Las hojas del geranio sangriento viran a escarlata y granate en octubre, cuando ya no queda una sola flor abierta en la mata. Ese incendio de otoño explica el epíteto sanguineum mejor que el color de la flor, que es más bien magenta intenso. La planta se llama también aguja sangrienta por el fruto: una cápsula alargada rematada en un pico rígido que, al secarse, se abre de golpe y dispara las semillas a varios metros.

Geranium sanguineum es una vivaz rizomatosa de la familia de las geraniáceas, silvestre en buena parte de Europa y también en la mitad norte de la Península. No es la planta de los balcones: aquello es Pelargonium, otro género de la misma familia, tierno al frío y de manejo completamente distinto. Confundirlos lleva a comprar esta planta esperando flor de mayo a noviembre en una jardinera a pleno sol, y lo que se obtiene es una mata baja y esparcida que florece con fuerza unas semanas y luego se dedica a hacer follaje.

Flores rosas de Geranium sanguineum abiertas sobre el follaje

Cómo es la planta

Forma una mata redondeada y baja, de 20 a 40 cm de alto y 40 a 60 cm de diámetro, que se extiende despacio por rizomas someros. No es invasora: gana terreno unos pocos centímetros al año y se controla con una azada en cinco minutos.

La hoja es su mejor argumento. Palmeada, dividida casi hasta la base en cinco o siete segmentos, y cada segmento vuelto a partir en lóbulos estrechos, lo que da una textura de encaje que se sostiene desde abril hasta las primeras heladas fuertes. Con los fríos de otoño toma tonos rojizos y broncíneos según el clon y la exposición.

La flor mide entre 2,5 y 4 cm, tiene cinco pétalos algo escotados en el ápice y un color magenta que en pleno sol de junio resulta casi fluorescente. Un detalle útil para identificarla en el campo: las flores nacen solitarias sobre su propio pedúnculo, no en parejas como ocurre en la mayor parte de los geranios silvestres. El grueso de la floración va de mayo a julio en clima peninsular, con rebrotes sueltos hasta septiembre si el verano no ha sido demasiado seco.

Dónde crece de forma silvestre

En España aparece en la Cordillera Cantábrica, los Pirineos, el Sistema Ibérico y algunos puntos del Sistema Central, en general entre los 600 y los 1.800 metros. Su hábitat típico son claros de quejigar y robledal, matorrales aclarados, taludes pedregosos y bordes de camino sobre sustrato calizo, en suelos con poca materia orgánica y drenaje rápido.

Esa ficha ecológica vale más que cualquier lista de cuidados: la planta está adaptada a suelo pobre, calcáreo, seco en verano y frío en invierno. Todo lo que se aleje de ahí —tierra rica, riego constante, sombra húmeda— la debilita en lugar de mimarla.

Suelo, exposición y plantación

Acepta sol pleno en el norte y el interior de montaña, pero en Andalucía, Murcia, el valle del Ebro o el litoral mediterráneo agradece sombra a partir de las dos o las tres de la tarde. Bajo el sol de julio en La Mancha, a pleno descubierto y sin riego, las hojas se agostan y la mata pasa el verano medio dormida; con sombra de tarde aguanta verde.

El suelo tiene que drenar. Le va bien la caliza, la pedregosidad y un pH neutro o básico, y tolera arcillas siempre que no encharquen. Si el terreno es pesado, lo que funciona no es echar mantillo —eso retiene todavía más agua— sino levantar el nivel de plantación con un caballón de 15 o 20 cm mezclado con grava o arena gruesa de río.

Época de plantación: otoño, de octubre a noviembre, para que enraíce con las lluvias y llegue al verano asentada. La plantación de primavera funciona, pero obliga a regar el primer estío. Marco de 40 cm entre plantas si se quiere una mancha continua.

En maceta hay que ir a recipiente ancho más que hondo, con sustrato mineral, y asumir que un contenedor pequeño se seca a diario en agosto. La planta lo tolera, pero pierde parte de la gracia.

Riego y mantenimiento

El primer año, riegos espaciados pero abundantes para forzar el rizoma a bajar. A partir del segundo, en el norte peninsular puede vivir de la lluvia; en el centro y el sur, con un riego cada diez o quince días en verano va sobrado.

El exceso de agua sobre suelo pesado pudre el rizoma sin aviso: la mata se ve bien en junio, amarillea a mediados de julio y en agosto se levanta del suelo tirando con dos dedos. Cuando esto pasa no hay tratamiento; se replanta en otro sitio mejor drenado.

