La violeta africana, Saintpaulia ionantha, es una herbácea perenne de la familia Gesneriaceae originaria de las montañas Usambara, en el nordeste de la actual Tanzania. No tiene ningún parentesco con las violetas verdaderas del género Viola: el nombre popular viene solo del parecido del color y del tamaño de las flores. Forma una roseta baja y aplanada de hojas carnosas y aterciopeladas, y desde el centro de esa roseta emergen los ramilletes de flores en tandas sucesivas a lo largo de todo el año.
Es la planta de interior con flor por excelencia, y su fama de difícil está mal puesta. Lo que ocurre es que sus exigencias son muy concretas y bastante distintas de las de una planta de follaje: quiere luz tamizada abundante y constante, calor sin cambios bruscos, y sobre todo una forma de regar particular, porque el agua sobre las hojas y el agua estancada en el cepellón son sus dos enemigos principales. Cumplidas esas condiciones florece sin descanso.
Cómo es
Las hojas salen en roseta desde una corona muy corta, con peciolos gruesos y limbo casi redondo, de borde entero o ligeramente ondulado, cubierto de un vello corto que le da tacto de terciopelo y aspecto mate. El envés puede ser verde o rojizo según el cultivar. Las flores tienen cinco pétalos y aparecen en pequeños ramilletes sobre pedúnculos que se levantan entre las hojas.
La gama de colores va del violeta original al azul, rosa, fucsia, rojo vinoso y blanco, con formas simples, semidobles y dobles, y con variantes de borde blanco o bicolor. Hay también cultivares de hoja variegada y formas miniatura que caben en un dedal. Prácticamente todo lo que se vende hoy son híbridos derivados de esta especie, seleccionados durante más de un siglo por la floración continua.
Una nota de nomenclatura: los estudios de los últimos años han incluido el género Saintpaulia dentro de Streptocarpus, de modo que puedes encontrar la planta con ambos nombres. En jardinería y en el comercio se sigue usando Saintpaulia con normalidad.
Luz
Necesita luz tamizada abundante, en semisombra, nunca sol directo. Una ventana orientada al este, con el sol suave de la mañana, o una ventana al sur o al oeste con visillo, son buenas posiciones. En el interior de una habitación, a más de dos metros de la ventana, deja de florecer aunque siga sacando hojas.
La planta te dice lo que le falta. Si los peciolos se alargan y las hojas se levantan buscando arriba, le falta luz. Si las hojas se aplanan mucho contra el borde de la maceta, se vuelven de un verde apagado o aparecen manchas claras y secas, le sobra. Un truco útil es girar la maceta un cuarto de vuelta cada semana para que la roseta crezca simétrica y no se incline hacia la ventana.
En invierno, con los días cortos, muchas violetas paran de florecer simplemente por falta de horas de luz. Es normal y se recupera en primavera; también responde muy bien a la luz artificial de un tubo o una lámpara de cultivo situada a unos treinta centímetros por encima, doce a catorce horas al día, que es el sistema con el que trabajan los aficionados que quieren flor continua.
Riego: la parte que decide todo
El riego es moderado y con una regla que no admite excepciones: no se mojan las hojas. El vello del follaje retiene las gotas, y el agua estancada sobre él provoca manchas descoloridas permanentes y focos de podredumbre. Si además el agua está fría, la mancha aparece casi con seguridad.
Lo práctico es regar por abajo. Se pone la maceta en un plato con agua a temperatura ambiente durante quince o veinte minutos, hasta que la superficie del sustrato se note húmeda, y se retira el agua sobrante. Así el cepellón se humedece de forma uniforme, la corona se queda seca y no hay riesgo de encharcamiento permanente. Si prefieres regar por arriba, hazlo con un pico fino, aplicando el agua en el borde de la maceta y no en el centro de la roseta.
Entre riego y riego, la superficie del sustrato debe secarse ligeramente. La violeta africana tolera mucho mejor estar un punto seca que empapada: la pudrición de la corona, que empieza como un ablandamiento del cuello y del arranque de los peciolos, es el final más habitual de estas plantas, y es irreversible.
El agua conviene que sea a temperatura ambiente y, en las zonas de España con agua muy dura, mejor descalcificada o de lluvia. La cal se acumula en el borde de la maceta y quema los peciolos que se apoyan en él; los aficionados evitan ese problema colocando una tira de papel de aluminio o un protector en el borde del tiesto.
