Un atardecer de julio basta para ver algo que pocas plantas de jardín permiten presenciar: el capullo de la onagra se desenrosca a ojos vistas, en un minuto o dos, y suelta un perfume dulce que un momento antes no estaba. Ese espectáculo diario, repetido flor a flor durante todo el verano, es la razón por la que merece la pena tenerla en el jardín. La otra cara de su fama —el aceite de onagra, producto de enorme volumen de ventas en todo el mundo— exige un tratamiento bastante menos entusiasta.

Flores amarillas de onagra abiertas al atardecer

La planta y sus dos años de vida

Oenothera biennis L. pertenece a la familia Onagraceae y hace honor a su epíteto: es una bienal estricta. El primer año germina y forma únicamente una roseta basal pegada al suelo, de hojas lanceoladas dispuestas en espiral, mientras acumula reservas en una raíz axonomorfa carnosa y blanquecina. En esa fase pasa desapercibida.

El segundo año emite el tallo florífero, erecto, robusto, a menudo teñido de rojo y cubierto de pelos cortos, que alcanza entre medio metro y dos según el suelo. Las hojas caulinares son alternas, lanceoladas, de margen ligeramente dentado u ondulado, con el nervio central marcado y con frecuencia rojizo. La floración ocupa el verano, la planta fructifica y muere: no hay tercer año.

Las flores se abren sucesivamente a lo largo de una espiga terminal. Tienen cuatro sépalos que se doblan hacia atrás al abrirse, cuatro pétalos amarillos de textura de papel y forma acorazonada, ocho estambres y —rasgo distintivo de la familia— un estigma dividido en cuatro brazos en cruz, sostenido por un largo tubo floral que hace parecer que la flor nace directamente del tallo. El ovario es ínfero y da lugar a una cápsula alargada de cuatro valvas, repleta de semillas diminutas y angulosas.

Por qué se abre de noche

La apertura vespertina no es un capricho ornamental, sino una estrategia de polinización. La onagra está adaptada a las esfinges (Sphingidae), mariposas nocturnas de vuelo estacionario y espiritrompa muy larga, capaces de libar sin posarse. Todo en la flor apunta a ellas: el color amarillo pálido, que destaca en la penumbra mejor que cualquier otro; el perfume, que se emite sobre todo en las primeras horas de la noche; y el tubo floral alargado, que sitúa el néctar a una profundidad accesible solo para una trompa larga.

El mecanismo de apertura es hidráulico y muy rápido: los sépalos se separan de golpe y los pétalos, hasta entonces plegados a presión, se despliegan en cuestión de segundos. Puede seguirse a simple vista si uno se sienta delante de un botón maduro al caer el sol. Al día siguiente, ya marchita, la flor sigue siendo visitada por abejas y sírfidos, que aprovechan el polen restante; el polen de las Onagraceae, unido por hebras de viscina, se transporta en madejas fácilmente visibles.

Un detalle añadido: se ha descrito en el género que la flor responde a las vibraciones producidas por el aleteo de un polinizador aumentando en pocos minutos la concentración de azúcar de su néctar, un fenómeno estudiado en Oenothera drummondii que ha dado bastante que hablar.

Una planta con historia en la genética

Merece un inciso. A comienzos del siglo XX, el botánico neerlandés Hugo de Vries observó en cultivos de Oenothera lamarckiana la aparición repentina de formas muy distintas de la planta madre, y construyó sobre ellas su teoría de la mutación, que durante años compitió con el gradualismo darwiniano. Décadas después se comprobó que aquellas «mutaciones» no eran tales, sino el resultado de una arquitectura cromosómica insólita: numerosas especies del género presentan translocaciones recíprocas permanentes que hacen que los cromosomas se asocien en anillos durante la meiosis y se hereden en bloque. La onagra fue así, por vía indirecta, protagonista de uno de los debates fundacionales de la genética.

De dónde viene y dónde crece en España

El género es americano. Oenothera biennis procede del este de Norteamérica y llegó a Europa a comienzos del siglo XVII, cultivada primero en jardines botánicos por su raíz comestible —al cocerla toma un tono rosado que le valió en alemán el nombre de raíz de jamón— y después por su flor.

Desde los jardines saltó al campo. Hoy está ampliamente naturalizada en España, sobre todo en el tercio norte y a lo largo de los grandes ríos: graveras y playas fluviales del Ebro, el Duero y el Tajo, arenales, taludes de carretera, escombreras, baldíos y campos abandonados. Prefiere suelos sueltos, arenosos o pedregosos, removidos y con poca competencia, y se comporta como colonizadora oportunista de terreno alterado. En algunos catálogos de flora alóctona figura como especie invasora de bajo impacto.

