El collar de perlas es una suculenta colgante de hojas esféricas ensartadas en tallos finísimos, como si alguien hubiera enhebrado guisantes verdes. Su nombre botánico hoy es Curio rowleyanus, aunque durante décadas se conoció, y se sigue vendiendo, como Senecio rowleyanus. Es una asterácea del sur de África, de zonas áridas, donde crece rastrera entre rocas y aprovecha las grietas para anclarse.
Lo que la distingue de cualquier otra colgante de interior es la forma de la hoja y una línea traslúcida que recorre cada perla. No es un adorno: es una ventana epidérmica que deja pasar la luz al interior de la hoja, de modo que la fotosíntesis se produce dentro del tejido y la planta puede reducir al mínimo la superficie expuesta al sol. Esa arquitectura explica por qué tolera la sequía y por qué el exceso de agua la revienta en cuestión de días.
Cómo reconocerla
Los tallos son delgados, colgantes, y pueden alcanzar bastante longitud en un ejemplar bien llevado. Las perlas miden alrededor de medio centímetro, son casi esféricas y terminan en una punta diminuta. Al arrancar una hoja o cortar un tallo aparece un látex claro.
Florece en invierno, con capítulos pequeños, blancos y de aspecto de borla, con los estambres sobresaliendo y un aroma que recuerda a la canela. Al fructificar da vilanos, esos papus de pelillos que dispersa el aire, como los del diente de león.
Comparte género con otros collares suculentos: Curio herreianus, con hojas ovaladas y estriadas que parecen sandías en miniatura; Curio citriformis, de hojas en forma de limón o lágrima; y Curio radicans, con hojas alargadas y curvas como plátanos diminutos. Los cuidados son prácticamente idénticos en todos ellos.
Luz
Mucha luz fuera del sol directo. En interior conviene el sitio más luminoso posible, junto a una ventana al este o cerca de una al sur con visillo. En sombra los tallos se estiran, la distancia entre perlas aumenta y la planta pierde el aspecto de collar denso que se le pide.
El sol directo de mediodía en verano, especialmente a través de un cristal, quema las perlas y las deja con manchas marrones translúcidas. Al aire libre, en terraza y en clima mediterráneo, se coloca a media sombra o bajo malla, nunca a pleno sol de julio.
Riego
Riego escaso y espaciado, esperando a que el sustrato se seque por completo. En primavera y verano puede ser cada dos o tres semanas, y en invierno bastante menos, sobre todo si la planta está en un sitio fresco. Se riega a fondo y se deja escurrir; nada de dar sorbitos frecuentes, que mantienen el cepellón húmedo sin llegar a empapar las raíces profundas.
La planta avisa. Las perlas arrugadas, algo blandas y con la punta hundida indican sed y se recuperan en un día tras un riego. Las perlas amarillentas, transparentes o que estallan al tocarlas indican lo contrario, exceso de agua, y ahí ya no hay marcha atrás para esos tallos.
Al regar hay que evitar mojar las perlas y el punto donde los tallos tocan el sustrato, que es por donde empieza la podredumbre. Regar por el borde de la maceta o desde el plato, retirando el sobrante, resuelve el problema.
Sustrato y maceta
Sustrato para cactus y suculentas, tal como indica su ficha, o sustrato universal aligerado con arena gruesa y perlita hasta que quede claramente mineral. Un acolchado de gravilla en la superficie ayuda a que los tallos no reposen sobre tierra húmeda.
Las raíces son superficiales y poco voluminosas, así que la maceta debe ser ancha y poco profunda, con buen drenaje. Las macetas colgantes de barro funcionan mejor que las de plástico cerrado. Se trasplanta poco, cada dos o tres años, y siempre en primavera.
