Temperatura media y alta
Sol o mucha luz
Tierra de cactus, bien drenada
Riego escaso
Hoja perenne
Flor: verano, en ejemplares adultos
Pequeños frutos con semillas

Beaucarnea recurvata es la planta que casi todo el mundo conoce como pata de elefante o nolina, y que en los viveros se etiqueta a veces como palmera cola de caballo. No es ni palmera ni caballo ni pata de nada: es una asparagácea originaria del este de México, de los estados de Veracruz, Tamaulipas y San Luis Potosí, donde vive en laderas secas y pedregosas con estaciones muy marcadas.

Lo que la distingue es el caudex, esa base ensanchada y con la corteza agrietada que almacena agua y le permite pasar meses de sequía. De ahí sale un tronco esbelto rematado por un penacho de hojas acintadas, largas, correosas y arqueadas hacia abajo. Ese caudex condiciona todo su cultivo: la planta está construida para aguantar la falta de agua, no el exceso, y ese es el único error que de verdad la mata.

Cómo reconocerla

El ejemplar joven que se vende en maceta suele ser una bola leñosa del tamaño de un puño o de un melón, con uno o varios troncos cortos y una cabellera de hojas verde grisáceas que cuelgan alrededor. Las hojas son estrechas, planas, de borde algo áspero, y se van secando por abajo mientras la planta crece por arriba, igual que hacen las palmeras.

Con muchos años el tronco se alarga y se ramifica, y el caudex adquiere un aspecto de piedra agrietada. En España hay un ejemplo espectacular en la Universidad Miguel Hernández de Elche, en Alicante, un ejemplar monumental de varios siglos que se trasplantó desde la pedanía de La Hoya en 2008 y que da idea de hasta dónde puede llegar la especie en un clima que le va bien.

Es fácil confundirla con otras beaucarneas de comercio, como Beaucarnea guatemalensis, de hojas más rígidas y a veces rojizas al brotar. La recurvata se reconoce por sus hojas claramente colgantes y flexibles.

Luz

Sol o mucha luz. Es la planta de interior que más agradece la ventana más luminosa de la casa, orientación sur o oeste, sin visillo. En sombra se estira, las hojas pierden rigidez y color, y el caudex deja de engordar, que es justo lo que se busca en ella.

En verano gana mucho si se saca a una terraza o balcón, pero la aclimatación tiene que ser gradual: un ejemplar acostumbrado a interior puede quemarse en dos tardes de sol de julio. Se deja primero unos días a media sombra y se va exponiendo poco a poco.

Riego, el punto crítico

Riego escaso. En primavera y verano, un riego abundante cuando el sustrato esté seco de arriba abajo, no solo en la superficie. Entre riego y riego pueden pasar diez o quince días en una casa normal, y bastantes más si la maceta es grande. En otoño e invierno se reduce a lo mínimo, una vez al mes o incluso menos si la planta está en un sitio fresco.

La señal de exceso de agua es un caudex que se ablanda, se arruga en falso o huele a fermentado, y hojas que amarillean desde la base en masa. Cuando la podredumbre llega al centro del caudex la planta ya no se recupera, así que más vale quedarse corto. El plato bajo la maceta se vacía siempre.

La señal de falta de agua es distinta y mucho menos grave: puntas secas y hojas que se afinan y se pliegan. Se corrige con un riego a fondo.

Sustrato y maceta

Tierra de cactus bien drenada, o una mezcla propia de sustrato universal con arena gruesa de río y grava fina o puzolana, al menos a partes iguales. Nada de sustratos que retengan agua ni de turbas puras, que se apelmazan.

La maceta debe ser justa, con agujeros generosos y mejor de barro que de plástico, porque el barro transpira y ayuda a que el cepellón se seque entre riegos. Una maceta demasiado grande mantiene húmeda la tierra que la planta no ocupa, y ahí empiezan los problemas. El trasplante se hace cada tres o cuatro años, a principios de primavera, subiendo poco de tamaño.

Temperatura e invierno

Temperatura media y alta durante el periodo de crecimiento. Agradece un invierno más fresco y seco, que es lo que tiene en su hábitat, y en esas condiciones apenas pide agua. No es planta para pasar el invierno en el alféizar de una ventana que se abre a diario ni junto a una puerta con corrientes frías.

