Sambucus ebulus es una planta tóxica, y su peligro no está en que nadie la busque a propósito sino en que se parece al saúco. Los frutos negros y brillantes, las flores blancas en corimbo y hasta la hoja recuerdan lo suficiente a los de Sambucus nigra como para acabar en la misma cesta y en la misma olla. El saúco tiene un fruto que se consume cocinado y del que se hacen mermeladas, jaleas y licores; el yezgo no. La confusión ha provocado intoxicaciones colectivas descritas en varios países europeos, casi siempre en el mismo contexto: una familia que recoge racimos en el campo y prepara conserva.

Si hay ingestión o sospecha de ingestión, el Instituto Nacional de Toxicología atiende las veinticuatro horas en el 91 562 04 20. Ante vómitos repetidos, dolor abdominal intenso o diarrea con sangre, sobre todo en un niño, se acude a urgencias o se llama al 112.

Por qué es tóxico

La planta acumula dos grupos de compuestos problemáticos. Por un lado, glucósidos cianogénicos —sambunigrina entre ellos— que al romperse el tejido liberan cianuro en pequeñas cantidades; están repartidos por hojas, tallos, corteza del rizoma y fruto verde. Por otro, y esto es lo más característico del yezgo, lectinas de las llamadas proteínas inactivadoras de ribosomas, como la ebulina, capaces de interferir en la síntesis de proteínas de las células intestinales. Es el mismo tipo de mecanismo, aunque de potencia mucho menor, que el de las lectinas famosas de la familia.

El cuadro clínico habitual es digestivo y aparece en pocas horas: náuseas, vómitos persistentes, cólico abdominal y diarrea que en los casos serios puede ser sanguinolenta, con la deshidratación consiguiente. En intoxicaciones importantes se suman debilidad, mareo y taquicardia. El fruto cocinado sigue siendo tóxico, porque el calor doméstico no elimina las lectinas de forma fiable ni convierte la planta en comestible. La regla es sencilla: el yezgo no se come de ninguna manera.

Frutos erguidos y negros del yezgo, Sambucus ebulus

Cómo separarlo del saúco sin equivocarse

Hay tres caracteres que resuelven la duda en el campo, y ninguno exige lupa.

El porte. El yezgo es herbáceo: brota cada primavera de un rizoma subterráneo, levanta tallos verdes y acanalados de uno a dos metros sin ramificar, y en invierno la parte aérea muere entera y se pudre en el suelo. No hay tronco, ni corteza, ni ramas del año anterior. El saúco es un arbusto o arbolillo leñoso que puede pasar de los cinco metros, con tronco de corteza corchosa y agrietada, salpicada de lenticelas, y ramas que permanecen todo el invierno con la médula blanca y esponjosa dentro. Si en enero hay leña, no es yezgo.

La posición del fruto. El yezgo lleva los frutos erguidos, mirando al cielo, en una umbela plana sostenida por encima del follaje. En el saúco los racimos cuelgan: el peso vence los pedúnculos y la infrutescencia se vuelve hacia abajo. Es la diferencia que se ve desde lejos y la que conviene fijar en la memoria.

El olor. Al frotar la hoja o el tallo, el yezgo suelta un olor desagradable, denso, entre fétido y a chinche, que la mano retiene un rato. El del saúco es más suave y no repele de esa manera. En el campo esta prueba es rápida y bastante discriminante.

A esos tres se pueden añadir detalles que confirman. Las anteras del yezgo son púrpuras o rojizas y destacan sobre el blanco de la corola, a menudo teñida de rosa por fuera; las del saúco son amarillo pálido. La hoja del yezgo tiene de siete a once folíolos —más que la del saúco, que suele llevar cinco— y, en la base del pecíolo, unas estípulas grandes y foliáceas, bien visibles, que en Sambucus nigra son diminutas o faltan. Y la floración del yezgo es más tardía: llega cuando el saúco ya está fructificando.

Cómo es la planta

Sambucus ebulus L. pertenece a las Adoxaceae, familia que las clasificaciones recientes tienden a llamar Viburnaceae y que hasta hace poco se metía dentro de las Caprifoliaceae. Es una vivaz rizomatosa que forma colonias densas: el rizoma horizontal emite brotes a lo largo de todo su recorrido, de modo que una mancha de yezgo suele ser un único individuo extendido, con todos los tallos de la misma altura y el mismo aspecto.

