Hay cinco plantas de interior que aguantan casi cualquier cosa: el crotón, los filodendros, la sansevieria, la schefflera y el poto. No son las más espectaculares, pero sí las que sobreviven a un piso con calefacción, a una semana sin riego y a una ventana orientada al norte. Para quien empieza, o para quien viaja, son la elección sensata.

Conviene aclarar de entrada un asunto que se repite en todos los artículos sobre estas plantas. La idea de que purifican el aire de una vivienda viene de unos ensayos hechos en cámaras selladas de laboratorio, y no se traslada a una habitación real: la ventilación de una casa normal renueva el aire muchísimo más deprisa de lo que puede hacerlo una maceta. Las plantas de interior se tienen porque son bonitas y porque acompañan, no como sistema de filtrado.

Crotones, potos, sansevierias, filodendros y scheffleras en múltiples combinaciones, en las que la elección de los tiestos juega también un importante papel. Las posibilidades son ilimitadas. Fotos: Flower Council of Holland

Las cinco plantas

Crotón (Codiaeum variegatum). Es el color puro: hojas coriáceas y brillantes jaspeadas en verde, amarillo, naranja, rojo y púrpura, con los nervios marcados. Es la más exigente de las cinco y su requisito es la luz: sin luz abundante pierde el color y las hojas nuevas salen verdes. También es la que peor lleva los cambios, y responde a una corriente de aire frío o a un traslado tirando las hojas de golpe. Quiere temperatura estable, humedad y riego regular sin encharcar.

Filodendros (Philodendron). Un género enorme, con especies trepadoras de hoja recortada y otras de porte arbustivo y hoja entera. Las trepadoras emiten raíces aéreas con las que se agarran a los troncos, y en maceta se les da un tutor de fibra o de musgo que se mantiene húmedo. Aguantan bien la luz media y son de las plantas de interior más agradecidas. En Canarias y en el sur peninsular es habitual verlos en patios y jardines a la sombra.

Sansevieria (hoy clasificada como Dracaena trifasciata, aunque en vivero se siga llamando Sansevieria). Es la planta más difícil de matar que existe, siempre que no se riegue de más. Sus hojas gruesas y erectas almacenan agua y toleran la sequedad ambiental, el calor y la penumbra. Crece despacio y no le importa estar apretada en la maceta.

Schefflera. Hojas compuestas en forma de sombrilla sobre tallos leñosos. Se encuentra como arbolito de troncos trenzados, como arbusto compacto o como ejemplar alto y ligero. Necesita bastante luz y poco riego, y responde muy bien a la poda: si se estira y se despoja por abajo, se corta y rebrota ramificada.

Poto (Epipremnum aureum, y el emparentado Scindapsus pictus, de hojas punteadas en plata). Es la planta colgante por excelencia y también trepa si se le da soporte. Tolera la penumbra mejor que ninguna otra de esta lista, aunque los cultivares variegados pierden el jaspeado si la luz es escasa. Se multiplica en un vaso de agua en dos semanas.

Toxicidad: lo que hay que saber si hay niños o animales

Las cinco tienen algún grado de toxicidad y conviene saberlo antes de colocarlas al alcance de un gato o de un niño pequeño.

Filodendros y potos son aráceas y contienen cristales de oxalato cálcico: al masticar una hoja producen dolor, irritación e hinchazón inmediata en boca y garganta. La schefflera contiene compuestos similares. La sansevieria contiene saponinas y su ingestión provoca molestias digestivas. El crotón es una euforbiácea y su látex blanco irrita la piel y las mucosas, especialmente los ojos.

Las medidas prácticas son sencillas: manipular el crotón y podar con guantes, lavarse las manos después de cortar cualquiera de ellas, y colocar potos y filodendros colgados o en alto si hay gatos, que son especialmente propensos a mordisquear las hojas colgantes. Ante una ingestión, la consulta corresponde al médico o al veterinario.

Luz: la variable que lo decide todo

La regla es directa: cuanto más color tenga la hoja, más luz necesita. Un crotón o un poto muy variegado piden el sitio más luminoso de la casa, junto a la ventana. Las variedades de hoja verde lisa se conforman con mucha menos.

