Temperatura media
Semisombra o sombra
Suelo drenado, rico, fresco
Riego moderado
Hoja perenne
Flor: todo el año

Peperomia es uno de los géneros más numerosos del mundo vegetal, con más de mil especies repartidas sobre todo por la América tropical y, en menor medida, por Asia y África. Pertenece a las piperáceas, la misma familia que el pimiento negro, y de ahí viene el nombre, que significa algo así como parecido a la pimienta. En jardinería de interior interesa un puñado de especies, todas ellas plantas pequeñas, de crecimiento lento y cultivo tolerante, que se cultivan por el follaje.

Lo que tienen en común es más importante que lo que las diferencia. Casi todas son hierbas de sotobosque o epífitas que viven entre hojarasca y musgo, con raíces escasas y superficiales, hojas más o menos carnosas que almacenan agua y una capacidad notable de aguantar la penumbra. Ese perfil se traduce en una única regla de oro para cultivarlas: maceta pequeña, sustrato suelto y riego escaso.

Las peperomias que se encuentran en España

Las más habituales en floristería y vivero son unas cuantas, y conviene distinguirlas porque su aspecto varía muchísimo aunque el cultivo sea casi el mismo:

  • Peperomia obtusifolia, de hojas gruesas, redondeadas y brillantes, verdes o variegadas con crema. Es la más común y la más resistente.
  • Peperomia caperata, con hojas acorazonadas de superficie muy rugosa y nervios hundidos, en verde oscuro o en tonos rojizos y casi negros. Forma matas compactas.
  • Peperomia argyreia, la peperomia sandía, con las bandas plateadas radiales y el pecíolo insertado en el centro de la hoja.
  • Peperomia prostrata, colgante, de hojitas diminutas y redondas con dibujos plateados, que se cultiva en maceta alta o colgada.
  • Peperomia rotundifolia, también colgante, de hojas pequeñas, verdes y carnosas sobre tallos finos.
  • Peperomia polybotrya, de hojas grandes acorazonadas y brillantes que recuerdan a una gota de agua.

Hay además especies claramente suculentas, de hojas cilíndricas o en forma de cuña, que quieren más luz y aún menos agua que el resto.

Cómo reconocer una peperomia

El rasgo que las delata es la inflorescencia: una espiga fina, erguida, verde o blanquecina, sin pétalos y con las flores minúsculas repartidas por toda su longitud, que recuerda a una cola de ratón o a un palillo. Aparece con facilidad y en cualquier época del año, tal como recoge la ficha técnica, y no tiene valor ornamental, aunque tampoco molesta.

Las hojas, sean lisas, rugosas, redondas o acorazonadas, tienen casi siempre una consistencia algo carnosa y una superficie cerosa. Los tallos son gruesos y quebradizos, con nudos marcados. Y el sistema radicular es escaso en proporción al tamaño de la planta, un detalle que explica su intolerancia a las macetas grandes.

Luz

Semisombra o sombra luminosa. Es de las pocas plantas ornamentales que se comportan bien en habitaciones con poca luz natural, y por eso funcionan tan bien en oficinas y en cuartos interiores. Lo que no toleran es el sol directo, que decolora la hoja y deja quemaduras pardas.

Las formas variegadas y las de hoja plateada necesitan más luz que las verdes para mantener el contraste del dibujo; en penumbra tienden a volverse uniformemente verdes. Las especies suculentas de hoja cilíndrica son las más exigentes en luz de todo el grupo.

Si los tallos se alargan y las hojas se separan, la planta está pidiendo un sitio más claro.

Temperatura

Temperatura media, la de una vivienda, durante todo el año. No soportan el frío: son plantas tropicales y por debajo de unos diez grados se dañan, con hojas que se ablandan y ennegrecen. En España se cultivan siempre en interior, salvo la posibilidad de sacarlas en verano a un sitio sombreado y resguardado en zonas de clima suave.

Conviene apartarlas de las corrientes de aire frío y del chorro directo de la calefacción o del aire acondicionado.

Riego, el punto donde se pierden

Riego moderado tirando a escaso. La hoja carnosa guarda reservas y las raíces son pocas, de modo que la planta aguanta bien la sequía y muy mal el sustrato encharcado. La pauta que funciona es regar cuando la mitad superior del sustrato está seca, empapar hasta que salga agua por el drenaje y vaciar el plato enseguida.

