La difembaquia (Dieffenbachia) es una de las plantas de interior más vendidas en España y también una de las más malinterpretadas. Es una arácea de los bosques húmedos de América tropical, con un tallo carnoso y erguido rematado por hojas grandes, ovaladas y jaspeadas de crema, blanco o amarillo pálido sobre fondo verde. Ese contraste, distinto en cada cultivar, es todo su valor ornamental: la flor, una espata blanquecina típica de la familia, pasa desapercibida y en cultivo doméstico casi nunca aparece.
Lo que hay que saber antes de nada es que toda la planta es tóxica. Su savia contiene rafidios, cristales de oxalato cálcico en forma de aguja, y enzimas que provocan al masticarla un dolor intenso y una inflamación inmediata de labios, lengua y garganta que puede impedir hablar. De ahí su nombre popular en inglés, caña muda. No es una planta para tener al alcance de niños pequeños ni de mascotas que roan hojas, y se manipula con guantes.
Cómo reconocerla
Tallo grueso, verde y suculento, con las cicatrices anulares de las hojas caídas marcadas como los nudos de una caña. Hojas grandes, con pecíolo envainador y lámina ovalada o lanceolada, brillante, con el patrón de manchas que da nombre a cada variedad.
Con el tiempo pierde las hojas de abajo y se convierte en un tronco desnudo con un penacho arriba. No es una enfermedad, es su forma natural de crecer, y tiene solución que se explica más abajo.
Las especies de referencia en el comercio son Dieffenbachia seguine y Dieffenbachia amoena, y de ellas cuelga un catálogo largo de cultivares. Los que más se ven en los centros de jardinería españoles:
- 'Camilla', de hoja casi entera de color crema con un fino reborde verde.
- 'Tropic Marianne', en la misma línea, de tonos amarillo pálido.
- 'Katherine', compacta y muy jaspeada.
- 'Hilo', de hojas enteramente verdes con los nervios claros.
- 'Tropic Snow' y 'Amoena', de gran tamaño y manchas irregulares blancas.
La regla práctica es que cuanto más blanca es la hoja, más luz necesita la planta y más lento crece, porque tiene menos superficie verde para fotosintetizar.
Luz
Mucha luz, fuera del sol directo. Es una planta de sotobosque tropical: en su hábitat recibe luz filtrada por la copa de los árboles. En casa, cerca de una ventana al este, o a un metro de una al sur u oeste con visillo.
El sol directo a través del cristal decolora y quema las zonas claras de la hoja, que son las más sensibles. La sombra excesiva produce el efecto contrario: las hojas nuevas salen más verdes, pierden el jaspeado y los entrenudos se alargan, con lo que la planta se vuelve larguirucha y se dobla.
Conviene girar la maceta un cuarto de vuelta cada semana, porque se inclina hacia la luz de forma acusada.
Riego
Riego escaso, como recoge su ficha, y esa es una corrección importante respecto a lo que mucha gente supone al ver una planta de hoja grande y tropical. El tallo es carnoso y almacena agua; el sustrato debe secarse en su parte superior antes de volver a regar.
En primavera y verano puede ser una vez por semana en una casa normal, y en invierno cada dos o tres semanas. Siempre agua a temperatura ambiente, y el plato se vacía. El exceso de agua pudre la base del tallo, que se ablanda y se oscurece, y ese daño no se revierte.
La humedad ambiental sí le gusta alta. Con calefacción se le secan los bordes de las hojas. Bandeja con arcilla expandida húmeda o agrupación con otras plantas funcionan mejor que pulverizar.
Sustrato y trasplante
Suelo rico y suelto: sustrato universal de calidad con mantillo o humus, aligerado con perlita y algo de fibra de coco o corteza fina. Debe retener algo de humedad pero drenar deprisa, y no apelmazarse con el tiempo.
Se trasplanta cada uno o dos años, en primavera, subiendo un par de centímetros de diámetro. Es un buen momento para revisar la base del tallo y comprobar que está firme.
