Los viburnos resuelven la parte más difícil de un jardín: la masa verde de fondo que tiene que estar bien todo el año y no dar trabajo. Son arbustos de crecimiento medio, tolerantes con el suelo, resistentes a la sequía una vez arraigados y con tres momentos de interés (floración, fructificación y, en los caducifolios, color otoñal). En España hay tres especies autóctonas del género, lo que dice bastante sobre su adaptación al clima de aquí.
La elección entre unos y otros depende sobre todo de dos cosas: si quieres follaje perenne o caducifolio, y cuánto frío hace en tu zona. Un durillo aguanta un verano manchego y un invierno de meseta sin inmutarse; un Viburnum plicatum, no. Estas son las especies que funcionan y en qué condiciones.
Antes de que acabe el invierno, el durillo (Viburnum tinus) se llena de corimbos blancos que contrastan con el verde muy oscuro del follaje.
Durillo (Viburnum tinus), el más adaptado
Es el viburno mediterráneo por excelencia, nativo de la Península y de todo el arco del Mediterráneo occidental, y el que menos problemas da en casi cualquier jardín español. Follaje perenne, coriáceo, verde muy oscuro, con la nervadura marcada, parecido al del laurel, de donde le viene el otro nombre común, laurentino.
Su gran virtud es el calendario. Los botones rojizos aparecen en otoño y los corimbos blancos abren entre diciembre y marzo, cuando en el jardín no hay prácticamente nada más en flor. Después vienen bayas de un azul metálico oscuro muy decorativas, que suelen coincidir con la floración siguiente.
Tolera el sol y la sombra, aunque en sombra profunda florece poco. Acepta suelos calizos, secos y algo salinos, y resiste el viento marino, lo que lo convierte en una opción de primera línea en jardines de costa. Una vez establecido soporta la sequía estival con riegos ocasionales. Su límite es el frío intenso y prolongado: aguanta bien las heladas moderadas, pero en zonas de invierno duro sufre daños en el follaje.
Se usa como seto libre o recortado (el recorte sacrifica la floración y las bayas), en grupo, en solitario y en maceta grande. Entre los cultivares, 'Eve Price' tiene botones carmín y hoja más pequeña, y 'Gwenllian' es más compacto y florífero. Ojo con una plaga concreta: el pulgón Aphis viburni deforma los brotes tiernos en primavera y es el problema más habitual del durillo en jardines urbanos.
Viburnum lantana, el autóctono de interior
Caducifolio, propio del norte, del centro y del este peninsular, donde crece de forma natural en orlas de bosque y setos sobre suelos calizos. Es el viburno para climas continentales: resiste heladas fuertes sin ningún cuidado especial.
Florece en abril y mayo con corimbos blancos densos, seguidos de bayas que primero son rojas y luego negras, y que en una misma inflorescencia coinciden en ambos colores. Las hojas son grandes, rugosas y vellosas en el envés, y toman tonos rojizos en otoño. Alcanza dos o tres metros y forma matas de aspecto rústico, más adecuadas para un seto libre o una masa de fondo que para un lugar protagonista.
Prefiere semisombra y suelos neutros o alcalinos, pobres, frescos o secos, siempre con buen drenaje. Es una excelente opción en jardinería de bajo mantenimiento en la mitad norte y en zonas de montaña, y aporta alimento a la fauna en un momento del año en que escasea.
Viburnum opulus, el bola de nieve
También europeo y presente de forma natural en el norte de España, es un caducifolio que quiere condiciones bastante distintas: suelo fresco, profundo y con humedad constante. En el interior seco peninsular hay que regarlo de verdad en verano o se defolia.
Da un espectáculo en cuatro tiempos: flores blancas de abril a junio, follaje trilobulado que vira a naranja y púrpura en otoño, bayas rojas brillantes que persisten en invierno y una silueta ramificada limpia cuando pierde la hoja.
