Un porche es el único sitio del jardín donde no llega la lluvia. Tiene techo, así que todo lo que pongas debajo depende de tu regadera los doce meses del año, incluso en pleno invierno y aunque lleve tres días diluviando a dos metros de allí. Y tiene una segunda particularidad que se nota a las pocas semanas: la luz entra de lado, casi siempre por una sola cara, de modo que las plantas se ladean hacia fuera y acaban torcidas y despobladas por el lado de la pared.
Esas dos cosas, techo y luz lateral, mandan más que la lista de especies. Si las tienes en cuenta te funciona casi cualquier planta de sombra luminosa; si no, se te secan en agosto y se te alargan en marzo. Abajo va cómo se resuelve cada una, con qué plantas encajan de verdad en un porche y un aviso que conviene leer antes de comprar: varias de las clásicas de porche son tóxicas si un niño, un perro o un gato les meten el diente.
El porche no recibe lluvia: riego a mano todo el año
La sombra pluvial de un alero es total. Bajo un porche de dos o tres metros de vuelo no cae agua ni en un temporal, salvo la que entra de lado con viento fuerte. Eso tiene una parte buena, porque evita el encharcado de las macetas en invierno y porque protege el follaje de los hongos que se disparan con la hoja mojada, y una parte mala evidente: si te vas quince días en verano y nadie riega, el porche es lo primero que se pierde.
De ahí salen dos consecuencias prácticas. La primera, que el riego en el porche no se suspende en invierno, solo se espacia: una planta de hoja perenne sigue transpirando en enero y su cepellón se seca igual, solo que más despacio. La segunda, que conviene agrupar las macetas, porque juntas se dan sombra entre ellas y mantienen algo más húmedo el aire que las rodea.
La luz entra de lado: por eso se ladean
Bajo techo, la luz llega en horizontal desde el frente abierto. Las plantas responden creciendo hacia esa fuente, que es fototropismo normal y sano, pero el resultado estético es malo: la maceta se despuebla por el lado interior y se va toda hacia el borde. La solución es de una simpleza ridícula y casi nadie la aplica: gira cada maceta un cuarto de vuelta cada semana o cada dos, siempre en el mismo sentido. Con eso las plantas se mantienen redondas.
El segundo efecto de la luz lateral es que el fondo del porche está mucho más oscuro de lo que tú percibes. El ojo se adapta y te engaña; la planta no. Si una se alarga, separa mucho las hojas y pierde el jaspeado, no le falta abono, le falta luz: muévela hacia la boca y deja el fondo para los helechos.
Cuánta luz hay según a dónde mire el porche
La orientación cambia por completo la lista de plantas que puedes poner:
- Al norte: sombra constante, sin sol directo nunca, con luz suave y estable. Es la orientación de los helechos, de las begonias de hoja y de casi todo lo que en la etiqueta ponga sombra.
- Al este: sol directo por la mañana, cuando aún no aprieta, y sombra el resto del día. Es la mejor orientación de las cuatro para un porche con plantas.
- Al oeste: sombra hasta media tarde y luego sol bajo que entra por debajo del techo justo en las horas de más calor acumulado. Castiga mucho más de lo que parece.
- Al sur: en verano el sol va alto y el alero lo corta, así que el porche queda fresco. En invierno el sol va bajo y entra hasta el fondo. Es justo al revés de lo que la gente espera.
Para el fondo y para los porches de sombra
El helecho de Boston (Nephrolepis exaltata) es la planta de porche por antonomasia y no por casualidad: quiere exactamente lo que un porche da, luz sin sol directo y ambiente resguardado. Su problema aquí es la sequedad del aire, que le quema las puntas de las frondes. Agradece que el cepellón no llegue a secarse del todo y que no le dé una corriente seca.

El helecho de Boston tolera la sombra del porche, pero no el aire seco ni el cepellón completamente seco.
El coleo (Coleus scutellarioides, que también verás como Plectranthus scutellarioides y Solenostemon) es la otra apuesta segura. Se cultiva por la hoja, no por la flor, y precisamente en luz tamizada saca los contrastes de color más limpios, mientras que a pleno sol se apaga. Pínzale las puntas para que ramifique y quítale las espigas de flor en cuanto asomen, porque en cuanto florece se afea.

El coleo da su mejor color en luz brillante sin sol directo, que es lo que hay bajo un porche.
El caladio (Caladium bicolor) es el más espectacular y el más exigente de los tres. Es un tubérculo tropical: brota en primavera cuando hace calor de verdad, se mantiene todo el verano y en otoño amarillea y desaparece, que no es que se haya muerto sino que entra en reposo. Fuera del litoral cálido y de Canarias hay que sacar el tubérculo y guardarlo seco y protegido del frío.

