Adiantum es un género de helechos de la familia Pteridaceae que reúne alrededor de dos centenares de especies repartidas por casi todo el mundo, con la mayor concentración en las regiones tropicales de América. En español se les llama culantrillos. En España la especie silvestre es Adiantum capillus-veneris, el culantrillo de pozo, que crece de forma natural en paredes rezumantes, bocas de pozo, fuentes, cuevas y travertinos húmedos de casi toda la Península y de las islas. Las que se venden como planta de interior suelen ser especies tropicales, sobre todo Adiantum raddianum, el culantrillo de Brasil, de fronde más ancha y densa.
Lo que distingue a estos helechos de todos los demás es el contraste entre los peciolos y el follaje. Los ejes son finos, brillantes y de color negro o castaño muy oscuro, como alambres lacados, y de ellos cuelgan pínnulas pequeñas, delgadas, de un verde claro luminoso y con forma de abanico o de cuña con el borde superior lobulado. El nombre del género viene del griego y significa que no se moja: la superficie de la hoja repele el agua, y las gotas resbalan sin llegar a mojar la lámina. Es un detalle que se puede comprobar en casa con un pulverizador.
Cómo reconocerlo
Las frondes salen de un rizoma rastrero, poco profundo y cubierto de escamas. Son de contorno triangular u ovado, una o varias veces divididas según la especie, y algo arqueadas o colgantes, lo que da a la mata un aspecto de nube ligera. La textura es fina, casi de papel, y muy distinta del follaje coriáceo de otros helechos de interior.
La reproducción es por esporas, no por semillas, ya que los helechos no producen flor ni fruto. En Adiantum los soros no aparecen como puntos redondos en el envés, sino que se sitúan en el borde de la pínnula, cubiertos por el propio margen doblado hacia abajo, que hace de falso indusio. Si se mira una fronde madura a contraluz se aprecian esas bandas oscuras en el borde. Que aparezcan no es señal de plaga ni de enfermedad, sino de madurez.
El follaje es perenne, aunque las frondes viejas amarillean y se sustituyen por otras nuevas que salen enrolladas desde el rizoma, con la forma de báculo típica de los helechos.
Luz
Semisombra o luz tamizada. Es una planta de fondo de barranco y de pared umbría, y el sol directo la quema en horas, dejando las pínnulas pardas y quebradizas. Dentro de casa va bien cerca de una ventana orientada al norte, o a un par de metros de una ventana más luminosa, o detrás de una cortina fina. Tampoco conviene el otro extremo: en penumbra profunda emite frondes largas, ralas y descoloridas.
En el jardín, en zonas de clima suave, el culantrillo de pozo prospera en muros de piedra que gotean, junto a fuentes y estanques, en la cara norte de los edificios y en patios sombríos, donde puede naturalizarse solo si hay humedad permanente.
Humedad ambiental, el factor decisivo
Si un culantrillo se seca por los bordes y se queda con las hojitas crujientes, el problema casi nunca es el riego: es el aire seco. Esta es la clave del cultivo y el motivo por el que tantos ejemplares comprados en flor de estación acaban en la basura durante el invierno, cuando la calefacción baja la humedad relativa de una casa por debajo de lo que la planta soporta.
Las medidas que funcionan son ambientales, no de riego. El cuarto de baño y la cocina, si tienen luz suficiente, son sus mejores ubicaciones domésticas. Un plato ancho con grava y agua bajo la maceta, sin que la base toque el agua, sube la humedad en el entorno inmediato. Agrupar varias plantas juntas también ayuda. Los pulverizados frecuentes alivian poco y, con agua dura, dejan manchas de cal en las frondes.
Igual de importante es evitar las corrientes de aire y la cercanía de radiadores, estufas y salidas de aire acondicionado. Un culantrillo colocado encima de un radiador no tiene ninguna posibilidad.
Riego y sustrato
El sustrato debe ser rico en humus, esponjoso y capaz de retener humedad sin compactarse. Una mezcla de turba o fibra de coco con mantillo y una parte de perlita da buen resultado. Ha de estar siempre húmedo, nunca empapado y nunca seco del todo. Un solo secado completo del cepellón basta para que la planta pierda las frondes.
