La flor de Pascua se compra en diciembre y demasiadas veces está sin hojas a mediados de enero. Casi siempre por la misma secuencia: un trayecto en coche frío desde la tienda, un sitio junto al radiador y un plato con agua debajo. Las tres cosas se evitan sin esfuerzo, y con ellas la planta llega a marzo entera y puede vivir años.
Lo que hoy se vende no es solo la roja de siempre. Hay poinsettias blancas, crema, amarillo limón, rosa chicle, magenta, salmón, jaspeadas y de bráctea rizada, y esa variedad de color es lo que ha permitido sacarlas de la decoración navideña más convencional. Antes de entrar en cuidados conviene saber qué es exactamente lo que se está comprando, porque explica casi todo lo demás.
Poinsettias usadas para adornar la mesa de Navidad. Conviene cortarlas a última hora y cauterizar el extremo del tallo para que no mane la savia blanca.
Qué es realmente una flor de Pascua
La Euphorbia pulcherrima es un arbusto de la familia de las euforbiáceas, pariente del ricino, de la corona de Cristo y de las euforbias del monte mediterráneo. Es originaria de México, donde crece de forma silvestre en zonas de clima cálido y llega a hacerse un arbusto grande, de varios metros. Su nombre común en inglés y en buena parte del mundo, poinsettia, procede de Joel Roberts Poinsett, diplomático estadounidense que la introdujo en su país en el primer tercio del siglo XIX.
Lo que llamamos flor no lo es. Las piezas grandes de color son brácteas, hojas modificadas que rodean a las flores verdaderas, que son los ciatios diminutos agrupados en el centro, de aspecto de botoncitos verdes y amarillos. Las hojas propiamente dichas son verdes, con pecíolo a menudo rojizo.
Y como toda euforbiácea, exuda un látex blanco al romperse cualquier parte. Ese detalle explica tanto la precaución al manipularla como el truco de sellar el tallo cuando se usa como flor cortada.
Cómo elegirla y cómo llevarla a casa
Mire el centro de las brácteas, no las brácteas. Los ciatios, esos botones diminutos del centro, deben estar cerrados o apenas abiertos y de color verde amarillento. Si ya han soltado polen o han caído, la planta lleva semanas en venta y durará bastante menos.
Compruebe que el sustrato no esté encharcado ni completamente seco, y que las hojas inferiores estén verdes y firmes, no amarillentas. Descarte los ejemplares expuestos en la puerta de un comercio o en un pasillo de tienda con corriente, porque el daño por frío ya está hecho aunque no se vea.
El transporte es la parte que más importa y la que menos se cuida. La poinsettia es tropical y por debajo de unos 10 o 12 grados sufre daño irreversible. Pida que se la envuelvan, no la deje en el maletero mientras hace otros recados y no la lleve andando a la intemperie una tarde de diciembre en Burgos o en León sin protegerla. La defoliación que aparece a los tres o cuatro días de llegar a casa suele haberse producido en ese trayecto.
Luz, temperatura y corrientes
Quiere luz natural abundante, junto a una ventana, pero sin sol directo, que le quema las brácteas. En penumbra pierde intensidad de color y va soltando hojas por abajo.
La temperatura ideal está entre unos 15 y 22 grados, sin bajar de 15 por la noche y sin superar los 22 o 23 de día. Eso significa dos cosas concretas en una casa española en diciembre: nada de colocarla sobre el televisor, junto a un radiador, cerca de una chimenea o delante de la salida de aire caliente de una bomba de calor; y nada de dejarla en la entrada, junto a la puerta que se abre al portal, o en el alféizar de una ventana que se abre para ventilar.
Un truco poco conocido: la poinsettia es muy sensible al etileno, el gas que desprenden las frutas al madurar. Un frutero con manzanas o plátanos al lado acelera la caída de hojas.
Riego, que es donde se pierden casi todas
El error más común no es regar poco, es regar mucho y dejar agua debajo. Las raíces de la poinsettia se pudren con rapidez en sustrato saturado, y el síntoma inicial (hojas mustias) se parece tanto al de la sed que la reacción instintiva, regar más, remata la planta.
La pauta correcta: toque la superficie del sustrato y riegue cuando esté seca al tacto, lo que en un salón con calefacción suele significar cada tres o cuatro días. Riegue con agua templada, nunca fría del grifo en invierno. Deje escurrir y vacíe el plato o el cubremacetas a los diez minutos. Si la planta viene con la funda de plástico o el papel decorativo alrededor de la maceta, o se lo quita o le hace agujeros en el fondo: esa funda es un plato estanco disfrazado.
El riego por inmersión funciona muy bien con esta planta: se sumerge la maceta en un barreño hasta la mitad de su altura durante diez o quince minutos, se saca y se deja escurrir del todo antes de devolverla a su sitio.