Ninguna quiere sol directo a través del cristal en verano, que quema las hojas dejando manchas pardas secas. La orientación cómoda es este o norte, o al sur con un visillo.

Dos síntomas indican falta de luz: tallos que se estiran con hojas cada vez más separadas y pequeñas, y pérdida del jaspeado en las variegadas. Si además caen hojas, la planta lleva tiempo por debajo de su mínimo.

Riego: el error que mata a la mayoría

Se pierden muchas más plantas de interior por exceso de agua que por sequía. La razón es que un cepellón encharcado no tiene oxígeno, la raíz se pudre y la planta se marchita, un síntoma que la mayoría interpreta como sed y responde regando más.

El método fiable no es el calendario sino la comprobación: se mete el dedo dos o tres centímetros en el sustrato y solo se riega si sale seco. Con macetas grandes, levantar el tiesto para notar el peso funciona todavía mejor.

Cuando toca, se riega hasta que salga agua por los agujeros de drenaje, se deja escurrir y se vacía el plato o el cubremacetas. Ese detalle, el agua acumulada bajo la maceta, es probablemente la causa número uno de mortalidad de las plantas de casa.

Las necesidades varían entre estas cinco: sansevieria y schefflera quieren muy poca agua, y en invierno una sansevieria puede pasar tres semanas o más sin riego; el crotón y los filodendros piden el sustrato ligeramente húmedo de forma más constante. En invierno, con menos luz y la planta parada, todas consumen bastante menos.

Temperatura, humedad y limpieza

Son plantas tropicales y empiezan a sufrir por debajo de unos 12 grados. Los sitios problemáticos de una casa española son el hueco junto a la puerta de entrada en invierno, el alféizar de una ventana que se abre a ventilar cada mañana y el mueble encima del radiador.

La sequedad del aire por la calefacción se manifiesta en puntas de hoja secas y marrones. Ayuda pulverizar, agrupar las plantas y poner las macetas sobre un plato con grava húmeda, siempre con el fondo del tiesto por encima del agua. La sansevieria es la excepción: no necesita pulverización y prefiere el aire seco.

Limpiar el polvo de las hojas con un paño húmedo cada pocas semanas no es un capricho estético: una capa de polvo reduce la luz que llega a la hoja, y en interior la luz siempre va justa. Con las hojas grandes y brillantes de crotones y filodendros, la diferencia se nota.

Abono, poda y trasplante

Se abona con fertilizante líquido para plantas verdes diluido en el riego, cada dos semanas de marzo a septiembre y una vez al mes o nada en invierno. Abonar una planta parada por falta de luz no la hace crecer, solo acumula sales en el sustrato.

La poda consiste sobre todo en retirar hojas amarillas o secas. Las scheffleras y los potos admiten cortes fuertes y rebrotan bien; el mejor momento es el final del invierno o el principio de la primavera. Las sansevierias no se podan: una hoja cortada no vuelve a crecer y queda con la punta seccionada para siempre.

El trasplante se hace en primavera y solo cuando la raíz llena el cepellón, a una maceta una talla mayor, nunca a una mucho más grande. Los potos se multiplican metiendo un trozo de tallo con dos o tres nudos en agua; las sansevierias, por división de la mata, que es el método a usar si la variedad es variegada, porque los esquejes de hoja pierden el jaspeado y salen verdes.

En resumen

Sansevieria, poto, schefflera, filodendro y crotón cubren todo el rango de dificultad, de la planta que aguanta el olvido a la que exige luz y estabilidad. Ordenadas de más fácil a más exigente: sansevieria, poto, schefflera, filodendro y, la última, el crotón.

Los cuidados se resumen en cuatro cosas: la luz que pida su follaje, regar comprobando el sustrato y no por calendario, vaciar siempre el plato y limpiar el polvo de las hojas. Y si hay niños pequeños o animales en casa, conviene recordar que todas ellas irritan boca y mucosas si se mastican, así que la ubicación se elige también con ese criterio.


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