Sustrato y trasplante
Pide un sustrato rico, poroso, fresco y bien drenado. Las mezclas específicas para violeta africana funcionan bien, y también una base de turba con perlita y vermiculita en proporción generosa. La planta tiene un sistema radicular pequeño y superficial, así que quiere macetas anchas y poco profundas, y sobre todo macetas pequeñas: una violeta florece mejor cuando el tiesto se le queda algo justo.
Se trasplanta una vez al año, en primavera, renovando el sustrato y devolviéndola a una maceta del mismo tamaño o solo un número mayor. Es el momento de eliminar las hojas viejas de la base y, si el cuello ha quedado desnudo y alargado con los años, de rebajarlo y replantar la roseta algo más hundida para que emita raíces nuevas.
Temperatura y humedad
Quiere temperatura alta y estable, la de un salón durante todo el año, y no tolera el frío ni las corrientes. En invierno hay que apartarla del cristal de la ventana por las noches, porque el aire frío pegado al vidrio le basta para dañar las hojas que lo tocan. Tampoco debe estar sobre un radiador ni en el chorro del aire acondicionado.
Agradece humedad ambiental, y en un piso con calefacción esta escasea. La solución es un plato con grava y agua bajo la maceta, sin que la base la toque, o agrupar varias plantas. Lo que no se debe hacer es pulverizar el follaje, por el motivo ya explicado.
Floración y abonado
La ficha indica flor todo el año, y así es cuando las condiciones acompañan: las tandas se suceden con pausas cortas. Retirar las flores marchitas y los pedúnculos gastados, pellizcándolos por la base, estimula la salida de nuevos. También conviene eliminar los hijuelos que aparecen en las axilas de las hojas si quieres una sola roseta bien formada, porque una planta con varias coronas florece menos y de forma desordenada.
Se abona en cada riego o cada dos con un fertilizante líquido para plantas de flor muy diluido, entre un cuarto y la mitad de la dosis del envase, durante todo el periodo de crecimiento. Un exceso de nitrógeno da hojas grandes y ninguna flor.
Multiplicación
Se multiplica por esqueje de hoja, y es de las plantas donde mejor funciona esta técnica. Se elige una hoja sana de la segunda o tercera fila, ni la más vieja ni la más tierna, se corta el peciolo dejando unos tres centímetros con un corte en bisel, y se planta inclinado en una mezcla ligera de turba y perlita, o se pone en agua. En pocas semanas se forma un callo y después brotan una o varias plantitas en la base del peciolo.
Cuando esas plantitas tengan tres o cuatro hojas propias se separan de la hoja madre y se plantan por separado. También se pueden separar los hijuelos laterales de una planta adulta en el momento del trasplante, cortándolos con un trozo de tallo.
Plagas y problemas frecuentes
El trips y el ácaro del ciclamen son las plagas serias. El primero se detecta porque el polen se derrama sobre los pétalos y las flores duran poco; el segundo deforma el centro de la roseta, que sale apiñado, pequeño y con vello excesivo. Ambos son difíciles de erradicar y en una planta muy afectada suele ser mejor descartarla que arriesgarse a contagiar al resto. También aparecen cochinilla algodonosa en las axilas y pulgón en los pedúnculos florales.
Entre los problemas de cultivo: manchas claras redondeadas en las hojas son gotas de agua fría; hojas amarillas y blandas con la corona oscura son exceso de riego; ausencia de flor con follaje exuberante es falta de luz o exceso de abono nitrogenado; bordes de peciolo quemados apuntan al contacto con el borde salino de la maceta.
En resumen
La Saintpaulia ionantha florece de forma prácticamente continua si recibe luz tamizada abundante, calor estable sin corrientes y un riego cuidadoso que mantenga el sustrato fresco pero nunca encharcado. La clave del cultivo está en regar por abajo con agua a temperatura ambiente y no mojar nunca el follaje aterciopelado.
Es además una planta que se regala sola: una hoja puesta en un vaso de agua o en un poco de turba da plantas nuevas en unas semanas. Maceta pequeña, sustrato poroso, abono muy diluido y flores marchitas retiradas a tiempo bastan para tener una roseta compacta y en flor durante años.