Los Odontoglossum son orquídeas epífitas de los bosques de niebla de los Andes, desde Colombia y Venezuela hasta Perú y Bolivia, y crecen a bastante altitud. Ese origen explica todo lo demás: son plantas acostumbradas a un ambiente fresco, muy húmedo, con luz clara pero tamizada por la niebla y las copas de los árboles, y sin estación seca marcada. Sus flores, a menudo con los bordes ondulados y con dibujos en marrón, rojo o amarillo sobre fondo blanco, están entre las más elegantes del mundo de las orquídeas.
Conviene decirlo desde el principio: no es una orquídea de iniciación. No porque exija maniobras complicadas, sino porque necesita frescor. En un piso español con calefacción en invierno y treinta y cinco grados en agosto, un Odontoglossum puro lo pasa mal. Los híbridos que se venden hoy en día son mucho más tolerantes que las especies, y son la vía razonable para cultivarlos aquí.
Un nombre que ha cambiado
En la clasificación botánica actual, basada en el estudio del ADN, la mayor parte de las especies que se llamaban Odontoglossum han pasado al género Oncidium. El nombre sigue vivo con toda naturalidad en viveros, catálogos y etiquetas, y también en la enorme cantidad de híbridos que se han creado cruzándolos con géneros próximos. Al comprar se encuentran nombres como Odontocidium, Odontioda o Vuylstekeara, que designan híbridos entre varios de esos géneros y que, en general, son más fáciles de cultivar que las especies puras.
Cómo reconocerlos
Son orquídeas de crecimiento simpodial: en lugar de un único tallo que se alarga, van formando brotes nuevos a partir de un rizoma horizontal. Cada brote engorda hasta formar un pseudobulbo ovalado y algo aplanado, verde, del que salen normalmente dos hojas alargadas y estrechas, además de otras hojas más cortas que envuelven la base.
El pseudobulbo es la despensa de la planta: almacena agua y reservas. Su aspecto es el mejor indicador del estado de cultivo. Un pseudobulbo liso y firme significa que la planta está bien hidratada; uno arrugado y acanalado avisa de que le falta agua o de que las raíces no están funcionando.
La vara floral nace desde la base de un pseudobulbo recién maduro y lleva varias flores. Según el híbrido, la floración llega en otoño avanzado, en primavera o en ambas épocas, tal como recoge la ficha técnica.
Luz
Necesita luz abundante pero nunca intensa. La referencia es la de un bosque de niebla: claridad constante, sin rayo de sol sobre la hoja. En la práctica, una ventana orientada al este va muy bien, y una al norte también si la habitación es luminosa. Al sur o al oeste hace falta cortina o alejarla un par de metros del cristal.
El color de las hojas es un buen chivato. Un verde medio, algo claro, indica luz correcta. Un verde oscuro, casi azulado, significa que le falta luz y probablemente no va a florecer. Un tono amarillento o unas manchas pardas secas indican exceso.
Temperatura, el punto crítico en España
Es lo que decide el éxito o el fracaso. Estas orquídeas quieren temperatura media y, sobre todo, un salto entre el día y la noche. En su montaña andina la noche refresca siempre, y sin ese descenso nocturno la planta crece mal y no forma varas florales.
El verano es el problema. Varios días seguidos por encima de los treinta grados, con noches cálidas, detienen el crecimiento y hacen que las raíces dejen de funcionar. En la cornisa cantábrica, en zonas de montaña y en el norte peninsular en general se cultivan bien en interior sin más medidas. En el sur y en el interior de la meseta hace falta buscarles el sitio más fresco de la casa, ventilar de noche, y evitar a toda costa las habitaciones que acumulan calor.
En invierno, el otro extremo: no tanto el frío como el aire recalentado y seco de la calefacción. Lejos del radiador, siempre.
Riego y calidad del agua
El riego es regular y sin sequías prolongadas. A diferencia de otras orquídeas, un Odontoglossum no lleva bien quedarse seco del todo durante días: en su hábitat el sustrato nunca llega a secarse por completo. La pauta consiste en regar cuando el sustrato empieza a estar seco al tacto en la superficie pero todavía conserva algo de frescor por dentro, empapando bien la maceta y dejando que escurra.
