En diciembre, cuando el chopo ha soltado hasta la última hoja, esas bolas verdes que siguen colgando de las ramas altas no son nidos. Son matas de muérdago, Viscum album, viviendo a costa del árbol y aprovechando que en pleno invierno son lo único verde que hay a la vista. De ahí viene buena parte de su prestigio simbólico: una planta que fructifica cuando todo lo demás está parado impresionaba mucho antes de que existieran los mercadillos navideños.

Lo que se cuelga del marco de la puerta en Nochebuena es una rama cortada, no una planta de maceta. Eso condiciona todo lo demás: cuánto dura, cómo se conserva y por qué no vale la pena intentar plantarla en un tiesto.

Rama de muérdago con bayas blancas

Un hemiparásito, no un parásito completo

El muérdago pertenece a la familia Santalaceae (antes se clasificaba en Viscaceae o Loranthaceae, y en la bibliografía antigua aparece así). Sus hojas son verdes, coriáceas, opuestas, y hacen fotosíntesis con normalidad: el azúcar se lo fabrica él. Lo que roba al árbol es agua y sales minerales, a través de un órgano llamado haustorio que penetra en la madera del huésped y se conecta con su xilema. Por eso se le llama hemiparásito: es autónomo para el carbono y dependiente para el agua.

Esa distinción explica dos cosas prácticas. La primera, que un muérdago rara vez mata al árbol de golpe: lo va debilitando durante años, sobre todo en verano seco, cuando compite por el agua justo cuando menos hay. La segunda, que si cortas la mata a ras de rama vuelve a salir, porque el haustorio sigue dentro. Para eliminarlo de verdad hay que cortar la rama entera unos 30 o 40 centímetros por debajo del punto de inserción, y hacerlo en invierno, antes de que las bayas maduren y los pájaros repartan la siguiente hornada.

Qué muérdago tienes delante

En la Península hay dos especies y merece la pena distinguirlas, porque la de la postal navideña no es la única.

Viscum album tiene bayas blancas translúcidas y ocupa sobre todo la mitad norte: Pirineo, Cordillera Cantábrica, Sistema Ibérico, Sistema Central y las zonas de montaña que continúan hacia el sur. Se reconocen tres subespecies según el huésped: la subsp. album sobre frondosas (manzano, chopo, tilo, majuelo, almendro), la subsp. austriacum sobre pinos —Pinus sylvestris, P. nigra, P. halepensis— y la subsp. abietis sobre abeto blanco. Las infestaciones fuertes en pinares de Aragón, Castilla y el Sistema Ibérico corresponden casi siempre a la forma de pino.

Viscum cruciatum es la especie del suroeste: Andalucía, Extremadura y parte de Portugal, sobre olivo, acebuche, majuelo y almendro. Tiene bayas rojas, y quien la ve por primera vez suele pensar que está mirando acebo enano. No lo es.

Sobre el roble, en cambio, Viscum album aparece de forma excepcional. Ese detalle botánico está en el origen del asunto druídico: Plinio el Viejo cuenta en su Historia Natural que los druidas galos cortaban con una hoz de oro el muérdago que crecía sobre roble precisamente porque era rarísimo encontrarlo ahí. La rareza vino primero; la magia, después.

Las bayas, los pájaros y el pegamento

El muérdago es dioico: hay matas macho y matas hembra, y solo las hembras dan bayas. Florece de febrero a abril con unas flores verdosas insignificantes y los frutos maduran de noviembre a enero, justo a tiempo para las fiestas y, sobre todo, justo a tiempo para los pájaros que se quedan a invernar.

Dentro de la baya, la semilla va envuelta en viscina, una sustancia mucilaginosa que se estira en hilos y se pega a todo. Ese es el mecanismo de dispersión completo. El zorzal charlo se llama Turdus viscivorus —literalmente, el que devora muérdago— y traga los frutos enteros; la curruca capirotada (Sylvia atricapilla) hace algo aún más eficaz: se come la pulpa y limpia el pico frotándolo contra la corteza, dejando la semilla exactamente donde puede germinar. De la viscina se sacaba antiguamente la liga para cazar pájaros con varetas, un método hoy prohibido en España.

