Un patio orientado al norte, el hueco entre dos adosados, el pie de una encina o el lado umbrío de un muro no son zonas perdidas del jardín: son las que mejor se resuelven, porque en clima mediterráneo la sombra es una ventaja y no un problema. Lo que hay que acertar es el tipo de sombra, que no es una sola.

Bajo un árbol establecido el suelo está seco y las raíces compiten por el agua. Contra un muro al norte el suelo está fresco y no hay competencia. Y bajo la copa ligera de una acacia o un olivo hay sol moteado durante parte del día. Cada una de esas tres situaciones admite plantas distintas, y plantar la de una en la otra es el motivo por el que la mitad de estos rincones acaba pelado.

Una fatsia y una aucuba en un rincón sombrío. Las hojas palmeadas de la primera combinan a la perfección con las brillantes hojas coriáceas variegadas de la segunda.

Los tres tipos de sombra y qué admite cada uno

La sombra seca es la de debajo de árboles y de setos grandes, y la más difícil. Hay poca luz y, sobre todo, hay una masa de raíces que se queda con el agua de riego antes de que llegue a nadie más. Aquí funcionan el rusco (Ruscus aculeatus), el acanto (Acanthus mollis), el lirio hediondo (Iris foetidissima), Euphorbia amygdaloides var. robbiae, Geranium macrorrhizum, la vinca y el eléboro (Helleborus foetidus), todas ellas con raíces profundas o rizomas que aguantan la competencia.

La sombra fresca es la del norte de un muro o de una casa, sin árboles encima. No hay competencia de raíces y el suelo mantiene humedad. Es la mejor situación: admite fatsias, aucubas, hortensias, hostas, helechos, Bergenia, Liriope y Ophiopogon.

La sombra ligera o moteada, con sol filtrado unas horas, es la más generosa: admite casi todas las anteriores más camelias, azaleas y rododendros, con la condición de suelo que se explica más abajo.

Arbustos de hoja perenne para la sombra

La aucuba (Aucuba japonica) es la referencia en rincones difíciles. Hoja coriácea y brillante, con moteado amarillo en los cultivares variegados como 'Crotonifolia'. Tolera heladas, aire marino y contaminación urbana, y se adapta a casi cualquier suelo. Es dioica: los frutos rojos solo aparecen en pies femeninos y hace falta un pie masculino cerca para que cuajen, algo que rara vez se advierte al comprarla. Con una o dos horas de sol al día se defiende mejor de los hongos foliares. Tiene su ficha en aucuba japonica y sus cultivares variegados.

La fatsia o aralia del Japón (Fatsia japonica) aporta hojas grandes, palmadas y brillantes, y en otoño umbelas de flores blancas seguidas de frutos negros. Puede llegar a los 3 o 4 metros. Resiste heladas fuertes, aunque en zonas de heladas prolongadas pierde parte del follaje y rebrota en primavera. Quiere suelo fértil y drenado, y en el suelo apenas necesita riego salvo en sequía. Su multiplicación es sencilla y está explicada en la multiplicación de la fatsia.

Se les suman el durillo (Viburnum tinus), que florece en invierno y aguanta la sombra seca; el laurel (Laurus nobilis); el rusco, autóctono del sotobosque ibérico y prácticamente indestructible; la Sarcococca, perfumada en enero, y la Mahonia.

Tapizantes y vivaces de cobertura

El Ophiopogon jaburan y el Ophiopogon japonicus forman matas redondeadas de hojas acintadas de 25 a 40 centímetros, muy útiles como cubresuelos bajo los árboles y en rocallas. Emiten varas con pequeñas flores blancas o lilas y después frutos azules. Pese a lo que se lee a menudo, no son liliáceas: hoy se clasifican en las asparagáceas, igual que el Liriope muscari, que cumple la misma función con flores violetas más vistosas.

La Soleirolia soleirolii, llamada lágrimas de ángel o helxine, cubre el suelo con una masa densa de hojitas de cinco a quince milímetros que parece musgo. Es la mejor solución para rincones húmedos y umbríos y para desbordar de macetas y jardineras. Conserva el follaje mientras la temperatura no baje de unos 5 grados y rebrota tras heladas moderadas. Su punto débil es la sequía: se seca entera en unos días de calor sin riego, así que no es planta para sombra seca ni para clima continental sin riego regular.

Para superficies grandes y difíciles, el acanto es la solución más agradecida en España: hojas enormes de aspecto casi tropical, espigas florales de un metro en primavera, resistencia total a la sequía estival una vez arraigado y crecimiento bajo cualquier árbol. Tenga en cuenta que se extiende con vigor por rizoma y que arrancarlo después cuesta.

Helechos, y el suelo que necesitan

Los helechos son la vegetación natural de la sombra fresca, pero no todos sirven en cualquier sitio. Los más tolerantes con el clima peninsular son Dryopteris filix-mas, Polystichum setiferum, Asplenium scolopendrium y el helecho común (Pteridium, que conviene evitar en jardín por invasor). Todos piden suelo con materia orgánica, sombra sin sol directo y, sobre todo, que el sustrato no llegue a secarse del todo.