El método más cómodo es sumergir la maceta en agua unos minutos y luego dejarla drenar hasta que no gotee. Lo que no puede quedar es agua en el cubremacetas ni en el plato: la raíz de estas orquídeas se pudre con facilidad.
La calidad del agua importa mucho. Son especialmente sensibles a la acumulación de sales, y el agua dura de buena parte de España les quema las puntas de las raíces y de las hojas. Agua de lluvia u ósmosis siempre que sea posible. Si solo hay agua del grifo dura, conviene regar con generosidad para arrastrar sales y renovar el sustrato más a menudo.
Agradecen mucha humedad ambiental, más de la que hay en un salón normal. Una bandeja con arcilla expandida húmeda bajo la maceta y buena ventilación son la combinación que funciona: humedad sí, aire estancado no, porque eso último invita a la podredumbre.
Sustrato y trasplante
Se cultivan en sustrato específico para orquídeas, a base de corteza de pino de grano medio, a la que suele añadirse algo de perlita, fibra de coco o esfagno para que retenga un poco más de humedad que una mezcla de Phalaenopsis. La maceta debe drenar sin obstáculos.
El trasplante es más importante aquí que en otras orquídeas. La corteza se descompone y, cuando lo hace, retiene demasiada agua y asfixia las raíces. Renovar el sustrato cada uno o dos años, en cuanto termina la floración y coincidiendo con el arranque de un brote nuevo, evita el problema. En la operación se retiran las raíces muertas, blandas o huecas, y los pseudobulbos viejos y arrugados que ya no tienen hojas.
Abonado
Se abona durante el crecimiento con un fertilizante específico para orquídeas muy diluido, del orden de un cuarto de la dosis del envase, en uno de cada tres o cuatro riegos. Es preferible quedarse corto: el exceso de sales es una de las causas más habituales de raíces dañadas. Cada pocas semanas conviene regar solo con agua para arrastrar los restos acumulados.
Floración y multiplicación
La vara aparece cuando el pseudobulbo nuevo ha terminado de engordar. Mientras la planta está en flor no se trasplanta ni se cambia de sitio. Cuando la vara se seca por completo, se corta por la base: en este grupo no rebrota de la misma vara, a diferencia de lo que ocurre con las Phalaenopsis.
La multiplicación es por división de la mata en el momento del trasplante. Se separa el rizoma dejando al menos tres o cuatro pseudobulbos por división, porque una división pequeña tarda años en recuperar fuerza para florecer. Se corta con herramienta limpia y se plantan las divisiones en sustrato nuevo.
Problemas frecuentes
- Pseudobulbos arrugados: falta de agua, o raíces perdidas por lo contrario. Hay que sacar la planta y mirar la raíz antes de decidir.
- Acordeón en las hojas nuevas: pliegues transversales que indican que a la planta le faltó agua o humedad mientras esa hoja se formaba. No se corrige después.
- Puntas de las hojas negras y secas: exceso de sales, agua dura o abono demasiado concentrado.
- No florece: falta de luz o veranos demasiado cálidos sin descenso nocturno de temperatura.
- Cochinilla: se esconde bajo las vainas secas de los pseudobulbos. Al trasplantar conviene retirar esas vainas y revisar.
- Podredumbre en la base: agua estancada y falta de ventilación.
En resumen
El Odontoglossum es una orquídea andina de bosque de niebla, y todo su cultivo consiste en reproducir ese ambiente: luz clara sin sol, temperatura media con noches frescas, humedad alta con aire en movimiento, riego regular con agua de baja mineralización y un sustrato de corteza que se renueva cada uno o dos años antes de que se descomponga.
En España el factor limitante es el verano, y por eso los híbridos comerciales, más tolerantes al calor que las especies puras, son la elección sensata en casi todo el país. Botánicamente la mayoría de estas plantas han pasado al género Oncidium, aunque el nombre antiguo siga siendo el que se lee en las etiquetas.