Pide carqueja en una herboristería de Ourense y te sacarán una mata leñosa de flores amarillas que se echa al caldo. Pídela en São Paulo y te darán unos tallos verdes, planos, con tres alas onduladas y sin una sola hoja. Son dos plantas distintas, de familias distintas, y solo comparten el nombre. La que ocupa este artículo es la sudamericana: Baccharis trimera, de la familia de las compuestas.
Merece la pena aclararlo antes de seguir, porque de esa confusión salen la mayor parte de los disgustos con esta planta.
Dos carquejas que no son la misma planta
En el noroeste peninsular, carqueja o carqueixa es Pterospartum tridentatum (sinónimo Genista tridentata), una leguminosa de monte bajo gallego, portugués y zamorano. Es la que se usa como condimento en cocidos y caldos, la que da un tinte amarillo y la que aparece en los brezales silíceos junto al tojo. Arbusto espinoso, ramas aladas, flores amarillas de forma claramente amariposada, típica de las leguminosas.
En Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, carqueja es Baccharis trimera (y, según la zona, también Baccharis articulata o Baccharis crispa). Familia Asteraceae. Sus flores son cabezuelas diminutas, blanquecinas o cremosas, agrupadas en los nudos del tallo: nada que ver con la flor amarilla de guisante de la gallega.
La consecuencia práctica: si compras "carqueja" a granel sin nombre científico en la etiqueta, no sabes cuál de las dos te llevas, y la bibliografía sobre precauciones de una no sirve para la otra. Exige el binomio latino en el envase. Si no lo lleva, esa bolsa no vale para nada más serio que la curiosidad.
Cómo es Baccharis trimera por dentro y por fuera
Es un subarbusto perenne de entre 40 y 100 cm, con base algo leñosa y parte aérea verde todo el año. Lo llamativo está en el tallo: son cladodios trialados, es decir, tallos aplanados con tres alas longitudinales de borde ondulado o crenado, interrumpidas de trecho en trecho por un estrechamiento en los nudos. Ese aspecto de cinta verde plegada es lo que le da el nombre popular de "carqueja de tres esquinas".
Las hojas verdaderas están reducidas casi a nada. La fotosíntesis la hace el propio tallo alado, una adaptación de plantas que viven en sitios secos, soleados y con estaciones marcadas. Cuando alguien te enseñe una carqueja con hojas anchas y bien formadas, no es B. trimera.
Es una planta dioica: hay pies macho y pies hembra separados. Las cabezuelas femeninas dan aquenios con vilano sedoso, que el viento reparte a distancia. Esto importa por dos motivos. Primero, si quieres semilla propia necesitas los dos sexos. Segundo, los estudios químicos han encontrado diferencias de composición entre pies masculinos y femeninos, así que la variabilidad del material recolectado en campo es alta.
Florece a finales de verano y en otoño en su área nativa. Trasplantada al hemisferio norte, ajusta su ciclo y suele abrir cabezuelas entre agosto y octubre.
Qué contiene
El perfil químico de B. trimera está bastante bien descrito. Aporta flavonoides (quercetina, luteolina, apigenina, hispidulina, nepetina), diterpenos de tipo clerodano y labdano, saponinas triterpénicas, ácidos fenólicos y un aceite esencial en el que destacan el carquejol y el acetato de carquejilo, responsables de su olor resinoso y de buena parte del amargor.
Ese amargor no es un defecto: los principios amargos son justamente lo que la tradición asocia con la digestión, y una carqueja que no amarga es una carqueja mal secada o de dudoso origen.
Lo que dice la tradición
En la medicina popular del Cono Sur la carqueja se ha usado durante siglos, sobre todo, como amargo digestivo y "depurativo del hígado". Aparece en la farmacopea popular brasileña asociada a digestiones pesadas, a molestias de vesícula, a la resaca y a lo que allí se llama genéricamente "mal de fígado". También se le atribuye uso en diabetes, en afecciones urinarias, como antiinflamatorio y como vermífugo.
La Farmacopeia Brasileira la recoge como droga vegetal oficial, y el Ministerio de Salud de Brasil la incluyó en su lista de plantas de interés para el sistema público de salud. Eso significa que su uso está reconocido y regulado allí, no que cada indicación popular esté demostrada.
Lo que dice la evidencia
Aquí conviene ser franco: la investigación sobre carqueja es abrumadoramente preclínica. Hay bastantes trabajos in vitro y en roedores que describen actividad antioxidante, antiinflamatoria, hepatoprotectora frente a tóxicos como el tetracloruro de carbono, efecto hipoglucemiante en ratas diabéticas, actividad antiulcerosa y actividad frente a algunos parásitos y bacterias. Son resultados coherentes con su composición en flavonoides y diterpenos.
Lo que falta es el eslabón siguiente. No existen ensayos clínicos de calidad suficiente en personas que respalden ninguna de esas indicaciones. No hay estudios controlados que demuestren que la carqueja proteja el hígado humano, que baje la glucemia de forma clínicamente útil o que sirva para adelgazar. Ninguna agencia reguladora europea ha emitido monografía de uso bien establecido para esta planta.
Traducido a la práctica: lo razonable es tratarla como un amargo aromático tradicional, con el respaldo que tiene un uso popular prolongado, y no como un tratamiento. Quien la esté tomando para "limpiar el hígado" debe saber que esa idea de limpieza hepática no tiene base fisiológica; el hígado no acumula suciedad que una infusión pueda arrastrar.
Precauciones que sí están documentadas
Ser una planta popular y de venta libre no la convierte en inocua.
- Embarazo: no. El uso tradicional como abortiva y los datos de actividad sobre la musculatura uterina en animales bastan para descartarla durante toda la gestación. Tampoco durante la lactancia, por falta de datos.
