Araucaria heterophylla, que durante mucho tiempo se llamó Araucaria excelsa y todavía se vende con ese nombre, es una conífera de la familia Araucariaceae endémica de la isla de Norfolk, un territorio australiano diminuto en el Pacífico sur. De ahí su nombre común, pino de Norfolk, aunque no es un pino ni pertenece a la misma familia. En su lugar de origen es un árbol enorme; en maceta, dentro de casa, se comporta durante años como una planta de interior de crecimiento lento y silueta muy característica.
Lo que la distingue es la simetría. Las ramas salen del tronco en verticilos regulares, todas al mismo nivel y repartidas en horizontal como los radios de una rueda, y cada piso queda separado del siguiente por un tramo limpio de tronco. El resultado es un árbol de perfil triangular perfecto, casi geométrico, cubierto de hojas pequeñas, blandas y punzantes en apariencia pero suaves al tacto. El epíteto heterophylla significa de hojas distintas y alude a que las hojas juveniles, aciculares y curvadas, no son iguales que las adultas, más cortas y apretadas contra la rama.
Dónde vive en España
Fuera de la maceta, esta araucaria se planta en el litoral cálido. Es un árbol frecuente en paseos marítimos y jardines de Canarias, de la costa mediterránea y del suroeste andaluz, y tolera notablemente bien el viento cargado de sal y los suelos arenosos de costa, lo que explica su presencia en primera línea de playa.
Lo que no soporta son las heladas fuertes ni el frío prolongado, de modo que en el interior peninsular no prospera como árbol. Tampoco le van bien los suelos muy calizos, donde suele mostrar clorosis, con las acículas amarilleando, ni los veranos secos de interior sin riego. Fuera de las zonas costeras y templadas, su sitio en España es la maceta.
Luz
Dentro de casa quiere semisombra luminosa o luz tamizada: mucha claridad, sin sol directo a través del cristal, que le quema las acículas. Es una planta que aguanta menos luz de la que necesita, y eso engaña. Con luz insuficiente los verticilos salen cada vez más separados, las ramas se alargan y se afinan, el árbol pierde la silueta compacta y empieza a perder los pisos inferiores.
Y aquí está el punto crítico de esta especie: una rama perdida no se recupera. La araucaria no rebrota desde el tronco viejo, así que cada verticilo que se seca deja un hueco permanente. Por eso conviene darle la mejor luz posible desde el principio y girar la maceta un cuarto de vuelta cada semana o dos, para que crezca recta y equilibrada en lugar de inclinarse hacia la ventana.
Temperatura y humedad
Prefiere temperatura media o alta y ambiente sin extremos. En interior está cómoda con las temperaturas normales de una vivienda, y agradece pasar el invierno algo más fresca, en una habitación luminosa que no esté caldeada, siempre sin llegar a la helada.
El aire seco es su enemigo doméstico. Con calefacción, las acículas se vuelven pardas por las puntas, la planta se reseca y aparece la araña roja. Conviene mantenerla lejos de radiadores y de corrientes, colocar la maceta sobre una bandeja con grava y agua sin que el fondo la toque, y pulverizar el follaje de vez en cuando con agua poco calcárea.
En clima suave se puede sacar en verano a una terraza a la sombra, con lo que gana mucho vigor, aclimatándola de forma gradual para que no se queme y devolviéndola dentro antes del frío.
Sustrato y trasplante
Necesita un sustrato rico, fresco y bien drenado, de reacción neutra o ligeramente ácida. Una mezcla de sustrato universal de calidad con mantillo y una parte de arena gruesa o perlita funciona bien. Hay que evitar las mezclas que se compactan, porque la raíz se asfixia y responde con amarilleo general.
Es de crecimiento lento y no le gusta que la molesten a menudo. El trasplante se hace en primavera, cada dos o tres años, a una maceta ligeramente mayor, alta y estable, ya que un ejemplar crecido pesa por arriba y vuelca con facilidad. Con la planta ya grande, cuando trasplantar deja de ser práctico, basta con renovar cada primavera los primeros centímetros de sustrato.
