Las Stapelia son plantas suculentas del sur de África que producen unas flores carnosas de cinco puntas, cubiertas de pelo y a menudo con un olor que recuerda a carne descompuesta. Esa combinación de fealdad bella y peste es exactamente lo que las ha hecho populares: una Stapelia gigantea en flor, con una estrella de treinta o cuarenta centímetros abriéndose sobre una mata de veinte, es de las cosas más extrañas que se pueden tener en una terraza.
Son además plantas fáciles siempre que se entienda una cosa: aquí no se muere ninguna de sed, se mueren todas de agua. La pudrición del tallo por riego en el momento equivocado es prácticamente la única causa de muerte de una Stapelia en cultivo.
La Stapelia hirsuta parece una estrella de mar apoyada en el suelo arenoso del océano. Recibe el nombre de su vello, tan fino como espeso. Es la Stapelia más fácil de cultivar.
No son cactus
Conviene aclararlo porque se venden en la misma estantería y se parecen. Las Stapelia pertenecen a las apocináceas, dentro del grupo de las asclepiadoideas, y no tienen nada que ver con los cactus salvo el haber resuelto el mismo problema (vivir con poca agua) de forma parecida. Lo delata el detalle: sus tallos carnosos de cuatro caras tienen dientes blandos en las aristas, no espinas verdaderas, y no hay areolas, que es lo que define a un cactus.
La consecuencia práctica de esa diferencia es que toleran peor el sol directo y peor el frío húmedo que un cactus. En su hábitat del Cabo, Namibia y Sudáfrica oriental crecen a menudo al abrigo de arbustos, no expuestas en campo abierto.
Los tallos son verdes o verde grisáceo, a veces jaspeados de púrpura si les da mucha luz, de dos a tres centímetros de grosor, y forman matas bajas y extendidas de veinte a cuarenta centímetros que se van ensanchando por la base. Crecen despacio.
Quién es quién
El género reúne unas cuarenta especies, y las que se encuentran habitualmente en colección son pocas.
Stapelia gigantea es la de flor más espectacular: estrella amplia, de color crema a amarillo pálido finamente rayada de rojo, con los bordes de los lóbulos cubiertos de largos pelos blancos. Es también de las más fáciles y de las que más rápido forman mata.
Stapelia hirsuta tiene flores más pequeñas, de un púrpura oscuro, densamente cubiertas de vello. Es la que se recomienda para empezar, porque es la más tolerante con los errores de riego.
Stapelia grandiflora da flores grandes de color vinoso muy oscuro, con vello largo en los márgenes, y es de las de olor más contundente.
Stapelia flavopurpurea es la excepción olfativa: sus flores pequeñas, de lóbulos amarillo limón arrugados y centro rosado, huelen a cera de abejas. Es la que se puede tener dentro de casa sin pensárselo.
Una aclaración de nomenclatura que evita confusiones al comprar: la planta que durante décadas se vendió como Stapelia variegata, la de flores amarillas moteadas de marrón oscuro, hoy está clasificada como Orbea variegata. Es otro género, aunque el cultivo es idéntico, y sigue siendo la más común y la más resistente de todo el grupo.
El olor y las moscas
El olor a carroña no es un accidente ni un capricho: es el sistema de polinización de la planta. El color de la flor, con esos tonos de carne y de sangre, la textura arrugada, el vello que imita el pelo de un animal y hasta el calor que algunas especies generan en la flor están dirigidos a atraer moscas de la carne, sobre todo califóridos y sarcofágidos.
Las moscas acuden, se meten en el centro de la flor, y con frecuencia depositan sus huevos allí convencidas de que es un cadáver. Las larvas que nacen mueren porque no hay nada de que alimentarse. Mientras tanto, la mosca se ha llevado pegado el polinario y lo deposita en la siguiente flor.
Para el cultivador esto significa dos cosas. Que una planta en flor atrae moscas mientras dure la floración, que suele ser de unos pocos días por flor en verano y principios de otoño. Y que si se tiene dentro de casa conviene sacarla a la terraza en cuanto se vea el capullo hinchado, salvo que se trate de Stapelia flavopurpurea.
Luz y temperatura
Quieren mucha luz pero no sol abrasador. La situación ideal en España es una terraza o un alféizar orientado al este, con sol de mañana y sombra a partir del mediodía, o bajo una malla de sombreo ligera. A pleno sol de julio en el interior o en el sur, los tallos se enrojecen intensamente, se arrugan y acaban quemándose por un lado. Con poca luz, en cambio, se estiran, se ponen de un verde pálido y no florecen.