El riego es abundante y frecuente, comprobando con el dedo que la superficie se mantiene fresca. Es preferible regar poco pero a menudo, y vaciar siempre el sobrante del plato, porque el rizoma superficial se pudre con facilidad si queda bajo agua. En verano puede necesitar agua a diario, y en invierno bastante menos.
Para el riego de plantas en maceta conviene agua poco mineralizada, de lluvia o baja en cal, en las zonas donde el agua del grifo es muy dura. La especie silvestre española vive sobre roca caliza, así que la cal no es un veneno para el género, pero en maceta las sales se acumulan en el sustrato y acaban quemando las raíces y manchando el follaje.
El abonado debe ser suave. Un fertilizante líquido para plantas verdes a media dosis, cada tres o cuatro semanas de primavera a verano, es suficiente. Las raíces finas de los helechos se queman con concentraciones altas.
Trasplante y limpieza
Se trasplanta en primavera, cada dos o tres años, a una maceta poco más grande y preferiblemente ancha y baja, acorde con el rizoma superficial. Se aprovecha para retirar la parte de sustrato agotado y las frondes viejas.
La limpieza consiste en cortar a ras del rizoma las frondes amarillas o secas. Y aquí va el truco más útil: cuando una planta se ha estropeado del todo por un secado o por el aire de la calefacción, y ha quedado con casi todas las hojas pardas, se pueden cortar todas las frondes a ras, mantener el sustrato húmedo y el ambiente cargado, y esperar. El rizoma suele estar vivo, y en pocas semanas emite un brote nuevo completo. Tirarla antes de intentarlo es un error frecuente.
Multiplicación
- División del rizoma. Es la forma práctica. En primavera, al trasplantar, se separa el cepellón en dos o tres porciones con rizoma y frondes propias, cortando con un cuchillo limpio. Se replantan enseguida, se riegan y se mantienen unos días en ambiente muy húmedo y a la sombra hasta que rearrancan.
- Esporas. Es un proceso lento y delicado, más de aficionado paciente que de cultivo doméstico. Se recogen de frondes maduras dejándolas secar sobre papel, se siembran sobre sustrato estéril y húmedo, se cubre el recipiente para mantener saturado el ambiente y se espera meses hasta obtener plantas manejables.
Plagas y problemas frecuentes
- Bordes secos y hojitas quebradizas. Aire seco, corrientes o cercanía de una fuente de calor. Es, con diferencia, lo más habitual.
- Frondes pálidas y estiradas. Falta de luz.
- Manchas pardas y hojas quemadas de golpe. Sol directo.
- Podredumbre del rizoma. Agua estancada en el plato o sustrato compactado.
- Cochinilla algodonosa y cochinilla parda. Se refugian en los peciolos oscuros, donde pasan desapercibidas. Conviene revisar la base de las frondes.
- Araña roja. Aparece precisamente cuando el ambiente es demasiado seco, y agrava el problema principal.
- Depósitos blancos en las hojas. Cal del agua de pulverización.
Usos y una precaución
Es una planta de interior de textura ligera que combina bien en composiciones de sombra con otras especies de follaje, y funciona muy bien en terrarios y en vitrinas cerradas, donde la humedad constante resuelve su mayor exigencia. En exterior, en jardines de clima suave, es una planta de rincón sombrío y húmedo, ideal junto a fuentes y muros que rezuman.
El culantrillo tiene una larga tradición de uso popular, pero esta ficha no entra en usos medicinales ni recomienda ninguna preparación con la planta. Como ornamental no consta como especie tóxica por contacto ni por ingestión.
En resumen
Los culantrillos son helechos de peciolos negros brillantes y follaje finísimo que necesitan tres cosas: luz tamizada sin nada de sol directo, sustrato rico en humus que no se seque nunca del todo y, sobre todo, humedad ambiental alta. Ese último punto es el que decide si la planta prospera o se convierte en un manojo de hojas crujientes.
Lejos de radiadores y corrientes, con riego frecuente sin encharcar, agua poco caliza en maceta y abono suave en primavera y verano, son plantas duraderas que se renuevan solas emitiendo frondes nuevas desde el rizoma. Y si una se estropea, cortar todo a ras y mantener la humedad suele bastar para recuperarla.