El caladio es una arácea: sus hojas llevan rafidios de oxalato cálcico y no se manipulan sin guantes si tienes la piel sensible.
Para el borde, donde sí entra el sol
La lantana (Lantana camara) aguanta el sol y el calor del borde del porche mejor que casi cualquier otra planta de flor, florece durante meses y atrae mariposas. Tiene dos pegas que conviene saber: sus frutos verdes son tóxicos por ingestión y en las zonas cálidas del litoral y de Canarias se comporta como invasora, así que no se tiran restos de poda al campo ni se planta suelta cerca de espacios naturales. En maceta y con las flores marchitas recortadas no da ese problema. Tienes más sobre su cultivo en la ficha de Lantana camara.

La lantana florece sin parar en el borde soleado. Los frutos verdes son tóxicos si se ingieren.
Para colgar del techo, la cola de burro (Sedum morganianum) es difícil de superar: es una crasa, tolera que te olvides de regarla y sus tallos colgantes aprovechan la única superficie que sobra en un porche, que es el aire. Necesita el borde luminoso y tiene un defecto: las hojas se desprenden al mínimo roce, así que se cuelga donde nadie pase por debajo. Cualquier colgante se seca mucho antes que una maceta del suelo, porque tiene poco volumen y le rodea el aire caliente del techo, y conviene comprobar que la viga aguanta el peso de la maceta empapada, que no es el de la maceta seca de la tienda.

Las colgantes resuelven el porche por arriba, pero se secan mucho más deprisa que las macetas del suelo.
Y si lo que quieres es estructura permanente que esté igual en enero que en agosto, el boj (Buxus sempervirens) en maceta a los lados de la puerta es la solución de siempre. Vigílalo de cerca: la oruga del boj (Cydalima perspectalis) devora un ejemplar en pocos días y empieza siempre por el interior de la mata, que es donde hay que mirar. La gestión integrada de plagas que fija el Real Decreto 1311/2012 pone por delante la prevención y los medios físicos y biológicos; en jardinería doméstica solo se pueden emplear productos autorizados para ese uso, que se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, con la dosis de la etiqueta y nunca en horas de vuelo de las abejas.

El boj en maceta da estructura todo el año. Hay que vigilar la oruga del boj, que ataca desde dentro de la mata.
Cuidado si hay niños, perro o gato
Tres de las plantas de esta lista dan problemas si se mastican. El caladio, como todas las aráceas, lleva rafidios de oxalato cálcico en hoja y tallo: son agujas microscópicas que se clavan en las mucosas y provocan dolor, babeo e inflamación de boca y lengua. Los frutos verdes de la lantana son tóxicos por ingestión. Y el boj tiene alcaloides en hoja y corteza. Ninguna de las tres se come.
Si alguien ha ingerido parte de una planta, al médico o al veterinario, o llama al Instituto Nacional de Toxicología. No hay nada que hacer en casa. Si tienes gato, lo sensato es colgar las aráceas fuera de su alcance o directamente no ponerlas.
Errores frecuentes en un porche
- Dar por hecho que la lluvia riega. No llega nada bajo el alero, ni siquiera en invierno.
- Comprar plantas de sol pleno porque el porche está en la fachada sur. Lo que cuenta es dónde da la luz bajo el techo, no la orientación de la casa.
- No girar las macetas, y descubrir en septiembre que todas las plantas miran hacia fuera.
- Dejar el plato lleno de agua para no mojar el suelo. Eso es lo que pudre las raíces.
- Usar macetas pequeñas. Cuanto menos sustrato, más veces hay que regar; en un sitio sin lluvia eso se paga caro. Si vas a ir a tiestos pequeños, mira antes qué aguanta de verdad una maceta de menos de 12 cm.
En resumen
El porche no es un jardín con techo: es un microclima con dos reglas propias. No le llega la lluvia, así que riegas tú todo el año y vacías los platos; y la luz entra de lado, así que las plantas se ladean y hay que girarlas cada semana, además de reservar el fondo oscuro para helechos y dejar el borde luminoso para las de sol. Con eso resuelto, la elección de especies es casi secundaria.
Para el fondo van helecho de Boston, coleo y caladio; para el borde, lantana, crasas colgantes y boj en maceta si quieres verde en invierno. Cuelga lo que puedas de las vigas contando con que se secará antes, agrupa las macetas para que se den sombra entre ellas y ten presente que caladio, lantana y boj no se mastican: ante una ingestión, médico, veterinario o Instituto Nacional de Toxicología.