Hacia mediados de julio, los campos que rodean Brihuega, en el valle del Tajuña, se tiñen de azul violeta durante dos o tres semanas. Es la floración del lavandín, un cultivo que se implantó en la Alcarria hace décadas por su parecido climático con la Provenza y que hoy ocupa cientos de hectáreas en Guadalajara.

No es una curiosidad paisajística sino un cultivo industrial con su calendario: se siega en cuanto la flor está en su punto y se destila para extraer aceite esencial. Quien quiera verlo en flor tiene una ventana estrecha, y conviene saber cuándo es y cómo acercarse sin estropear la cosecha.

Hacia mediados de julio, un perfume delicioso sube desde los surcos azules de espliego y lavandín sobre la pedregosa tierra alcarreña.

Espliego, lavanda y lavandín no son lo mismo

Los tres nombres se usan indistintamente y designan plantas distintas, con usos y precios muy diferentes.

  • Lavanda o alhucema (Lavandula angustifolia). Mata compacta, espiga corta y compacta sobre un tallo relativamente largo. Su aceite esencial es el fino, el que se destina a la perfumería, con muy poco alcanfor. Es la que crece silvestre en zonas de montaña del este peninsular.
  • Espliego (Lavandula latifolia). En España este nombre corresponde propiamente a esta especie, de hoja más ancha y espiga ramificada. Su esencia tiene bastante alcanfor y un olor más penetrante. Crece de forma espontánea en gran parte del país, sobre suelos calizos.
  • Lavandín (Lavandula x intermedia). Es el híbrido natural de las dos anteriores, y es el que domina en los campos de la Alcarria. Forma matas mucho más grandes, con espigas largas sobre tallos altos, y produce bastante más aceite esencial por hectárea. Su esencia, con más alcanfor, se destina sobre todo a jabones, detergentes y ambientadores. Al ser un híbrido es estéril, así que se multiplica por esqueje.

Que domine el lavandín en la Alcarria tiene una explicación económica sencilla: rinde mucho más. Junto a él se cultiva también lavanda fina en superficies menores.

Por qué la Alcarria

Las condiciones de la comarca coinciden casi punto por punto con lo que pide el género:

  • Suelos calizos, pedregosos y pobres. La lavanda prospera exactamente donde otros cultivos no rinden. En suelo rico y húmedo crece frondosa, florece peor y se pudre.
  • Drenaje excelente. Las laderas y páramos alcarreños evacuan el agua sin retenerla.
  • Altitud. La zona se sitúa en altiplanicie, bastante por encima de los ochocientos metros, lo que da noches frescas incluso en pleno julio y concentra los aceites esenciales.
  • Clima continental seco. Veranos calurosos y secos, inviernos fríos. El lavandín aguanta bien las heladas y no tolera la humedad estival persistente, que es justo lo contrario de lo que ofrece la cornisa cantábrica.

Cuándo ir a verlos

La floración plena suele darse entre los primeros días y mediados de julio, aunque la fecha se mueve una o dos semanas de un año a otro según cómo haya venido la primavera. Un invierno lluvioso y una primavera fresca retrasan; un año seco y caluroso adelanta.

La luz de última hora de la tarde es la que mejor saca el color: al mediodía el sol de julio lo lava. Y ese es también el momento en que el perfume se percibe con más intensidad, cuando la temperatura baja y el aire se aquieta.

En cuanto empieza la siega, hacia finales de julio, el paisaje cambia de golpe y los campos quedan segados en pocos días. Ir a principios de agosto es llegar tarde.

Cómo visitar los campos sin estropearlos

Conviene tener presente algo que se olvida con facilidad: son fincas privadas y un cultivo en producción. Pisar los surcos rompe tallos que son la cosecha del año, y el paso continuado compacta el suelo entre líneas.

La práctica correcta es sencilla: mirar desde los caminos y linderos, no cortar espigas, no entrar con vehículos y respetar las zonas que los propios agricultores habilitan para el paso durante los días de mayor afluencia. En Brihuega hay campos señalizados con ese fin durante la temporada.

