El cojín de nieve es esa bola de ramillas plateadas, casi blancas, que aparece en los centros de jardinería a partir del otoño y que parece un ovillo de alambre fino. Su nombre botánico actual es Leucophyta brownii; durante mucho tiempo se llamó Calocephalus brownii, y bajo ese nombre se sigue etiquetando en muchos viveros. Es una asterácea endémica de las costas del sur de Australia, donde vive expuesta al viento salino sobre suelos arenosos y pobres.
Lo que la distingue no es la hoja sino el tallo. Las hojas están reducidas a escamas diminutas y pegadas al tallo, de modo que el volumen plateado de la planta lo forman las propias ramillas, cubiertas de una felpa blanca que refleja la luz. Esa felpa es un mecanismo de defensa contra la insolación fuerte, el calor y los aerosoles marinos, y es la razón de que aguante situaciones donde otras plantas de follaje gris se rinden.
Cómo reconocerla
Forma una mata redondeada y muy densa, de ramificación finísima y color blanco plateado uniforme, sin brillos verdes. Al tacto es rígida y áspera, nada que ver con la suavidad aterciopelada de un Senecio cineraria o de una Stachys byzantina, con los que se confunde de lejos.
En verano produce capítulos pequeños, redondeados y de color amarillento o crema, en el extremo de las ramillas. Tienen poco peso decorativo comparado con el follaje, y de hecho muchos jardineros los recortan para mantener limpia la silueta. Al fructificar da aquenios, los frutos secos con una sola semilla típicos de las compuestas.
Una planta de exterior que se vende como interior
Aquí está la clave para no fracasar con ella. El cojín de nieve se comercializa entre plantas de temporada y de interior, pero es un arbusto de costa hecho para el sol, el viento y el aire seco. Dentro de casa, en un ambiente cálido y con poca ventilación, se apaga en pocas semanas: pierde el blanco, las ramillas del interior se ennegrecen y la mata se abre por el centro.
Si se compra para decorar el interior, lo razonable es tratarla como un elemento temporal de unas pocas semanas y sacarla después a un balcón, terraza o jardín. Donde de verdad da lo mejor de sí es al aire libre, en maceta o en el suelo.
Luz y ubicación
Pleno sol o sombra parcial, con preferencia clara por el sol. En sombra pierde compacidad, se estira y el blanco se vuelve gris sucio. En una terraza orientada al sur, incluso con el sol de verano de Levante o Andalucía, aguanta sin quemarse siempre que tenga las raíces frescas y no le falte drenaje.
Tolera muy bien el viento y la salinidad, así que es una de las plantas de más recorrido en jardines de primera línea de playa, terrazas expuestas y azoteas, donde tantas otras se achicharran con la brisa marina.
Riego y sustrato
Riego escaso. Es un arbusto de suelos arenosos y drenantes, y muere mucho más por sobra de agua que por falta. Se riega cuando el sustrato está seco, con moderación, y en invierno prácticamente no se riega si está al aire libre.
El sustrato admite cualquier mezcla siempre que drene bien, incluso caliza, lo que la hace fácil en buena parte de España, donde el suelo alcalino condiciona la elección de plantas. Una mezcla de sustrato universal con arena gruesa o grava fina a partes iguales va sobrada. En el suelo del jardín conviene plantarla en zonas elevadas o en pendiente, y nunca en una hondonada donde se acumule el agua de lluvia.
El error más frecuente en el interior peninsular es el invierno húmedo con la maceta a la intemperie: el frío en seco lo lleva bien, el frío con el cepellón empapado la mata.
Temperatura
Su ficha la sitúa en zonas 9 a 12, con tolerancia hasta unos cuatro grados bajo cero. En la práctica se comporta bien en todo el litoral mediterráneo, el sur, el litoral atlántico templado y Canarias, y en el interior peninsular sufre con las heladas repetidas. En Madrid, Castilla o el valle del Ebro se cultiva en maceta para poder arrimarla a una pared o entrarla en un porche durante las olas de frío.
Poda
Se recorta en primavera, con tijera, para mantener la forma redondeada y forzar ramificación. La regla importante es no cortar en madera vieja y desnuda, porque rebrota mal o no rebrota. Se pinza siempre sobre la parte joven y con ramillas, sin buscar rejuvenecimientos drásticos.
Con los años tiende a abrirse por el centro y a perder densidad. Cuando eso pasa, y ya no lo arregla el recorte, lo práctico es sustituirla por una planta nueva obtenida de esqueje. No es una especie de larga vida en cultivo.
Abonado
Muy poco. Viene de suelos pobres y el exceso de nutrientes le produce brotes largos, blandos y de color deslucido, además de hacerla más sensible a los hongos. Con un abono de liberación lenta al empezar la primavera, a dosis baja, va servida. En el suelo del jardín no necesita nada.
Plagas y problemas frecuentes
- Podredumbre de cuello y raíz. El problema real de esta planta, causado por sustrato que retiene agua, riego frecuente o macetas sin drenaje. La mata se oscurece desde el interior hacia fuera y no se recupera.
- Ramillas negras en el centro. Falta de aire y de luz en el interior de la mata, habitual en ejemplares muy densos o mantenidos en interior. Se aclara con tijera y se mejora la ventilación.
- Pérdida del blanco. Poca luz, exceso de abonado o riego demasiado generoso.
- Pulgón. Puntual en brotes tiernos de primavera, sin mayor importancia.
Comparada con otras plantas de follaje plateado, es notablemente poco atacada por insectos. Casi todo lo que le pasa tiene que ver con el agua.
Multiplicación
Por esqueje semileñoso en verano o a finales de la primavera. Se cortan ramillas de unos ocho o diez centímetros, se despeja la base y se clavan en una mezcla muy arenosa, apenas húmeda, a la sombra y con buena ventilación. Enraízan sin excesiva dificultad y son la forma habitual de renovar los ejemplares viejos.
La siembra a partir de aquenios es posible pero poco práctica en casa, y no garantiza la uniformidad de porte y color de las plantas de vivero.
Usos en el jardín
Su papel es el de color y textura. El blanco plateado hace de separador entre floraciones fuertes y da luz a las composiciones de otoño e invierno, cuando la mayoría de las plantas de temporada tiran a verde oscuro. Funciona muy bien en:
- Macetas y jardineras de invierno junto a pensamientos, ciclámenes o brezos.
- Jardines de costa, en primera línea, con lavandas, romeros, Limonium y gramíneas.
- Rocallas y jardines de grava en clima mediterráneo.
- Bordes bajos y macizos, plantada en grupos, aprovechando su forma esférica.
En su Australia natal se emplea para marcar el trazado de senderos en jardines de costa, porque el follaje blanco se distingue de noche con la luz de la luna. Es una idea que funciona igual de bien en una terraza mediterránea.
En resumen
El cojín de nieve es un arbusto costero australiano de follaje plateado que se vende como planta de temporada y que rinde de verdad al aire libre, a pleno sol y con muy poca agua. Tolera el viento, la sal y los suelos calizos, y por eso resuelve situaciones difíciles en terrazas y jardines de litoral.
Sus dos límites son el exceso de humedad, que le pudre el cuello, y las heladas fuertes y repetidas del interior peninsular. No es una planta de larga vida ni rebrota bien de madera vieja, así que conviene recortarla en primavera sobre tejido joven y renovar los ejemplares por esqueje cuando empiezan a abrirse.