Acabado el verano, cuando el pasto de las cunetas mediterráneas ya no es más que paja tumbada, queda en pie una mata gris rematada por estrellas rígidas y punzantes. Es Pallenis spinosa, la castañeta, llamada también arzolla, ojo de buey espinoso o estrellada espinosa según la comarca. Está en la sección de plantas medicinales de este sitio por una tradición local muy escasa, y conviene decir desde la primera línea que su interés real es otro: botánico, ecológico y de manejo del terreno.
Una compuesta que se defiende con brácteas
Pallenis spinosa (L.) Cass. es una asterácea de la tribu de las ínuleas, publicada en su día como Buphthalmum spinosum y tratada durante décadas con el nombre de Asteriscus spinosus. Alcanza entre veinte y setenta centímetros, con tallos erectos, estriados, ásperos al tacto por una pilosidad híspida y ramificados sobre todo en la mitad superior.
Las hojas caulinares son alternas, oblongo-lanceoladas, sésiles y algo abrazadoras, mientras que las de la base forman una roseta de hojas espatuladas. Lo que la vuelve inconfundible está en el capítulo. Cada rama termina en una cabezuela solitaria de flores amarillas, con lígulas cortas alrededor y flósculos tubulares en el disco, y ese capítulo está rodeado por una serie de brácteas involucrales externas dispuestas en estrella, foliáceas, rígidas y terminadas cada una en una espina dura. Las brácteas internas, en cambio, son escariosas y membranosas. El conjunto recuerda a una estrella de mar espinosa, y de ese contraste entre el botón amarillo y la corona pinchuda salen casi todos sus nombres populares.
Los frutos son aquenios dimórficos: los que proceden de las flores externas y los del disco no tienen la misma forma, y el vilano está formado por escamas, no por pelos plumosos, así que la dispersión no depende del viento como en un diente de león, sino de que el capítulo entero se enganche o se desmorone en el sitio.
Un pariente próximo aclara la nomenclatura: Pallenis maritima, antes Asteriscus maritimus, es la estrella de mar de los acantilados, perenne, tapizante y cultivada en jardinería de costa. La castañeta no tiene ese porte ni esa vocación ornamental, y no debe esperarse de ella lo mismo.
Un ciclo de dos tiempos
Se comporta como anual o bienal según el año y el lugar. En el patrón bienal germina con las lluvias de otoño, pasa el invierno como una roseta basal pegada al suelo, acumula reservas en una raíz pivotante y espiga en la primavera siguiente. Cuando el otoño viene lluvioso y templado puede completar el ciclo en una sola temporada.
La floración se concentra entre mayo y julio, y se prolonga hasta agosto en zonas frescas o de altitud. Fructifica en pleno verano, y a partir de ahí la planta muere, seca en pie y conserva la arquitectura durante meses.
Dónde vive
Su área es mediterránea, extendida por el sur de Europa, el norte de África y Oriente Próximo, con presencia también en la Macaronesia. En España aparece en casi toda la Península, escaseando en el noroeste atlántico y en la cornisa cantábrica, y llega hasta el entorno de los mil quinientos metros.
Ocupa pastizales secos, ribazos, cunetas, baldíos, eriales, bordes de camino y terrenos removidos, y prefiere los suelos básicos, sobre todo calizos y margosos. Se instala en herbazales algo nitrificados y aguanta la sequía estival con facilidad. Traducido a lectura del terreno: donde abunda la castañeta hay suelo seco, pobre en agua durante el verano y sometido a algún tipo de alteración, ya sea paso de maquinaria, pastoreo, desbroce periódico o abandono reciente de un cultivo.
Su papel para la fauna
Aquí está el argumento más sólido para dejarla en pie en un margen. En el pastizal mediterráneo, el final de la primavera y el principio del verano son un cuello de botella: las anuales de floración temprana ya han terminado y el paisaje se agosta. La castañeta florece justo en ese hueco y ofrece capítulos abiertos y accesibles, del tipo que aprovechan indistintamente abejas solitarias, sírfidos, pequeños escarabajos florícolas y mariposas, que no necesitan una corola profunda para llegar al néctar.
Después de la floración, la aportación cambia de forma. Los aquenios alimentan a aves granívoras de pastizal, y los capítulos secos y los tallos huecos sirven de refugio invernal a artrópodos en terrenos donde apenas queda estructura vertical. Un ribazo desbrozado a ras en agosto pierde las dos cosas de golpe.
Reconocerla en seco, en pleno invierno
Pocas hierbas anuales se identifican con seguridad estando muertas, y esta sí. Las brácteas espinosas persisten tras la fructificación, endurecidas y de color pajizo, manteniendo la disposición radiada sobre el receptáculo vacío. La mata seca conserva la silueta ramificada y esas estrellas terminales durante todo el otoño y el invierno, hasta que la deshacen las lluvias o el pisoteo.
Esto tiene una consecuencia práctica en la que rara vez se repara: permite inventariar en enero lo que hubo en junio. Quien planifique el manejo de un margen o de una pradera seca puede ver a mitad de invierno dónde estaba instalada la especie y decidir en consecuencia, sin esperar a la siguiente floración.
