En el distrito afgano de Gulran, entre 1974 y 1976, cientos de personas enfermaron del hígado tras comer pan hecho con trigo contaminado por semillas de heliotropo. Muchas no se recuperaron. Casi veinte años después ocurrió algo muy parecido en Tayikistán, con la misma causa: los alcaloides que fabrican las plantas del género Heliotropium.
Esto es lo primero que hay que saber de Heliotropium europaeum, la hierba verruguera o verrucaria, antes que ninguna de sus propiedades atribuidas. Es una mala hierba corriente en media España, tiene una reputación popular como remedio para las verrugas y contiene compuestos hepatotóxicos acumulativos. Las tres cosas son ciertas a la vez, y la tercera manda sobre las otras dos.
Cómo reconocerla sin equivocarse
Es una boraginácea anual, de la familia de la borraja y la viborera. La mata mide entre 10 y 40 cm, rara vez algo más, y se ramifica desde la base con tallos que primero se levantan y luego se abren. Toda ella está cubierta de pelos blancos y aplicados que le dan un aspecto grisáceo, casi polvoriento, muy reconocible en el rastrojo de agosto.
Las hojas son alternas, con peciolo, ovaladas o elípticas, de borde entero —sin dientes ni lóbulos—, blandas al tacto y del mismo verde grisáceo velloso.
Las flores son la firma de la familia: pequeñas, de 2 a 4 mm, blancas, a veces con la garganta amarillenta, con cinco lóbulos, y agrupadas en cimas escorpioides, esas espigas enrolladas sobre sí mismas como la cola de un escorpión que se van desenrollando a medida que abren las flores de la punta. Florece de junio a octubre, y en años suaves llega a noviembre.
El fruto se parte en cuatro núculas duras, rugosas y cubiertas de tubérculos, algo así como cuatro granos verrugosos. Ese detalle no es anecdótico: la teoría de las signaturas, la vieja idea de que cada planta lleva escrita la dolencia que cura, vio en esos frutos verrugosos la indicación para las verrugas. De ahí el nombre y buena parte de su fama.
Bajo el suelo desarrolla una raíz pivotante que baja bastante para el tamaño de la planta, y que es la razón de que aguante los veranos secos y de que se rompa al tirar de ella cuando ya está desarrollada.
Dónde aparece y por qué te la encuentras en verano
Es una anual de ciclo estival: la semilla no germina en marzo con las lluvias de primavera, sino más tarde, cuando el suelo ya está caliente. Eso significa que se salta la escarda de primavera y aparece cuando el resto de hierbas ya ha secado, en un momento en el que el huerto o el campo están relativamente desatendidos.
Sus terrenos son suelos secos, sueltos, soleados y con algo de nitrógeno: rastrojos de cereal, viñas y olivares en secano, barbechos, cunetas, ramblas, solares, bordes de camino y márgenes de huerta. Abunda en la mitad sur y este peninsular, en el valle del Ebro y en los secanos de la meseta, y está presente también en Baleares y Canarias. Fuera de Europa se ha convertido en una mala hierba importante en Australia y en algunas zonas de América.
Si aparece en el huerto suele estar diciendo algo del suelo: calor, sequía, compactación y poca cobertura vegetal. Una parcela con acolchado y competencia vegetal no le resulta cómoda.
Los alcaloides pirrolizidínicos y lo que hacen
La planta contiene alcaloides pirrolizidínicos —europina, heliotrina, lasiocarpina, supinina y sus N-óxidos— repartidos por toda ella, con las concentraciones más altas en las flores y las semillas. No son un contaminante ocasional: forman parte de la química normal de la especie.
Estos compuestos no son tóxicos por sí mismos. El hígado los transforma en pirroles muy reactivos que dañan el endotelio de las venas hepáticas pequeñas, que se van estrechando y obstruyendo. El cuadro se llama síndrome de obstrucción sinusoidal —antes, enfermedad venooclusiva hepática— y cursa con hígado grande y doloroso, retención de líquido en el abdomen y, en los casos graves, insuficiencia hepática. Hay tres rasgos que lo hacen especialmente traicionero:
Es acumulativo. El daño se suma dosis a dosis. Cantidades pequeñas repetidas durante semanas o meses pueden hacer tanto o más que una intoxicación puntual.