La localidad organiza además, coincidiendo con la floración, un festival nocturno en los campos que se ha convertido en el momento álgido de la temporada. Las fechas cambian cada año y las entradas suelen agotarse con antelación, así que hay que consultarlas en su momento.

La siega y la destilación

La recolección se hace con máquinas segadoras adaptadas que cortan la espiga con un tramo de tallo. A partir de ahí, el material pasa a los alambiques, donde se extrae el aceite esencial por arrastre de vapor: el vapor de agua atraviesa la masa vegetal, arrastra los compuestos volátiles y, al condensarse, se separa el aceite del agua por diferencia de densidad. El agua resultante, cargada de aromáticos, es el hidrolato.

Los rendimientos son bajos en términos absolutos, del orden de unos pocos kilos de aceite por hectárea, lo que explica el precio de las esencias auténticas frente a las sintéticas.

Las abejas y la miel de la Alcarria

La lavanda es una planta extraordinariamente melífera y durante la floración los campos se llenan de colmenas. La comarca tiene tradición apícola desde mucho antes del lavandín, y la miel de la Alcarria cuenta con Denominación de Origen Protegida, una de las más antiguas de España en su categoría. La miel de espliego es una de las clásicas de la zona, de color claro y aroma marcado.

Un apunte de prudencia si se va a caminar cerca: durante la floración hay muchísima abeja trabajando. No es peligroso si no se molesta a las colmenas, pero conviene no acercarse a los colmenares ni pararse justo delante de las piqueras.

Cómo cultivar lavanda en casa

Es una de las pocas plantas ornamentales que prefiere las condiciones que en España abundan: sol duro, suelo calizo y poca agua.

  • Sol pleno. Sin excepción. En sombra se ahíla, no florece y enferma.
  • Suelo pobre, calizo y con drenaje perfecto. Ni abono rico ni tierra que retenga humedad. En jardín, plantarla en alto o sobre un caballón si el terreno es arcilloso.
  • Riego escaso. Una vez arraigada, en la mayor parte de España vive con la lluvia y algún riego de apoyo en pleno verano. El exceso de agua es su principal causa de muerte.
  • En maceta, recipiente de barro con buen agujero, sustrato mezclado con arena gruesa o gravilla y nada de plato con agua. Al ser porosa, la maceta de barro es aquí una ventaja y no un inconveniente.
  • Zonas húmedas. En la cornisa cantábrica y Galicia sufre por la humedad estival y la falta de sol. El lavandín se comporta algo mejor que la lavanda fina, pero no es su clima.

La poda es lo que decide

Es el punto donde se pierden más plantas de lavanda en los jardines españoles, y la regla es corta: no cortar nunca sobre madera vieja. Un tallo leñoso y sin hojas, si se poda, no rebrota.

Lo que funciona es podar todos los años, en cuanto termina la floración y antes de que llegue el frío, retirando las espigas secas y recortando entre un tercio y la mitad del crecimiento del año, siempre dejando hojas verdes por debajo del corte. Hecho con constancia, la mata se mantiene compacta y productiva durante muchos años. Abandonada dos o tres temporadas, se abre por el centro, se lignifica y ya no hay forma de recuperarla: toca sustituirla.

La multiplicación es fácil por esqueje semileñoso a finales de verano, tomando brotes del año de unos diez centímetros, sin flor, y enraizándolos en sustrato arenoso a la sombra.

En resumen

Los campos de la Alcarria son sobre todo lavandín, el híbrido de lavanda y espliego, y su floración se concentra en las primeras semanas de julio con una ventana de dos o tres semanas antes de la siega. Se ven mejor a última hora de la tarde, y siempre desde los caminos: son fincas privadas y un cultivo en producción.

Para llevárselo a casa, la lavanda es una de las plantas más fáciles de España si se respetan tres cosas: sol pleno, suelo pobre y con drenaje, y poda anual sin tocar nunca la madera vieja. Falla cualquiera de las tres y la mata se abre, se lignifica y no hay vuelta atrás.


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