En cuanto al frío, son plantas de invierno seco y templado. Por debajo de unos 10 grados conviene tenerlas ya completamente secas, y no toleran las heladas. En la costa mediterránea sin heladas y en Canarias se pueden tener todo el año fuera, en suelo arenoso o pedregoso con algo de sombra. En el resto del país se cultivan en maceta y se entran a un lugar fresco, luminoso y seco de octubre a marzo. La habitación sin calefacción, la galería o el porche cerrado son mejores sitios que el salón.
Sustrato y maceta
El sustrato tiene que drenar de manera radical. Una mezcla que funciona es un tercio de sustrato para cactus, un tercio de arena gruesa de río o gravilla silícea, y un tercio de material poroso como pómice o arlita fina. Nada de arena de playa ni de arena fina de albañilería, que compacta y hace justo lo contrario.
La maceta debe ser ancha y poco profunda, porque la mata se extiende horizontalmente y la raíz es superficial, y con agujeros de drenaje generosos. El barro cocido sin esmaltar ayuda mucho, porque permite que el cepellón se seque desde los lados. Un acolchado de gravilla en la superficie mantiene los tallos separados de la tierra húmeda y previene la pudrición del cuello.
Riego, que es donde se pierden
La regla es corta. De abril a septiembre, riego moderado cuando el sustrato esté completamente seco en profundidad, empapando bien y dejando escurrir. De octubre a marzo, nada de agua, o como mucho un riego mínimo a mitad del invierno si los tallos se arrugan de forma exagerada y la temperatura no es fría.
Un tallo que se arruga ligeramente no es una emergencia, es la reserva de agua bajando, y se recupera con el siguiente riego. Un tallo que se ablanda, se vuelve translúcido y toma color pardo por la base sí lo es, y para entonces suele ser tarde: hay que cortar por encima de la zona afectada, dejar secar el corte y enraizar lo sano como esqueje.
Abonar es opcional. Un fertilizante para cactus, bajo en nitrógeno, una o dos veces durante el verano, es más que suficiente. El exceso de nitrógeno da tallos hinchados, blandos y propensos a pudrirse.
Multiplicación
Es de lo más sencillo que hay. Se corta un tallo entero por la base con un cuchillo limpio, preferiblemente en primavera o principios de verano, se deja secar el corte al aire y a la sombra durante tres o cuatro días hasta que cicatrice, y se apoya sobre sustrato seco del mismo tipo que el de cultivo, sujeto con un poco de gravilla. No se riega hasta pasada una semana o diez días, y después se moja muy ligeramente. Enraíza en pocas semanas.
También se pueden dividir las matas grandes separando trozos con raíz, y se puede sembrar: las semillas van provistas de un penacho de pelos sedosos, como las de los vilanos, y germinan bien en fresco, aunque la planta tarda años en alcanzar tamaño de floración.
Plagas y otros parientes
La plaga habitual es la cochinilla algodonosa, que se esconde en las axilas de los tallos y, sobre todo, en las raíces, donde pasa desapercibida hasta que la planta se para sin motivo aparente. Al trasplantar conviene mirar el cepellón. Los pulgones aparecen a veces en los botones florales.
Si el grupo interesa, hay más géneros con la misma flor de estrella y el mismo cultivo: Huernia, de flores pequeñas en forma de campana con la boca en anillo carnoso y muy floríferas, Orbea, Duvalia y Tavaresia. Y hay un pariente cercano que crece de forma silvestre en el sureste peninsular, en zonas áridas de Almería y Murcia, la Caralluma europaea, con flores estrelladas amarillas rayadas de púrpura. Es una planta escasa en su medio natural y no se recolecta del campo bajo ningún concepto.
En resumen
Las Stapelia son suculentas del sur de África que florecen en verano y principios de otoño con estrellas carnosas, peludas y casi siempre malolientes, un montaje completo para atraer moscas. En España se cultivan sin dificultad en maceta ancha con sustrato muy drenante, mucha luz y sombra en las horas centrales del verano.
Todo depende del riego: agua solo de abril a septiembre y solo con el sustrato completamente seco, y sequía absoluta en invierno con la planta a resguardo de las heladas. Para empezar, Stapelia hirsuta o la antigua Stapelia variegata, hoy Orbea variegata, son las que más perdonan; Stapelia flavopurpurea, la única que se puede tener dentro de casa sin que la floración se note en el olfato.