Pilea peperomioides es una planta herbácea de la familia de las urticáceas, originaria del suroeste de China, de las provincias de Yunnan y Sichuan, donde crece en laderas rocosas y umbrías dentro del bosque. Se reconoce sin margen de error por sus hojas: redondas, planas, de un verde oscuro brillante, sostenidas por pecíolos largos que se insertan en el centro del envés, de modo que cada hoja parece una sombrilla o una moneda flotando en el aire.
Se la conoce como planta china del dinero, planta del misionero o planta panqueque. Es de las plantas de interior más agradecidas que existen: crece deprisa, no exige humedad ambiental especial, tolera bien la temperatura de un piso y, sobre todo, produce hijuelos con enorme facilidad, de manera que un ejemplar acaba dando plantas para regalar cada temporada.
De Yunnan a los alféizares de media Europa
Su historia es peculiar. Durante décadas fue una planta prácticamente desconocida para el comercio europeo y sin embargo muy común en casas particulares, sobre todo en Escandinavia. La razón es que un misionero noruego, Agnar Espegren, se llevó esquejes desde Yunnan a mediados de los años cuarenta del siglo pasado y la fue repartiendo entre conocidos, que a su vez la repartieron. Así circuló de mano en mano, sin pasar por viveros, durante muchos años. Solo bastante después llegó al comercio, y desde hace poco más de una década se ha convertido en una de las plantas de interior más vendidas.
Cómo reconocerla
Forma un tallo único, erguido y carnoso, que con los años se lignifica en la base y va perdiendo las hojas inferiores, dejando cicatrices redondas que le dan aspecto de pequeño tronco. De ese tallo salen las hojas, siempre con el pecíolo insertado en el centro del envés, algo que en botánica se llama hoja peltada y que es su rasgo diagnóstico.
La lámina es circular, gruesa y algo carnosa, de superficie brillante y con un ligero abultamiento en el punto donde se une al pecíolo. Bajo tierra desarrolla un rizoma del que brotan los hijuelos.
Florece en primavera, tal como recoge la ficha. La floración consiste en inflorescencias ramificadas de flores diminutas, blanquecinas o con tonos rosados, sobre pedúnculos que asoman entre las hojas. Es discreta y no compite con el follaje, pero indica que la planta está bien establecida.
No figura entre las plantas de interior consideradas tóxicas, y a pesar de pertenecer a la familia de las ortigas no tiene pelos urticantes. Aun así no es una planta comestible ni hay motivo para masticarla.
Luz y el giro de la maceta
Quiere mucha luz, siempre fuera del sol directo. Una ventana orientada al este es la posición ideal; al norte funciona si la habitación es clara; al sur o al oeste, con visillo o retirada un par de metros. El sol directo de verano le quema las hojas y le deja manchas pálidas y luego pardas.
Tiene un fototropismo muy marcado: orienta todas las hojas hacia la fuente de luz con rapidez, y en pocas semanas la planta queda inclinada y desequilibrada. La solución es tan simple como girar la maceta un cuarto de vuelta cada semana. Es probablemente el gesto de mantenimiento que más se nota en el aspecto final de una Pilea.
Con luz insuficiente los pecíolos se alargan muchísimo, las hojas se separan y quedan pequeñas, y la planta pierde la forma redondeada y densa que la caracteriza.
Temperatura
Temperatura media o alta, la de una vivienda durante todo el año. Viene de una zona de montaña subtropical y agradece que en invierno la habitación no esté sobrecalentada, pero no necesita frío. El límite está en unos diez grados: por debajo se para y sufre, y no tolera heladas.
En verano se puede sacar a una terraza a la sombra, con cuidado de aclimatarla poco a poco y de que no le llegue el sol directo. Las corrientes de aire frío y la proximidad de un radiador le sientan igual de mal que al resto de las plantas de interior.
Riego
Riego moderado. Es una planta de hoja algo carnosa que guarda cierta reserva de agua y que tolera mejor quedarse un poco seca que estar permanentemente húmeda. La pauta consiste en regar cuando los dos o tres centímetros superiores del sustrato están secos, empapar hasta que salga agua por el drenaje y vaciar el plato.