Temperatura
Su ficha la sitúa en zonas 10 a 12, con un mínimo en torno a los dos grados. En España eso significa que puede vivir todo el año al aire libre en Canarias, en zonas resguardadas del litoral mediterráneo y en el sur, y que en el resto del país es planta de interior o de terraza que se entra en invierno. El frío con el sustrato húmedo es una combinación letal.
Tolera bien el aire seco de las casas con calefacción, cosa poco frecuente entre las plantas de interior, y por eso funciona donde los helechos fracasan.
Abonado
Muy poco. Un abono para cactus y suculentas a media dosis, una vez al mes entre abril y septiembre, y nada durante el otoño y el invierno. Un exceso de nitrógeno produce perlas grandes pero blandas, tallos espaciados y una planta que se rompe con solo tocarla.
Poda y mantenimiento
Con el tiempo la parte alta del tallo se queda pelada mientras el extremo colgante sigue lleno de perlas, y la planta acaba pareciendo un puñado de cuerdas. El remedio es podar los tallos largos y usar los recortes para rellenar la propia maceta: se colocan sobre el sustrato en la zona despoblada, se sujetan con una horquilla y enraízan en poco tiempo.
Ese ciclo de recorte y relleno es la forma normal de mantener un collar de perlas denso durante años. También conviene retirar los tallos secos y las perlas arrugadas del interior de la mata.
Multiplicación
Es de las suculentas más fáciles de multiplicar. Se cortan trozos de tallo de unos diez centímetros, se dejan orear un día para que cicatrice el corte y se apoyan tumbados sobre sustrato apenas húmedo, enterrando ligeramente algunos nudos. No hace falta enterrarlos de pie ni usar hormonas.
Enraízan por los nudos en dos o tres semanas con temperatura suave. La primavera es la mejor época. La multiplicación por semilla es posible pero lenta y sin ventajas prácticas.
Plagas y problemas frecuentes
- Podredumbre de tallo. El problema principal, siempre por agua. Los tallos se ponen marrones y blandos en el punto de contacto con el sustrato. Se corta por encima de la zona afectada y se reenraíza lo sano.
- Cochinilla algodonosa. Se esconde entre las perlas y en las axilas, donde es difícil de ver. Se trata con un bastoncillo humedecido en alcohol y revisiones frecuentes.
- Tallos largos con perlas separadas. Falta de luz. Se corrige cambiando de sitio y recortando.
- Perlas con manchas marrones traslúcidas. Quemaduras de sol directo tras un cambio brusco de ubicación.
- Caída de perlas al mover la planta. Normal en cierta medida, pero excesiva si el sustrato está encharcado o la planta viene de un transporte en frío.
Precauciones
El collar de perlas es tóxico por ingestión. Toda la planta, incluidas las perlas y el látex de los tallos, debe mantenerse fuera del alcance de niños, perros y gatos, y las perlas tienen justamente el aspecto de algo comestible. El látex también puede irritar la piel y los ojos, así que conviene lavarse las manos después de podar o hacer esquejes. No tiene ningún uso alimentario.
Usos
Es una planta de maceta colgante, de estantería alta o de repisa, donde los tallos puedan caer libremente. Combina bien con otras suculentas de textura distinta, como Crassula, Echeveria o los otros collares del género Curio, en composiciones de sustrato mineral. En terrazas mediterráneas resguardadas se usa en jardineras colgadas a media sombra.
En resumen
El collar de perlas es una suculenta sudafricana que pide mucha luz indirecta, sustrato mineral y muy poca agua. Sus hojas esféricas con ventana traslúcida son un mecanismo de ahorro de agua, y de ahí que tolere el aire seco de las casas y no tolere en absoluto el encharcamiento.
Casi todos sus problemas se resumen en dos: regar de más, que pudre los tallos desde la base, y luz de menos, que separa las perlas y deshace el efecto de collar. Se renueva sola con facilidad, porque cada recorte enraíza apoyado sobre el sustrato. Eso sí, conviene recordar que es tóxica si se ingiere y colocarla donde no lleguen niños ni mascotas.