La hierba mora figura a la vez en dos listas que parecen incompatibles: la de plantas tóxicas y la de verduras silvestres. Solanum nigrum L. contiene glicoalcaloides y ha causado intoxicaciones, sobre todo en niños que han comido sus frutos verdes; y al mismo tiempo sus hojas cocinadas y sus frutos completamente maduros se consumen desde hace siglos en África oriental, en el sur de la India, en Grecia y también en varias comarcas españolas. Las dos cosas son ciertas, y explicar por qué lo son es lo más útil que puede hacer un artículo sobre esta planta.

Lo que este artículo no va a hacer es dar el paso siguiente. No se recomienda comer hierba mora a partir de un texto, ni se describe aquí procedimiento alguno para hacerlo. Lo que sostiene esas tradiciones no es una receta: es un conocimiento local sobre qué población concreta se recoge, en qué estado y con qué manejo, transmitido de mano en mano y verificado durante generaciones sobre un material que se conoce. Nada de eso viaja bien por escrito. Si alguien ingiere frutos verdes o planta cruda y aparecen síntomas, el Instituto Nacional de Toxicología atiende en el 91 562 04 20.

Planta de Solanum nigrum con flores blancas y frutos

Retrato de la planta

Es una hierba anual, o vivaz de vida corta en climas suaves, que levanta de veinte a ochenta centímetros y se ramifica desde abajo formando una mata desordenada. El tallo es anguloso, a veces con costillas algo dentadas, glabro o con pelos cortos según la estirpe. Las hojas son alternas, con pecíolo, de lámina ovado-rómbica, de margen entero o groseramente sinuado-dentado, blandas y de un verde apagado.

Las flores se agrupan de cuatro a diez en cimas umbeliformes que nacen fuera de las axilas, colgando de un pedúnculo lateral. La corola es blanca, con los lóbulos vueltos hacia atrás, y en el centro lleva el cono de anteras amarillas propio del género: la misma arquitectura floral que la patata, pero en miniatura y en blanco. El fruto es una baya globosa de seis a ocho milímetros que madura a negro mate, sin brillo barnizado, con el cáliz doblado hacia atrás y despegado de la baya. Florece y fructifica de forma continua desde finales de primavera hasta las primeras heladas, de modo que en la misma mata conviven flores, frutos verdes y frutos negros.

Un nombre para varias plantas

Este es el primer motivo por el que las informaciones se contradicen. Lo que se llama hierba mora no es una especie sino un conjunto de especies muy parecidas, el llamado agregado de Solanum nigrum, dentro de la sección Solanum. En España conviven, entre otras, Solanum nigrum propiamente dicho, hexaploide y de fruto negro mate; Solanum villosum Mill., con el fruto anaranjado o rojizo; Solanum americanum Mill., de fruto negro lustroso y porte más grácil; y neófitos como Solanum chenopodioides Lam. y Solanum physalifolium Rusby, extendidos por los regadíos.

Distinguirlos exige fijarse en el color y el brillo del fruto, en la forma del cáliz fructífero, en el indumento del tallo y en el tamaño de la semilla, y no siempre es sencillo en material joven. Que buena parte de lo que se lee sobre la hierba mora mezcle datos de unas y otras es previsible, y es una razón más para no operar por analogía.

Los glicoalcaloides y por qué varía su contenido

Los compuestos responsables de la toxicidad son glicoalcaloides esteroídicos: solanina, solasonina y solamargina, con solasodina como genina. Son irritantes de la mucosa digestiva y tienen efectos sobre el sistema nervioso central. Un envenenamiento cursa con ardor bucal, náuseas, vómitos, cólico y diarrea, y en los casos importantes con cefalea, midriasis, somnolencia, confusión, taquicardia y debilidad muscular. Los frutos verdes son lo más peligroso, y son también lo más accesible para un niño que juegue en un huerto.

La aparente contradicción se resuelve al mirar dónde y cuándo están esos compuestos, porque su concentración no es un número fijo de la especie sino una variable con tres fuentes de cambio.

La madurez. En las solanáceas el glicoalcaloide protege el fruto mientras la semilla no está lista. A medida que la baya madura y pasa a negro, la planta desmonta buena parte de esa defensa, porque ya le interesa que un pájaro se la coma y disperse la semilla. Un fruto verde y un fruto plenamente maduro de la misma mata no son el mismo material. El problema práctico es que la maduración es gradual y que en un racimo hay frutos de todos los estados.

La quimiotipia. Dentro del agregado, y aun dentro de una misma especie, hay poblaciones con contenidos muy distintos. Las estirpes que se han consumido tradicionalmente en Kenia, Tanzania, la India o Grecia son poblaciones locales seleccionadas de hecho durante generaciones hacia el extremo bajo del rango, y existen incluso cultivares hortícolas obtenidos por selección con ese criterio. Una mata nacida sola en un alcorque de Madrid no pertenece a ninguna de esas estirpes ni ha pasado por esa selección.

La cocción. Los glicoalcaloides son solubles en agua, y las cocinas que consumen la hoja de esta planta la hierven descartando el caldo, un gesto que arrastra parte del contenido. Es una explicación del fenómeno, no una técnica: el calor no destruye estas moléculas, solo se puede eliminar lo que se disuelve, y cuánto se elimina depende del material de partida, que es precisamente lo que aquí no se conoce.

