Cada primavera aparecen novedades de temporada, y tres de las que se han asentado merecen la pena por motivos distintos: la calibrachoa de flor doble, que es un capricho decorativo de mantenimiento medio; la Euphorbia hypericifolia 'Diamond Frost', que es la mejor planta de relleno que se ha incorporado en años; y la corona de Cristo (Euphorbia milii), que ha ampliado su gama de color y es de las plantas de flor que menos agua necesitan.

Las dos euforbias comparten un dato que las etiquetas rara vez destacan: exudan un látex blanco irritante para la piel y muy peligroso si alcanza los ojos. No es motivo para descartarlas, pero sí para podarlas con guantes y no ponerlas al alcance de niños pequeños. El detalle está más abajo.

La calibrachoa Double PinkTastic de la serie MiniFamous produce pequeñas corolas dobles bitonos en rosa pálido y púrpura.

Calibrachoas de flor doble

Las calibrachoas dobles producen corolas de apenas dos centímetros con los pétalos dispuestos en círculos concéntricos, de modo que parecen rosas en miniatura. En las variedades bitono, como la 'Double PinkTastic' de la serie MiniFamous, el rosa pálido y el púrpura se alternan en anillos. Forman matas almohadilladas de unos 15 centímetros de alto y 40 de extensión, y florecen de la primavera al otoño.

Van al sol o en semisombra, en cesta colgante, jardinera o macizo. Riegue de forma regular, sin dejar que el cepellón se seque del todo: pese a lo que sugiere el aspecto de la planta, no son resistentes a la sequía. Su raíz es superficial y su floración continua consume mucho, así que en una jardinera al sol en agosto el riego puede ser diario.

El punto crítico en España es el pH. Las calibrachoas son acidófilas y con agua dura y sustrato calizo desarrollan clorosis férrica en pocas semanas: hojas nuevas amarillas con los nervios verdes. Use sustrato ácido o neutro, abone cada quince días con un fertilizante para plantas de flor y tenga a mano quelato de hierro. Con eso el problema desaparece. Hay más en calibrachoas, surfinias y otras petunias.

Euphorbia hypericifolia 'Diamond Frost'

Es la que más ha cambiado la jardinería de temporada de los últimos años, y no por espectacular sino por lo contrario. Produce una nube continua de florecillas blancas diminutas, con las hojas casi disimuladas entre ellas, en matas ligeras de 30 a 45 centímetros de alto y 25 a 30 de extensión. El efecto recuerda al de una gipsófila, pero no para de florecer de la primavera al otoño.

Su valor está en que hace de acompañante universal: rellena huecos entre plantas de flor grande, suaviza las combinaciones de colores fuertes y da volumen a una jardinera sin competir con nada. En composiciones de calibrachoas, geranios o surfinias es la que sostiene el conjunto.

Es vivaz, pero se cultiva como anual porque es sensible al frío: no tolera prácticamente la helada. Prefiere pleno sol, aunque en el interior y el sur agradece sombra a partir de media tarde. Quiere suelo rico y bien drenado, riegos moderados cuando la tierra se nota seca, y tolera bastante bien la sequía puntual y el sustrato pobre. También se defiende en un interior muy luminoso, cerca de una ventana.

Es autolimpiante y no necesita despunte. Si a mediados de verano se estira y clarea, un recorte de un tercio la hace rebrotar compacta.

Corona de Cristo, ya no solo roja

La Euphorbia milii es un arbusto suculento endémico de Madagascar, con tallos leñosos densamente espinosos, hojas pequeñas y carnosas agrupadas hacia los extremos, y sus características ciatios rodeados de dos brácteas de color. Es pariente de la flor de Pascua, y como en aquella lo que parecen pétalos son en realidad brácteas.

La novedad es la gama: además del rojo clásico hay variedades blancas, rosa claro, rosa intenso y rojo pálido con borde verde, así como híbridos de bráctea mucho mayor. Con ello ha pasado de ser una planta un poco anticuada a una opción muy útil en jardinería de bajo riego.

