Livistona australis es una palmera de abanico de la costa este de Australia, desde Queensland hasta Victoria, donde crece en bosques húmedos y en las orillas de los cursos de agua. En su tierra la llaman cabbage palm, palmera repollo, por el sabor del ápice del tallo, y en Europa se cultiva tanto como palmera de jardín en clima suave como planta de interior mientras es joven.
Su rasgo distintivo es la hoja: una lámina circular plegada como un abanico, dividida en numerosos segmentos que cuelgan por la punta y le dan un aspecto de flecos. El pecíolo es largo y lleva espinas curvas en los bordes, algo que conviene saber antes de manipularla. El tronco es único, esbelto y anillado por las cicatrices de las hojas caídas.
Cómo reconocerla
La hoja es costapalmada, es decir palmeada pero con la nervadura central prolongada dentro de la lámina, lo que hace que el abanico se arquee en lugar de quedar plano. Los segmentos son numerosos, estrechos y con las puntas dobladas hacia abajo, un carácter que ayuda a distinguirla de otras palmeras de abanico.
Al aire libre y con edad florece en largas inflorescencias ramificadas de florecillas amarillentas, seguidas de frutos esféricos de color morado oscuro. En interior no florece, y eso mismo recoge su ficha.
Se confunde con otras palmeras de abanico habituales en España. La palmera de California (Washingtonia) es mucho más robusta y de segmentos con filamentos; el palmito (Chamaerops humilis) es cespitoso y de porte bajo; la palmera de Fortune (Trachycarpus fortunei) tiene el tronco cubierto de fibras. La Livistona se reconoce por su tronco liso y anillado y por esos segmentos colgantes.
Como planta de interior
En maceta y de joven es una palmera lenta, elegante y bastante tolerante, con la ventaja de que aguanta mejor la luz escasa que otras. Su ficha indica sombra ligera, es decir luz abundante pero filtrada, nunca sol directo a través del cristal, que le quema los segmentos.
Un sitio junto a una ventana al este, o a un par de metros de una ventana grande al sur con visillo, es adecuado. Con demasiada sombra emite hojas espaciadas, de pecíolo largo y lámina pequeña, y la planta pierde densidad.
Conviene girar la maceta cada cierto tiempo para que crezca equilibrada, y limpiar las hojas con un paño húmedo, porque el polvo se acumula en los pliegues del abanico.
Riego
Riego moderado. El sustrato debe mantenerse fresco durante la época de crecimiento, dejando secar solo la capa superior entre riegos, y bastante más seco en invierno. A diferencia de las palmeras de zonas áridas, esta viene de ambientes húmedos y no le gusta la sequía prolongada, pero tampoco tolera el agua estancada en el plato.
Es sensible al agua dura, algo que se nota en las puntas de los segmentos, que se secan y se vuelven marrones. En zonas de agua caliza, buena parte de España, merece la pena usar agua de lluvia o agua de mineralización débil, y hacer de vez en cuando un riego abundante que lave las sales acumuladas.
Agradece humedad ambiental. Con calefacción, las puntas secas son casi inevitables si no se compensa con una bandeja de arcilla expandida húmeda o agrupando plantas.
Sustrato y trasplante
Suelo rico y poroso. Una mezcla de sustrato para palmeras, o sustrato universal de calidad con mantillo, arena gruesa y perlita, que retenga humedad pero permita que el agua atraviese sin dificultad.
Las palmeras prefieren macetas profundas antes que anchas, porque su sistema radicular baja. Se trasplanta cada dos o tres años, en primavera, sin deshacer el cepellón y sin enterrar más de lo que estaba. Enterrar la base del tronco es un error frecuente y acaba en podredumbre.
Temperatura y cultivo al aire libre
Temperatura media, la de una vivienda normal. Al aire libre en España se comporta bien en el litoral mediterráneo, en el sur, en las zonas templadas del litoral atlántico y en Canarias. Tolera heladas ligeras y puntuales cuando ya es adulta y está bien establecida, pero sufre con los inviernos continuados de frío del interior peninsular.
En jardín pide una posición resguardada del viento seco, con suelo profundo y riego en verano. En el interior peninsular lo razonable es cultivarla en maceta grande y resguardarla en invierno.
Abonado
Un abono específico para palmeras, con magnesio y microelementos, cada tres o cuatro semanas de abril a septiembre, o bien un abono de liberación lenta al empezar la primavera. En invierno se suspende. Las palmeras muestran las carencias de magnesio y de potasio en forma de bandas amarillas en las hojas viejas, y un abono equilibrado las previene.
Poda
Aquí la regla es estricta y muchas veces se incumple. Se cortan únicamente las hojas completamente secas, dejando un trozo de pecíolo, y no se tocan las que todavía conservan verde, porque la palmera está retirando de ellas los nutrientes.
Nunca se corta el cogollo ni se recorta la corona. Una palmera tiene un solo punto de crecimiento, y si se daña la planta muere sin remedio. Por las espinas del pecíolo conviene podar con guantes gruesos.
Multiplicación
Solo por semilla, porque es una palmera de tronco único que no emite hijuelos. Las semillas se extraen de los frutos maduros, se limpian de pulpa, se dejan en remojo y se siembran en sustrato ligero con calor de fondo y humedad constante. La germinación es lenta e irregular, y el crecimiento posterior también.
Por eso los ejemplares del comercio ya tienen su tiempo detrás y no son baratos comparados con otras plantas de interior.
Plagas y problemas frecuentes
- Puntas de los segmentos secas y marrones. Lo más habitual. Agua dura, aire seco o exceso de sales.
- Araña roja. Muy frecuente en interior, favorecida por el ambiente cálido y seco. Deja las hojas mates, con punteado claro y telarañas finas.
- Cochinilla. Sobre todo en el envés y en la base de los pecíolos.
- Hojas viejas con bandas amarillas. Carencia de magnesio o de potasio, corregible con un abono para palmeras.
- Cogollo blando y oscuro. Podredumbre del punto de crecimiento por exceso de agua o por frío. Es irreversible.
Al aire libre hay que estar atento a las plagas que afectan a las palmeras en España. El picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus) ataca sobre todo a las palmeras del género Phoenix, pero el barrenador Paysandisia archon afecta a un abanico más amplio de géneros. Ante síntomas sospechosos, como hojas centrales roídas o perforadas y serrín en la corona, hay que avisar a los servicios de sanidad vegetal de la comunidad autónoma, que son quienes indican el tratamiento y las obligaciones de comunicación.
Un apunte sobre su nombre
Lo de palmera repollo viene del uso tradicional de los aborígenes australianos, que consumían el ápice del tallo. Conviene aclararlo: esa cosecha mata la planta, porque el extremo del tallo es su único punto de crecimiento, y no es un uso que tenga sentido reproducir. También empleaban las hojas para techar y tejer cestas, y las fibras de la corteza para hilar sedales y redes.
En resumen
Livistona australis es una palmera de abanico australiana que funciona bien en interior mientras es joven, con luz filtrada, sustrato rico y poroso, riego moderado y agua sin exceso de cal. Sus puntas marrones son casi siempre un problema de agua dura o de aire seco, no de riego insuficiente.
En el jardín se comporta como una palmera para climas suaves, del litoral mediterráneo y atlántico templado y de Canarias, con suelo profundo y posición resguardada. Se poda solo lo seco, nunca el cogollo, y se manipula con guantes por las espinas del pecíolo.