Diez mililitros de aceite esencial de ajenjo bastaron para mandar a un hombre de treinta y un años a un servicio de nefrología con rabdomiólisis y fallo renal agudo. El caso está publicado y es antiguo, pero el producto se sigue vendiendo por internet con etiqueta de «natural». Conviene empezar por ahí, porque el ajenjo (Artemisia absinthium) es una planta con un margen estrecho entre lo que la tradición le pide y lo que su química permite, y ese margen se cruza con facilidad.
Qué planta es
Artemisia absinthium es una mata perenne de la familia de las asteráceas, leñosa en la base, que alcanza entre 40 y 120 cm. Toda ella está cubierta de una pubescencia sedosa que le da el color gris plateado característico; las hojas inferiores son bi o tripinnatisectas, con segmentos anchos y romos, y desprenden un olor fuerte, aromático y amargo al frotarlas.
Las flores son capítulos globosos y colgantes, de 3 a 4 mm, de un amarillo apagado, agrupados en panículas laxas en el extremo de los tallos. Florece de julio a septiembre. Vista de lejos parece una planta descuidada; el interés está en la hoja, no en la floración.
En España crece silvestre y naturalizada sobre todo en la mitad norte, en zonas de montaña, escombreras, bordes de camino y terrenos nitrificados cerca de pueblos. Fue cultivada tanto y durante tanto tiempo que en muchos sitios es difícil saber si una población es espontánea o escapada de huerto.
La tuyona y el mito de la absenta
El componente que da al ajenjo su mala fama es la tuyona, una cetona monoterpénica presente en su aceite esencial en dos formas, alfa y beta. La tuyona antagoniza el receptor GABA-A, y a dosis suficientes es convulsivante. Ese es el mecanismo, y es real.
Lo que no resiste el examen es la historia que se construyó encima. A la absenta se le atribuyó a finales del siglo XIX un síndrome propio, el «absintismo», con alucinaciones, locura y degeneración, que llevó a su prohibición en Francia, Suiza y buena parte de Europa. Cuando se analizaron botellas selladas anteriores a la prohibición, los niveles de tuyona resultaron ser muy inferiores a los que se daban por supuestos, en muchos casos comparables a los de la absenta legal actual. La explicación más sostenible de aquellos cuadros clínicos es bastante menos exótica: una bebida de 55 a 70 grados consumida en cantidad, más adulterantes como sales de cobre y antimonio empleados para dar color. El culpable principal era el alcohol.
Hoy la Unión Europea regula la tuyona como sustancia aromatizante con límites máximos en alimentos y bebidas, siendo el más alto el de las bebidas espirituosas elaboradas con especies de Artemisia, en torno a 35 mg/kg. La absenta se vende legalmente en España dentro de ese marco. Nada de eso convierte en segura una preparación casera concentrada: en la maceración doméstica no hay control analítico de ningún tipo, y la concentración de tuyona en la planta varía muchísimo según el quimiotipo, la época de recolección y las condiciones de cultivo.
Y una precisión que hace falta repetir: el aceite esencial de ajenjo no se ingiere, ni diluido en agua, ni en azucarillo, ni en gotas. Es donde la tuyona está concentrada y donde ocurren los accidentes graves.
Lo que dice la tradición
El ajenjo es uno de los amargos clásicos de la farmacia europea, y su reputación gira siempre alrededor del mismo eje: estimular el apetito y la digestión. Los principios amargos, sobre todo la absintina, actúan por vía refleja sobre las papilas gustativas y aumentan la secreción salival y gástrica. De ahí su papel en aperitivos y en el vermut, cuyo propio nombre viene del alemán Wermut, ajenjo.
La tradición le atribuye además ser vermífugo —de ahí el inglés wormwood y buena parte de su prestigio medieval—, febrífugo, colagogo, emenagogo y tónico general. En uso externo se empleó en friegas contra piojos y en compresas sobre contusiones.
Sobre lo vermífugo hay un malentendido histórico que merece aclararse: el fármaco antihelmíntico que realmente se usó en medicina, la santonina, no procede del ajenjo común sino de Artemisia cina, la llamada semencontra. La eficacia antiparasitaria de Artemisia absinthium en personas nunca llegó a demostrarse.