Aquí hay una distinción práctica importante. La especie tipo produce corimbos planos, con flores estériles grandes en el borde y fértiles en el centro, y fructifica. Los cultivares 'Roseum' (a menudo vendido como 'Sterile' o bola de nieve) tienen inflorescencias esféricas formadas solo por flores estériles: son mucho más vistosos pero no dan bayas y no alimentan a la fauna. Si lo que buscas es fruto rojo en invierno, hay que comprar la especie, no el bola de nieve.
Es muy rústico al frío y tolera la contaminación urbana. Su plaga característica es la galeruca del viburno (Pyrrhalta viburni), cuyas larvas y adultos pueden dejar las hojas convertidas en encaje entre mayo y julio; el Viburnum opulus es de las especies más atacadas y el durillo, de las más resistentes.
Viburnum odoratissimum y los viburnos de seto
Asiático, perenne, de hojas grandes, coriáceas y muy brillantes. La variedad awabuki, que se vende con frecuencia como Viburnum lucidum, es la más habitual en viveros españoles y se ha convertido en un seto muy usado en el litoral por su crecimiento rápido y su follaje denso y lustroso.
Florece de abril a junio con cimas blancas perfumadas seguidas de bayas rojas que luego oscurecen. Vive al sol o en semisombra, en cualquier suelo con buen drenaje, y tolera la sequía razonablemente. Resiste menos frío que el durillo, así que en la meseta y en zonas de heladas fuertes conviene descartarlo.
Si el objetivo es un seto formal alto y de crecimiento rápido en clima suave, es la mejor opción del género. Si el clima es continental, el durillo o incluso el Viburnum rhytidophyllum son apuestas más seguras.
Otros que merece la pena conocer
Para perfume en pleno invierno, el Viburnum x bodnantense 'Dawn' abre racimos rosados muy fragantes de noviembre a marzo sobre ramas desnudas. El Viburnum carlesii y el Viburnum x burkwoodii florecen en primavera con un aroma intenso, quizá el mejor del género, y funcionan bien en la mitad norte y en jardines con algo de humedad.
El Viburnum plicatum f. tomentosum, con sus ramas horizontales en capas y corimbos blancos alineados encima, es de los arbustos ornamentales más elegantes que existen, pero exige suelo fresco, algo ácido y semisombra: es planta de jardín atlántico, no de secano mediterráneo.
Cultivo y mantenimiento comunes
Plantación. El mejor momento en España es el otoño, de octubre a diciembre, para que enraícen durante el invierno y afronten el primer verano establecidos. En zonas de heladas muy fuertes, mejor a finales del invierno. Hoyo amplio, tierra descompactada y riego abundante de asiento.
Suelo y riego. Casi todos aceptan la caliza, con la excepción notable del Viburnum plicatum. El drenaje es innegociable: es el factor que más ejemplares mata en suelos arcillosos. Riego regular los dos primeros años; después, solo apoyo en los veranos secos, salvo en V. opulus y V. plicatum, que lo necesitan siempre.
Poda. Los viburnos no necesitan poda de formación. Si hay que intervenir, se hace justo después de la floración, porque casi todos florecen sobre madera del año anterior; podar en invierno equivale a quitar la floración siguiente. En setos recortados de durillo o de V. odoratissimum se asume esa pérdida y se recorta en primavera y a finales de verano.
Bayas. Los frutos de los viburnos no son comestibles y su ingestión puede provocar molestias digestivas, especialmente crudos y en cantidad. Es un detalle a tener en cuenta en jardines con niños pequeños, sobre todo porque las bayas rojas del Viburnum opulus son muy llamativas.
En resumen
Para la mayor parte de España, el durillo es el viburno por defecto: autóctono, perenne, tolerante con la caliza y la sequía, y con floración en pleno invierno. En clima continental y suelos pobres, el Viburnum lantana. En jardines con suelo fresco, el Viburnum opulus, recordando que la variedad bola de nieve es estéril y no da bayas. Y para setos rápidos en clima suave, el Viburnum odoratissimum var. awabuki.
El mantenimiento es mínimo y se reduce a garantizar el drenaje, regar los dos primeros años y podar, si acaso, justo después de la floración. Las bayas de todo el género no son comestibles, algo que conviene saber si el jardín lo usan niños.