El nombre científico de la especie más vendida del género avisa de lo que hay: Allamanda cathartica. El epíteto no es un adorno botánico, describe el efecto purgante violento que produce su savia si alguien la ingiere. Antes de hablar de flores conviene tener eso presente, porque de esta planta se corta, se poda y se hacen esquejes, y cada corte suelta un látex blanco pegajoso.
Toxicidad: lo que hay que saber antes de comprarla
Todas las partes de la Allamanda —hojas, tallos, flores y sobre todo el látex— son tóxicas por ingestión y el látex es además irritante por contacto. La familia a la que pertenece, las apocináceas, es la misma de la adelfa y la vinca, y comparte con ellas la mala fama por buenos motivos.
En la práctica doméstica esto significa tres cosas concretas. Pode siempre con guantes y lávese las manos después: el látex sobre la piel provoca dermatitis de contacto en personas sensibles, y llevado a los ojos causa una conjuntivitis dolorosa. No la deje al alcance de niños pequeños ni de perros o gatos con costumbre de mordisquear hojas; la ingestión provoca vómitos, diarrea intensa y dolor abdominal. Y si alguien la ingiere, llame al Instituto Nacional de Toxicología (91 562 04 20, 24 horas) o acuda a urgencias con una muestra de la planta.
Dicho esto, no es una planta que haya que temer. Se maneja igual que se maneja una adelfa en un jardín mediterráneo: con guantes y con la cabeza. Su fama medicinal antigua como purgante pertenece a la etnobotánica y no tiene ningún uso defendible hoy; la dosis que purga y la que intoxica están demasiado cerca.
Cómo es la planta de verdad
La Allamanda es un arbusto sarmentoso de origen tropical americano, con el centro de distribución en Brasil y el norte de Sudamérica. Se la etiqueta como trepadora, pero no lo es en sentido estricto: no tiene zarcillos ni raíces adventicias. Lo que hace es emitir tallos largos y flexibles que se apoyan en la vegetación vecina y se enganchan por el propio peso y el roce. En cultivo, si quiere una planta trepadora, tendrá que atarla usted a una guía, un enrejado o un aro de mimbre. Si no la ata, se comporta como un arbusto desgarbado de metro y medio.
Las hojas son coriáceas, de un verde oscuro brillante, lanceoladas, de 6 a 14 cm, y nacen en verticilos de tres o cuatro alrededor del tallo, un detalle que la identifica de inmediato. Es perennifolia mientras haga calor; con frío puede desprenderse de parte del follaje, y eso no significa que esté muerta.
La flor es el motivo por el que se cultiva: una corola tubular que se abre en cinco lóbulos, con la garganta ancha, de entre 7 y 12 cm de diámetro, en amarillo dorado intenso en A. cathartica. Aparecen en racimos terminales y se van sucediendo desde finales de primavera hasta bien entrado el otoño, siempre que la planta tenga calor y luz.
Las tres especies que va a encontrar
Allamanda cathartica es la clásica, la de flor amarilla grande y porte más largo; el cultivar 'Hendersonii' tiene la flor más gruesa y algo de bronce en el capullo, y 'Grandiflora' es de crecimiento más contenido.
Allamanda blanchetii —que en viveros y etiquetas antiguas aparece todavía como A. violacea— da flores de un rosa vinoso oscuro, algo más pequeñas, sobre hojas más mates y algo pubescentes. Es la más lenta de las tres y la que peor lleva el frío.
Allamanda schottii, a veces vendida como A. neriifolia, es la opción sensata para maceta de interior: arbustiva de verdad, compacta, de 60 a 120 cm, con flores amarillas más pequeñas rayadas de naranja en la garganta. Si en la etiqueta pone «arbustiva» y la planta llega ya ramificada desde la base, casi seguro que es esta, y le va a dar menos trabajo de conducción que la cathartica.
Dónde puede vivir en España
Conviene ser franco con esto, porque aquí se decide si la planta llega a la primavera siguiente. La Allamanda es una planta tropical estricta: se para por debajo de 15 °C, sufre daño foliar hacia los 10 °C y una helada, aunque sea de una noche, la mata.
Al aire libre todo el año solo prospera en las Canarias, en la franja costera de Málaga y Granada, en puntos abrigados del litoral de Alicante y Murcia y en microclimas urbanos protegidos. En el resto de la Península es planta de invernadero templado, galería acristalada o interior muy luminoso, con salida a la terraza entre mayo y octubre. En Madrid, Zaragoza, Valladolid o el interior de Andalucía, plantarla en el jardín es tirar el dinero.
Y dentro de casa hay otra frontera: la luz. La Allamanda florece con sol directo o al menos seis horas de luz muy intensa. En un salón corriente, a dos metros de la ventana, la planta vive, alarga sus tallos, saca hojas verdes preciosas y no da ni una flor. Quien la compra en flor en el vivero y la coloca en un rincón bonito está comprando, en realidad, un ramo caro que dura tres semanas.
Riego y humedad
Durante el crecimiento, de abril a septiembre, quiere el sustrato constantemente fresco pero nunca encharcado. En una maceta de 25 cm al sol de julio en Levante eso puede ser un riego diario. La señal de sed es que las hojas pierden rigidez a media tarde; la de exceso es el amarilleo generalizado desde abajo con la tierra pesada al levantar la maceta.