La semilla germina sobre la rama, a la luz, sin necesidad de tierra. Emite un disco adhesivo, después el haustorio, y durante los dos o tres primeros años apenas es una manchita verde que nadie ve. Una mata visible desde el suelo lleva ya cinco años o más ahí arriba.

Es tóxico: cuélgalo alto

Las hojas y las bayas contienen viscotoxinas (péptidos tipo tionina) y lectinas del grupo de la viscumina, proteínas inactivadoras de ribosomas. No es una planta para tener al alcance de nadie que se lleve cosas a la boca.

Conviene ser preciso, porque circulan las dos exageraciones opuestas. Una o dos bayas tragadas por un niño no suelen pasar de náuseas y malestar digestivo: la fama de veneno fulminante viene de casos antiguos mal documentados y de intoxicaciones por infusiones de hoja, que son otra cosa. Pero un puñado de bayas sí produce vómitos, diarrea y decaimiento, y con cantidades mayores hay descrita afectación cardiovascular. Si hay ingestión, se llama al Servicio de Información Toxicológica (91 562 04 20), que atiende las 24 horas, y se anota cuántas bayas había en la rama.

En perros y gatos el cuadro habitual es gastrointestinal, con vómitos, diarrea y apatía; los gatos, además, mordisquean por curiosidad cualquier cosa colgante que se mueva. Y aquí está el detalle que se olvida al montar la decoración: las bayas se caen solas según la rama se seca. Cuelgas el ramo a dos metros del suelo y a los diez días el suelo está sembrado de bolitas blancas al alcance del perro. Barrer debajo cada dos o tres días vale más que la altura del clavo.

Cómo mantenerlo presentable hasta Reyes

Una rama cortada de muérdago aguanta en interior entre dos y cuatro semanas. Lo que la mata antes de tiempo es el aire seco de una casa con calefacción, así que las reglas son sencillas:

Lejos del radiador y de la salida del aire acondicionado. Un ramo colgado sobre un radiador se acartona en cuatro días y las bayas se arrugan y amarillean.

Pulverización de agua cada dos días sobre hojas y frutos, con agua a temperatura ambiente. Es lo único que retrasa de verdad la deshidratación.

Nada de meterlo en agua como si fuera un ramo de flores. El muérdago no tiene un tallo conductor que se comporte como el de un tulipán; el corte se pudre y el agua no sube. Se cuelga en seco.

Compra tardía. Adelantar la compra al 1 de diciembre para tenerlo colgado en Nochevieja es garantizar que llegue mustio a la fecha en la que importaba.

Si quieres conservar la rama de un año para otro, se seca colgada boca abajo en un sitio oscuro y ventilado. Quedará de un verde pajizo, sin bayas, y sirve como adorno seco; no revive.

Sembrarlo sobre un árbol: se puede, con condiciones

No hay forma de cultivar muérdago en maceta, porque necesita un huésped vivo del que beber. Lo que sí puede hacerse es sembrarlo sobre un árbol propio. El procedimiento es el de la curruca: en febrero o marzo, se aplasta una baya madura sobre la cara superior de una rama joven, de dos a cinco centímetros de grosor, y se deja pegada por su propia viscina. Nada de enterrarla, nada de raspar la corteza: la semilla necesita luz para germinar. Conviene poner diez o quince por si acaso, y elegir un huésped de la misma clase que el del que sacaste las bayas, porque las subespecies de pino y de frondosa no son intercambiables.

Dicho lo cual: piénsalo dos veces antes de hacerlo en un manzano o un peral productivo. Estás plantando un competidor por el agua que en diez años puede secarte ramas enteras, y quitarlo después obliga a podar en serio. En un chopo o un tilo ornamental grande, el daño es asumible; en un frutal joven, no.