Necesita pleno sol o sombra parcial y sustrato ligero, arenoso y con drenaje perfecto. Riegue poco, dejando secar el sustrato por completo entre riegos, y reduzca al mínimo o suspenda el riego en invierno, cuando la planta se para. El encharcamiento es lo único que la mata. En zonas litorales libres de heladas y en Canarias vive en el exterior todo el año y florece casi sin interrupción, en rocalla, arriate seco o maceta. En el interior peninsular es planta de terraza en verano y de ventana muy luminosa en invierno, protegida de la helada. Tiene su artículo en la espinosa belleza de la Euphorbia milii.

Se poda en primavera para darle forma y ramificar, y los esquejes enraízan con facilidad si se dejan secar la herida un par de días antes de plantarlos.

El látex de las euforbias, la advertencia que falta en la etiqueta

Todas las euforbias exudan un látex blanco al romper cualquier parte verde, y en el género hay compuestos irritantes bien conocidos. En contacto con la piel provoca enrojecimiento y escozor, y en algunas personas dermatitis. En los ojos el daño puede ser serio: es un accidente descrito con frecuencia al podar euforbias y frotarse después la cara.

Las precauciones son simples y valen para las dos plantas de este artículo. Pode con guantes, no se toque la cara mientras trabaja, lávese las manos con agua y jabón al terminar y, si maneja ejemplares grandes, use gafas de protección. Ante cualquier salpicadura en el ojo o ingestión, la consulta es al médico, o al veterinario si se trata de un animal.

La corona de Cristo suma un riesgo mecánico: sus espinas son largas, duras y muy punzantes. No es planta para colocar en un paso estrecho, junto a un banco ni en un jardín que usen niños pequeños.

Qué significa una novedad premiada

Conviene relativizar los premios que acompañan a estas plantas. Los concursos del sector, como el FleuroStar, valoran el impacto visual en el punto de venta, la novedad del color y el comportamiento en cultivo de vivero. Son criterios legítimos, pero no miden lo que a un aficionado le importa: cuánto dura la planta en una terraza de Murcia en agosto o si soporta el agua del grifo de Alicante.

De estas tres, la que mejor resultado da con menos trabajo en la mayor parte de España es la corona de Cristo. La 'Diamond Frost' es la más versátil para componer. Y la calibrachoa doble es la más vistosa y la que más atención exige, entre el riego frecuente y la clorosis. Sabiéndolo se elige mejor.

Cómo se combinan

En una jardinera grande al sol, la combinación que funciona es una base de calibrachoas dobles desbordando por el frente, la 'Diamond Frost' detrás aportando volumen y ligereza, y algo de altura al fondo, una salvia arbustiva o una gaura. Los tres tienen exigencias de sol parecidas, aunque conviene recordar que la calibrachoa pide más agua que sus compañeras, de modo que el riego se ajusta a ella.

La corona de Cristo no se mezcla en jardinera: va sola, en maceta de barro y sustrato mineral, o en un arriate seco junto a agaves, sedums y aloes, con los que comparte necesidades y por los que no se ve obligada a competir por el agua.

En resumen

La calibrachoa de flor doble es la más decorativa y la más exigente: riego frecuente, sustrato ácido o neutro y quelato de hierro si el agua es dura. La Euphorbia hypericifolia 'Diamond Frost' es la mejor compañera de cualquier composición de temporada, se comporta como anual porque no soporta la helada, y no necesita despunte. La corona de Cristo, con su nueva gama de colores, es la más adecuada para jardín de bajo riego, en el litoral y en Canarias al aire libre y en el resto en maceta a resguardo del invierno.

Con las dos euforbias trabaje siempre con guantes por el látex irritante, y coloque la corona de Cristo lejos de zonas de paso por sus espinas. Y tome los premios de novedad por lo que son: reconocimientos comerciales que no dicen nada sobre cómo se comportará la planta en su balcón.


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