No está sola. En la península conviven varias congéneres asilvestradas: Oenothera glazioviana, de flores mayores y sépalos con costillas rojizas, que es la más frecuente en muchas zonas; Oenothera drummondii, propia de dunas litorales; Oenothera rosea, de flor rosa; y Oenothera stricta, cuyos pétalos amarillos viran a naranja rojizo al marchitarse. La identificación a nivel de especie dentro del género es notoriamente difícil y descansa en detalles del cáliz, de la pubescencia y del tamaño de la cápsula.

El aceite de onagra: qué es y qué dicen los estudios

El producto que ha hecho célebre a la planta se obtiene por presión en frío de las semillas, que contienen alrededor de un siete a diez por ciento de aceite. Su composición es la clave del asunto: en torno al setenta por ciento de ácido linoleico y, sobre todo, un ocho a diez por ciento de ácido gamma-linolénico (GLA), un ácido graso omega-6 poco frecuente en las plantas —solo la borraja, la grosella negra y algún caso más lo contienen en proporción apreciable—.

El razonamiento que lanzó su comercialización era plausible sobre el papel. El GLA es el paso siguiente al ácido linoleico en la ruta que conduce al ácido dihomo-gamma-linolénico y de ahí a prostaglandinas de la serie 1, de perfil antiinflamatorio; si en ciertas afecciones la enzima delta-6-desaturasa estuviera limitada, aportar GLA preformado saltaría el cuello de botella. Sobre esa hipótesis se construyó un mercado.

La evidencia acumulada no ha confirmado la hipótesis, y conviene decirlo sin rodeos porque el volumen de ventas convive con revisiones sistemáticas de conclusión negativa.

Eccema atópico. Una revisión Cochrane que reunió una treintena de ensayos con aceite de onagra y de borraja concluyó que el aceite de onagra no es más eficaz que el placebo para la dermatitis atópica. El desenlace administrativo fue igual de elocuente: en 2002 la agencia reguladora británica retiró las autorizaciones de comercialización de las especialidades de aceite de onagra que se vendían con indicación de eccema, al considerar que la eficacia no había quedado demostrada.

Síndrome premenstrual. Las revisiones disponibles coinciden en que los ensayos son escasos, pequeños, metodológicamente débiles y de resultados heterogéneos, y en que no permiten sostener un efecto superior al placebo. Es una indicación asentada en la publicidad, no en los datos.

Mastalgia cíclica. Los ensayos controlados de mayor calidad no encontraron diferencia frente a placebo, y la indicación desapareció de las recomendaciones clínicas que antes la recogían.

Sofocos de la menopausia, artritis reumatoide, neuropatía diabética. Existen estudios sueltos con resultados dispares y tamaños muestrales pequeños; ninguna de estas indicaciones cuenta con respaldo consistente.

La lectura honesta es que se trata de un producto seguro en su mayor parte, cuya eficacia terapéutica no ha superado la comprobación experimental en las indicaciones para las que más se vende. Que un suplemento lleve décadas en el mercado no es prueba de que funcione; solo indica que se vende bien.

Precauciones que sí están descritas

La ausencia de eficacia demostrada no equivale a ausencia de efectos. Hay advertencias concretas que conviene tener presentes.

Anticoagulantes y antiagregantes. Se ha descrito interacción con warfarina y acenocumarol, y en general un posible aumento del riesgo hemorrágico por la influencia del GLA sobre la agregación plaquetaria. La precaución se extiende a quienes toman antiagregantes y a la cirugía programada, donde lo indicado es suspender el suplemento con antelación y comunicarlo al equipo quirúrgico.

Epilepsia. Se han comunicado casos de convulsiones en personas con predisposición, particularmente en tratamiento con fenotiazinas, que ya rebajan por sí solas el umbral convulsivo. Quien tenga epilepsia o tome antipsicóticos debería evitarlo salvo criterio médico expreso.

Embarazo. Circula la costumbre de emplearlo al final de la gestación para «preparar el cuello uterino». No hay datos que lo respalden y sí trabajos observacionales que apuntan a un curso del parto menos favorable. No es un uso recomendable, y menos por iniciativa propia.

Efectos adversos comunes. Molestias digestivas, náuseas, heces blandas y cefalea, en general leves.

Y la advertencia de fondo, aplicable aquí como en cualquier otra planta: la etiqueta de natural no describe ninguna propiedad farmacológica. Un aceite vegetal que modifica la función plaquetaria tiene por definición capacidad de interferir con un tratamiento, con independencia de su origen.