Lo que dice la evidencia
Hay que separar dos niveles. Por un lado, la Agencia Europea del Medicamento reconoce la sumidad florida de ajenjo como medicamento tradicional a base de plantas para la pérdida temporal de apetito y las molestias digestivas leves de tipo dispéptico. La categoría «tradicional» significa exactamente lo que dice: el reconocimiento se basa en la plausibilidad y en décadas de uso documentado, no en ensayos clínicos que hayan probado eficacia. Está reservado a adultos y no se contempla su uso prolongado sin supervisión.
Por otro lado están los estudios propiamente dichos, y aquí el panorama es escaso. Lo más interesante son un par de ensayos pequeños en enfermedad de Crohn, realizados en Alemania hace unos quince años, en los que añadir un preparado de ajenjo al tratamiento de base permitió reducir corticoides y mejorar los índices de actividad. Son estudios de pocas decenas de pacientes, en un solo centro, sin réplica posterior en ensayos grandes. Es un indicio que justifica seguir investigando, no una indicación establecida, y desde luego nadie con Crohn debería tocar sus corticoides por su cuenta.
Del resto de indicaciones tradicionales —fiebre, parásitos, depuración hepática, energía— no hay respaldo clínico. Si alguien lee que el ajenjo «desinflama» o «limpia el hígado», está leyendo tradición, no resultados.
Contraindicaciones e interacciones reales
Estas son las situaciones en las que el ajenjo está desaconsejado, y no son formalismos de prospecto:
Embarazo. Contraindicado. Su reputación de emenagogo y abortivo es antigua y la tuyona atraviesa la placenta. No hay margen de duda razonable aquí.
Lactancia. Contraindicado, por el paso de tuyona a la leche y por el sabor amargo.
Epilepsia y antecedentes de convulsiones. La tuyona es proconvulsivante y puede reducir el umbral. También hay motivo para pensar que puede contrarrestar el efecto de la medicación antiepiléptica.
Úlcera gástrica o duodenal, gastritis y reflujo. Un estimulante de la secreción ácida es justo lo contrario de lo que conviene.
Obstrucción de las vías biliares, cálculos, inflamación de vesícula. Las plantas colagogas están desaconsejadas.
Alergia a las asteráceas. Quien reacciona a la manzanilla, la árnica o el crisantemo tiene riesgo de reacción cruzada, incluso por contacto al manipular la planta.
Anticoagulantes. Hay al menos un caso descrito de alteración del INR con warfarina asociada a ajenjo. Con acenocumarol o warfarina en curso, conviene consultarlo antes.
Menores de 18 años. Fuera de indicación.
Añado un aviso de uso: el ajenjo no es una planta para tomar de continuo. Su perfil es el de un amargo puntual, no el de una infusión diaria de mantenimiento.
No confundir con otras artemisias
El género Artemisia es amplio y los nombres vulgares se solapan de mala manera.
Artemisia vulgaris, la artemisa o altamisa, tiene hojas verdes por el haz y blanquecinas solo por el envés, y capítulos erectos en espiga. Se confunde con el ajenjo en los mercadillos, pero su hoja no es plateada por las dos caras.
Artemisia annua, el ajenjo dulce, es la fuente de la artemisinina, base de los antipalúdicos modernos. Que exista un fármaco derivado de una Artemisia no significa que la infusión de la hoja trate la malaria; la OMS desaconseja expresamente el uso de la planta entera contra el paludismo por el riesgo de generar resistencias.
Artemisia herba-alba, el ajenjo moruno u ontina, es la especie propia de los espartales y saladares del sureste peninsular, con hojas mucho más pequeñas y divididas.
Artemisia abrotanum, el abrótano macho, tiene hojas finísimas, casi filiformes, y aroma cítrico. Es una planta distinta y con historial de uso distinto.
Cultivo en el jardín
Cultivarlo es fácil hasta el punto de que el problema acaba siendo el contrario.
