas resisten bajadas hasta cerca de 0 °C, pero el margen de seguridad razonable es no bajar de 5 °C. Con sustrato húmedo, una helada las revienta desde dentro.
En la costa mediterránea y en el sur pasan el invierno en una terraza cubierta sin más. En zonas de heladas, dentro de casa junto a una ventana muy luminosa y sin riego, o en invernadero frío. Un detalle práctico: la habitación fresca y luminosa es mejor que el salón con calefacción, porque el calor con poca luz es justo lo que las estira.
Especies que se encuentran aquí
El género tiene una treintena de especies y muchísimas formas de color. Entre las que circulan por viveros y ferias españolas:
Lithops lesliei, marrón rojizo con dibujo reticulado, flor amarilla, de las más resistentes y buena candidata para empezar. Lithops karasmontana, gris crema con marcas oscuras y flor blanca. Lithops aucampiae, tonos pardos y anaranjados, vigorosa. Lithops verruculosa, reconocible por los puntitos en relieve de la superficie, con flor de centro blanco. Lithops optica y su forma rubra, de un violeta rojizo llamativo, algo más exigente. Lithops salicola, gris verdoso, tolerante y agradecida. Lithops pseudotruncatella, de las primeras en florecer en la temporada.
Junto a ellas se vende con el mismo apodo Pleiospilos nelii, que parece un canto rodado partido en dos y es bastante más grande. Comparte familia y comparte casi todo el manejo, pero su muda ocurre en primavera y no siempre coincide con el calendario de los Lithops; si tienes los dos en la misma bandeja, riega mirando cada planta y no la bandeja entera.
Multiplicación
Por semilla es el método normal. Se siembra en primavera o a finales de verano, sobre sustrato mineral fino, sin enterrar la semilla —necesita luz para germinar—, con humedad constante y tapado los primeros días. Germinan en una o dos semanas y las plántulas son diminutas, del tamaño de una cabeza de alfiler. El primer año se mantienen algo más húmedas que los adultos; a partir del segundo se les aplica el ciclo normal. Florecen al tercer o cuarto año.
Las matas viejas forman grupos de varias cabezas y se pueden dividir, pero exige cortar limpio, dejar secar el corte varios días y plantar en sustrato seco. Se hace a final de verano y no siempre sale.
Las hojas no sirven para esquejar: cada mitad del par no tiene meristemo propio y se pudre sin más.
Problemas frecuentes
Dos pares nuevos en lugar de uno: la planta se ha dividido durante la muda, casi siempre por exceso de agua en invierno. No es grave, pero el ejemplar pierde el aspecto de piedra única.
Cuerpos apilados, con hojas viejas secas que se quedan pegadas debajo año tras año: la muda se hizo con riego. Deja de regar en la siguiente y retira las cáscaras solo cuando estén completamente secas, tirando con suavidad.
Grietas en la superficie: riego abundante tras un periodo largo de sequía. La planta absorbió más agua de la que cabía y la piel cedió. Cicatriza, pero la marca queda.
Cochinilla algodonosa de raíz: si una planta se estanca sin motivo aparente, sácala y mira el cepellón. Se ve como polvo blanco entre las raíces. Lavado de raíces y sustrato nuevo.
Mosquitas del sustrato: indican que hay demasiada materia orgánica y demasiada humedad. Se corrige con la mezcla, no con insecticida.
No son plantas tóxicas ni presentan riesgo para personas o mascotas; el problema con perros y gatos, si acaso, es que las vuelquen.
En resumen
Lithops no es un cactus, sino una aizoácea que renueva su par de hojas una vez al año consumiendo el anterior. Ese ciclo manda: se riega en otoño alrededor de la floración y de nuevo a finales de primavera, y se mantiene seca durante toda la muda de invierno y durante el calor de julio y agosto. Sustrato mineral en un 70-80 %, maceta honda por la raíz principal, mucha luz para que no se estire y fuera la turba de vivero en el primer trasplante. Riegos escasos pero completos, nunca chorritos semanales, y paciencia con una planta que crece despacio y vive décadas si se la deja seca cuando toca.