Las hojas son opuestas e imparipinnadas, de hasta treinta centímetros, con folíolos lanceolados, acuminados y de margen aserrado. La inflorescencia es un corimbo plano de unos diez a quince centímetros, con tres radios principales bien marcados, que se abre entre junio y agosto. El fruto es una drupa carnosa, negra y lustrosa, con tres o cuatro semillas, madura de finales de verano a otoño. El jugo tiñe de morado con una fuerza notable, y de ahí uno de sus usos históricos.

En español se llama yezgo o ébulo, y también sauquillo o sauco menor —nombres que, por sí mismos, ya explican de dónde viene el lío—. En catalán es évol, en gallego engo y en euskera andura.

Dónde vive: una planta que señala el nitrógeno

El yezgo es nitrófilo y eso ordena todo su reparto. Aparece donde el suelo está enriquecido y removido: cunetas y taludes de camino, orlas de bosque, sotos y riberas, bordes de huerta, escombreras, ruinas, majadas y lugares donde el ganado se para y estercola. Necesita suelos profundos, frescos y con humedad de fondo en verano, y por eso escasea en los secarrales del sureste y abunda en la mitad norte peninsular, en los sistemas montañosos y en las áreas de clima atlántico y submediterráneo, subiendo hasta alrededor de los 1.600 metros.

Una colonia de yezgo funciona, de hecho, como indicador: dice que allí hubo aporte de materia orgánica, corral, vertido o remoción del terreno. Para quien trabaja el jardín eso también significa que la planta es agresiva. El rizoma coloniza deprisa, la sombra que produce ahoga lo que hay debajo y segar la parte aérea solo lo estimula; contenerla exige extraer el rizoma o cortar de forma repetida durante varias temporadas hasta agotar las reservas. No es planta que se plante a propósito, y donde ya está conviene decidir pronto si se acepta la mancha o se elimina.

Corimbo de flores blancas del yezgo con anteras púrpuras

Tradición y evidencia

Lo que la tradición española conservó del yezgo no fue tanto un remedio para beber como una planta de servicio. El olor de sus hojas se aprovechaba como insecticida y repelente: se tendían haces en graneros y despensas contra roedores e insectos, se colocaban en las galerías de topos y en los hormigueros, se echaban a las camas del ganado contra pulgas y se restregaban sobre el arreo. El fruto sirvió como tinte morado para lana y, en épocas de picaresca, para dar color a vinos flojos. En la medicina popular tuvo empleo externo en fricciones y emplastos para dolores articulares e inflamaciones, y también un uso interno como purgante drástico que era, sencillamente, el efecto tóxico llamado por otro nombre.

Lo que muestra la evidencia es mucho más corto. Hay trabajos de laboratorio y en animales sobre extractos de Sambucus ebulus con resultados antiinflamatorios y antioxidantes, y algún estudio pequeño sobre aplicación tópica en dolor articular. No hay ensayos clínicos que respalden ningún uso interno, no existe monografía europea que lo reconozca y ninguna agencia lo ha aprobado como medicamento a base de plantas. Frente a eso, la toxicidad sí está documentada con casos reales. La cuenta no sale por ningún lado, y por eso este artículo no describe preparación alguna: no la hay que sea segura.

Merece la pena insistir en el fondo del asunto, porque el yezgo es un buen ejemplo. Que una planta crezca sola en una cuneta española y lleve siglos en el refranero no dice nada sobre su inocuidad. La cicuta también crece en la cuneta.

En resumen

Sambucus ebulus, el yezgo, es una vivaz rizomatosa de suelos frescos y ricos en nitrógeno que rebrota cada primavera y desaparece en invierno. Contiene glucósidos cianogénicos y lectinas inactivadoras de ribosomas y provoca cuadros digestivos graves, de modo que no se consume de ninguna forma, tampoco cocinado. El riesgo verdadero es confundirlo con el saúco al recolectar: recuérdese que el yezgo es herbáceo y el saúco leñoso, que el yezgo lleva el fruto erguido y el saúco colgante, y que el yezgo huele mal al frotarlo. Su papel tradicional en España fue de repelente e insecticida, no de infusión, y la evidencia clínica no sostiene ningún uso interno. En caso de ingestión, Instituto Nacional de Toxicología, 91 562 04 20. Y ante cualquier duda sobre una planta silvestre y la medicación que se esté tomando, la consulta correcta es la del médico o el farmacéutico, a quienes conviene decir siempre qué se está tomando.


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