En España se cultiva al aire libre en el litoral mediterráneo, el sureste peninsular, el sur y Canarias, donde el invierno es suave y el suelo drena bien. En el interior peninsular, con heladas repetidas, lo sensato es tenerla en maceta y guardarla bajo techo desde octubre. El frío húmedo le hace más daño que el frío seco.

Abonado

Poco y espaciado. Un abono para cactus y suculentas, bajo en nitrógeno, una vez al mes de abril a septiembre. Nada en invierno. Sobrealimentarla produce hojas largas y blandas y un crecimiento desgarbado, que es lo contrario de la silueta compacta que hace bonita a esta planta.

Poda

Prácticamente no se poda. Se retiran las hojas secas de la parte baja tirando de ellas con suavidad o cortándolas a ras del tronco. Las puntas secas se pueden recortar siguiendo el perfil de la hoja, con tijera limpia, para que no quede un corte recto que canta.

Cortar el ápice de crecimiento es la única forma de que ramifique, y se usa cuando se quiere un ejemplar con varias cabezas. Es una decisión irreversible y la planta tarda en responder, así que conviene pensárselo. Nunca se corta a un ejemplar joven que todavía está engordando el caudex.

Floración

Florece en verano y solo en ejemplares adultos, que en maceta puede significar no florecer nunca. Cuando lo hace emite una panícula muy ramificada con centenares de florecillas pequeñas de color crema, seguidas de frutos secos con semillas. Es dioica, con pies masculinos y femeninos, de modo que para obtener semilla viable hacen falta dos ejemplares.

Plagas y problemas frecuentes

  • Podredumbre del caudex. El problema grave, siempre por riego excesivo, sustrato que no drena o maceta sin agujeros. Si se detecta pronto se puede intentar sacar la planta, limpiar lo blando hasta tejido sano, dejarla secar varios días y replantar en sustrato muy arenoso.
  • Cochinilla algodonosa. Se instala en la base del penacho, entre las hojas jóvenes, donde es difícil de ver. Se retira con un bastoncillo y alcohol.
  • Araña roja. Aparece con ambiente muy seco y caliente; deja las hojas mates y con punteado claro.
  • Puntas marrones. Habituales y en general sin importancia: aire seco, agua muy dura o acumulación de sales. Se puede lavar el cepellón con un riego abundante de vez en cuando.
  • Hojas pálidas y flácidas. Falta de luz. Es el resultado de tenerla en un rincón oscuro por decoración.

Multiplicación

Por semilla, sembrada en primavera en sustrato arenoso y con calor. Germina bien pero el crecimiento es lento, y hacen falta años para tener una planta con caudex reconocible.

Algunos ejemplares emiten hijuelos en la base del caudex, que se pueden separar con un trozo de tejido y enraizar en arena, aunque el porcentaje de éxito es irregular. No se multiplica por esqueje de hoja ni por trozos de tronco.

Usos

En interior funciona como planta escultórica de un solo ejemplar, mejor sola y en un sitio muy luminoso que en un grupo. Aguanta bien las casas con calefacción, los descuidos de riego y las ausencias largas, lo que la hace una de las pocas plantas grandes de verdad tolerantes al abandono. En jardín mediterráneo se integra sin esfuerzo con agaves, dasilirios, aloes y gramíneas, sobre grava y en pendiente.

Conviene saber que en su hábitat mexicano las poblaciones silvestres están reducidas y la especie se considera amenazada, motivo de más para comprar ejemplares de cultivo en vivero y no plantas de procedencia dudosa.

En resumen

La pata de elefante es una suculenta arbórea de crecimiento lento que pide mucha luz, sustrato muy drenante y poca agua. Su base ensanchada es una reserva hídrica, no un adorno, y explica por qué tolera el olvido y por qué el riego frecuente la mata. Con una maceta ajustada, tierra de cactus y riegos espaciados dura décadas sin apenas atención.

Sus problemas son casi siempre dos: agua de más, que pudre el caudex y no tiene vuelta atrás, y luz de menos, que la desdibuja. En el litoral mediterráneo y en Canarias puede vivir en el jardín; en el interior con heladas es planta de maceta que se resguarda en invierno.


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