Zonas 11-12: hasta 7º
Mucha luz, fuera del sol directo
Sustrato rico, suelto, bien drenado
Riego moderado o escaso
Follaje perenne
Floración: otoño (en exteriores)
Pequeños frutos negros

La falsa aralia es esa planta de silueta finísima y follaje casi negro que parece dibujada a plumilla. Su nombre botánico actual es Plerandra elegantissima, y antes se llamó Dizygotheca elegantissima y Schefflera elegantissima; en los viveros españoles se encuentra con cualquiera de los tres. Es una araliácea endémica de las selvas húmedas de Nueva Caledonia, en el Pacífico Sur, y de ahí vienen sus tres exigencias: mucha luz, calor y humedad ambiental.

Lo que la distingue es la hoja. Es palmeada, con siete a once foliolos muy estrechos, largos y de borde profundamente aserrado, dispuestos en radio como las patas de una araña, de donde le viene el nombre de aralia araña. El color es un verde muy oscuro con reflejos cobrizos o bronce, más intenso en el envés. Se llama falsa aralia porque no pertenece al género Aralia, aunque sí a su familia, la misma que las fatsias y las hiedras.

Un detalle que confunde: cambia de hoja con la edad

Es una planta heterófila. Los ejemplares jóvenes, que son los que se venden como planta de interior, tienen esos foliolos estrechos de pocos milímetros de ancho. Con los años, si la planta llega a tamaño adulto, emite hojas con foliolos mucho más anchos, casi ovalados, y pierde por completo el aspecto filiforme.

Eso desconcierta a quien mantiene la planta durante mucho tiempo y ve aparecer hojas que no se parecen a las originales. No es una enfermedad ni un cambio de variedad: es el paso a la fase adulta. En maceta y en interior el proceso es lento y muchos ejemplares no llegan a darlo.

Luz

Mucha luz, fuera del sol directo. Es probablemente la planta de interior de hoja oscura que más luz agradece. En un rincón sombrío se estira, se despuebla por abajo y acaba con cuatro hojas en lo alto de un palo.

El sitio adecuado es junto a una ventana al este, o cerca de una al sur u oeste con un visillo que filtre. El sol directo quema los foliolos y los deja con manchas pardas. Conviene girar la maceta de vez en cuando para que no se incline.

Riego

Riego moderado o escaso, dejando secar la parte superior del sustrato entre riegos. En primavera y verano, aproximadamente una vez por semana en una casa normal; en invierno, bastante menos. Se riega a fondo, se deja escurrir y se vacía el plato.

Es una planta que castiga los dos extremos y lo hace de la misma forma: soltando hojas. Con exceso de agua las raíces se asfixian, las hojas amarillean desde abajo y caen; con sequía prolongada los foliolos se secan y caen igual. La diferencia está en el sustrato, que hay que tocar antes de decidir.

Humedad ambiental

Aquí está el punto flaco de esta planta en las casas españolas. Viene de una selva húmeda y no lleva bien el aire seco de la calefacción ni las corrientes. La caída masiva de hojas en pleno invierno, con la planta aparentemente bien regada, casi siempre se explica por ahí.

Soluciones que funcionan: bandeja con arcilla expandida húmeda bajo la maceta, agrupar plantas para crear microclima, alejarla de radiadores y de las salidas de aire acondicionado, y no ponerla en el recibidor junto a la puerta de la calle.

Sustrato y trasplante

Sustrato rico, suelto y bien drenado. Sustrato universal de calidad con mantillo o humus, aligerado con perlita y algo de corteza fina o fibra de coco. Debe retener humedad sin apelmazarse.

Se trasplanta cada dos años, en primavera, subiendo poco de tamaño. Es de raíz relativamente delicada, así que se manipula el cepellón lo justo y no se deshace.