Es silencioso al principio. No hay náuseas ni malestar que avisen de que se está tomando algo que hace daño; los síntomas llegan cuando la lesión ya está instalada.
Es en buena parte irreversible. No existe antídoto y el tratamiento es de soporte.
A esto se añade el problema de la genotoxicidad: algunos de estos alcaloides, la lasiocarpina entre ellos, están clasificados como posibles cancerígenos para el ser humano, y los organismos de seguridad alimentaria trabajan con el criterio de que no hay un umbral de ingesta que pueda considerarse seguro. Por eso la normativa europea fija contenidos máximos de alcaloides pirrolizidínicos en infusiones de hierbas, complementos alimenticios a base de plantas, algunas especias y productos de la colmena, y por eso los controles rutinarios buscan precisamente contaminación con boragináceas silvestres.
Ganado, grano y miel: el riesgo que sí ocurre
El escenario práctico en España no es el de alguien que decide comerse la planta, sino el de que se cuele donde no debe.
Ovino en rastrojos. Es el caso mejor documentado, sobre todo por la experiencia australiana. Las ovejas que pastan rastrojos infestados durante varias campañas acumulan lesión hepática y, además, cobre en el hígado, porque el hígado dañado pierde la capacidad de manejarlo. Llega un momento en que ese cobre se libera de golpe a la sangre y provoca una crisis hemolítica con ictericia y muerte súbita de animales que aparentemente estaban bien. El ganadero ve morir ovejas de un día para otro sin relacionarlo con una hierba que llevan comiendo dos veranos.
Forraje y heno. Los alcaloides no se destruyen al secar la planta. Un heno o una alfalfa con heliotropo dentro sigue siendo tóxico, y en seco el animal ya no puede seleccionar y evitarlo como hace en el pasto. Caballos, vacuno y cerdos también son sensibles.
Grano. Las núculas tienen tamaño parecido al del grano de cereal y pueden acompañarlo en la cosecha. Ese es exactamente el mecanismo de los brotes de Afganistán y Tayikistán.
Miel y polen. Las abejas visitan sus flores en pleno verano, cuando hay poco más en flor en el secano, y los alcaloides pueden pasar a la miel y al polen. Es un problema conocido del sector con las boragináceas silvestres y una de las razones de los límites normativos.
La tradición frente a la evidencia
Conviene separar bien las dos cosas, porque en esta planta la distancia entre una y otra es enorme.
Lo que dice la tradición. Dioscórides ya recogía el uso del heliotropo para las verrugas, y de ahí viene el nombre latino verrucaria y los populares de hierba verruguera o hierba de las verrugas. El uso clásico consistía en aplicar el jugo fresco de la planta sobre la verruga de forma repetida. También se le han atribuido en distintos recetarios populares usos como antipirético, vermífugo, cicatrizante y aplicación sobre picaduras.
Lo que dice la evidencia. No hay ensayos clínicos que respalden ninguno de esos usos. Ni para las verrugas, ni como antipirético, ni como vermífugo. No es que los estudios hayan salido flojos: es que la especie no tiene detrás una base de investigación clínica que permita afirmar nada, y ninguna autoridad sanitaria europea la reconoce como planta medicinal, ni siquiera en la categoría de uso tradicional que sí se concede a otras.
Sobre las verrugas hay además una explicación que ayuda a entender por qué cualquier remedio parece funcionar. Las verrugas comunes las causa el virus del papiloma humano y una parte importante desaparece sola en el plazo de meses o de un par de años sin hacer nada. Cualquier cosa que se aplique durante ese tiempo se lleva el mérito de una curación que iba a producirse igual. Es un terreno especialmente engañoso para juzgar remedios por experiencia propia.
Y aplicar el jugo de una planta hepatotóxica y genotóxica sobre piel rota —una verruga que se ha rascado, una grieta— no es una idea neutra. Para las verrugas existen tratamientos con eficacia comprobada, desde los queratolíticos de farmacia hasta la crioterapia en consulta, que no obligan a asumir ningún riesgo de este tipo.
