La lantana (Lantana camara) es un arbusto perenne de la familia de las verbenáceas, originario de la América tropical, que en jardinería española se usa por una razón muy concreta: florece de forma casi continua desde la primavera hasta las primeras heladas, aguanta la sequía y no pide un suelo bueno. Las inflorescencias, de 2 a 3 cm de diámetro, abren amarillas o naranjas y viran a rojo desde el borde hacia el centro, de manera que en la misma cabezuela conviven varios colores. De ahí los nombres populares de bandera española, frutillo o las clásicas bolas de colores.
Antes de plantarla conviene saber dos cosas que casi nunca se cuentan. La primera es que la lantana es tóxica: los frutos verdes concentran lantadenos, compuestos hepatotóxicos, y las hojas provocan fotosensibilización y daño hepático en el ganado que las pasta. La savia puede causar dermatitis de contacto, así que conviene podarla con guantes. La segunda es que se comporta como invasora en climas cálidos y sin heladas. Los pájaros comen los frutos maduros y dispersan la semilla, y en zonas subtropicales, incluidas las islas Canarias, forma matorrales densos que desplazan a la vegetación local. En el interior peninsular, donde hiela, ese riesgo es mucho menor porque el frío la frena todos los inviernos.
Cómo es la planta
Crece rápido y forma una mata leñosa que en clima favorable alcanza 1,5 m de altura y una anchura similar. Las hojas son simples, opuestas, de 5 a 10 cm de largo, ovaladas, con el margen dentado y el haz rugoso y áspero. Al frotarlas desprenden un olor fuerte y resinoso que a mucha gente no le gusta; ese aroma es, de hecho, la forma más rápida de identificarla.
Es muy sensible al frío. Por debajo de cero pierde la parte aérea y con heladas repetidas o prolongadas muere. En la costa mediterránea, el sur peninsular y las islas se comporta como arbusto perenne y vive años. En Madrid, Castilla o el valle del Ebro lo habitual es tratarla como planta de temporada, o cultivarla en maceta y meterla en un lugar resguardado y luminoso durante el invierno.
Variedades de Lantana camara
Lo que se vende en vivero son casi siempre selecciones de Lantana camara con la floración fijada en un color, más compactas que la especie silvestre. Estas son las que se encuentran con más frecuencia.
Flava. Flores enteramente amarillas, sin el viraje a naranja o rojo.
Mutabilis. Las flores abren blanquecinas, pasan al amarillo y terminan en rosa lilacino, y los tres tonos coexisten en la misma cabezuela.
Victoria. Flores blancas con el centro amarillo. Es de las más luminosas en macizo y de las que menos desentona junto a plantas de flor blanca.
Sanguinea. Amarillo azafrán que vira a rojo intenso. Es la que más se parece a la lantana silvestre y la que da el contraste más fuerte.
La lantana rastrera, Lantana montevidensis
Es otra especie, no una variedad de la anterior, y a menudo aparece etiquetada con el sinónimo Lantana sellowiana. Su diferencia principal es el porte: en lugar de formar mata erguida, produce tallos largos y flexibles que se tumban y cubren el suelo, por lo que se usa mucho en taludes, jardineras altas y bordes de muro donde se quiere efecto colgante. Las flores son lilas o rosadas, en umbelas más pequeñas que las de Lantana camara, y las hojas son ovaladas, aterciopeladas y de verde oscuro.
Sus exigencias de cultivo son las mismas que las de la lantana arbustiva: mucha luz, suelo drenante y riego contenido. Es igual de sensible al frío, así que en el interior peninsular hay que protegerla o renovarla.
Viburnum lantana no es una lantana
Conviene aclararlo porque el nombre confunde. El durillo o barbadeja (Viburnum lantana) es un arbusto caducifolio europeo de otra familia por completo, sin ningún parentesco con las verbenáceas. Crece de forma natural en la mitad norte de la Península, en setos y orlas de bosque sobre suelos calizos, alcanza varios metros y florece en primavera con corimbos blancos a los que siguen frutos que pasan de verde a rojo y luego a negro. Sus frutos también son tóxicos por ingestión.
