Una pradera de césped fino tipo ray-grass o festuca consume en el interior peninsular una cantidad de agua difícil de justificar en verano, y exige siega semanal, escarificados, resiembras y abonado. Las plantas tapizantes cubren el suelo con la misma función visual, con una fracción del riego y sin cortacésped. La contrapartida, y hay que decirla la primera, es que casi ninguna se pisa.

De ahí sale la regla de diseño: césped solo donde el paso es inevitable (borde de piscina, zona de juego de los niños), y tapizantes en todo lo demás, que suele ser el ochenta por ciento del jardín. Debajo de los árboles, en taludes, en suelos irregulares y en las zonas de sombra, las tapizantes hacen además lo que el césped no puede hacer.

La vinca (Vinca minor) no solo es capaz de tapizar el suelo del jardín con su bello follaje verde oscuro brillante; también brinda flores azuladas o blancas.

Qué se gana y qué se pierde frente al césped

Lo que se gana: el riego baja mucho una vez arraigadas, y puede resolverse con goteo o microdifusión en lugar de una red de aspersión, que es más cara de instalar y más difícil de mantener. Desaparece la siega. Se puede plantar sobre terreno irregular sin nivelar. Se sujetan los taludes y se frena la erosión. La hoja que se muda queda bajo la nueva y forma una capa de materia orgánica que mejora el suelo. Y el abonado se reduce a una aportación de compost o humus una o dos veces al año.

Lo que se pierde: la superficie pisable y la inmediatez. Un césped en tepes está terminado el mismo día en que se coloca; una tapizante tarda de una a tres temporadas en cerrar, y durante ese tiempo hay que desherbar, que es el trabajo real de los dos primeros años. Las únicas que admiten paso ocasional son la Dichondra repens, los tréboles (Trifolium repens), la lipia y la gayuba, y las dos primeras piden un riego parecido al del césped.

Las tapizantes que mantienen la hoja todo el año

Vincas. La Vinca minor no pasa de 10 centímetros, con hoja ovalada verde oscuro brillante y flores violeta claro o blancas en primavera, y hay cultivares variegados. La Vinca difformis es autóctona de la Península y florece en azul pálido entre el otoño y la primavera, lo que la hace especialmente útil. Ambas van bien en semisombra, aguantan sol y sombra, y crecen rápido en suelo suelto. No las confunda con Vinca major, mucho mayor, más trepadora que tapizante y bastante invasora en suelos frescos. Todas las vincas son tóxicas por ingestión, porque contienen alcaloides.

Lipia (Phyla nodiflora, citada durante años como Lippia repens o Lippia nodiflora). Es la mejor sustituta del césped a pleno sol en clima mediterráneo: unos 10 centímetros de altura, muy poca agua, tolerancia al pisoteo y flores blancas o rosadas en verano. Pierde la hoja con heladas y no vive por debajo de unos 5 grados bajo cero, así que es planta de litoral y de zonas de invierno suave. Un detalle práctico: sus flores atraen abejas, de modo que no es lo ideal para andar descalzo en julio.

Pachysandra terminalis. Follaje verde oscuro lustroso en rosetas, unos 20 centímetros, pequeñas flores blancas y una variedad jaspeada en crema. Quiere sombra o semisombra, suelo rico, permeable, fresco y ácido. Eso la limita a la mitad norte y a suelos silíceos: en el suelo calizo del este y el sur amarillea. No admite pisoteo.

Hiedra (Hedera helix). Cubre suelos y taludes en umbría y semisombra, y es la opción más económica para grandes superficies. Para extensiones amplias conviene una variedad de hoja grande; las de hoja pequeña son más decorativas y toleran mejor un paso ocasional, pero cubren más despacio. Tarda al menos un año en arrancar, después crece con vigor y hay que recortarla, y si encuentra un obstáculo vertical trepa por él. Es propensa al pulgón. Sus bayas son tóxicas por ingestión y la savia provoca dermatitis de contacto en personas sensibles.

Ophiopogon. El Ophiopogon japonicus forma matitas de hoja fina y oscura de unos 20 o 30 centímetros que aguantan la semisombra y la sequía moderada, y el Ophiopogon planiscapus 'Nigrescens' tiene el follaje casi negro. Una aclaración necesaria: no es una convalaria. La convalaria o lirio de los valles es Convallaria majalis, una planta distinta y muy tóxica en todas sus partes, y la confusión entre ambos nombres circula desde hace décadas.