El uso tradicional, sin adornos
La etnobotánica ibérica recoge para esta planta usos puntuales, locales y de aplicación externa. En algunas comarcas se la ha llamado árnica y se ha empleado en fricciones sobre golpes y contusiones, aprovechando esa homonimia popular que se aplica en España a media docena de compuestas amarillas distintas. Hay también citas dispersas de uso como vulneraria y algún empleo veterinario. Nada de esto pasa de ser un registro etnográfico de alcance comarcal.
Dos avisos van con ello. El primero, que árnica de verdad es Arnica montana, una planta distinta, protegida en buena parte de su área y de uso exclusivamente externo, porque por vía interna es tóxica. Que dos plantas compartan nombre popular no las hace intercambiables. El segundo, que las compuestas espinosas de cuneta se confunden con facilidad entre sí: cardos, centaureas y esta castañeta comparten hábitat y aspecto general en seco, y la recolección silvestre sin determinación segura no es aceptable. Ante cualquier ingestión de una planta no identificada, el Instituto Nacional de Toxicología atiende en el 91 562 04 20.
Y lo que muestra la evidencia
Sin rodeos: prácticamente nada. En la Unión Europea, las plantas medicinales con respaldo institucional cuentan con monografías del comité de medicamentos a base de plantas de la Agencia Europea del Medicamento, y esas monografías se dividen en dos categorías que no significan lo mismo. La de uso tradicional se otorga a una planta empleada durante un periodo prolongado con seguridad aceptable, y no implica que se haya demostrado eficacia en ensayos clínicos. La de uso bien establecido sí exige ensayos que la respalden.
Pallenis spinosa no tiene monografía europea de ninguna de las dos clases. Tampoco hay ensayos clínicos sobre ella. Lo publicado se reduce a trabajos de fitoquímica que describen sesquiterpenos, ácidos fenólicos y componentes del aceite esencial, y a ensayos de actividad en placa, que son un punto de partida para la investigación y no un resultado aplicable a personas. Cualquier texto que le atribuya la capacidad de aliviar dolores está adornando un dato que no existe.
Qué hacer cuando aparece en un terreno
La decisión depende del uso del sitio. En un margen, ribazo o pradera seca de jardín naturalista, tiene sentido conservarla: no necesita riego, prospera en suelo pobre y calizo, florece cuando escasean recursos para los insectos y aporta estructura invernal. Si se quiere introducir, se siembra en otoño por siembra directa sobre suelo escarificado, sin abonado, y se deja que se regenere sola por semilla.
En zonas de paso, senderos, accesos y áreas con niños o perros, es preferible retirarla, porque las brácteas pinchan de verdad y las matas secas producen heridas punzantes en manos y en almohadillas. En pastos, las estructuras secas se enredan en la lana y bajan la calidad del forraje.
Para controlarla no hace falta herbicida. La siega antes de la fructificación, hecha en floración plena, evita que reponga el banco de semillas, y en la fase de roseta invernal se arranca a mano con facilidad porque la pivotante todavía es corta. Como toda ruderal de terreno alterado, retrocede cuando el pastizal perenne se cierra y el suelo deja de removerse: la mejor manera de tener menos castañeta es tener más cubierta estable.
Precauciones
Al margen del riesgo mecánico de las espinas, hay que contar con que las asteráceas provocan con cierta frecuencia reacciones cruzadas en personas sensibilizadas a esta familia, tanto por contacto, en forma de dermatitis, como por vía respiratoria, y quien reaccione a la manzanilla, al crisantemo o a la artemisia debería manipularla con guantes. No hay datos de seguridad que permitan avalar ningún uso interno en embarazo, lactancia o niños, ni en personas con insuficiencia renal o hepática, ni en quienes tomen anticoagulantes, antidiabéticos, antihipertensivos, sedantes, inmunosupresores o anticonceptivos.
Esta planta no sustituye ningún tratamiento médico y no es motivo para reducir ninguno. Cualquier intención de usarla debe consultarse antes con el médico o con el farmacéutico, y hay que decirle expresamente que se está tomando la planta, con su nombre científico si se conoce, porque las interacciones solo se evitan cuando quien atiende sabe lo que hay de por medio.
En resumen
Pallenis spinosa es una asterácea anual o bienal de los baldíos, cunetas y pastos secos mediterráneos, reconocible por sus capítulos amarillos rodeados de brácteas rígidas en estrella terminadas en espina, que persisten secas y la hacen identificable durante todo el invierno. Florece de mayo a julio, en el momento de escasez del pastizal mediterráneo, y sostiene entonces a abejas solitarias, sírfidos y otros visitantes de flor abierta. Su uso tradicional es local, externo y muy limitado, y su respaldo científico es inexistente: sin monografía europea y sin ensayos clínicos. Interesa conservarla en márgenes y praderas secas, y retirarla por siega antes de fructificar donde las espinas estorben.