No existe ninguna planta que oxigene el cerebro, y conviene decirlo sin rodeos porque la idea suena plausible y no lo es. El oxígeno llega al cerebro disuelto en la sangre y transportado por la hemoglobina de los glóbulos rojos, y en una persona sana esa hemoglobina ya va prácticamente saturada al salir de los pulmones. El caudal de sangre que recibe el cerebro está además estrechamente regulado por el propio organismo, que lo ajusta segundo a segundo. No hay un margen ahí que una infusión pueda llenar.
Tampoco hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas para nada de esto: las que existen están recogidas en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión Europea, no una lista de internet. Si notas que te falla la memoria o la concentración, eso lo valora un médico. Lo que sigue va de botánica, que es lo que este sitio puede contarte: qué son de verdad las diez plantas que aparecían en esa lista, porque en varias de ellas ni el nombre ni el dato estaban bien.
Ginkgo biloba, y no doscientos años
El artículo original decía que el ginkgo "existe desde aproximadamente doscientos años". La cifra correcta no se mide en siglos: Ginkgo biloba es la única especie viva de todo su grupo, y los fósiles de ese linaje se remontan a cientos de millones de años, mucho antes de que existiera una sola planta con flor. De ahí lo de fósil viviente.
Es un árbol dioico, con pies macho y pies hembra separados. En los viveros españoles se venden casi siempre machos injertados, y hay una razón muy práctica: la capa carnosa que envuelve la semilla de los pies hembra desprende un olor desagradable al pudrirse y provoca dermatitis de contacto, así que no se manipula sin guantes. Del cultivo del ginkgo en España ya hablamos en ginkgo, castaño de indias y rusco.
Amentos masculinos de ginkgo en primavera, junto a las hojas jóvenes en abanico. Esta rama es de un pie macho: los femeninos no producen amentos, sino óvulos sobre un pedúnculo largo.
La pira es un amaranto
Pira, bledo, ataco, quihuicha, kiwicha: todos esos nombres apuntan al género Amaranthus, y aquí no hay error de fondo, sino de precisión. El género tiene cerca de un centenar de especies y no se comportan igual.
Por un lado están los amarantos de grano, domesticados en Mesoamérica y en los Andes, con inflorescencias grandes y semilla clara: Amaranthus cruentus, Amaranthus hypochondriacus y Amaranthus caudatus. Por otro, los amarantos silvestres que crecen solos en cualquier bancal removido de España, como Amaranthus retroflexus o Amaranthus blitum, que son las malas hierbas de verano de medio huerto. Botánicamente son parientes cercanos; agronómicamente no tienen nada que ver.
Como cultivo es una planta de verano, de crecimiento rápido, calor y sol, que aguanta la sequía mejor que casi cualquier hortaliza de temporada. La foto del artículo original, por cierto, sí era correcta. Tienes el cultivo en cómo plantar amaranto.
Amaranto de hoja púrpura. El pigmento que le da ese color, la betalaína, es el mismo de la remolacha y no aparece en casi ninguna otra familia de plantas.
La ortiga, y por qué pica
Urtica dioica está bien nombrada en el original, con la salvedad de que el epíteto va en minúscula: no es Urtica Dioica. Y lo que sí merece explicación es el mecanismo, que es de manual.
Toda la planta está cubierta de tricomas urticantes: pelos huecos cuya punta es una ampolla de sílice, frágil como el vidrio. Cuando la rozas, la punta se rompe en bisel, el pelo se comporta como una aguja hipodérmica y te inyecta el contenido de la célula. De ahí el escozor y el habón. Por eso la ortiga se corta con guantes y por eso, una vez cocida o seca, deja de picar: el pelo se colapsa.
En el huerto es además un buen indicador: las ortigas se amontonan donde el suelo es profundo, fresco y muy rico en nitrógeno, así que su presencia te está diciendo algo del terreno. En la ficha de la ortiga tienes el resto.
