El rojo es el color más difícil de manejar en un jardín y el que más rendimiento da cuando se acierta. Avanza visualmente, es decir, atrae la mirada y parece estar más cerca de lo que está, de modo que una mancha roja al fondo de una parcela la acorta y una mancha roja en primer plano se come todo lo demás. Usado con cabeza, es la forma más barata de dar un punto focal.
Hay una segunda regla que evita disgustos: no todos los rojos combinan entre sí. Los rojos con base azul, como los de muchos claveles y salvias, chocan con los rojos anaranjados de geranios y cannas. Si se mezclan en el mismo macizo, el conjunto se ve sucio. Lo prudente es elegir una de las dos familias y repetirla.
Las verbenas no solo se pueden utilizar como rastreras sino también como plantas colgantes de gran efecto. En la foto, el híbrido Superbena Royale Red, resistente al calor y la sequía.
Verbenas
Las verbenas híbridas de jardinería son vivaces que en España se manejan como planta de temporada, porque pierden el follaje con el frío. Forman matas rastreras o colgantes de unos veinticinco centímetros que se cubren de umbelas planas desde la primavera hasta el otoño, y hay cultivares de un rojo intenso y saturado.
Son de las plantas de temporada que mejor toleran el calor y la sequía, así que funcionan en balcones expuestos donde otras se rinden. Piden pleno sol, sustrato que drene y riego cuando el sustrato se ha secado, no antes. Con demasiada agua y poca ventilación cogen oídio con facilidad, que aparece como un polvillo blanco en las hojas.
Si a mitad de verano se estiran y florecen menos, se recortan un tercio y vuelven con fuerza en un par de semanas.
Geranios y gitanillas
El rojo más asociado a los balcones españoles es el del geranio (Pelargonium zonale) y el de la gitanilla (Pelargonium peltatum), la de hoja carnosa y porte colgante. Aguantan el sol, el calor y la sequía relativa mejor que casi cualquier otra planta de flor, y con abono para plantas de flor cada quince días florecen de marzo a noviembre en gran parte del país.
Tienen un problema serio y específico en España: la mariposa del geranio (Cacyreus marshalli), una licénida originaria del sur de África detectada en la península a principios de los años noventa y hoy extendida por todo el litoral y buena parte del interior. La oruga perfora los tallos y se alimenta desde dentro, de modo que la planta se dobla y se seca de golpe sin causa aparente.
Se detecta mirando los tallos: aparecen orificios pequeños con restos de excrementos y el interior hueco. Las plantas se revisan con frecuencia en primavera y verano, se cortan y destruyen los tallos afectados, y conviene inspeccionar los botones florales, donde también entran. Cuanto antes se detecte, menos daño.
Claveles y clavelinas
El clavel (Dianthus caryophyllus) es una planta mediterránea que da su mejor versión en primavera y otoño. Quiere sol, drenaje y un sustrato neutro o ligeramente alcalino, algo poco frecuente entre las plantas de flor y que en España juega a favor, porque el agua dura del grifo no le molesta.
Lo que no lleva bien es el calor extremo: por encima de treinta y tantos grados sostenidos, la floración se para y las flores salen pequeñas y mal formadas. En el sur peninsular, media sombra en las horas centrales de julio y agosto lo mantiene en forma hasta que refresca y vuelve a florecer.
Se abona con regularidad durante la floración, se riega al pie sin mojar el follaje y se recorta la mata entera cuando la primera oleada de flor se apaga. Las clavelinas de maceta, de porte más bajo y flores menores, se manejan igual y son más agradecidas en jardinera.
Salvias rojas
La banderilla (Salvia splendens) es la salvia roja clásica de parterre, de un escarlata rotundo, y es una planta brasileña muy sensible al frío que en España se cultiva como anual. No se planta hasta que ha pasado todo riesgo de helada, entre abril y mayo según la zona. A diferencia de la mayoría de las salvias, quiere suelo rico y fresco, no seco, y agradece el abonado continuo mientras florece.
Para quien quiera rojo sin replantar cada año, la alternativa son las salvias arbustivas mexicanas, sobre todo los cultivares rojos de Salvia microphylla y Salvia greggii. Florecen de la primavera al otoño, toleran la sequía y el calor una vez establecidas, aguantan el invierno en la mayor parte de la península y solo piden un corte a un tercio a finales del invierno. Son, con diferencia, la mejor relación entre color rojo y trabajo.
Mandevilla o dipladenia
La mandevilla es un arbusto trepador de flores acampanadas, brillantes y grandes, con cultivares de rojo intenso. Florece todo el verano y funciona igual en el jardín, en un lugar abrigado, que en maceta con un enrejado o un aro de soporte.
No tolera la helada, de modo que fuera del litoral cálido hay que meterla dentro o a un porche resguardado en invierno, reduciendo mucho el riego durante ese periodo. Quiere sol, aunque no el del mediodía en pleno verano, sustrato ácido y drenado, y riego abundante en floración dejando secar entre riegos. A finales de marzo se poda, se abona y se reanuda el riego normal.
Un aviso: como todas las plantas de su familia, al cortarla suelta un látex blanco que irrita la piel y las mucosas y la planta se considera tóxica por ingestión. Conviene podarla con guantes y mantenerla fuera del alcance de niños pequeños y animales.
Más rojos para el jardín español
Fuera de las plantas de temporada, hay vivaces y arbustos de flor roja que resuelven el color con mucho menos mantenimiento:
- Crocosmias. Bulbosas de espigas arqueadas naranja rojizo en pleno verano, resistentes y de fácil naturalización en la mitad norte.
- Cannas. Hojas grandes y flores rojas o anaranjadas de julio a octubre. Quieren sol, agua y suelo rico; en zonas frías se protegen o se levantan los rizomas.
- Granado (Punica granatum). Su flor roja anaranjada de junio es de las más vistosas del jardín mediterráneo, y hay cultivares ornamentales de flor doble. Aguanta la sequía y la cal.
- Callistemon. Arbustos australianos de inflorescencias en cepillo rojo, muy resistentes al calor y al suelo pobre, buenos para el litoral.
- Hemerocallis y amapolas orientales, para quien prefiera el rojo en un macizo de vivaces sin riego intensivo.
Cómo colocar el rojo
Tres criterios sencillos sacan partido de este color. El primero es el fondo: el rojo pide verde oscuro detrás, un seto, un muro con hiedra, un grupo de arbustos. Contra una pared blanca vibra y cansa, y contra tonos rosas se pelea.
El segundo es la compañía gris. El follaje plateado de las lavandas, las santolinas o los helicrisos suaviza el rojo y lo hace legible. Es la combinación más segura que existe.
El tercero es la luz. El rojo oscuro se traga la luz y a la sombra desaparece, se ve casi negro. Si se planta rojo en semisombra, mejor en tonos claros o anaranjados, que siguen leyéndose.
En resumen
Para rojo de temporada en maceta, las verbenas y los geranios son las opciones más resistentes al calor español, con la vigilancia de la mariposa del geranio como única tarea seria. Los claveles aportan perfume y toleran el agua dura, a cambio de parar en pleno verano.
Para rojo permanente y poco trabajo, las salvias arbustivas mexicanas son la mejor apuesta en casi toda la península, y el granado o los callistemon resuelven la escala de arbusto. Y con la mandevilla conviene recordar que su látex irrita la piel y las mucosas, así que se poda con guantes.