Gayuba (Arctostaphylos uva-ursi). Autóctona de las montañas ibéricas, forma un tapiz perenne denso, con flores blancas o rosadas en primavera y drupas rojas después. Tolera bien el paso y, una vez naturalizada, no necesita cuidados. Requiere suelo ácido y bien drenado, y es lenta de establecer: los dos primeros años necesita riego y desherbado.

Las que pierden hoja o parte aérea

Potentilla reptans, la cincoenrama, crece muy pegada al suelo con hojas palmadas de borde aserrado y flores amarillas en verano. Resiste bien el frío y prefiere sol y buen suelo.

Lysimachia nummularia no levanta de los 5 centímetros, con hojas redondeadas verde amarillentas y flores amarillas brillantes. Quiere sol y suelo húmedo pero drenado, así que es planta para bordes de estanque y zonas frescas, no para secano.

Fresa silvestre (Fragaria vesca). Tapiza rápido por estolones, quiere sol y suelo rico y drenado, da flor blanca en primavera y fruto comestible desde el principio del verano. Con frío pierde parte de la hoja, que antes toma buen color otoñal.

Para pleno sol y poca agua en clima mediterráneo

Si el problema es el verano seco del interior o del sureste, las opciones que mejor funcionan no salen de la lista clásica de cubresuelos de jardín inglés. Los tomillos rastreros (Thymus serpyllum, Thymus praecox) forman alfombras aromáticas que toleran el paso ocasional y viven en suelo pobre y calizo. La Frankenia laevis hace lo mismo en terrenos salinos y de costa. Los sedums (Sedum album, Sedum sediforme) cubren taludes soleados sin ningún riego. Y el romero rastrero (Rosmarinus officinalis 'Prostratus') resuelve superficies grandes en talud.

Si de verdad hace falta una superficie pisable, la vía no es una tapizante sino un césped de estación cálida, que en verano gasta bastante menos que uno de estación fría. La grama (Cynodon dactylon) y la Zoysia están amarillas en invierno, y ese es el precio, pero aguantan el calor peninsular con mucho menos riego. Puede verlo en zoysia japonica y en céspedes más sostenibles.

Tabla rápida de elección

PlantaExposiciónAguaPisoteo
Vinca minor, V. difformisSemisombra a sombraBajaNo
Phyla nodiflora (lipia)SolMuy bajaSí
Pachysandra terminalisSombraMediaNo
Hedera helixSombra a semisombraBajaOcasional
Ophiopogon japonicusSemisombraMedia bajaNo
Arctostaphylos uva-ursiSol a semisombraMuy bajaSí
Dichondra repensSol a semisombraAltaSí
Tomillos rastrerosSolMuy bajaOcasional
Sedum rastrerosSolNula tras arraigoNo
Lysimachia nummulariaSolAltaNo

Cómo plantarlas para que cierren pronto

La época en clima mediterráneo es el otoño, entre octubre y noviembre. Plantando entonces, la planta enraíza con las lluvias y el suelo todavía templado, y llega al primer verano con un sistema radicular hecho. Plantar en primavera obliga a regar todo el verano siguiente y multiplica las bajas.

La densidad decide cuánto se tarda en cerrar. Entre cuatro y nueve plantas por metro cuadrado es lo normal según la especie y la prisa que se tenga: a nueve por metro se cubre en una temporada, a cuatro se tarda dos o tres. Prepare el suelo con una labor superficial, elimine antes las hierbas perennes de raíz profunda (juncia, grama, correhuela), y acolche con corteza o restos triturados entre las plantas.

El acolchado es lo que evita el único trabajo serio de este sistema, que es desherbar hasta que la cobertura cierre. A partir de ahí, la propia tapizante impide germinar a las adventicias y el mantenimiento se reduce a un recorte anual de los bordes y a un aporte de compost. Hay más opciones en alfombras vivas para reemplazar el césped.

En resumen

Las tapizantes cubren el suelo con mucha menos agua y sin siega, sujetan taludes, funcionan bajo los árboles y sobre terreno irregular, y mejoran el suelo con su propia hojarasca. A cambio no se pisan, salvo lipia, gayuba, tréboles y Dichondra, y tardan de una a tres temporadas en cerrar. Deje el césped únicamente donde haya paso constante.

Elija según exposición y suelo: vincas, hiedra, Ophiopogon y Pachysandra para la sombra (esta última solo en suelo ácido); lipia, tomillos rastreros, sedums y gayuba para el sol y el secano. Plante en otoño, a razón de cuatro a nueve plantas por metro cuadrado, acolche entre ellas y cuente con desherbar durante los dos primeros años. Después el jardín se mantiene solo.


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