En invierno la frecuencia se reduce mucho. La inmensa mayoría de las peperomias que mueren en casa lo hacen en invierno, ahogadas, no de sed. Si hay duda, se espera.

Al regar conviene no mojar el centro de la mata, porque el agua queda retenida entre las bases de los pecíolos y ahí empieza la podredumbre del cuello, que es rápida y difícil de detener una vez iniciada.

Sustrato y maceta

Suelo drenado, rico y fresco, pero sobre todo aireado. Vienen de crecer entre hojarasca y musgo, no en tierra compacta. Una mezcla de sustrato universal de calidad con un tercio de perlita y algo de corteza fina o fibra de coco reproduce bien esas condiciones. Las especies suculentas agradecen aún más material mineral.

La maceta, pequeña y con agujeros. Es probablemente el consejo más útil de toda la ficha: un tiesto sobredimensionado mantiene un volumen de sustrato húmedo que las raíces no llegan a ocupar, y ese es el escenario típico de la podredumbre. Se trasplantan cada dos o tres años, en primavera, subiendo un solo número o simplemente renovando el sustrato.

Humedad y abonado

Toleran el ambiente seco de una casa mejor de lo que cabría esperar de una planta tropical, aunque agradecen algo de humedad. En invierno, con la calefacción, una bandeja con arcilla expandida húmeda bajo las macetas mejora su aspecto.

Se abonan poco: cada cuatro o seis semanas de primavera a principios de otoño, con un abono para plantas verdes a media dosis. Crecen despacio y no necesitan más. En invierno se suspende.

Multiplicación

Es uno de los géneros más fáciles de reproducir en casa. Hay tres vías, según la especie:

  • Esqueje de tallo, en las de porte erguido o colgante. Un trozo con dos o tres nudos, en agua o directamente en sustrato ligero.
  • Esqueje de hoja con pecíolo, en las de mata basal como P. caperata o P. argyreia. Se clava el pecíolo en el sustrato y a las pocas semanas brota una plantita nueva.
  • División de la mata al trasplantar, separando grupos de tallos con sus raíces.

La época buena es de primavera a comienzos de verano, con calor y ambiente húmedo. Conviene poner varios esquejes a la vez, porque alguno se pudre siempre.

Poda y mantenimiento

La poda se reduce a pinzar las puntas de los tallos para que ramifiquen y la mata quede densa, y a retirar hojas viejas o dañadas. Las espigas florales se pueden cortar cuando se secan, por estética. Las hojas grandes y brillantes se limpian con un paño húmedo de vez en cuando.

Problemas frecuentes

  • Tallos que se ablandan en la base y planta que se viene abajo: podredumbre por exceso de riego. Se puede intentar salvar tomando esquejes de la parte sana.
  • Hojas que caen de golpe: cambio brusco de temperatura, corriente fría o riego con agua muy fría.
  • Tallos alargados y hojas separadas: falta de luz.
  • Puntas y bordes secos: aire seco o exceso de sales por agua dura.
  • Mosca del sustrato: síntoma de que la tierra se mantiene húmeda demasiado tiempo.
  • Cochinilla y araña roja: en el envés y en el centro de la mata, favorecidas por el ambiente seco.

Usos en la casa

Su tamaño reducido las hace idóneas para escritorios, estanterías, repisas de baño con ventana y composiciones en macetas agrupadas. Las especies colgantes lucen en maceta alta o colgada, donde los tallos caen libremente. Y como toleran la sombra, resuelven bien esos rincones donde casi ninguna otra planta ornamental aguanta.

En resumen

Las peperomias son plantas de interior pequeñas, lentas y tolerantes, que aceptan semisombra e incluso sombra luminosa, se conforman con la temperatura de una vivienda y no piden apenas abono. El género es enorme y sus hojas cambian por completo de una especie a otra, pero el cultivo es prácticamente el mismo para todas.

Todo se reduce a no ahogarlas: maceta pequeña, sustrato suelto y aireado, riego solo cuando la mitad superior está seca, plato siempre vacío y mucha menos agua en invierno. Con eso duran años, y si alguna se pierde, un esqueje de tallo o incluso una sola hoja bastan para tener otra.


Contenidos relacionados