Tradición y evidencia no son lo mismo

La lista de poderes atribuidos al muérdago es larga: protección de la casa, fertilidad, apagar disputas, ahuyentar el rayo. En la mitología nórdica, una flecha de muérdago es lo único que puede matar a Balder. La costumbre del beso está mucho mejor documentada que todo lo anterior y es bastante reciente: aparece en Inglaterra en el siglo XVIII, entre el servicio doméstico, y traía una regla que hoy se omite siempre: por cada beso se arrancaba una baya, y cuando no quedaban bayas se acababan los besos. En España la costumbre entró por vía comercial en el siglo XX, asociada más a la Nochevieja y al «muérdago de la suerte» que a la Navidad propiamente dicha.

La parte médica requiere separar con claridad dos discursos. La tradición europea ha usado el muérdago contra la hipertensión, la epilepsia y los nervios. La evidencia clínica no respalda ninguno de esos usos: no hay ensayos que demuestren que tomar muérdago baje la tensión arterial de forma útil ni segura.

El caso más difundido es el de los extractos inyectables de Viscum album empleados en medicina antroposófica como coadyuvantes en oncología, muy extendidos en Alemania y Suiza. Las revisiones sistemáticas disponibles concluyen que la evidencia de que prolonguen la supervivencia es débil; algunos ensayos apuntan a una posible mejora de la calidad de vida durante la quimioterapia, pero con problemas metodológicos que impiden darlo por establecido. Nada de eso convierte al muérdago en un tratamiento, y en ningún caso sustituye a la terapia oncológica.

Sobre riesgos concretos: está contraindicado en embarazo y lactancia, puede interferir con antihipertensivos y antidiabéticos sumando efectos, y plantea problemas evidentes en personas que toman inmunosupresores, dado que los extractos actúan sobre el sistema inmunitario. Quien esté considerando cualquier uso de este tipo lo consulta con su médico o su farmacéutico, no lo resuelve con la rama del salón.

El acebo sí está protegido; el muérdago no

Cortar unas ramas de muérdago no plantea, en general, problema de conservación: es abundante y en muchos montes se combate activamente. Aun así, recolectar en monte público o en espacio natural protegido requiere la autorización de la comunidad autónoma correspondiente, igual que cualquier otro aprovechamiento forestal.

Con el acebo (Ilex aquifolium) la situación es distinta y conviene tenerlo claro antes de subir al monte con las tijeras: está catalogado como especie protegida en varias comunidades autónomas y su recolección en el medio natural está prohibida o fuertemente restringida, con sanciones reales. El acebo de las tiendas procede de cultivo, y para eso existen las plantaciones certificadas. Son dos plantas navideñas con dos estatus legales opuestos, y la confusión la paga quien la comete.

Un apunte más para quien compre fuera: lo que se conoce como muérdago en Estados Unidos es Phoradendron leucarpum, otro género distinto, con hojas más anchas y redondeadas. Se le atribuyen las mismas costumbres y comparte la toxicidad.

En resumen

El muérdago es un hemiparásito que fabrica su propio azúcar y le roba el agua al árbol, con dos especies en la Península: Viscum album, de bayas blancas y distribución norteña, y Viscum cruciatum, de bayas rojas, en el suroeste. La rama de Navidad es material cortado que dura entre dos y cuatro semanas: lejos del radiador, pulverizada cada dos días y sin meterla en agua. Sus hojas y bayas son tóxicas —cuadro digestivo en niños y mascotas, con mayor gravedad a mayor cantidad—, y como las bayas se desprenden al secarse, barrer debajo importa tanto como colgarlo alto. Se puede sembrar aplastando una baya sobre una rama joven en febrero, aunque no en un frutal al que tengas aprecio. Y en lo medicinal, la tradición dice una cosa y los ensayos clínicos no la respaldan: consulta médica antes que herboristería.


Contenidos relacionados