- Diabetes en tratamiento. Si la actividad hipoglucemiante descrita en animales se manifiesta aunque sea parcialmente, sumada a insulina o antidiabéticos orales puede empujar la glucemia hacia abajo de forma imprevisible.
- Hipertensión tratada. Se le atribuye efecto hipotensor y diurético; combinada con antihipertensivos, el resultado es impredecible.
- Anticoagulantes. Los flavonoides en cantidad y la falta de estudios de interacción aconsejan prudencia con acenocumarol o warfarina.
- Niños. Sin datos de seguridad. No es planta para uso pediátrico.
Hay además un asunto del género que conviene conocer, aunque no afecte directamente a B. trimera: varias Baccharis sudamericanas, señaladamente Baccharis coridifolia, contienen tricotecenos macrocíclicos y son gravemente tóxicas para el ganado, con casos mortales bien documentados en vacuno y equino. Es otra razón de peso para no recolectar Baccharis silvestres sin identificación botánica firme, y para no plantar material de origen desconocido donde pasten animales.
Y una advertencia sobre la vía inversa: las plantas amargas que se venden como "depurativas" acaban muchas veces sustituyendo una consulta médica. Un dolor recurrente en el hipocondrio derecho, una ictericia o unas transaminasas altas se estudian en la consulta, no con infusiones.
Cultivarla en España
Se puede, con condiciones. Baccharis trimera viene de zonas de campos abiertos, pastizales y bordes de camino del sur de Brasil, Uruguay y el norte de Argentina, con veranos cálidos, inviernos suaves y lluvias repartidas.
Clima. Aguanta heladas ligeras, del orden de −4 o −5 °C, con daño en la parte aérea que suele rebrotar desde la base. Por debajo de eso, o con heladas prolongadas, se pierde. En el litoral mediterráneo, en el valle del Guadalquivir, en Canarias y en zonas costeras atlánticas templadas va bien en el suelo. En la meseta o en el interior con inviernos duros, macetón grande y refugio en un porche o invernadero frío entre diciembre y febrero.
Suelo. Es planta de terrenos pobres y bien drenados, ligeramente ácidos a neutros. En sustrato rico y húmedo crece rápido, se ahíla y pierde aroma: los principios amargos se concentran en plantas que pasan algo de estrés. Una mezcla de tierra de jardín con un tercio de arena gruesa o gravilla funciona mejor que un sustrato de macetohuerto.
Exposición. Sol pleno. A media sombra tira los tallos, alarga los entrenudos y las alas quedan estrechas y pálidas.
Riego. Escaso. Dejar secar la parte alta del sustrato entre riegos y reducir mucho en invierno. Un riego semanal en enero en una maceta que no drena pudre el cuello y la mata no rebrota en primavera. Es el modo más habitual de perderla.
Multiplicación. Por semilla en primavera, sobre superficie y con calor (18-22 °C), teniendo en cuenta que el poder germinativo cae rápido y que hacen falta pies de los dos sexos para obtener semilla viable. Por esqueje semileñoso de tallo alado en primavera o principios de verano, con hormona de enraizamiento, en arena húmeda y ambiente saturado: es el camino más fiable, y además clona el ejemplar que ya sabes que huele bien.
Recolección. La parte que se usa es el tallo alado, cortado justo antes de la floración, que en cultivo peninsular cae en julio o principios de agosto. Después de florecer el aroma decae. Se cortan los tallos dejando al menos un tercio de la mata para que rebrote, se secan a la sombra, en capa fina y con aire, y se guardan en tarro opaco y cerrado. Si al abrir el tarro no huele resinoso ni amarga al probar una punta, está pasada.
Problemas frecuentes en cultivo
Tallos amarillentos y blandos en la base. Exceso de agua o sustrato compacto. Se corrige trasplantando a una mezcla mineral y espaciando riegos, si se llega a tiempo.
Mata rala y descolgada. Falta de luz o exceso de abonado nitrogenado. Nada de fertilizantes de crecimiento: con un aporte ligero de compost maduro en primavera va sobrada.
Pulgón en los brotes tiernos de primavera. Se resuelve con un chorro de agua a presión o jabón potásico. No es una plaga grave en esta planta.
Se ha extendido más de la cuenta. Las Baccharis dispersan semilla con vilano y algunas especies del género se comportan como invasoras fuera de su área, con Baccharis halimifolia como caso extremo en el litoral cantábrico. Con B. trimera el riesgo es menor, pero cortar las cabezuelas antes de que maduren evita sembrar el vecindario.
En resumen
La carqueja sudamericana, Baccharis trimera, es un subarbusto de tallos verdes trialados y sin hojas, muy amargo y muy aromático, que en su tierra tiene un uso tradicional consolidado como digestivo y "amigo del hígado". No es la carqueixa gallega, y confundirlas es el punto de partida de casi todos los errores.
Su química está estudiada y sus efectos antioxidantes, antiinflamatorios y protectores están descritos en laboratorio y en animales; los ensayos clínicos que harían falta para respaldar un uso terapéutico en personas no existen. Tomarla como amargo digestivo tradicional es una cosa; tomarla como tratamiento para el hígado o la diabetes es otra muy distinta y no está justificada.
En el jardín es agradecida siempre que se le den sol, suelo pobre y drenado, poco riego y protección frente a heladas fuertes. En la salud, contraindicada en embarazo y lactancia, y motivo de consulta previa si hay diabetes, hipertensión o anticoagulantes de por medio. Cualquier decisión sobre tomarla o dejar de tomarla se habla con el médico o el farmacéutico, no se resuelve mirando la maceta.