Cuidado al recolectar rosetas

La roseta del primer año de la onagra —hojas lanceoladas, pegadas al suelo, dispuestas en espiral— se parece bastante a la roseta de la digital, Digitalis purpurea, que comparte hábitat en claros, taludes y bordes de camino de la mitad norte peninsular. La digital contiene glucósidos cardiotónicos y su ingestión provoca alteraciones graves del ritmo cardíaco; hay intoxicaciones documentadas por esa confusión precisa entre quienes recogen la raíz de onagra para comerla. La hoja de digital es de textura más blanda y aterciopelada, con nervadura muy marcada en el envés y margen crenado, pero la diferencia no es evidente para un ojo no entrenado.

Ante cualquier sospecha de ingestión de una planta no identificada, el Instituto Nacional de Toxicología atiende en el 91 562 04 20 durante las veinticuatro horas. La regla general no admite excepciones: no se come lo que no se sabe identificar con certeza.

Planta de onagra con abeja sobre la flor

Cultivo

Resulta tan agradecida de sembrar que el principal cuidado consiste en limitarla.

Exposición. Sol pleno. En sombra se ahíla y florece mal.

Suelo. Cualquiera que drene bien. Prefiere los sueltos, arenosos o pedregosos, incluso pobres; los suelos ricos y frescos le dan porte exagerado y tallos que se tumban con el viento. No tolera el encharcamiento, que pudre la raíz carnosa.

Riego. Escaso una vez establecida. La raíz pivotante busca agua en profundidad y la planta aguanta bien la sequía estival, aunque riegos ocasionales prolongan la floración.

Siembra. Directamente en su sitio, en otoño o a comienzos de primavera, apenas cubriendo la semilla, que es diminuta y necesita luz para germinar. Trasplantar rosetas es mala idea: la raíz pivotante se daña y la planta no se recupera bien, así que conviene sembrar donde vaya a quedarse.

Ciclo y sucesión. Al ser bienal, para tener flor todos los años hay que sembrar dos años consecutivos y dejar después que se resiembre sola. Lo hará: cada planta produce muchos miles de semillas y aparecerán rosetas por todo el arriate. Si eso no interesa, hay que cortar las espigas antes de que las cápsulas se abran.

Rusticidad. Muy alta. La roseta pasa el invierno sin problema en todo el territorio peninsular, incluidas zonas de heladas fuertes.

Plagas y enfermedades. Pocas. Pulgón en los brotes tiernos y algo de oídio en veranos húmedos. La raíz puede sufrir podredumbre en suelo compacto.

En el jardín. Encaja en praderas naturalizadas, jardines de grava, taludes y arriates de estilo silvestre, y funciona muy bien en un jardín nocturno junto a otras plantas de floración vespertina y perfume nocturno. Deja además las cápsulas secas en pie durante el invierno, útiles para los pájaros granívoros y decorativas a contraluz.

Recolección

Las semillas se recogen a finales de verano y en otoño, cuando las cápsulas viran a pardo y empiezan a abrirse por el ápice en cuatro valvas. Se cortan las espigas enteras y se dejan secar boca abajo dentro de una bolsa de papel, para que las semillas caigan solas; después se criban y se guardan en seco. Sirven tanto para volver a sembrar como para alimentar a los pájaros del jardín.

Conviene ser realista sobre la extracción casera de aceite: la semilla es minúscula, su rendimiento graso es bajo y el GLA se oxida con facilidad en contacto con el aire y la luz. Es una operación industrial, no doméstica.

En resumen

La onagra, Oenothera biennis, es una Onagraceae bienal originaria del este de Norteamérica y hoy naturalizada por buena parte de España, que forma roseta el primer año y florece el segundo. Sus flores amarillas de estigma en cruz se abren al atardecer en cuestión de un par de minutos y están adaptadas a la polinización por esfinges. Sus semillas dan el aceite de onagra, rico en ácido gamma-linolénico, cuya eficacia para el eccema atópico, el síndrome premenstrual y la mastalgia cíclica no está respaldada por las revisiones sistemáticas disponibles, que concluyen ausencia de efecto frente a placebo. Sí están descritas la interacción con anticoagulantes y antiagregantes, la precaución en epilepsia y con fenotiazinas, y la falta de justificación de su uso en el embarazo. En jardinería quiere sol, suelo drenante y poco riego, se siembra donde deba quedarse y se resiembra sola sin ayuda.

Si se está tomando el aceite o se piensa empezar, lo procedente es decírselo al médico y al farmacéutico, sobre todo con anticoagulantes de por medio, con una cirugía a la vista o con antecedentes de epilepsia. Un suplemento no reemplaza ningún tratamiento prescrito, y quien reduce por su cuenta la medicación confiando en una cápsula de aceite se juega mucho más de lo que cree ganar.


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