El Echium candicans es un subarbusto endémico de Madeira que en abril y mayo levanta sobre una mata redondeada de hoja gris azulada decenas de panículas azules de medio metro, apuntando todas hacia arriba. Es una de las plantas más espectaculares que se pueden tener en un jardín seco mediterráneo, y una de las más rápidas: en un año hace metro y medio, y en dos temporadas puede pasar de los dos metros de ancho.
También es una planta de vida corta, de cuatro o cinco años, que se resiembra sola en cantidad y que se pudre si se la riega en verano. Entendido eso, apenas necesita atención. Es de las pocas plantas de floración verdaderamente espectacular que funcionan en un jardín sin riego en la costa mediterránea.
Grandes matas de Echium candicans en flor en un jardín del interior de Ibiza, diseñado por Miguel Urquijo y Renate Kastner. El color del follaje entona con el paisaje.
Cómo es la planta
Pertenece a las boragináceas, la familia de la borraja y el viborera, y en Madeira, de donde es endémico, se le conoce como orgullo de Madeira. Aparece en catálogos también con el nombre antiguo de Echium fastuosum.
Es un subarbusto de base leñosa y ramas jóvenes herbáceas, que forma una mata globosa de metro y medio a dos metros y medio en todas las direcciones. Las hojas son lanceoladas, dispuestas en rosetas al final de cada rama, de un verde grisáceo azulado y cubiertas de un pelo corto que les da tacto afelpado. Ese follaje, que es perenne, es lo que hace que la planta tenga interés los once meses en que no está en flor.
La floración va de finales de marzo a junio según la zona, y cada panícula dura unas cinco o seis semanas. Los tonos van del añil al lavanda, pasando por violáceos y algún ejemplar casi blanco o rosado, porque al reproducirse por semilla la población tiene variación. Es una planta muy nectarífera y las abejas la trabajan sin parar mientras dura.
Dónde se puede cultivar en España
El límite es la helada. El Echium candicans aguanta heladas muy ligeras, en torno a tres o cuatro grados bajo cero de forma breve, y por debajo de eso se daña o muere. Eso lo sitúa en el litoral mediterráneo, las Baleares, la costa atlántica andaluza, buena parte de la costa gallega y cantábrica en situaciones abrigadas, y Canarias.
En el interior peninsular, en Madrid, Castilla, Aragón o el valle del Ebro, no es viable a la intemperie salvo en microclimas muy protegidos. Se puede tener en maceta grande y resguardar en invierno, aunque su porte lo hace incómodo.
Necesita pleno sol. A media sombra se estira, hace ramas largas y desgarbadas y florece bastante menos.
Suelo y riego: el error habitual
Se adapta a suelos pobres, pedregosos, arenosos y también a los calizos, que es lo que hay en la mayor parte del litoral mediterráneo español. No pide fertilidad, y con suelo rico y abonado hace mucha rama blanda y menos flor.
Lo que sí necesita, sin excepción, es que drene. En suelo arcilloso o en terreno donde el agua se queda, hay que plantar en montículo elevado o en un talud. La raíz es superficial y pionera, muy eficaz para colonizar terreno pobre, pero se pudre rápidamente si permanece en tierra encharcada.
El riego solo hace falta el primer verano, para que arraigue: riegos espaciados y a fondo. A partir del segundo año, en la costa mediterránea, se puede dejar sin riego. Y esto es importante: el exceso de agua en verano es una de las cosas que más ejemplares mata. Si está en un macizo con riego automático de césped o de plantas de temporada, le sobra agua y durará mucho menos.
El viento
Es su otro punto débil. Las ramas son largas, poco leñosas y muy pesadas cuando están cargadas de flor, y una racha fuerte en mayo puede partir media planta o abrir la mata por el centro. Conviene colocarlo al abrigo de un muro, de una masa de arbustos o en una zona resguardada, y evitar la primera línea expuesta al viento dominante.
Los ejemplares que se abren y se tumban rara vez recuperan la forma. Es preferible prevenir que atar.
La poda, y hasta dónde
La poda principal se hace en cuanto termina la floración, normalmente en junio. Se cortan las panículas ya pasadas por debajo de la inflorescencia, dejando la roseta de hojas.
Esto tiene dos efectos. Evita que la planta invierta toda su energía en producir semilla, lo que suele alargarle la vida un par de años. Y reduce mucho la resiembra, si es que no interesa.