En invierno el planteamiento se invierte por completo. Con temperaturas de 15 a 18 °C la planta está semiparada, y el agua que no consume se queda en el sustrato y pudre las raíces gruesas. Riegue solo cuando los tres o cuatro centímetros superiores estén secos, quizá una vez cada diez o quince días, y vacíe siempre el plato. Regar en enero al ritmo de julio es lo que se lleva por delante las plantas que habían pasado el verano espléndidas.
El agua conviene que sea blanda o al menos de dureza media. Con agua muy calcárea aparece clorosis férrica —hojas amarillas con los nervios marcados en verde—, corregible con un quelato de hierro EDDHA disuelto en el riego a principios de primavera, pero mejor prevenida con agua de lluvia u osmotizada.
Agradece humedad ambiental alta, por encima del 60 %. Con calefacción y aire seco entra la araña roja casi sin falta.
Sustrato, maceta y abonado
Sustrato fértil, suelto y ligeramente ácido, con pH entre 5,5 y 6,5. Una mezcla que funciona: dos partes de sustrato universal de calidad, una de fibra de coco y una de perlita, con un puñado de compost o de estiércol muy maduro. El drenaje no es negociable; en tierra compacta las raíces se asfixian.
Trasplante en marzo o principios de abril, cada dos años, subiendo un solo número de maceta. Es una planta que agradece cierta contención radicular: en un tiesto demasiado grande dedica todo su esfuerzo a hacer raíz y madera, y retrasa la floración.
Come mucho durante la temporada de flor. Un abono líquido para plantas de floración, rico en potasio y fósforo, cada quince días de abril a septiembre, a la dosis de la etiqueta. Nada de abono entre octubre y marzo. El exceso de nitrógeno produce exactamente lo que no se quiere: tallos largos, hojas grandes y ninguna flor.
Poda: la decisión que determina si florece
Este es el punto donde se juega la temporada. La Allamanda florece sobre el crecimiento del año, en los brotes nuevos. Por tanto la poda fuerte se hace al final del invierno, en febrero o principios de marzo, justo antes de que arranque la vegetación, y no en otoño ni en pleno verano.
Acorte los tallos del año anterior dejando entre un tercio y la mitad de su longitud, con corte limpio por encima de un verticilo de hojas o de una yema. Retire lo seco, lo enclenque y lo que se cruce hacia el interior. Suena drástico y da apuro la primera vez, pero una planta sin podar se convierte en una maraña de tallos largos con las hojas y las pocas flores concentradas en las puntas, lejos de la vista. Podada, rebrota desde abajo y florece de arriba abajo.
Recuerde los guantes: una poda de este calibre suelta bastante látex. Y no deje los restos al alcance de mascotas.
Multiplicación
Por esquejes semileñosos de 10 a 15 cm tomados en primavera o principios de verano, de brotes del año que ya no estén completamente tiernos. Corte por debajo de un nudo, deje escurrir o enjuague el látex bajo el grifo hasta que deje de manar y seque la base con papel, porque si no el látex coagulado sella el corte y bloquea el enraizamiento.
Quite las hojas inferiores, deje dos o tres arriba reducidas a la mitad, aplique hormona de enraizamiento y entierre en perlita con turba o en fibra de coco. Necesita calor de fondo, entre 22 y 25 °C, y ambiente saturado bajo plástico o campana. Enraíza en cuatro a seis semanas. Sin calor en la base, los esquejes se pudren antes de emitir raíz: en un alféizar de marzo la tasa de éxito es baja, en un propagador con manta térmica es alta.
Plagas y trastornos habituales
La mosca blanca es su plaga estrella bajo cubierta: nubes de adultos al mover la planta y melaza pegajosa con negrilla en las hojas de abajo. Trampas cromáticas amarillas para detectarla pronto y jabón potásico o aceite de neem en aplicaciones repetidas cada siete días, insistiendo en el envés.
La araña roja aparece con aire seco y calor: punteado plateado, hojas apagadas y telarañas finas en las axilas. Subir la humedad y lavar el envés a presión frena el brote.
La cochinilla algodonosa se esconde en los verticilos y en el cruce de tallos; alcohol de 70° con un bastoncillo y revisión semanal.
Entre los trastornos no parasitarios, la caída súbita de hojas suele deberse a una corriente de aire frío, a un cambio brusco de ubicación o a un riego con agua muy fría. La ausencia de flor con planta vigorosa apunta casi siempre a falta de luz o a exceso de nitrógeno. Y las hojas amarillas de abajo con la tierra siempre húmeda señalan asfixia radicular: deje secar, revise el drenaje y, si hace falta, trasplante retirando el sustrato empapado.
En resumen
La Allamanda ofrece flores tubulares grandes durante media temporada a cambio de tres condiciones innegociables: luz muy fuerte, calor por encima de 15 °C todo el año y una poda de renovación a finales de invierno, porque solo florece sobre madera del año. Riegue con generosidad de abril a septiembre y con cuentagotas en invierno, abone quincenalmente en flor y no la abone en absoluto en reposo. Elija A. schottii si la quiere compacta en maceta y A. cathartica si tiene una pared soleada donde atarla. Y trabaje siempre con guantes: el látex irrita la piel y toda la planta es tóxica si se ingiere, tanto para personas como para perros y gatos.