Hojas de Solanum nigrum, consumidas cocinadas en algunas tradiciones

La tradición: verdura y emplasto

En el terreno alimentario, la hierba mora es una verdura de recolección bien documentada. En Kenia y Tanzania se cultiva y se vende en el mercado con los nombres de managu o mnavu; en Tamil Nadu es el manathakkali; en Grecia entra en el repertorio de las horta silvestres con el nombre de stifno; en Sudáfrica se seleccionó una forma cultivada, el nastergal. En España, los inventarios etnobotánicos recogen el consumo de brotes y hojas tiernas cocidos en distintas zonas del sur y del levante peninsular, siempre como recurso de temporada dentro de un uso local muy concreto.

En el terreno medicinal, la tradición le dio sobre todo empleo externo: hojas machacadas en cataplasma sobre inflamaciones, quemaduras, forúnculos y hemorroides, y algún uso interno como sedante suave que hoy se lee mejor como lo que era, un efecto del alcaloide. La medicina ayurvédica y la china le atribuyen además propiedades sobre el hígado y sobre los edemas.

Qué muestra la evidencia

Existe una literatura experimental relativamente abundante, y conviene leerla por lo que es. Hay estudios in vitro en los que la solamargina y otros glicoalcaloides inducen la muerte de líneas celulares tumorales, y hay ensayos en roedores con extractos de la planta que apuntan a efectos hepatoprotectores y antiinflamatorios. De ahí han salido las afirmaciones que circulan por internet sobre la hierba mora y el cáncer.

El eslabón que falta es siempre el mismo: no hay ensayos clínicos que respalden ningún uso terapéutico de esta planta. No existe monografía de la Agencia Europea del Medicamento, no hay preparados autorizados en España y las revisiones disponibles se limitan a describir el trabajo preclínico. Que una molécula mate células en una placa de cultivo no la convierte en tratamiento; la distancia entre las dos cosas es la que separa una hipótesis de un medicamento, y la mayor parte de las hipótesis no la recorren.

Sobre el cáncer hay que ser explícito, porque es donde el daño sería irreversible: ninguna planta sustituye a un tratamiento oncológico, y abandonarlo o retrasarlo confiando en un remedio vegetal cuesta vidas. Lo mismo vale para cualquier enfermedad crónica grave.

Precauciones e interacciones

Los glicoalcaloides tienen actividad sobre el sistema nervioso central, de modo que su efecto se suma al de sedantes, hipnóticos, ansiolíticos y alcohol. Al ser irritantes de la mucosa digestiva, agravan cuadros de gastritis, úlcera y enfermedad inflamatoria intestinal. Se eliminan por vía hepática y renal, así que en insuficiencia de cualquiera de las dos el riesgo de acumulación es mayor. Están descartados en el embarazo y la lactancia, y la planta debe mantenerse lejos del alcance de los niños, que son quienes protagonizan casi todos los casos registrados. Tampoco es inocua para el ganado ni para las aves de corral que picotean en el huerto.

Conviene despejar de paso la idea de fondo. Que una planta sea comestible en un sitio no la convierte en comestible en cualquier sitio, y que sea silvestre no la hace suave. La hierba mora es el ejemplo perfecto de que lo natural no es una categoría de seguridad, sino una descripción del origen.

La hierba mora en el huerto

Como adventicia es de las que se instalan solas y bien. Es nitrófila y prospera en suelos removidos, regados y abonados: bancales de huerta, cultivos de regadío, invernaderos, alcorques, viveros, escombreras y bordes de camino. Necesita calor para germinar, así que emerge en oleadas desde la primavera avanzada hasta el verano, aprovechando cada riego y cada laboreo que sube semilla a la superficie. Ese banco de semillas es persistente, y las aves que comen las bayas la reparten a distancia.

El motivo de fondo para eliminarla del huerto no es la toxicidad sino la sanidad vegetal. Al ser de la misma familia que el tomate, la patata, el pimiento y la berenjena, funciona como reservorio entre campañas: hospeda pulgones, mosca blanca, la polilla del tomate Tuta absoluta, nematodos del género Meloidogyne y virus como el del bronceado del tomate o el Y de la patata. Una mata en la esquina del invernadero puede mantener viva la plaga cuando el cultivo ya no está.

El manejo es el de cualquier anual de semilla abundante: arrancarla antes de que fructifique, con raíz, aprovechando que el sistema radicular es superficial y sale entero en suelo húmedo. Un acolchado orgánico o una cubierta bien cerrada reducen mucho la emergencia. Si ya hay frutos, se retira la planta completa del huerto en lugar de dejarla en el suelo o echarla al compost doméstico, que rara vez alcanza temperatura suficiente para matar la semilla.

En resumen

Solanum nigrum es una anual nitrófila de huerta y terreno removido, de flor blanca con cono amarillo y baya que madura a negro mate, y forma parte de un grupo de especies muy parecidas que a menudo se confunden entre sí. Contiene glicoalcaloides y es tóxica en verde, en especial los frutos inmaduros, con un cuadro digestivo y neurológico bien descrito; a la vez, sus hojas cocidas y sus frutos plenamente maduros se consumen en tradiciones alimentarias reales, porque el contenido de esos compuestos cambia con la madurez, con la población concreta y con la cocción. Esa explicación no es una autorización: no se recomienda su consumo a partir de un artículo. En lo medicinal solo existe investigación preclínica, sin ensayos clínicos que sostengan ningún uso, y ninguna planta sustituye a un tratamiento oncológico ni a la medicación de una enfermedad crónica. Ante una ingestión con síntomas, Instituto Nacional de Toxicología, 91 562 04 20; y cualquier planta que se consuma con regularidad debe mencionarse al médico o al farmacéutico, porque es la información que permite anticipar una interacción.


Contenidos relacionados