Por qué se le caen las hojas
Cuatro causas, por orden de frecuencia. Golpe de frío en el transporte o por una corriente: la caída llega de golpe, con hojas todavía verdes. Exceso de agua: las hojas amarillean primero por abajo y el sustrato huele. Falta de agua: la planta se marchita entera y se recupera parcialmente tras un riego. Calor y aire seco junto a un radiador: los bordes se secan y la caída es progresiva.
Si la caída ya ha empezado, mueva la planta a un sitio luminoso, templado y sin corrientes, ajuste el riego a lo mínimo hasta ver la evolución y no abone. Una poinsettia que ha perdido la mitad de las hojas puede rebrotar perfectamente en primavera. Las plagas propias de interior, sobre todo mosca blanca y cochinilla, están tratadas en flor de Pascua, plagas y enfermedades.
Dos mitos que conviene desmontar
El primero es que es una planta mortalmente venenosa. No lo es. La creencia arranca de un caso atribuido a principios del siglo XX que nunca llegó a confirmarse, y los registros de exposiciones no recogen casos graves. Lo real es que su látex irrita la piel y sobre todo los ojos, y que masticar hojas o brácteas puede causar molestias digestivas, náuseas o vómitos en un niño o en un animal. Trabaje con guantes al podarla y colóquela fuera del alcance de mascotas que muerdan plantas. Ante una ingestión, la consulta es al médico o al veterinario.
El segundo mito es que purifica el aire de la casa. Aparece en muchas listas de plantas purificadoras, todas derivadas de ensayos hechos en cámaras selladas de pocos litros. Trasladado a una habitación real con ventilación normal, el efecto de una maceta sobre la calidad del aire es insignificante. Está explicado con detalle en plantas purificadoras: qué limpian de verdad.
Poinsettias en el jardín
En las zonas de España libres de heladas, el litoral mediterráneo más cálido y sobre todo Canarias, la flor de Pascua no es una planta de maceta sino un arbusto de exterior que puede alcanzar dos o tres metros y florecer cada invierno sin ninguna atención. Quien haya visto una en un patio de Tenerife entiende de golpe lo que es la planta.
Para plantarla en el suelo hace falta un sitio soleado sin sol abrasador de mediodía en verano, suelo suelto y muy bien drenado, y protección frente al viento frío. Se poda fuerte después de la floración, cuando pierde las brácteas, y rebrota con vigor. Fuera de esas zonas, en el interior peninsular y en el norte, es planta de interior y, como mucho, de terraza durante el verano.
Que vuelva a colorear el año siguiente
Es posible, aunque exige constancia. La flor de Pascua es una planta de día corto: colorea las brácteas cuando las noches se alargan.
El proceso completo, por meses. En marzo o abril, cuando ya ha perdido las brácteas, pódela dejando los tallos a diez o quince centímetros y trasplántela a una maceta un poco mayor con sustrato nuevo y buen drenaje. En mayo, sáquela al exterior a semisombra, riéguela con regularidad y abone cada quince días con un fertilizante para plantas de flor. En julio, despunte los brotes para que ramifique y dé más cabezas.
Desde finales de septiembre o primeros de octubre, y durante ocho a diez semanas, necesita unas catorce horas diarias de oscuridad completa e ininterrumpida. Completa quiere decir completa: la luz de una farola, la de una bombilla al abrir la puerta o la de una televisión encendida en la misma habitación bastan para interrumpir el proceso. Lo práctico es taparla cada tarde con una caja de cartón o una bolsa opaca desde las seis hasta las ocho de la mañana siguiente, y destaparla el resto del día para que reciba luz. A finales de noviembre las brácteas ya estarán coloreadas.
El paso a paso está desarrollado en cómo conservar la flor de Pascua de un año a otro y en qué cuidados necesita en verano.
En resumen
La flor de Pascua es un arbusto tropical mexicano cuyas brácteas de color no son flores. Sus tres necesidades son luz abundante sin sol directo, entre 15 y 22 grados sin corrientes ni radiadores cerca, y riego cuando la superficie del sustrato está seca, vaciando siempre lo que quede debajo. Protéjala del frío durante el trayecto desde la tienda, que es donde se produce la mayor parte del daño.
No es una planta mortalmente venenosa, aunque su látex irrita y conviene manipularla con guantes, y tampoco purifica el aire de la casa. Si quiere que vuelva a colorear, pódela en primavera, sáquela fuera en verano y désele catorce horas de oscuridad absoluta cada noche desde primeros de octubre. En el litoral cálido y en Canarias todo esto sobra: allí es un arbusto de jardín que florece solo cada invierno.