El helecho pata de conejo se reconoce sin esfuerzo: unos rizomas gruesos, peludos y de color pardo dorado reptan por la superficie del sustrato y se descuelgan por el borde de la maceta, como patas de animal. De ellos brotan frondas triangulares muy divididas, de un verde claro y textura casi de encaje. La especie que se cultiva en España con ese nombre es Davallia canariensis, conocida en Canarias como cabrinca o cabrina, de la familia de las davalliáceas.
Lo interesante es que no es una planta exótica lejana. Crece de forma silvestre en Canarias y Madeira, y también en el norte peninsular (Galicia, Asturias, norte de Portugal) y en puntos del sur, como el Parque de los Alcornocales, entre Málaga y Cádiz. Vive sobre roca silícea y sobre troncos de alcornoques, encinas, robles, palmeras y árboles de laurisilva. Ese origen epífito y rupícola manda sobre todo lo demás en su cultivo: el rizoma no se entierra nunca.
Cómo reconocerla
El rizoma es la seña de identidad. Mide alrededor de un centímetro de grosor, está cubierto de escamas plateadas o pardas que le dan aspecto de pelaje y crece siempre por fuera del sustrato, ramificándose. De su parte superior salen las frondas, con pecíolo largo y lámina dividida tres o cuatro veces.
En el envés de las frondas fértiles aparecen los soros, agrupaciones de esporangios protegidas por una membrana en forma de bolsillo alargado. Es un helecho, así que no da flores ni frutos: se reproduce por esporas.
Existen otras davallias en el comercio, como Davallia fejeensis o Davallia trichomanoides, con rizomas más finos o más blanquecinos. Todas se cultivan igual, aunque la canariensis es más rústica y tolera mejor el frío suave que las tropicales.
Luz
Mucha luz, fuera del sol directo. En su hábitat vive a la sombra del arbolado o en repisas rocosas orientadas al norte, con luz abundante pero filtrada. En casa, junto a una ventana al este o al norte, o a cierta distancia de una al sur con visillo.
Con sol directo las frondas se decoloran y se queman por los bordes. Con poca luz emite frondas escasas, largas y de color pálido, y el rizoma deja de avanzar.
Riego y humedad
Riego moderado, manteniendo el sustrato fresco sin llegar a empapado. En primavera y verano se riega cuando la superficie empieza a secarse; en invierno se espacia bastante. A diferencia de otros helechos de interior, aguanta bien un cierto secado, y en la naturaleza pasa por periodos secos en los que reduce el follaje.
La mejor manera de regarlo es por inmersión: se sumerge la maceta en un recipiente con agua unos minutos, se saca y se deja escurrir del todo. Así el sustrato se moja de forma uniforme y el rizoma no queda bajo un chorro de agua.
El agua es un punto delicado. Como recuerda su procedencia, sobre suelos silíceos y volcánicos de reacción ácida, no tolera bien la cal. En buena parte de España el agua del grifo es dura, y con el tiempo alcaliniza el sustrato y deja el helecho amarillento y parado. Merece la pena regarlo con agua de lluvia, agua descalcificada o agua embotellada de mineralización débil.
Agradece humedad ambiental alta. En un salón con calefacción se le secan las puntas de las frondas. Bandeja con arcilla expandida húmeda, agrupación con otras plantas o un cuarto de baño con luz son soluciones mejores que pulverizar las hojas.
Sustrato y maceta
Mezcla de arena y turba, tal como indica su ficha, es decir un medio ácido, ligero y muy aireado. Se puede completar con fibra de coco, corteza de pino fina o musgo, buscando que el agua atraviese el cepellón sin quedarse.
La norma que no admite excepción es plantarlo con el rizoma apoyado sobre la superficie, nunca enterrado. Un rizoma cubierto de sustrato húmedo se pudre. Al trasplantar, el cepellón se coloca de modo que los rizomas queden por encima del borde y puedan seguir reptando.
Funciona muy bien en macetas anchas y bajas, en cestas colgantes y en cestas de listones tipo orquídea, e incluso montado sobre un trozo de corteza o de tronco, sujeto con hilo hasta que se agarre, aprovechando su naturaleza epífita. En cesta, con el tiempo los rizomas acaban forrando el recipiente entero.
Temperatura
Temperatura media y alta. En interior está cómodo con las temperaturas normales de una vivienda. Es más rústica que los helechos tropicales y, en las zonas de España sin heladas, se puede tener todo el año al aire libre en un patio a la sombra, en la fachada norte o bajo el arbolado. En el interior peninsular hay que resguardarla en invierno.
Detesta las corrientes de aire seco y la proximidad de radiadores, que le queman las frondas.
Abonado
Poco y flojo. Un abono líquido para plantas verdes a un tercio o la mitad de la dosis, una vez al mes de abril a septiembre. Los helechos son sensibles a la salinidad, y un abonado fuerte se traduce en puntas quemadas. En invierno no se abona.
Poda y mantenimiento
Se limita a retirar las frondas secas o amarillas, cortándolas por la base del pecíolo. No se cortan los rizomas para "ordenar" la planta, porque son el órgano de reserva y la vía de crecimiento; si sobresalen demasiado, lo que se hace es pasar la planta a una maceta más ancha o dejar que cuelguen.
Si tras un periodo de sequía o de frío pierde buena parte de las frondas, no hay que dar la planta por perdida. Mientras el rizoma esté firme y no blando, rebrota al recuperar riego y temperatura.
Multiplicación
Por división de rizoma, que es lo práctico. En primavera se corta con un cuchillo limpio un trozo de rizoma de varios centímetros que tenga al menos una o dos frondas, se apoya sobre sustrato ligero y húmedo en una maceta pequeña y se sujeta con una horquilla para que no se mueva. Se mantiene en ambiente húmedo y a la sombra hasta que emita raíces y frondas nuevas.
También se multiplica por esporas, recogidas de los soros maduros y sembradas sobre sustrato estéril en recipiente cerrado. Es un proceso lento, de meses, y más propio de aficionados a los helechos que de un cultivo doméstico corriente.
Al ser una especie que crece de forma silvestre en España, conviene decirlo con claridad: los ejemplares se compran en vivero. No se recolectan del campo ni se arrancan rizomas de troncos o roquedos.
Plagas y problemas frecuentes
- Puntas y bordes secos. Aire demasiado seco, agua dura o exceso de abono. Es el problema más habitual en interiores con calefacción.
- Frondas amarillas y crecimiento parado. Casi siempre exceso de cal en el agua o en el sustrato.
- Rizoma blando y oscuro. Se ha enterrado o el sustrato está encharcado. Se corta lo podrido y se replanta lo sano en superficie.
- Cochinilla. Se esconde entre las escamas del rizoma, donde pasa desapercibida. Revisar de vez en cuando y retirarla con un bastoncillo y alcohol.
- Araña roja. Aparece cuando el ambiente es muy seco; deja las frondas mates y con punteado.
En resumen
La cabrinca o helecho pata de conejo es un helecho epífito ibérico y macaronésico que se cultiva bien en interior si se respeta lo esencial: rizoma siempre por encima del sustrato, mezcla ácida y aireada de arena y turba, luz abundante sin sol directo y riego moderado por inmersión.
Su punto débil en España es el agua caliza, que lo amarillea poco a poco, y el aire seco de la calefacción, que le quema las puntas. A cambio es más resistente que la mayoría de helechos de interior, tolera cierta sequía, se multiplica con facilidad dividiendo el rizoma y resulta espectacular montado en cesta colgante o sobre corteza, dejando que sus rizomas peludos hagan lo suyo.