Temperatura
Temperatura media y alta. Está cómoda entre los grados normales de una vivienda ocupada y sufre en cuanto la casa se enfría. Los golpes de frío son la causa más común de que una difembaquia sana empiece a soltar hojas amarillas de golpe: un traslado desde el vivero en el maletero en enero, una ventana abierta en invierno o el pasillo junto a la puerta de la calle bastan.
En España solo puede vivir al aire libre todo el año en Canarias y en enclaves muy resguardados del litoral sur. En el resto es planta estrictamente de interior, aunque en verano agradece una temporada en un patio o terraza a la sombra.
Abonado
Abono líquido para plantas verdes cada dos o tres semanas de abril a septiembre, a la dosis recomendada o algo menos. Nada en invierno. Con demasiado abono las hojas salen grandes pero blandas y el jaspeado se difumina.
Poda y rejuvenecimiento
Cuando el tallo se ha quedado desnudo y la planta parece un poste con un ramillete arriba, hay dos caminos, ambos en primavera y ambos con guantes.
- Corte y rebrote. Se corta el tallo dejando entre veinte y treinta centímetros con sustrato. El tocón rebrota desde las yemas laterales, a menudo con dos o tres brotes, y la planta queda mucho más compacta que antes.
- Acodo aéreo. Se hace una incisión en el tallo bajo el penacho de hojas, se envuelve con musgo húmedo y plástico y se espera a que emita raíces. Después se corta por debajo y se planta. Conserva el tamaño de la planta y evita empezar de cero.
La parte cortada no se tira: los trozos de tallo sirven de esqueje.
Multiplicación
Por esquejes de tallo. El tallo se corta en secciones de unos cinco a diez centímetros, cada una con al menos un nudo, se dejan orear un día para que cicatricen y se colocan tumbadas sobre sustrato húmedo y ligero, semienterradas, o de pie respetando la orientación original. Con calor y ambiente húmedo enraízan y brotan en unas semanas.
También se pueden separar los hijuelos que aparecen en la base de las plantas adultas, con raíces propias, en el momento del trasplante. La reproducción por semilla no tiene interés doméstico, porque en cultivo apenas fructifica.
En todas estas operaciones la savia mancha y es irritante. Guantes, herramienta limpia y lavarse las manos al terminar, sin llevarse las manos a los ojos.
Plagas y problemas frecuentes
- Hojas inferiores amarillas. Un par al año es la vida normal de la planta. En cantidad, apunta a exceso de riego o a frío.
- Base del tallo blanda y oscura. Podredumbre por encharcamiento. Se corta por encima de la zona afectada y se reenraíza la parte sana.
- Bordes marrones y secos. Aire seco, corriente de aire o acumulación de sales por agua dura.
- Pérdida del jaspeado. Falta de luz.
- Araña roja. Favorecida por el ambiente cálido y seco; deja punteado claro y aspecto mate.
- Cochinilla algodonosa. En axilas y envés, muy frecuente en esta planta. Retirada manual con alcohol y revisión periódica.
Precauciones
Merece repetirlo. La difembaquia es tóxica por ingestión en todas sus partes, especialmente tallo y hojas, y su savia irrita la piel y sobre todo los ojos. Se coloca en alto o en habitaciones sin acceso para niños pequeños y animales, se poda con guantes y no se deja al alcance ningún trozo cortado. No tiene ningún uso alimentario ni medicinal.
En resumen
La difembaquia da mucho follaje decorativo a cambio de poco: luz abundante pero indirecta, riego escaso dejando secar la capa superior del sustrato, temperatura estable sin corrientes frías y algo de humedad ambiental. Su tendencia a quedarse con el tallo desnudo se corrige podando en primavera, y los recortes sirven directamente como esquejes.
Lo que no admite discusión es su toxicidad. Con guantes al manipularla y colocada fuera del alcance de niños y mascotas es una planta segura y de las más agradecidas para un salón luminoso; sin esas precauciones no es una planta que convenga tener en casa.