Riego
Riego regular, que en esta especie significa mantener el cepellón fresco pero nunca encharcado. Se riega cuando la superficie del sustrato empieza a secarse, empapando bien y vaciando siempre el plato al cabo de unos minutos. En verano el ritmo es mayor, y en invierno se espacia claramente.
Los dos extremos se pagan y además se parecen. Si el cepellón se seca del todo, las acículas de las ramas bajas se vuelven pardas y caen, y ese daño no se repara. Si se riega en exceso o queda agua en el plato, la raíz se pudre y el árbol amarillea de forma general. La comprobación con el dedo antes de cada riego resuelve casi todos los problemas de esta planta.
El abonado es moderado: un fertilizante líquido para plantas verdes a media dosis, cada tres o cuatro semanas, de primavera a final de verano, y nada en invierno.
La poda, o mejor dicho, por qué no se poda
Esta es la regla que más disgustos evita. No se despunta nunca la guía central. El eje vertical es el que produce los verticilos nuevos, y si se corta la punta para frenar la altura, el árbol no genera un sustituto en condiciones: se deforma, se desequilibra y pierde para siempre esa silueta simétrica que es todo su valor.
La única intervención razonable es cortar a ras del tronco las ramas ya secas, por estética, sabiendo que el hueco queda. Si el ejemplar ha crecido demasiado para el espacio disponible, la solución no es podarlo por arriba sino cambiarlo de sitio, regalarlo o, en zona de clima adecuado, plantarlo en el suelo.
Multiplicación
- Semilla. Es la vía natural. Los conos globosos maduran en el árbol y contienen semillas grandes que germinan bien cuando están frescas, sembradas en primavera en sustrato drenante y con calor. Pierden viabilidad deprisa, así que la semilla vieja no sirve.
- Esqueje. Posible, pero con una condición decisiva: solo enraízan con forma correcta los esquejes tomados de la guía terminal. Un esqueje hecho con una rama lateral enraiza, pero sigue creciendo como rama, en horizontal y sin formar un tronco vertical, y produce una planta tumbada y sin remedio. Es un comportamiento característico de las araucarias.
Plagas y problemas frecuentes
- Pérdida de las ramas inferiores. Lo más habitual, y sin marcha atrás. Se debe a falta de luz, a aire seco o a un secado del cepellón.
- Puntas de las acículas pardas. Aire demasiado seco o agua muy caliza.
- Amarilleo general. Exceso de riego, sustrato compactado o clorosis por suelo alcalino.
- Verticilos muy separados y ramas finas. Falta de luz.
- Araña roja. En interiores calefactados, con telilla fina entre las acículas.
- Cochinilla algodonosa y cochinilla parda. En las axilas de las ramas y a lo largo del tronco.
- Planta inclinada. Por buscar la luz siempre desde el mismo lado; se corrige girando la maceta con regularidad.
Usos
En casa es una planta de ejemplar único, colocada en el suelo junto a una ventana luminosa, donde su forma cónica y sus pisos de ramas se aprecian de lejos. Se usa a menudo como árbol de Navidad vivo, y en ese caso conviene no cargarla de adornos pesados que doblen las ramas ni acercarla a fuentes de calor, y devolverla después a su sitio habitual.
En jardín, en las zonas costeras cálidas donde puede vivir, es un árbol de gran porte que solo tiene sentido en espacios amplios, en paseos, parques y jardines grandes. No consta como especie tóxica, aunque las hojas terminan en punta y no es una planta cómoda de manipular sin cuidado.
En resumen
El pino de Norfolk es una conífera de la isla de Norfolk que se cultiva en maceta por su silueta simétrica de ramas horizontales en pisos regulares. Necesita luz abundante pero tamizada, temperatura media, humedad ambiental y un riego regular que mantenga el cepellón fresco sin encharcarlo.
Su particularidad más importante es que no rebrota: las ramas que se pierden por falta de luz, sequía o poda no vuelven, y cortar la guía central estropea el árbol de forma definitiva. Con buena luz, riego constante y la maceta girada de vez en cuando, es una planta longeva y de muy poco mantenimiento. En la costa cálida española puede plantarse en el suelo, donde aguanta bien el viento salino.