Después del pico de floración, hacia finales de julio, conviene rebajar toda la mata a un tercio de su altura con tijera de setos o incluso con un cortasetos pequeño. Da miedo la primera vez, pero es lo que renueva el follaje, evita que la planta se abra por el centro y provoca una segunda tanda de flores en septiembre. Sin ese recorte la mata se ahueca y las ramas se tumban sobre las vecinas.

Abonado: prácticamente ninguno. Un puñado de compost bien hecho cada dos o tres inviernos alrededor de la mata es suficiente. Con abono nitrogenado se obtienen hojas grandes y blandas, menos flor y mucha más facilidad para el oídio.

Aguanta el frío sin protección alguna, con resistencia acreditada por debajo de -20 °C. En la Península no hay lugar donde el invierno la mate.

Multiplicación

Lo más rápido es la división de mata. Se saca el cepellón en octubre o a finales de febrero, se corta el rizoma en trozos con al menos dos o tres yemas y raíces propias, y se replanta de inmediato sin dejar que se seque el corte. Cada mata adulta da tres o cuatro plantas nuevas.

Por semilla también funciona, pero conviene sembrar en otoño en bandeja al aire libre: la semilla necesita pasar frío para germinar de manera uniforme, y sembrada en primavera en interior da nascencias irregulares y escalonadas. Recoger la semilla exige vigilancia porque las cápsulas se abren solas; el truco es cortar los tallos fructificados cuando el pico empieza a pardear y terminar de secarlos dentro de una bolsa de papel.

Las plantas de semilla son variables en color e intensidad. Si se quiere reproducir un cultivar concreto, división y nada más.

Mata de geranio sangriento cubierta de flores rosadas

Variedades interesantes

La var. striatum (que en catálogos antiguos aparece como var. lancastriense) tiene flor rosa muy pálida con nervios rojizos bien marcados y porte más aplastado, apenas 15 cm; es la mejor para rocalla y para bordes de escalón.

'Album' da flor blanca pura y crece algo más suelta y alta que el tipo, con follaje verde más claro. 'Max Frei' es compacta, densa y de magenta muy saturado, la opción segura si se busca uniformidad en una masa grande. 'Ankum's Pride' se queda en un rosa intermedio y florece de forma más prolongada.

En el jardín encaja como cubresuelos de zonas secas, borde de macizo, relleno entre rosales de pie alto, coronación de muros de piedra y taludes que nadie quiere segar. Convive muy bien con lavandas, nepetas, salvias arbustivas y gramíneas.

Problemas sanitarios

Oídio. Es lo más común, sobre todo en septiembre, en plantas apretadas o con riego por aspersión que moja la hoja al atardecer. Aparece como un polvillo blanco en el haz. La solución no es el fungicida sino el recorte de julio del que hablábamos: follaje nuevo, aireado y sin hoja vieja acumulada. Regar al pie y no por encima remata el problema.

Roya. Menos frecuente, se ve como pústulas anaranjadas en el envés. Se retiran las hojas afectadas y no se compostan.

Manchas foliares. Círculos pardos con halo, típicos de primaveras muy lluviosas. Suelen ser cosméticos y desaparecen solos al llegar el calor.

Podredumbre de raíz. El daño serio, y casi siempre es un problema de suelo y no de patógeno. Encharcamiento invernal en arcilla compactada, y adiós mata.

Caracoles y babosas. Atacan los brotes tiernos de marzo en jardines húmedos del norte. Rara vez matan la planta.

Gorgojo negro de la vid (Otiorhynchus sulcatus). Es un riesgo real en cultivo en maceta: el adulto hace muescas semicirculares en el borde de la hoja y la larva se come las raíces por dentro. Si una planta en contenedor decae sin causa aparente, hay que volcar el cepellón y buscar larvas blancas en forma de C.

No es una planta tóxica ni presenta riesgo para perros o gatos.

En resumen

Geranium sanguineum es una vivaz de bajo mantenimiento para suelo pobre, calizo y bien drenado, con floración magenta de mayo a julio, follaje en encaje durante toda la temporada y color rojo en otoño. Sol pleno en el norte, sombra de tarde en el sur. Riego escaso a partir del segundo año y abonado casi nulo. El único gesto de mantenimiento que de verdad cambia el resultado es rebajar la mata a un tercio después de la floración principal: mantiene la forma, evita el oídio y devuelve flor en septiembre. Se multiplica dividiendo el rizoma en otoño, resiste por debajo de -20 °C y sus problemas casi siempre se resuelven mejorando el drenaje antes que aplicando ningún producto.


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