En invierno se espacian los riegos de forma clara. La podredumbre del cuello por exceso de agua en los meses fríos es la principal causa de pérdida de estas plantas.
Los síntomas ayudan a corregir: hojas caídas y algo blandas que se recuperan al regar indican sed; hojas amarillas en la base que se desprenden con facilidad, junto con sustrato húmedo, indican lo contrario. Es normal, eso sí, que la planta vaya perdiendo alguna hoja vieja de abajo a medida que crece.
Sustrato y maceta
Sustrato humífero, suelto y bien drenado. Un sustrato universal de calidad aligerado con un tercio de perlita y algo de fibra de coco cumple perfectamente. La maceta debe tener agujeros y no ser mucho mayor que el cepellón: con un tiesto excesivo, el sustrato sobrante se mantiene húmedo y las raíces lo pagan.
Se trasplanta cada primavera o cada dos años, según lo rápido que crezca, subiendo un solo número de maceta. Es buena ocasión para separar los hijuelos.
Abonado
De primavera a principios de otoño, con un abono para plantas verdes a media dosis, cada tres o cuatro semanas. En invierno se suspende. Crece rápido y responde bien al abono, pero un exceso produce hojas grandes y blandas sobre pecíolos largos, que es justo lo contrario de la mata compacta que interesa.
Los hijuelos, su gran ventaja
Es la planta de interior más generosa que existe en cuanto a multiplicación. Emite hijuelos de dos formas: unos brotan del sustrato alrededor de la planta madre, a partir del rizoma, y otros salen directamente del tallo, entre las hojas.
Los del sustrato se separan cuando miden unos cinco o siete centímetros: se aparta la tierra, se localiza el punto donde se unen al rizoma de la madre y se cortan con un cuchillo limpio, procurando llevarse algunas raíces propias. Se plantan directamente en una maceta pequeña con sustrato ligero y se mantienen algo más húmedos las primeras semanas.
Los que salen del tallo no tienen raíces. Se cortan por su base y se ponen en un vaso de agua, cambiándola cada pocos días, hasta que emiten raíces de un par de centímetros, y entonces se pasan a maceta. La mejor época para ambas operaciones es la primavera y el principio del verano.
Cómo mantenerla compacta
Con el tiempo la planta gana altura, pierde las hojas de abajo y queda con un tallo desnudo rematado por un penacho de hojas. Es su desarrollo normal y a mucha gente le gusta ese porte. Si se prefiere una mata baja y densa, la solución es dejar que los hijuelos del sustrato crezcan junto a la madre en lugar de separarlos todos, de manera que la maceta se llene de plantas de distintas alturas.
También se puede cortar la punta del tallo para forzar brotes laterales y enraizar el trozo cortado, aunque el resultado es menos previsible que con los hijuelos.
Problemas frecuentes
- Planta inclinada hacia la ventana: falta de giro de la maceta. Se corrige girándola una vez por semana.
- Pecíolos largos y hojas pequeñas y separadas: falta de luz, a veces combinada con exceso de abono.
- Hojas amarillas en la base con sustrato húmedo: exceso de riego.
- Hojas abarquilladas: suele responder a un desequilibrio entre la luz y el riego, y lo práctico es revisar ambos antes de cambiar nada más.
- Manchas pálidas o pardas en el haz: sol directo a través del cristal.
- Puntas y bordes secos: aire muy seco o agua con mucha cal.
- Mosca del sustrato: tierra húmeda de forma permanente. Espaciar los riegos lo resuelve.
- Araña roja: punteado claro y telillas en el envés, propia de ambientes secos.
En resumen
La Pilea peperomioides es una planta de interior fácil, rápida y de aspecto inconfundible, con sus hojas redondas sostenidas por el centro. Le basta con mucha luz sin sol directo, temperatura de vivienda, un sustrato suelto y bien drenado en maceta ajustada, riego moderado dejando secar la capa superior, y abono flojo en la temporada de crecimiento.
Dos gestos marcan la diferencia: girar la maceta cada semana para que crezca recta y equilibrada, y aprovechar los hijuelos que emite desde el rizoma y desde el tallo. Esos hijuelos son la razón por la que esta planta se extendió por Europa de mano en mano antes de llegar a los viveros, y siguen siendo la forma más sencilla de tener muchas a partir de una sola.