En febrero, cuando fuera todavía no hay nada, tres plantas de maceta llenan de flor los interiores españoles: las prímulas, las cinerarias y el jazmín de invierno de flor rosa y blanca. Las tres comparten el mismo requisito y es el que casi nadie les da: frescor. Son plantas de tiempo frío, y en un salón a 22 grados con la calefacción puesta duran una fracción de lo que podrían durar.

Colocadas en el sitio adecuado, en cambio, cubren desde enero hasta bien entrada la primavera, y en cuanto las temperaturas exteriores suben de forma estable se pueden sacar a la terraza o al balcón, donde rinden todavía mejor. Veamos qué es cada una y qué pide.

Prímulas rosa fucsia, una cineraria bitono en blanco y magenta y un jazmín con sus guías llenas de olorosas florecillas.

Prímulas

Las que se venden para interior suelen ser Primula obconica, de flores grandes agrupadas en umbelas sobre un tallo alto, en rosados, malvas, azules, fucsias y cada vez más combinaciones bicolor. Las de terraza y jardín son las primaveras, Primula vulgaris (también etiquetada como Primula acaulis), de mata baja y flores casi a ras de hoja.

Con la obconica hay que saber una cosa: sus hojas tienen pelos glandulares que segregan primina, una sustancia que causa dermatitis alérgica de contacto en personas sensibilizadas. Existen desde hace tiempo selecciones libres de primina, que se venden con nombres que aluden a que no irritan. Si hay alguien con piel reactiva en casa, conviene buscarlas o manipular la planta con guantes.

Miden entre quince y veinte centímetros, así que funcionan bien agrupadas: tres o cinco en fila en una repisa lucen mucho más que una suelta.

Cinerarias

Botánicamente son Pericallis x hybrida, aunque se siguen encontrando bajo los nombres antiguos Senecio cruentus y Cineraria hybrida. Su interés para nosotros es doble, porque sus especies parientes son nativas de Canarias: los ancestros silvestres de estos híbridos crecen en la laurisilva y en las zonas de medianía de las islas.

Forman un ramo redondeado y muy denso de flores en forma de margarita, de treinta a cuarenta y cinco centímetros de altura, en azul añil, lila, magenta, rojo, violeta o rosa, muchas veces con un anillo blanco alrededor del centro. El follaje es grande, acorazonado, verde oscuro por el haz y grisáceo por el envés.

Son las más sedientas de las tres y las que peor llevan el calor. Una cineraria en un sitio cálido se marchita entera en un par de días. En cuanto lo hace, aunque se riegue, rara vez recupera la forma.

El jazmín de invierno de flor rosa

Aquí conviene una aclaración de nombres. La trepadora que se vende en enero y febrero en maceta con arco, cargada de botones rosados que abren en estrellitas blancas muy perfumadas, es Jasminum polyanthum, originaria del suroeste de China. En el comercio se etiqueta a menudo como jazmín moruno, pero el jazmín moruno propiamente dicho es Jasminum grandiflorum, otra especie, de flor blanca más grande y floración estival, que en España se cultiva al aire libre.

Jasminum polyanthum emite tallos largos y flexibles de bonito efecto colgante, y se puede cultivar en cesta suspendida o guiado sobre un aro. Su perfume es intenso, hasta el punto de resultar excesivo en una habitación pequeña y cerrada.

Los cuidados, punto por punto

Temperatura. Es el factor decisivo. Lo ideal para las tres está entre los 10 y los 16 grados. Por encima de 18 las flores duran mucho menos y la planta se agota. El sitio adecuado en una casa española no es el salón: es una galería, un dormitorio sin calefacción, un porche acristalado o el alféizar de una ventana lejos del radiador.

Luz. Muy abundante y sin sol directo prolongado. En invierno el sol de mañana a través de un cristal no las daña, pero el de mediodía sí puede quemar las flores.

Riego. Son plantas ávidas de agua, sobre todo la cineraria. El sustrato debe mantenerse ligeramente húmedo de forma constante, sin llegar nunca a empapar. Se comprueba con el dedo y se riega cuando la superficie empieza a secarse. Si las hojas están lacias, es que ha pasado sed, y si eso ocurre a menudo la planta acaba resintiéndose de forma permanente.

Drenaje. Aquí se pierden la mitad. Se venden dentro de cubremacetas cerrados o envueltas en plástico decorativo, y el agua se acumula en el fondo hasta pudrir las raíces. Hay que perforar el envoltorio o sacar la maceta para regar y devolverla escurrida.

Sin mojar flores ni follaje. Todas son sensibles al moho gris con humedad y poca ventilación. Se riega por el borde de la maceta o por inmersión breve.

Abono. Un fertilizante para plantas de flor, diluido, cada dos o tres semanas mientras dura la floración. No hace falta más.

Limpieza. Quitar las flores marchitas con su pedúnculo, cortándolo lo más abajo posible, y retirar las hojas amarillas del centro de la mata. Con eso se alarga la floración semanas y se frena la botritis.

Las plagas de estas tres

En interior y en invierno el repertorio es corto pero constante:

  • Mosca blanca, particularmente insistente en las cinerarias. Se ve al mover la planta, como una nube de puntos blancos que se levanta del envés.
  • Pulgón en los pedúnculos florales y los brotes tiernos del jazmín.
  • Araña roja si el ambiente es cálido y seco, que es justo lo que hay que evitar por otras razones.
  • Moho gris sobre flores pasadas y hojas viejas, sobre todo en la cineraria, de follaje denso y poco ventilado.

Cuándo sacarlas fuera

En cuanto las mínimas se estabilizan por encima de unos 8 o 10 grados, las tres agradecen salir al balcón o la terraza, a un sitio luminoso pero sin sol directo del mediodía. En el litoral mediterráneo y en Andalucía eso llega en febrero o marzo; en la meseta y el norte, en abril, y siempre vigilando las heladas tardías, que en el interior pueden aparecer hasta mayo.

Qué hacer con ellas después

Las cinerarias son anuales: florecen una vez y se agotan. No hay nada que conservar y no rebrotan.

Las prímulas de interior se comportan en la práctica igual: rebrotan mal en casa y su segunda floración es pobre. Las primaveras de exterior sí son vivaces y en climas frescos duran años, trasplantadas a semisombra con suelo que retenga humedad.

El jazmín sí merece conservarse, y es la única de las tres que da algo a cambio el año siguiente. Terminada la floración se poda para darle forma y se saca al exterior. En el litoral mediterráneo, en Andalucía y en Canarias puede plantarse en el jardín contra una pared soleada y resguardada; en el interior peninsular hay que mantenerlo en maceta y guardarlo del frío en invierno.

Y aquí está el detalle que hace que no vuelva a florecer en la mayoría de las casas: necesita pasar el otoño fresco, con noches por debajo de unos 13 grados, para inducir los botones florales. Un jazmín que pasa el otoño dentro de un piso caldeado se llena de hojas y no da una flor. Dejarlo fuera hasta que empiece el frío de verdad, y solo entonces entrarlo, es lo que funciona.

En resumen

Prímulas, cinerarias y jazmín de invierno florecen en febrero porque son plantas de tiempo frío, y ese es también el motivo por el que duran tan poco en un salón con calefacción. Un rincón luminoso y fresco, riego constante sin encharcar, cubremacetas que no acumule agua y limpieza de lo marchito: ahí está casi todo.

De las tres, dos son de un solo uso y el jazmín es el que compensa guardar. Su condición es un otoño fresco al aire libre para que forme botones. Y con la Primula obconica, guantes al manipularla o buscar directamente las selecciones libres de primina, porque su dermatitis de contacto es un problema real.


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