La regla que hay que respetar es la misma que con la lavanda o el romero: no cortar sobre madera vieja y desnuda. Un Echium podado por debajo de la zona con hojas no rebrota, se queda con un muñón seco. Toda la poda debe dejar hoja verde por debajo del corte.
Vida corta y resiembra
No es una planta para plantar y olvidar durante veinte años. Vive cuatro o cinco temporadas, a veces seis o siete si se le quitan las flores pasadas cada año, y después se vuelve leñosa, se despuebla por la base y hay que reponerla.
Lo compensa con una resiembra generosa. En un jardín donde se le deje semillar aparecen plántulas por todas partes en otoño e invierno, y basta con seleccionar las que están en buen sitio y arrancar el resto. En la práctica, quien planta tres ejemplares tiene Echium para siempre sin volver a comprar ninguno.
La contrapartida es que esa misma facilidad hace que se escape del jardín. En climas costeros suaves se naturaliza en cunetas, taludes y terrenos removidos con bastante facilidad, y en otros países de clima mediterráneo se ha convertido en un problema en zonas naturales. Conviene no tirar los restos de poda con semilla al campo y controlar las plántulas que aparecen fuera del jardín, sobre todo si se vive cerca de espacios naturales.
Multiplicación
Por semilla es lo más sencillo: se recogen las panículas secas en verano, se siembra en otoño en bandeja con sustrato arenoso, y germina sin dificultad. Las plántulas se trasplantan pequeñas, porque la raíz pivotante no lleva bien el trasplante tardío.
Por esqueje también funciona, y es la vía para conservar un color concreto que guste, ya que la semilla da variación. Se toman esquejes semileñosos de unos diez o quince centímetros a finales de verano, se quitan las hojas de la mitad inferior y se ponen en sustrato muy arenoso, a la sombra y sin encharcar.
Con qué combinarlo
Encaja de forma natural en el jardín seco mediterráneo, entre lentiscos, mirtos, romeros, lavandas, salvias, Teucrium y gramíneas, y con suculentas de porte escultórico como los Aloe o las Yucca rostrata. Sus panículas verticales funcionan muy bien contra la vertical oscura de un ciprés y contra masas redondeadas de arbustos grises.
Al ser una planta de vida corta y volumen grande, conviene no darle un papel estructural en el diseño. Va mejor como masa de acompañamiento repetida en varios puntos, de modo que su desaparición o su reposición no deje un hueco evidente.
Otros tajinastes de flor azul
El género Echium tiene en la Macaronesia una diversidad notable, con cerca de una veintena de endemismos entre Canarias y Madeira. De flor azul y porte arbustivo, similares en uso al candicans, están el Echium webbii, endémico de La Palma, de mata más compacta y follaje más verde, y el Echium virescens, endémico de Tenerife, de espigas más pálidas. El Echium callithyrsum es endémico de Gran Canaria.
Conviene no confundirlos con los tajinastes bienales, como el rojo del Teide (Echium wildpretii) o el blanco tinerfeño (Echium simplex), que hacen una roseta el primer año, una única inflorescencia el segundo y mueren después. Esos son plantas distintas en su manejo, no arbustos.
Una precaución
Las hojas y los tallos están cubiertos de pelos rígidos que pueden irritar la piel de las personas sensibles al manipular la planta. Conviene podar con guantes y manga larga.
Además, como otras boragináceas, contiene alcaloides pirrolizidínicos, por lo que ninguna parte de la planta se consume. Es una planta de jardín y de abejas, no de cocina ni de infusión.
En resumen
El Echium candicans da en abril y mayo una floración azul que pocas plantas igualan, y lo hace en suelo pobre, calizo y sin riego, que es exactamente lo que ofrece un jardín del litoral mediterráneo español. Necesita pleno sol, drenaje, abrigo del viento y no pasar de tres o cuatro grados bajo cero.
Su manejo se reduce a dos gestos: no regarlo en verano una vez establecido y cortarle las panículas pasadas en junio, sin bajar nunca el corte a madera sin hojas. Vive cuatro o cinco años y se resiembra sola con abundancia, así que la reposición se resuelve seleccionando plántulas, aunque conviene vigilar que no se escape a los terrenos naturales de alrededor.