Ortiga mayor. Las inflorescencias colgantes en las axilas de las hojas son la señal de que la planta ya está en flor: al ser dioica, cada pie es macho o hembra.
El wasabi que casi nunca es wasabi
El wasabi verdadero es Eutrema japonicum, una crucífera japonesa que durante décadas se llamó Wasabia japonica y que todavía verás así en textos antiguos. No es un rábano, aunque el original lo dijera: es de la misma familia que el rábano, la mostaza y la col, pero de otro género.
Se cultiva de una forma bastante peculiar, en lechos de grava por los que circula agua fría y limpia de arroyo de montaña, en sombra y con temperaturas suaves todo el año. Es exigente, lento y caro, y por eso la inmensa mayoría de la pasta verde que se sirve con el sushi fuera de Japón no lleva wasabi: lleva rábano picante, mostaza y colorante. Si el envase no dice Eutrema, casi con seguridad no lo es.
Rizomas de wasabi auténtico a la venta, mantenidos en agua. Se rallan en el momento porque el compuesto que pica se degrada en pocos minutos.
Ginseng, o más bien tres ginsengs
Bajo esa palabra se venden plantas de géneros distintos. El ginseng coreano es Panax ginseng; el americano es Panax quinquefolius, de los bosques caducifolios del este de Norteamérica; y el llamado ginseng siberiano es Eleutherococcus senticosus, que pertenece a otro género y solo comparte con los anteriores la familia. Son tres plantas diferentes con un nombre comercial común.
Los Panax son vivaces de sotobosque umbrío y fresco, de crecimiento muy lento, que tardan años en dar una raíz aprovechable. Se cultivan bajo malla de sombreo o bajo paja, como se ve en la foto, y no son plantas de jardín mediterráneo: aquí el verano les sobra.
Ginseng con frutos maduros, cultivado bajo una cubierta de paja que le da sombra y mantiene la humedad del suelo.
Salvia, romero y tomillo: la misma familia, y un cambio de nombre
Los tres son labiadas mediterráneas, de tallo cuadrangular y hoja opuesta, y los tres se cultivan igual: sol, suelo pobre y drenado, y poco riego.
Hay un detalle que conviene actualizar. El romero se llamó durante dos siglos Rosmarinus officinalis, pero los estudios moleculares lo situaron dentro del género Salvia, de modo que el nombre aceptado hoy es Salvia rosmarinus. Es decir, el romero y la salvia no son solo parientes: son el mismo género. Puedes seguir encontrando el nombre antiguo en cualquier vivero, y no está mal usarlo, pero ya no es el válido.
Perejil y ajo, con una advertencia cada uno
El perejil es Petroselinum crispum, una umbelífera bienal. Y las umbelíferas son la familia donde la identificación silvestre se paga cara: la cicuta menor o perejil de perro, Aethusa cynapium, se le parece bastante y es tóxica. El perejil de huerto, comprado en planta o en semilla, no da ningún problema; recolectar "perejil" en el campo por su aspecto es otra cosa.
El ajo es Allium sativum, y aquí la advertencia es para quien tenga animales: los Allium, incluidos el ajo y la cebolla, son tóxicos para perros y gatos, tanto crudos como cocinados. Ante una ingestión, al veterinario.
En resumen
De las diez plantas de la lista, ninguna oxigena el cerebro, porque eso no es algo que una planta pueda hacer: el oxígeno lo lleva la sangre, la hemoglobina ya va saturada y el riego cerebral lo regula el propio cuerpo. Todo el apartado de beneficios, junto con las cantidades y las infusiones que daba el original, se ha retirado y no se sustituye por nada.
Lo que queda es una lista curiosa de plantas reales con bastantes errores encima: un ginkgo al que le faltaban doscientos millones de años, un wasabi que era un rábano, un ginseng que en realidad son tres, un romero que hoy se llama Salvia rosmarinus y una ortiga escrita con la mayúscula donde no toca. Cada una de ellas da para un artículo, pero de jardinería.