Un adulto dormido consume alrededor de quince litros de oxígeno cada hora. Una maceta de potos, en esa misma hora y a oscuras, respira una cantidad que no se mide en litros, sino en unos pocos mililitros. Ahí está, en dos cifras, la respuesta a la vieja advertencia de sacar las macetas del dormitorio antes de acostarse: la planta no compite contigo por el aire porque no juega en la misma escala.

Conviene entender de dónde sale la idea, porque tiene una parte cierta que se ha estirado hasta deformarla. Las plantas sí respiran de noche. Lo que no hacen es respirar lo suficiente como para que importe.

Lo que hace la planta cuando se apaga la luz

La fotosíntesis necesita luz. Con ella, la planta toma dióxido de carbono del aire y agua del sustrato, y fabrica azúcares liberando oxígeno como residuo. En cuanto la habitación se queda a oscuras, ese proceso se detiene por completo: no hay energía que lo mueva.

La respiración celular, en cambio, no se detiene nunca. Es el proceso inverso —quemar esos azúcares con oxígeno para obtener energía— y funciona las veinticuatro horas, también de día, también en la raíz enterrada. De día queda tapada porque la fotosíntesis produce mucho más oxígeno del que la respiración gasta. De noche se ve sola, y de ahí nace el malentendido: la planta pasa a ser consumidora neta de oxígeno.

El detalle que se pierde por el camino es la magnitud. Un ficus o una monstera de salón, con su docena larga de hojas, consume durante toda una noche una cantidad de oxígeno comparable a la que gasta una persona en unos pocos minutos. Un dormitorio corriente de veinte metros cuadrados contiene alrededor de diez mil litros de aire, y ese aire se renueva sin parar por las rendijas de la puerta y de la ventana aunque estén cerradas. Para que un dormitorio bajara de oxígeno por culpa de la vegetación haría falta convertirlo en una selva sellada herméticamente, y aun así el problema llegaría antes por el CO2 que exhalas tú.

Sansevieria de hojas erguidas en maceta junto a una ventana

Las plantas que hacen justo lo contrario

Hay un grupo que invierte el guion. Las suculentas y otras plantas adaptadas a la sequía usan un metabolismo llamado CAM (metabolismo ácido de las crasuláceas): mantienen los estomas cerrados de día para no perder agua con el calor y los abren de noche, cuando el aire está fresco y húmedo. Capturan entonces el CO2 y lo almacenan en forma de ácido málico hasta el amanecer, momento en que lo procesan con la luz.

Practican el CAM la sansevieria (Dracaena trifasciata, la antigua Sansevieria trifasciata), los áloes, las kalanchoes, los cactus de Navidad (Schlumbergera), las echeverias y buena parte de las orquídeas de maceta, incluida la Phalaenopsis. En un dormitorio, estas plantas retiran algo de CO2 mientras duermes en lugar de añadirlo. La cantidad sigue siendo insignificante frente a la respiración humana, pero al menos deja el mito del revés.

El otro mito: la planta que purifica el aire

Aquí conviene ser sincero, porque este bulo mueve dinero. La idea de que unas cuantas macetas limpian el aire de una habitación viene de un estudio de la NASA de 1989 que metía plantas en cámaras selladas de menos de un metro cúbico y medía cómo desaparecían compuestos como el formaldehído o el benceno. En aquel recipiente, cerrado y sin ventilación, la planta y los microorganismos de su sustrato sí retiraban contaminantes de forma medible.

Una casa no es una cámara sellada. Cuando se han rehecho las cuentas trasladando aquellos datos a una habitación real, con su tasa normal de renovación de aire, sale que harían falta del orden de diez a cien plantas por metro cuadrado de suelo para igualar el efecto de abrir una ventana un rato. Abrir la ventana cinco minutos por la mañana hace más por el aire de tu dormitorio que un invernadero entero en la mesilla.

Tener plantas dentro de casa está muy bien por lo que está bien: porque gusta mirarlas y porque cuidarlas ocupa la cabeza. Comprarlas como filtro de aire es pagar por algo que no dan.