Por si hace falta decirlo con todas las letras: esta planta no se toma por vía interna en ninguna forma —ni infusión, ni decocción, ni tintura, ni cataplasma sobre heridas abiertas— y en este artículo no vas a encontrar ninguna preparación. En España figura además en la relación oficial de plantas cuya venta al público está prohibida o restringida por su toxicidad, recogida en la Orden SCO/190/2004, de modo que tampoco es un producto que puedas comprar legalmente como remedio.
Confusiones que conviene tener claras
El heliotropo del jardín. La planta de flores violetas y olor a vainilla que se vende en vivero como heliotropo es Heliotropium arborescens, originaria de Perú, y se cultiva por su perfume. Que sea ornamental y huela bien no la convierte en comestible: también es una boraginácea con alcaloides pirrolizidínicos, y hay casos descritos de intoxicación de animales domésticos que la han mordisqueado. Si tienes niños pequeños o perros que rebañan macetas, colócala fuera de su alcance.
Las boragináceas silvestres en general. Quien recoge plantas por el campo debe saber que la familia entera es sospechosa por defecto en este asunto. La consuelda (Symphytum officinale), las viboreras (Echium) y varias especies de Anchusa comparten el mismo tipo de alcaloides. El pelo áspero y grisáceo de una mata joven puede recordar al de una borraja para un ojo poco entrenado, y una confusión así se paga en el hígado meses después. La borraja de huerta tiene hojas grandes, muy rugosas, con pelos rígidos que pinchan y flores azules estrelladas de más de un centímetro; nada que ver con las florecillas blancas de 3 mm del heliotropo. Si hay duda, no se recolecta.
La verrucaria «buena». El nombre popular de verrucaria se ha aplicado también a otras plantas usadas contra las verrugas, como la celidonia (Chelidonium majus), de látex naranja, o algunas euforbias de látex blanco. Son plantas distintas, con químicas distintas y con problemas propios. Un nombre popular compartido no es identificación botánica.
Qué hacer si la tienes en la finca
No es una hierba difícil de eliminar si se actúa a tiempo; lo que la hace persistente es dejarla semillar año tras año.
Arráncala o siégala antes de que fructifique. El momento útil es entre la aparición de los primeros botones y la apertura de las flores de la punta de la cima. Una vez formadas las núculas, arrancarla ya solo sirve para sembrarla mejor.
No la eches al compost con fruto. Las núculas son duras y sobreviven a un compostaje casero templado, que rara vez alcanza temperatura suficiente en toda la masa. Con fruto formado, la planta va a la basura, no al montón.
Vigila los rastrojos si entra ganado. Antes de meter ovejas en un rastrojo de secano en agosto, mira qué hay verde en él. Si el heliotropo domina, no compensa.
Tapa el suelo. Acolchado, cubiertas vegetales o simplemente no dejar tierra desnuda al sol en verano reducen mucho su germinación, que necesita luz y calor en superficie.
Guantes al arrancarla. El riesgo serio de esta planta es por ingestión, no por tocarla, pero los pelos irritan a algunas pieles y no cuesta nada lavarse las manos después. Lo importante de verdad es que no acabe en la boca de nadie, ni de una persona ni de un animal.
En resumen
Heliotropium europaeum es una boraginácea anual de verano, grisácea y vellosa, de flores blancas diminutas en cimas enrolladas y frutos partidos en cuatro núculas verrugosas, común en rastrojos, viñas, olivares y cunetas de la mitad seca de España. Germina con el calor, florece de junio a octubre y prospera en suelos secos, soleados y algo nitrificados.
Su fama medicinal se reduce al uso tradicional del jugo sobre las verrugas, heredado de la teoría de las signaturas y sin ningún respaldo en ensayos clínicos. Frente a eso, contiene alcaloides pirrolizidínicos hepatotóxicos, acumulativos y genotóxicos, responsables de brotes graves de enfermedad hepática en personas por contaminación de grano y de muertes de ganado ovino por acumulación de cobre. No debe consumirse por vía interna en ninguna forma, no se destruye con el secado y en España está en la lista de plantas cuya venta al público está prohibida o restringida.
Trátala como lo que es en el campo: una mala hierba que hay que quitar antes de que semille y que no debe llegar al heno, al grano ni al pasto. Y si lo que tienes es una verruga que no se va, o cualquier otra molestia para la que alguien te haya recomendado esta planta, la consulta es con el médico o el farmacéutico.