Casi todo lo que se vende en España como amarilis es en realidad un Hippeastrum, un género americano, y no una Amaryllis. La Amaryllis belladonna verdadera es sudafricana, florece a finales de verano con la mata de hojas ya seca y produce entre seis y doce flores por escapo macizo. El Hippeastrum saca el escapo hueco, con tres a seis flores grandes de trompeta, y las hojas aparecen durante o justo después de la floración. Si compró el bulbo en otoño para que floreciera en Navidad, tiene un Hippeastrum.

El nombre popular está tan asentado que no merece la pena pelearlo, pero la distinción importa para el cultivo: el calendario de riego, reposo y abonado que se explica aquí es el del Hippeastrum forzado de interior, y no sirve para la Amaryllis belladonna, que se planta en jardín y se rige por el ciclo contrario.

Antes de seguir, una advertencia que rara vez aparece en el envase: el bulbo es tóxico por ingestión. Contiene licorina y otros alcaloides propios de las amarilidáceas, los mismos que hacen tóxicos a los narcisos, y es la parte más concentrada de la planta. Provoca vómitos y malestar digestivo en personas y animales. Guarde los bulbos de reserva fuera del alcance de niños y mascotas, y evite dejar la maceta donde un perro pueda escarbar.

Cómo es la planta

Del bulbo, que en los calibres comerciales mide entre 26 y 40 cm de circunferencia, sale uno o dos escapos florales robustos que alcanzan de 40 a 60 cm. Las flores, de hasta 20 cm de diámetro, se abren en umbela de tres a seis y duran una o dos semanas cada una. Los colores comerciales van del rojo intenso al blanco puro, pasando por rosas, salmones, bicolores y rayados.

Las hojas son acintadas, de un verde claro brillante, y crecen hasta 40 o 50 cm. Salen después de la floración o al mismo tiempo, y son la parte que la mayoría de la gente descuida, cuando en realidad son las que fabrican las reservas que darán las flores del año siguiente.

Amarilis

Cómo plantar el bulbo

La maceta debe ser ajustada: unos 3 a 5 cm más ancha que el bulbo por cada lado, no más. En maceta grande el bulbo tarda más en florecer y el sustrato sobrante retiene agua, que es justo lo que no conviene. Necesita agujero de drenaje.

Use un sustrato suelto y con buen drenaje, por ejemplo dos partes de sustrato universal por una de perlita o arena gruesa. Coloque el bulbo de modo que al menos un tercio quede fuera de la tierra. Enterrarlo entero es el error de plantación más habitual y termina en podredumbre del cuello.

Después de plantar, riegue una vez y espere. Hasta que no asome el escapo o las primeras hojas no hay raíces suficientes para gestionar el agua, y un sustrato empapado durante dos semanas pudre el bulbo. A partir de la brotación se riega cuando la superficie está seca, evitando mojar el bulbo. Colóquelo en un sitio luminoso, sin sol directo del mediodía, a unos 20 a 22 ºC. De la plantación a la flor pasan normalmente entre seis y diez semanas, así que para tenerlo florido en Navidad conviene plantarlo a mediados o finales de octubre.

Cuidados durante la floración

Gire la maceta un cuarto de vuelta cada dos o tres días: el escapo se inclina hacia la luz y con flores abiertas pesa lo suficiente para volcar la maceta. Si el tallo es muy largo, una caña discreta lo sujeta sin estropear el conjunto. Un ambiente algo más fresco, en torno a 18 ºC, alarga bastante la duración de las flores; junto a un radiador duran la mitad.

Conforme se marchitan, corte las flores una a una. Cuando ya no queda ninguna, corte el escapo entero a unos 3 o 4 cm del bulbo, sin tocar las hojas. Dejar que la planta forme semillas consume reservas que hacen falta para la floración siguiente.

planta de amarilis

Qué hacer después de la floración

Aquí se decide si el bulbo vuelve a florecer o se convierte en un desecho de temporada, que es lo que le ocurre a la mayoría. La planta entra en una fase larga de recarga que dura de febrero a septiembre, y en la que las hojas son la planta.