Los riesgos que sí existen en un dormitorio

Ninguno tiene que ver con el oxígeno, y todos tienen solución.

El sustrato encharcado. Una maceta que se riega de más y descansa en un plato con agua permanente cría hongos en la superficie de la tierra y suelta esporas al aire de la habitación. En dormitorios poco ventilados —y en el norte peninsular, con inviernos húmedos, esto es fácil— puede molestar a quien tenga asma o rinitis. Riega menos, vacía el plato media hora después de regar y deja que se seque el primer par de centímetros de sustrato entre riegos.

Los mosquitos del sustrato. Las larvas de Bradysia y otros esciáridos viven en tierra permanentemente húmeda y los adultos acaban revoloteando alrededor de la lámpara de noche. Es un problema de riego, no de plaga: seca más el sustrato y desaparecen solos. Una capa de un par de centímetros de arena gruesa o grava fina sobre la tierra corta el ciclo.

Los perfumes intensos. Un jacinto forzado, un jazmín en flor, unos narcisos de racimo (Narcissus tazetta, los llamados paperwhites) o una gardenia pueden llenar de aroma un cuarto cerrado hasta provocar dolor de cabeza. Estas sí conviene sacarlas del dormitorio por la noche, aunque por la nariz y no por los pulmones.

La toxicidad al alcance de la mano. Si en el dormitorio duerme un niño pequeño o entra el gato, importa qué hay en la estantería. Difenbaquia (Dieffenbachia), potos (Epipremnum aureum), filodendros, monstera y espatifilo llevan rafidios de oxalato cálcico: al morderlos producen ardor inmediato, salivación e hinchazón de labios y lengua. Las dracenas, incluida la sansevieria, contienen saponinas que provocan vómitos y babeo en gatos y perros. No es motivo para renunciar a ellas, sí para ponerlas donde no lleguen unas manos ni unos dientes curiosos.

Aspidistra elatior cultivada en maceta en interior

Qué plantas aguantan de verdad un dormitorio

El problema real del dormitorio no es el aire: es la luz. Suele ser la habitación con la persiana más bajada de la casa y con la ventana más pequeña. Elige en consecuencia.

Aspidistra (Aspidistra elatior). La planta de sombra por excelencia en la casa española, capaz de vegetar años en un rincón donde no se puede leer sin encender la luz. Riego escaso, ningún capricho.

Sansevieria (Dracaena trifasciata). CAM, resistente a la sequía y prácticamente indestructible salvo por exceso de agua. En invierno, en un piso sin calefacción nocturna, con un riego al mes va sobrada; un riego semanal en enero le pudre el rizoma y las hojas se abren y caen desde la base.

Zamioculca (Zamioculcas zamiifolia). Rizomas gruesos que almacenan agua; tolera luz escasa y olvidos largos.

Potos (Epipremnum aureum) y cinta (Chlorophytum comosum). Baratas, rápidas y perdonan errores. Con poca luz el potos pierde el jaspeado y saca hojas verdes más pequeñas: no está enfermo, está ahorrando.

Y una recomendación de riego que vale para todas ellas en un dormitorio: en invierno, con calefacción, el aire seco hace que la hoja pida agua pero el sustrato frío tarda mucho más en secarse. Guíate por el peso de la maceta y por el dedo metido en la tierra, nunca por el calendario.

En resumen

Dormir con plantas en la habitación no es malo. Consumen oxígeno de noche, sí, pero en cantidades varios órdenes de magnitud por debajo de las de la persona que duerme al lado, y en un cuarto que se ventila solo por las rendijas. Algunas, como la sansevieria o las orquídeas, hasta capturan CO2 mientras duermes. Tampoco esperes que te limpien el aire: para eso está la ventana. Lo que sí conviene vigilar es el sustrato encharcado, los aromas fuertes en un cuarto cerrado y las especies tóxicas al alcance de niños o mascotas. Con eso resuelto, la maceta se queda donde quieras.


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