Exposición y suelo. Pleno sol y suelo drenado, incluso pedregoso, calcáreo y pobre. En tierra rica pierde el porte compacto y el aroma; los aceites esenciales se concentran en condiciones de cierta sequía. El encharcamiento invernal es lo único que lo mata con facilidad.
Frío y calor. Resiste inviernos duros de interior sin protección. En veranos muy secos del sur agradece un riego de socorro puntual, aunque tolera bien la sequía una vez arraigado.
Multiplicación. Por división de mata en otoño o a la salida del invierno, por esquejes semileñosos en verano, o por semilla, que es finísima y se siembra en superficie, sin cubrir, porque necesita luz para germinar.
Poda. Aquí está la clave del cultivo a largo plazo. A finales de invierno hay que rebajar la mata a unos 15-20 cm, cortando siempre sobre madera con yemas visibles. Sin esa poda anual se aleña por la base, se abre por el centro y en tres o cuatro años queda un armazón desnudo que ya no rebrota. Y una advertencia sobre la poda severa: no cortes por debajo de donde haya yemas, porque a diferencia de la lavanda joven, el ajenjo viejo no brota bien de madera desnuda.
Dónde no plantarlo
Este es el detalle que se pasa por alto y que arruina un bancal. El ajenjo es alelopático: la absintina y otros compuestos amargos se lavan de las hojas con la lluvia y el riego, llegan al suelo y inhiben la germinación y el crecimiento de las plantas vecinas. El efecto está documentado y es notable con semillas pequeñas.
Consecuencias prácticas: siémbrelo lejos del semillero y del bancal de hortaliza, con un metro largo de separación como mínimo, y mejor a favor de pendiente respecto al huerto, no por encima. No uses sus restos de poda como acolchado sobre siembras recientes ni los amontones al pie de plantas jóvenes. El compostaje normal degrada esos compuestos, así que al montón sí pueden ir, repartidos y no en masa.
La cara amable de esa misma química es su fama de repelente. Las friegas contra piojos y las bolsitas de hoja seca en el armario contra la polilla son usos tradicionales con cierta lógica; la idea de que plantar ajenjo protege al huerto vecino de las plagas no tiene detrás datos que la sostengan, y además choca con el problema alelopático.
Recolección y secado
Si se cultiva para uso aromático o culinario, se recolectan las sumidades floridas al comienzo de la floración, en julio, cortando los 20-25 cm superiores de los tallos en una mañana seca y ya sin rocío. Es el momento de máxima concentración aromática.
El secado va a la sombra, en manojos colgados boca abajo o en capa fina sobre rejilla, en local aireado y a temperatura ambiente. El sol directo degrada los aceites y el calor de horno los volatiliza. Una vez seco, la hoja se desmenuza fácil y se guarda en tarro de cristal opaco, lejos de la luz. Conserva el amargor durante un año largo.
En resumen
Artemisia absinthium es una mata perenne plateada, de hoja intensamente amarga y flores amarillas en verano, que se cultiva sin dificultad en pleno sol y suelo pobre y drenado, y que exige una poda de rebaje a 15-20 cm cada final de invierno para no aleñarse. Plántala apartada del huerto: su alelopatía frena la germinación de lo que tenga cerca.
En lo medicinal, la tradición lo sostiene como amargo aperitivo y digestivo, y la Agencia Europea del Medicamento lo reconoce en esa línea como medicamento tradicional a base de plantas, es decir, por historial de uso y no por ensayos clínicos que demuestren eficacia. Los únicos datos clínicos de cierto interés son ensayos pequeños y no replicados en enfermedad de Crohn. Las demás indicaciones populares carecen de respaldo.
La tuyona es real aunque la leyenda de la absenta esté inflada: el aceite esencial no se ingiere en ningún caso, y la planta está contraindicada en embarazo, lactancia, epilepsia, úlcera, patología biliar y alergia a las asteráceas, con precaución si hay anticoagulantes de por medio. Antes de tomar ajenjo con intención terapéutica, y sobre todo si hay medicación en curso, la conversación es con el médico o el farmacéutico.