Si busca información de cultivo, tenga presente que todo lo que se dice aquí sobre riego, poda y resistencia al frío se refiere a las lantanas verdaderas, no al viburno.
Dónde plantarla y qué suelo pide
A pleno sol. Con menos de cinco o seis horas de sol directo florece poco y se ahíla. Tolera media sombra, pero no da lo que promete. Es de las pocas plantas que agradecen de verdad la pared sur en un patio del sur peninsular.
El suelo le da bastante igual mientras drene. Se adapta sin problema a los suelos calizos y pedregosos del este y el sur, y en terreno pesado y compacto conviene plantarla en caballón o mezclar arena gruesa y compost en el hoyo de plantación. Lo que no perdona es el encharcamiento: la mayoría de las lantanas que se pierden no mueren de sed, sino de exceso de riego en suelo que retiene agua.
En riego, la norma es esperar a que el sustrato se seque en superficie antes de volver a regar. Una lantana establecida en el jardín aguanta el verano mediterráneo con riegos espaciados y profundos; en maceta necesitará agua casi a diario en julio y agosto, porque el sustrato se calienta y seca rápido. En invierno, prácticamente nada.
Cuándo y cómo podar
Conviene distinguir dos operaciones distintas, porque no se hacen en la misma época ni buscan lo mismo.
- Poda de formación sobre madera. Se hace a finales del invierno, cuando ha pasado el riesgo de heladas fuertes y antes de que arranque la brotación. Se rebaja la mata dejando alrededor de un tercio de su altura, se eliminan ramas secas, cruzadas o dañadas por el frío y se abre el centro. La lantana rebrota con fuerza desde la base y de esa poda sale la mata compacta y densa de la temporada.
- Despuntes en verde. Durante la primavera y el verano, pellizcar las puntas de los brotes multiplica la ramificación y, con ella, el número de inflorescencias, porque la lantana florece en los extremos de los brotes nuevos. Retirar las cabezuelas marchitas cumple además otra función: evita que cuajen los frutos, que son la parte tóxica y el medio por el que la planta se dispersa.
Podar en pleno otoño, como recomiendan algunas guías, es mala idea en zonas con heladas: la planta rebrota tierna justo antes del frío y esos brotes se pierden.
Multiplicación
Por esqueje es el método sencillo y el único que garantiza que la planta nueva salga igual que la madre. Se toman en primavera o principios de verano trozos de tallo semileñoso de 8 a 10 cm, cortados justo por debajo de un nudo, se les quitan las hojas inferiores y se clavan en un sustrato ligero y húmedo, en un lugar cálido y a la sombra. Enraízan en pocas semanas; una hormona de enraizamiento mejora el porcentaje, pero no es imprescindible.
Por semilla también funciona. Las semillas se recogen de los frutos maduros, en otoño, y germinan mejor tras unas semanas de frío en la nevera dentro de una bolsa cerrada. Se siembran en semillero a unos 15 ºC, cubiertas con una capa de sustrato de no más de dos veces su diámetro, y se trasplantan al exterior en primavera, cuando ya no hay riesgo de helada. Manipule los frutos con guantes y no deje que los recojan los niños.
En resumen
La lantana es una de las plantas más agradecidas para un jardín mediterráneo seco y soleado: florece medio año, tolera la caliza, resiste la sequía y solo necesita una poda fuerte a finales de invierno y despuntes durante la temporada. Su límite es el frío, que la convierte en planta de temporada en el interior peninsular, y el exceso de agua, que la mata con más frecuencia que la falta.
A cambio pide dos precauciones. Es tóxica por ingestión, sobre todo los frutos verdes, de modo que no es la elección más prudente en un jardín donde juegan niños pequeños o donde pasta ganado. Y en zonas cálidas sin heladas se dispersa sola a partir de la semilla, así que retirar las flores marchitas antes de que fructifiquen no es solo cuestión estética.