Temperatura alta o media
Mucha luz, fuera del sol directo
Sustrato rico, húmedo, bien drenado
Riego moderado
Hoja perenne
Flor: todo el año al aire libre
Frutos comestibles

Monstera deliciosa es una arácea trepadora originaria de las selvas húmedas del sur de México y de Centroamérica, y es la planta que en España se conoce como costilla de Adán. Lo que la hace inconfundible son las hojas: grandes, coriáceas, con lóbulos profundos y con agujeros redondeados u ovalados en la lámina, unas perforaciones que en botánica se llaman fenestraciones y que aparecen solo cuando la planta ya es adulta.

El nombre Philodendron pertusum con el que todavía se vende en muchos viveros es un sinónimo antiguo y erróneo. Se aplicó a los ejemplares jóvenes de esta misma especie, que tienen hojas pequeñas, enteras y sin agujeros, y que por eso se tomaron durante años por una planta distinta. Es la misma Monstera deliciosa: si se le da tiempo, luz y algo a lo que trepar, esas hojas enteras dan paso a las hojas perforadas de manual.

Cómo reconocerla

El tallo es grueso, verde, con nudos marcados de los que salen las raíces aéreas. Cada hoja nace envuelta en una vaina que se seca y queda pegada al tallo hasta que se desprende. Las hojas adultas son enormes, de un verde oscuro y brillante, con el limbo dividido en lóbulos hasta cerca del nervio central y con esos orificios característicos repartidos por la lámina.

Las raíces aéreas son parte esencial de la planta, no un defecto. En el bosque le sirven para agarrarse a los troncos y para absorber agua y nutrientes. En una maceta cumplen la misma función si se les da un tutor de musgo o de fibra de coco al que adherirse, o si se dirigen hacia el sustrato. Cortarlas todas es una costumbre extendida y contraproducente: la planta pierde parte de su anclaje y de su capacidad de alimentarse.

En su medio natural florece y fructifica. La inflorescencia es la típica de las aráceas, un espádice cilíndrico envuelto en una espata de color crema. El fruto tarda alrededor de un año en madurar y es la razón del epíteto deliciosa. En una maceta de interior, en cambio, la floración es rarísima: hace falta el porte y las condiciones que solo se dan al aire libre en clima suave, como recoge la ficha de arriba.

Cuidado con la savia y con el fruto verde

Como casi todas las aráceas, la costilla de Adán contiene oxalato de calcio en forma de cristales en aguja repartidos por hojas, tallos y savia. Masticar cualquier parte verde de la planta provoca irritación y ardor inmediatos en boca y garganta, y la savia puede irritar la piel y muy especialmente los ojos. Conviene tenerlo presente si hay niños pequeños o mascotas que mordisquean las plantas, y usar guantes al podar si se tiene la piel sensible.

El fruto es comestible, pero solo cuando está completamente maduro. Un fruto verde o a medio madurar conserva esos mismos cristales en cantidad y resulta muy irritante. La maduración es progresiva, desde la base hacia la punta, y las escamas se van desprendiendo solas a medida que la pulpa está lista. En condiciones de interior en España esta situación no llega a darse casi nunca, así que en la práctica se trata de una planta ornamental y no de una planta de fruta.

Luz y ubicación

Quiere mucha luz indirecta. Es una planta que en el bosque crece en la penumbra del suelo cuando es joven y va ganando luz según trepa, así que tolera situaciones de media sombra, pero la tolerancia tiene un precio: con poca luz las hojas nuevas salen pequeñas, enteras y sin agujeros, y los entrenudos se alargan. Si el objetivo es la hoja grande y fenestrada, hace falta un sitio claro.

El sol directo prolongado, en cambio, decolora y quema. En España lo importante es el sol de mediodía y de tarde entre mayo y septiembre: una ventana al sur sin filtro le deja manchas pardas. Una ventana al este, o una al sur o al oeste con visillo, son la ubicación correcta.

Es buena idea girar la maceta un cuarto de vuelta cada dos o tres semanas, porque busca la luz con decisión y de lo contrario acaba creciendo torcida hacia la ventana.

Temperatura y humedad

Se encuentra cómoda en el rango de temperatura de una vivienda durante todo el año. El calor no le molesta si hay algo de humedad; el frío sí, y por debajo de unos diez grados se para y las hojas se manchan. En el litoral mediterráneo y en Canarias hay ejemplares magníficos plantados en el suelo, a la sombra de un muro o de otros árboles, pero en el interior peninsular es planta de casa.