En la mitad norte húmeda se dan solos. En el interior y el sureste hay que asumir riego y un buen acolchado de hojarasca o corteza, que es lo que mantiene la humedad del suelo en verano. Hay una selección en cinco helechos magníficos.

Trepadoras para muros orientados al norte

La hiedra (Hedera helix) es autóctona, resiste el frío y la sequía, tolera la sombra profunda y se adhiere sola al muro mediante raíces adventicias. El sol directo, en cambio, amarillea y quema sus hojas. Es además una de las plantas más valiosas para la fauna, porque florece en otoño y fructifica al final del invierno.

Dos precauciones. Sus raíces adventicias penetran en juntas y revocos deteriorados, de modo que sobre una fachada en mal estado agravan el daño, aunque sobre un muro sano no lo causan. Y su savia contiene falcarinol, que provoca dermatitis de contacto en personas sensibles: pode con guantes y manga larga.

El Ficus pumila (antes citado como Ficus repens), llamado enamorada del muro, se agarra al mortero con crampones y cubre paramentos enteros con hoja pequeña, verde o variegada en el cultivar 'Sunny'. Resiste solo heladas suaves, del orden de 3 grados bajo cero, así que en la Península es planta de litoral. Necesita sustrato húmedo, especialmente en maceta. Su látex es irritante, y conviene saber que al madurar emite ramas con hoja mucho mayor y que se retira del muro con dificultad.

Suelo calizo: qué no plantar en el este y el sur

Este es el punto que cambia toda la lista según dónde viva. Hortensias, camelias, azaleas, rododendros y Pieris son plantas acidófilas: en los suelos calizos que dominan buena parte del este, el interior y el sur peninsular sufren clorosis férrica, con hojas amarillas y nervios verdes, y acaban agotándose por mucho quelato de hierro que se aporte.

En esas zonas, la sombra se llena con acanto, rusco, durillo, aucuba, laurel, Iris foetidissima, Bergenia, Liriope, Geranium macrorrhizum y vinca, que viven sin discusión sobre suelo básico. Si se quiere una camelia, en maceta con sustrato ácido y riego con agua de lluvia, no en el suelo. Las hortensias y camelias en el suelo son cosa de Galicia, la cornisa cantábrica y las zonas de suelo silíceo.

Dos avisos: invasoras y plantas tóxicas

Entre los tapizantes de sombra hay uno que no debe plantarse: Tradescantia fluminensis, muy usada como cubresuelos en el norte húmedo, figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, lo que prohíbe su posesión, comercio y plantación. En Galicia y la cornisa cantábrica ha desplazado al sotobosque nativo en zonas amplias, porque un solo fragmento de tallo enraíza. La vinca (Vinca major) no figura en el catálogo, pero se comporta de forma agresiva en suelos frescos y conviene contenerla.

Sobre toxicidad, varias de estas plantas lo son por ingestión. Las bayas de aucuba y de hiedra, el laurel cerezo (Prunus laurocerasus), muy usado en setos de sombra y tóxico en todas sus partes por sus glucósidos cianogénicos, el eléboro y la digital (Digitalis purpurea), que crece espontánea en la sombra fresca del norte y es de las plantas más tóxicas de la flora ibérica. La savia de hiedra y la de Ficus pumila irritan la piel. Si hay niños en el jardín, conviene saber qué se ha plantado y ante cualquier ingestión acudir al médico.

Riego y mantenimiento

En sombra se riega menos que a pleno sol, porque la evaporación es mucho menor, pero en sombra seca bajo árbol se riega más de lo que parece: la competencia radicular se lleva casi todo. La solución que mejor funciona es el acolchado, cinco centímetros de corteza, hojarasca o restos de poda triturados, que reduce la evaporación, mantiene el suelo fresco y aporta materia orgánica al descomponerse.

Los abonados, moderados: con poca luz la planta crece despacio y un exceso de nitrógeno solo la ahíla. Una advertencia sobre las variegadas (aucubas, hiedras, Ficus pumila 'Sunny'): en sombra muy profunda tienden a revertir a verde, porque la planta prioriza el tejido que fotosintetiza. Si le interesa el moteado, colóquelas donde reciban algo de luz indirecta abundante. Hay más ideas en zonas difíciles del jardín.

En resumen

Distinga primero si su sombra es seca (bajo árboles, con competencia de raíces), fresca (al norte de un muro) o ligera, porque de ahí sale toda la selección. Para sombra seca, acanto, rusco, Iris foetidissima, Geranium macrorrhizum, eléboro y vinca. Para sombra fresca, fatsia, aucuba, helechos, hostas, Bergenia, Liriope y Ophiopogon. Para muros, hiedra en casi toda la Península y Ficus pumila solo en litoral sin heladas.

Si su suelo es calizo, que lo es en gran parte del este y el sur, olvide hortensias, camelias y azaleas en el suelo y quédese con la paleta mediterránea de sombra, que no da problemas. Acolche siempre, riegue más de lo que cree bajo los árboles, no plante Tradescantia fluminensis y tenga presentes las plantas tóxicas si el jardín lo usan niños.


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