Temperatura

Su ficha la sitúa en zonas 11 y 12, con un mínimo en torno a los siete grados. En España eso la deja como planta de interior en casi todo el país. Al aire libre todo el año solo aguanta en Canarias y en enclaves muy resguardados del litoral sur.

Los cambios bruscos son su enemigo. Un traslado del vivero a casa en un día frío, o mover la planta de sitio en pleno invierno, provoca defoliación. Conviene elegir bien la ubicación desde el principio y no andar cambiándola.

Abonado

Abono líquido para plantas verdes cada tres o cuatro semanas de abril a septiembre, a media dosis. En invierno no se abona. El exceso da entrenudos largos y una planta desgarbada, justo lo contrario de la silueta compacta que se busca.

Poda

Tiende a crecer en vertical y a quedarse desnuda por abajo. La poda de formación se hace a finales del invierno o al empezar la primavera: se despuntan los tallos principales para forzar ramificación lateral, cortando por encima de un nudo con tijera limpia.

Los ejemplares muy desangelados admiten un corte más severo sobre madera joven, aunque la respuesta es lenta y la planta tarda en rellenarse. Los recortes con varios nudos sirven de esqueje.

Multiplicación

Por esqueje de tallo en primavera, que es la vía práctica. Se toman puntas de unos diez o quince centímetros, se retiran las hojas inferiores y se plantan en una mezcla ligera de turba y arena, en ambiente cerrado y húmedo, con calor de fondo. Enraízan con relativa facilidad si no falta temperatura.

También se multiplica por semilla, obtenida de esos pequeños frutos negros que produce en exterior, pero en cultivo doméstico casi nunca fructifica.

Floración

Florece en otoño y solo al aire libre, en climas que le permitan alcanzar cierto desarrollo. Emite umbelas de florecillas amarillo verdosas, muy parecidas a las de las fatsias, con las que está emparentada, seguidas de frutos negros pequeños con semillas. En interior es un acontecimiento raro y sin valor ornamental.

Plagas y problemas frecuentes

  • Caída de hojas. El síntoma universal de esta planta. Puede ser frío, corriente de aire, aire seco, cambio de ubicación, exceso o falta de riego. Se diagnostica por descarte, empezando por tocar el sustrato.
  • Araña roja. Muy frecuente, favorecida por el ambiente cálido y seco. En un follaje tan fino cuesta detectarla; deja los foliolos mates, con punteado claro, y telarañas finas entre las hojas.
  • Cochinilla. Tanto algodonosa como de escudo, en pecíolos y tallos. Retirada manual con alcohol.
  • Planta larguirucha y desnuda por abajo. Falta de luz. Se corrige cambiando de sitio y despuntando en primavera.
  • Puntas secas. Aire seco o agua con exceso de sales.

Usos y precauciones

Su gracia es la ligereza. Funciona muy bien como planta aislada sobre fondo claro, donde el follaje oscuro y filiforme se recorta como una silueta, y en composiciones acompañada de plantas de hoja grande y lisa que hagan contraste. Es planta de salón luminoso, no de rincón.

Como otras araliáceas emparentadas con las scheffleras, conviene no ingerir sus hojas ni sus frutos y mantenerla fuera del alcance de mascotas que roan plantas. No tiene uso alimentario.

Merece la pena saber, además, que en Nueva Caledonia la especie se encuentra gravemente amenazada en su hábitat natural, un motivo más para adquirir ejemplares de vivero.

En resumen

La falsa aralia es una planta de interior de gran valor gráfico y exigencias claras: mucha luz sin sol directo, temperatura estable sin corrientes, humedad ambiental y riego moderado dejando secar la superficie del sustrato. Con eso mantiene un follaje denso y oscuro durante años.

Su reacción a cualquier problema es soltar hojas, así que la clave está en elegir bien el sitio y no moverla. En invierno, con calefacción, es cuando más sufre. Si con el tiempo empieza a emitir hojas de foliolos anchos, no es un fallo: está pasando a su fase adulta.


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