Agradece la humedad ambiental. En invierno, con los radiadores encendidos, las puntas y los bordes de las hojas se secan y quedan pardos. Ayuda alejarla de la fuente de calor, agruparla con otras plantas y pulverizarla de vez en cuando con agua sin cal.

Riego y sustrato

Riego moderado y con una regla que funciona casi siempre: regar cuando los tres o cuatro centímetros superiores del sustrato estén secos, empapar hasta que salga agua por el drenaje y vaciar el plato. Entre riego y riego, el sustrato debe llegar a airearse. El exceso de agua continuado pudre las raíces y se manifiesta con hojas amarillas empezando por las de abajo y con un olor agrio en la tierra.

En invierno se riega bastante menos, porque la planta crece poco y el sustrato tarda mucho más en secarse. Es en esta época cuando se ahoga la mayoría de las costillas de Adán.

El sustrato tiene que ser rico pero suelto y bien drenado. Una mezcla de sustrato universal de calidad con un tercio de corteza de pino y un puñado de perlita reproduce bastante bien lo que sus raíces esperan. La maceta, siempre con agujeros.

Durante la primavera y el verano se abona cada dos o tres semanas con un fertilizante para plantas verdes, rico en nitrógeno. De octubre a marzo se suspende.

Tutor, poda y limpieza

Es una trepadora, y tratada como planta de mata acaba desparramada y con las hojas pequeñas. Un tutor de musgo o de fibra de coco, que se mantenga húmedo, cambia por completo el resultado: las raíces aéreas se agarran a él, la planta se yergue y las hojas nuevas salen cada vez mayores. El tutor se coloca al trasplantar, mejor que a posteriori.

La poda se limita a quitar hojas viejas o dañadas cortando el pecíolo cerca del tallo. Si la planta se ha alargado demasiado, se puede cortar la guía por encima de un nudo en primavera; brotará por debajo y la parte cortada sirve de esqueje. Las hojas se limpian con un paño húmedo: acumulan mucho polvo por su tamaño y eso reduce la luz que reciben.

Multiplicación

Es una de las plantas de interior más fáciles de reproducir. Se toma un esqueje de tallo en primavera o principios de verano que incluya al menos un nudo con su raíz aérea y una hoja. Ese nudo es imprescindible: un trozo de tallo sin nudo no enraíza, y una hoja suelta con su pecíolo tampoco, por mucho que aguante meses en el agua.

El esqueje enraíza en agua, cambiándola cada pocos días, o directamente en sustrato ligero y húmedo. Cuando las raíces tienen unos centímetros se pasa a maceta. El acodo aéreo sobre un nudo del tallo, envolviéndolo con musgo húmedo y plástico, es la otra vía y da plantas grandes desde el principio.

Plagas y problemas frecuentes

  • Hojas nuevas pequeñas y sin agujeros: falta de luz, falta de tutor o planta todavía joven. Las tres causas suelen ir juntas.
  • Hojas amarillas desde abajo: casi siempre exceso de riego.
  • Bordes y puntas pardos y secos: aire seco o agua con mucha cal.
  • Gotas de agua en las puntas por la mañana: es gutación, un proceso normal en las aráceas y no una enfermedad.
  • Cochinilla algodonosa: en el envés y en las axilas. Se retira con alcohol y bastoncillo.
  • Araña roja: punteado claro y telillas, siempre asociada al ambiente seco.

Variedades

Además de la especie tipo circulan formas de hoja variegada, con sectores blancos o amarillos, muy buscadas y de crecimiento más lento porque tienen menos superficie verde con la que fotosintetizar. Necesitan más luz que la forma verde, y aun así producen hojas más pequeñas. También se ve con frecuencia Monstera adansonii, de hoja menor y con los agujeros sin llegar al borde, que se cultiva igual pero se queda mucho más compacta.

En resumen

La costilla de Adán es una trepadora de selva a la que le basta con luz abundante filtrada, riego moderado dejando secar la capa superior del sustrato, una mezcla suelta y bien drenada, y un tutor al que agarrarse. Con esas cuatro cosas produce hojas cada vez más grandes y perforadas y vive décadas. El Philodendron pertusum de las etiquetas es esta misma planta en su fase juvenil.

Los dos avisos que conviene retener son el exceso de agua en invierno, que es lo que mata a la mayoría, y el oxalato de calcio de toda la parte verde, que irrita boca, piel y ojos. El fruto solo es comestible completamente maduro, algo que en cultivo de interior en España prácticamente no llega a ocurrir.


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