Durante esos meses quiere toda la luz posible, riego regular en cuanto la superficie se seca y abono líquido para plantas de flor cada dos o tres semanas. Un abono equilibrado o con algo más de potasio funciona bien; el exceso de nitrógeno da hojas grandes y pocas flores. En primavera y verano agradece salir a una terraza o balcón, a media sombra al principio y a pleno sol de mañana después, pero hay que aclimatarlo de forma gradual para que las hojas no se quemen.

Trasplante solo cada dos o tres años, a finales de otoño y justo antes del reposo. Entre trasplantes basta con retirar los dos primeros centímetros de sustrato y sustituirlos por otro fresco.

El reposo, la clave para que vuelva a florecer

A partir de finales de agosto o septiembre se retira el abono y se van espaciando los riegos hasta suspenderlos. Las hojas amarillean y se secan solas; cuando están secas se cortan a unos 5 cm del bulbo. No conviene cortarlas verdes para acelerar el proceso, porque se interrumpe el trasvase de reservas al bulbo.

Luego el bulbo pasa de ocho a diez semanas en oscuridad o penumbra, en un sitio fresco de unos 13 ºC, completamente seco. Puede dejarse en su maceta o sacarse y guardarse en una caja con turba seca o papel. Regar durante el reposo es la forma más común de perder el bulbo: sin hojas que consuman agua, la humedad solo puede pudrirlo.

Pasadas esas semanas, se vuelve a empezar: sustrato nuevo, un riego, luz y calor. Si el bulbo ha engordado durante el verano, es muy probable que saque dos escapos en lugar de uno.

Cultivo en jardín en clima suave

En la costa mediterránea, el sur peninsular y las islas, donde las heladas son raras o suaves, el Hippeastrum puede vivir plantado en el jardín y florecer en primavera sin necesidad de forzado. Se planta en un lugar soleado o de sombra ligera, en suelo muy drenante y con el cuello del bulbo por encima del nivel del terreno. En el interior peninsular esto no funciona: el bulbo no resiste las heladas y hay que desenterrarlo en otoño y guardarlo seco y protegido, o cultivarlo directamente en maceta.

Problemas frecuentes

  • Solo salen hojas, ninguna flor. Casi siempre significa que el año anterior no hubo suficiente luz, abono o duración del follaje, o que el reposo fue demasiado corto. Un bulbo pequeño tampoco florece: por debajo de cierto calibre solo vegeta.
  • El bulbo se ablanda o huele. Podredumbre por exceso de agua. Sáquelo, retire las escamas dañadas y déjelo secar; si la base está afectada, no se recupera.
  • Manchas y rayas rojizas en hojas, escapo y bulbo. Es la enfermedad conocida como mancha roja, causada por un hongo que ataca sobre todo con humedad alta y encharcamiento. Retire las partes afectadas, mejore el drenaje y no moje el bulbo al regar.
  • Hojas muy largas y caídas. Falta de luz. Es lo normal en interiores oscuros y se corrige sacando la planta fuera en primavera.

En resumen

La amarilis de Navidad no es una planta de usar y tirar. Con la maceta ajustada, el bulbo un tercio fuera de la tierra, riego prudente hasta que brote y un sitio luminoso, florece sin dificultad a las seis u ocho semanas de plantarla. Lo que decide el segundo año no es la floración, sino los meses de hojas que vienen después: luz, riego regular y abono cada dos o tres semanas de febrero a septiembre.

Después toca el reposo, que es la parte que casi nadie hace: de ocho a diez semanas seco, fresco y a oscuras, sin una gota de agua. Con ese ciclo repetido, un bulbo bien alimentado gana tamaño cada año y termina dando dos escapos por temporada. Y recuerde que el bulbo es tóxico por ingestión, así que conviene tenerlo lejos de niños pequeños y animales.


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