La Portulacaria afra es probablemente el arbusto suculento más útil que se puede tener en una terraza española, y uno de los menos conocidos. Aguanta el sol directo de un verano mediterráneo, vive con muy poca tierra, se riega cada dos o tres semanas en verano y nada en invierno, y crece hasta hacerse un ejemplar de dos metros en maceta. Su único límite serio es la helada.
Se la confunde constantemente con la Crassula ovata, con la que comparte el nombre común de árbol de jade, pero no son parientes cercanas ni se cultivan igual. Distinguirlas es lo primero, porque de ahí salen decisiones prácticas: el riego, la exposición y, si hay animales en casa, la seguridad.
Grandes tiestos plantados con Portulacaria afra en un jardín de Juan Masedo en Ibiza (izquierda). El follaje verde de la P. afra destaca en esta plantación de Ossart y Maurières en Agadir, Marruecos (derecha). Fotos: Juan Masedo; Hasna M.
Cómo distinguirla de la Crassula ovata
Las hojas son la pista más rápida. Las de la Portulacaria afra son pequeñas, de uno a dos centímetros, redondeadas, planas y de un verde jade claro. Las de la Crassula ovata son bastante mayores, de tres a cinco centímetros, más gruesas y carnosas, y con frecuencia bordeadas de rojo cuando les da el sol.
Los tallos también las separan. Los de la portulacaria son finos, flexibles y de un tono burdeos o rojizo llamativo en los brotes nuevos, y tienden a arquearse y a colgar; los de la crásula son gruesos, verdes o grisáceos, y erguidos desde el principio. La portulacaria da una silueta desordenada y colgante, casi de sauce en miniatura; la crásula, una copa compacta.
Botánicamente están lejos: la Crassula ovata es una crasulácea sudafricana y la Portulacaria afra se incluye hoy en las didiereáceas, tras haber estado durante mucho tiempo entre las portulacáceas.
El dato práctico: la Crassula ovata está descrita como tóxica para perros y gatos, con vómitos y decaimiento tras la ingestión. De la Portulacaria afra no se describe esa toxicidad. Si hay animales que mordisquean, la diferencia importa. En caso de ingestión, la consulta es al veterinario.
De dónde viene y qué implica
Es originaria de las zonas semiáridas del este de Sudáfrica y de Esuatini, donde forma matorrales densos que son la base de la alimentación de los elefantes; de ahí uno de sus nombres, arbusto de los elefantes. Vive en suelos pobres, pedregosos y con lluvias escasas y estacionales.
Eso explica su comportamiento en cultivo. Almacena agua en hojas y tallos y ajusta su metabolismo según la disponibilidad: en condiciones favorables fija carbono como una planta normal, y bajo estrés hídrico pasa a metabolismo CAM, abriendo los estomas de noche para perder mucha menos agua. Es la razón de que sobreviva a periodos secos que acabarían con casi cualquier otro arbusto ornamental.
Cultivo
Exposición. Pleno sol o media sombra luminosa. Al sol directo compacta el porte, enrojece los tallos y las hojas quedan más pequeñas y apretadas; en sombra se estira, produce entrenudos largos y pierde carácter. Si viene de vivero cultivada bajo malla, hay que acostumbrarla al sol de forma gradual durante dos o tres semanas, o se quema.
Frío. Este es el punto crítico en España. No tolera las heladas: por debajo de cero se le producen daños en el follaje y unos pocos grados bajo cero pueden matar la planta. En el litoral mediterráneo, en el sur y en Canarias vive fuera todo el año. En el interior peninsular hay que cultivarla en maceta y entrarla a un porche, un invernadero frío o una habitación luminosa entre noviembre y marzo. Dentro de casa, en invierno, quiere el sitio más luminoso disponible y prácticamente nada de agua.
Riego. Muy espaciado. En verano, un riego generoso cada dos o tres semanas, dejando que el sustrato se seque por completo entre uno y otro. En invierno, ninguno si está a temperatura fresca; como mucho un aporte mínimo al mes si está en interior con calefacción. El exceso de agua es la causa de casi todas las muertes: los tallos se ablandan en la base y la planta se viene abajo.
Una señal útil: cuando le falta agua, las hojas se arrugan ligeramente y pierden turgencia, pero se recuperan en horas tras el riego. Cuando le sobra, las hojas se caen enteras, hinchadas y sin arrugar. Son dos síntomas opuestos que se confunden a menudo.
Sustrato. Mineral y muy drenante. Una mezcla de sustrato para cactus con un treinta o cuarenta por ciento de arena gruesa, pómice o grava fina funciona bien. La maceta de barro sin esmaltar ayuda, porque evapora por las paredes. Y agujeros de drenaje, siempre, sin plato con agua.
Abono. Poco, pero no nada. Un abono para cactus y suculentas, muy diluido, una o dos veces durante la primavera y el verano. En maceta el sustrato se agota y la planta se estanca; un aporte de compost bien hecho en superficie en primavera también sirve.
Poda, multiplicación y variedades
Admite la poda muy bien y la agradece: cortar los tallos largos y desnudos en primavera hace que rebrote desde abajo y recupere densidad. Es una planta que se puede formar como arbolito, dejando un tronco principal y limpiando los brotes bajos, o dejar crecer colgante en un macetón alto, que es como mejor luce su estructura.
La multiplicación es de las más sencillas que existen. Se corta un tallo de diez o quince centímetros, se le quitan las hojas inferiores, se deja secar el corte dos o tres días a la sombra para que cicatrice, y se planta en sustrato de cactus apenas humedecido. Enraíza en pocas semanas en primavera o principios de verano. Plantar el esqueje húmedo y sin cicatrizar es la forma habitual de que se pudra.
Además de la especie tipo hay variedades interesantes. La 'Variegata' tiene hojas con márgenes crema y crece más despacio, lo que la hace muy adecuada para maceta pequeña; en ella hay que vigilar el sol fuerte, porque las zonas claras se queman antes. La 'Aurea' tiene follaje verde amarillento y porte compacto. La forma prostrata es rastrera y sirve como cubresuelos en rocallas de clima cálido o para colgar de un muro.
Es además una de las especies más usadas en bonsái de principiante, precisamente porque brota con facilidad tras la poda y tolera el error de riego mejor que casi cualquier otra.
Problemas
Las plagas son escasas. La más frecuente es la cochinilla algodonosa, que se aloja en las axilas de las hojas y en la base de los tallos; se retira con un bastoncillo mojado en alcohol si el foco es pequeño. La araña roja puede aparecer en ambientes muy secos y cerrados durante la invernada en interior.
La caída masiva de hojas casi siempre tiene una de tres causas: exceso de riego, golpe de frío o cambio brusco de ubicación. Si los tallos siguen firmes, la planta rebrota; si están blandos y se hunden al apretarlos, la pudrición ya ha entrado y lo único aprovechable son los esquejes de las partes sanas.
En resumen
La Portulacaria afra resuelve un problema muy concreto: dar volumen y estructura verde en una terraza soleada con un riego mínimo. Sol, sustrato mineral, riego cada dos o tres semanas en verano y nada en invierno, y una poda de primavera para mantener el porte. Multiplicarla por esquejes es trivial.
Su límite es la helada, así que en el interior peninsular se cultiva en maceta y se guarda a cubierto de noviembre a marzo. Y conviene no confundirla con la Crassula ovata, que se le parece y comparte nombre común pero tiene hoja mucho mayor, porte erguido y toxicidad descrita para perros y gatos.