La flor de Pascua roja sigue siendo la mayoría aplastante de lo que se vende en diciembre, pero ya no es la única opción. En los últimos años la mejora genética de Euphorbia pulcherrima ha ampliado la gama a los rosas de todas las intensidades, los salmones y albaricoques, los blancos y cremas, el magenta encendido y una colección creciente de brácteas jaspeadas, moteadas y bicolores.

Merece la pena saber distinguir esa gama obtenida por selección de la otra, la que llega a las tiendas pintada con espray. Porque hay bastante de lo segundo, y el comportamiento de una planta y otra no es el mismo.

Los nuevos colores pastel de la flor de Pascua son de una variedad sorprendente.

Lo que se colorea no son pétalos

La parte llamativa de la planta son brácteas, es decir, hojas modificadas que rodean a la inflorescencia. Las flores verdaderas son los botoncitos amarillo verdoso del centro, los ciatios, minúsculos y sin pétalos.

Esto tiene dos consecuencias prácticas. La primera es que el color no se comporta como el de una flor: no se abre y se cierra, sino que aparece gradualmente sobre hojas nuevas cuando las noches se alargan lo suficiente, y se mantiene durante semanas o meses. La segunda es que para comprar bien no hay que mirar las brácteas sino el centro: si los ciatios están cerrados o apenas abriendo, la planta es joven; si ya han soltado polen o han caído, está de retirada aunque el color siga espléndido.

La gama real de colores

Ordenada de más a menos frecuente en el mercado español:

  • Rojos. Desde el escarlata puro hasta rojos oscuros con matiz granate. Es la gama con más cultivares y también la más resistente al transporte y a la penumbra doméstica.
  • Rosas. Un abanico enorme, del rosa pálido casi carne al fucsia y el magenta. Suelen ser plantas de porte más compacto y bráctea algo más pequeña.
  • Blancas y cremas. El blanco puro no existe del todo: casi siempre tira a marfil o a crema, y con temperaturas bajas puede tomar un tono verdoso muy visible en las brácteas exteriores. No es un defecto, es la reacción normal de esos cultivares al frío.
  • Salmones y albaricoques. El grupo más reciente y el que más ha cambiado en pocos años. Son los que peor toleran la falta de luz: en un rincón oscuro pierden el matiz cálido y quedan de un beige apagado.
  • Jaspeadas y bicolores. Brácteas rosas o rojas con veteados, salpicaduras o bordes en crema. El dibujo varía de una planta a otra y también dentro de la misma mata, así que conviene elegir el ejemplar concreto en vez de fiarse de la etiqueta.

Existe además un grupo de brácteas rizadas o vueltas hacia dentro, que forman una especie de roseta y recuerdan a una flor doble. Son plantas llamativas y algo más caras, y con el mismo cultivo que las demás.

Las azules, moradas y purpurina no son un color de la planta

Si en el punto de venta hay poinsettias azules, turquesas, lilas o con brillo dorado, se trata casi con seguridad de plantas blancas o crema teñidas con un colorante en espray y, a veces, espolvoreadas con purpurina. No es fraude si está indicado, pero conviene saberlo:

  • El color no es estable. Las brácteas nuevas que salgan después de la compra serán blancas o crema, con lo que la planta acaba con dos tonos.
  • La capa de pintura y la purpurina reducen algo la superficie útil de la hoja y ensucian el follaje que hay debajo.
  • Si se pretende conservar la planta de un año para otro, el color desaparecerá por completo.

La forma rápida de comprobarlo es mirar el envés de una bráctea y el nacimiento del pecíolo: en la teñida el color se queda en la cara superior y el reverso sigue siendo pálido.

Tamaños y para qué sirve cada uno

La variedad de formatos se ha ampliado tanto como la de colores, y decide más que el color a la hora de colocarlas.

  • Mini, en macetas de seis a diez centímetros. Se agrupan en bandeja, se meten dentro de recipientes de cerámica o cristal y funcionan muy bien en cantidad, alineadas en una repisa o en el centro de una mesa. A cambio, el cepellón es pequeño y se seca deprisa: hay que revisarlas más a menudo.
  • Estándar, en macetas de trece a diecisiete centímetros. Es el formato habitual y el más equilibrado en duración.
  • Copa alta o arbolito, con el tallo desnudo y la copa arriba. Ocupa poco suelo y luce en un recibidor. Necesita más luz que las demás para no perder las hojas bajas de la copa.
  • Colgantes, de tallos arqueados. Piden un sitio elevado y muy luminoso, y son las que peor llevan las corrientes de aire.

Cómo combinar los colores en casa

Las mezclas de muchos tonos a la vez suelen quedar deslavazadas, porque las brácteas tienen todas la misma textura y el mismo brillo y el conjunto pierde estructura. Funcionan mejor dos criterios simples.

Uno es el degradado dentro de una misma familia de color: tres o cinco plantas del blanco crema al rosa pálido y al fucsia, todas del mismo tamaño y en recipientes iguales. El otro es el contraste con follaje verde: una sola poinsettia de color intenso rodeada de plantas de hoja, un helecho, una hiedra o una sansevieria, que le dan fondo y disimulan la parte baja de los tallos, que casi nunca es bonita.

Los recipientes cerrados de cerámica o cristal quedan bien, pero hay que perforarlos o, si no se puede, mantener la maceta original dentro y sacarla para regar. Nunca debe quedar agua en el fondo.

Que el color dure

El color se sostiene sobre tres cosas y ninguna es complicada.

Luz. El sitio más claro de la casa, junto a una ventana, sin sol directo abrasador. Con poca luz los tonos pastel son los primeros en apagarse.

Temperatura estable, aproximadamente entre 15 y 22 grados, lejos del radiador y de la puerta que se abre a la calle. Los cambios bruscos son lo que peor lleva.

Riego a demanda. Se comprueba el sustrato con el dedo y solo se riega si está seco un par de centímetros hacia dentro. Al regar, se moja bien, se deja escurrir y se vacía el plato o el cubremacetas. El envoltorio metalizado con el que se venden retiene agua alrededor de las raíces y es la causa más común de que la planta se venga abajo en quince días.

Un apunte de seguridad: al cortar un tallo o al romper una hoja, la planta suelta un látex blanco que irrita la piel y sobre todo los ojos y las mucosas. Conviene manipularla con guantes, lavarse las manos después y mantenerla fuera del alcance de niños pequeños y animales. Si hay contacto o ingestión con consecuencias, la consulta corresponde al médico o al veterinario.

En resumen

La gama de la flor de Pascua se ha ampliado de verdad, y hoy hay rosas, salmones, cremas y jaspeadas obtenidas por selección que se comportan tan bien como la roja de siempre. Los tonos más pálidos, eso sí, son los más exigentes con la luz: en un rincón oscuro pierden el matiz y quedan apagados.

Distinto es el caso de las azules, moradas o con purpurina, que son plantas blancas pintadas y perderán ese color en cuanto emitan brácteas nuevas. Sabiendo eso, y eligiendo por el estado de los ciatios y no por el brillo de las brácteas, la elección deja de ser una lotería.


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