Plantas carnívoras: tan raras como bellas

Las plantas carnívoras son tan raras como bellas, como un documental de La 2 pero en el jardín o en el interior de casa. Un festín para la vista… ¡y para ellas! Los niños son sus mayores fans.

La Darlingtonia californica es una de las plantas carnívoras más populares. Sus trampas tubulares recuerdan la forma de un ofidio, incluida la lengua bífida.

Las plantas carnívoras no dejan de asombrar: ¡vegetales que devoran animales! Están de moda y hasta han protagonizado películas como La pequeña tienda de los horrores…

Aunque raras, no son pocas: superan las 600 especies en todo el mundo. En España hay una endémica: la tiraña de Sierra Nevada, una curiosa atrapamoscas que crece por encima de los 2.500 metros. La mayoría, sin embargo, procede de regiones cálidas y húmedas, sobre todo de ambiente pantanoso.

En algunas especies las trampas se marchitan y tienen solo una vida útil de tres o cuatro capturas, aunque después producen otras nuevas.
Esa es precisamente la clave de su bizarra adaptación: los suelos muy ácidos y pobres en nitrógeno las obligaron a extraer nutrientes complementarios del reino animal, desde bacterias y protozoos a insectos e incluso pequeños peces.

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En su comienzo evolutivo, al parecer los atrapaban gracias a las sustancias pegajosas que segregaban (algunas como la Pinguicula vulgaris lo siguen haciendo), pero con el tiempo desarrollaron sofisticados mecanismos de trampa que hoy sirven para clasificarlas: hojas en forma de pinzas que se cierra cuando un insecto roza unos cilios (apéndices con aspecto de pelo) sensibles; hojas que se curvan sobre la presa, como en las droseras; hojas en forma de jarra con una tapa y trampas de tipo trompeta al estilo de la Aristolochia grandiflora: el insecto entra pero no puede salir, se lo impiden los pelos orientados hacia dentro. Segregan néctares por anzuelo y jugos digestivos para asimilar los nutrientes. En algunas especies las trampas se marchitan y tienen solo una vida útil de tres o cuatro capturas, pero después producen otras trampas nuevas.

Cómo cuidarlas

No todas exigen los mismos cuidados, pero existen unas reglas de oro para la mayoría.

• Sustrato:

El suelo ha de ser muy pobre, libre de cualquier abono. Se suele usar como sustrato la turba rubia, especialmente de Sphagnum, mezclada con un tercio de arena de sílice; ha de garantizar acidez, aireación y retención de agua a la vez: así podrá permanecer bien mojado en verano y húmedo en invierno sin que se asfixien las raíces.

• Agua:

No toleran la del grifo ni la calcárea; ha de ser de lluvia, acidificada o destilada. En general conviene regarlas por inmersión.

• Luz:

Necesitan mucha luz natural, incluso directa. Algunas viven bien al sol.

• Ambiente:

Casi todas piden humedad alta y temperaturas cálidas o templadas. Las macetas deben colocarse sobre una bandeja con guijarros y agua, o en medio de otras plantas que generen humedad ambiental. También se pueden cultivar en terrarios. Las nepenthes y las sarracenias se pueden tener en el exterior de junio a setiembre, fuera del sol directo, en patios y terrazas, lo que en las zonas costeras les asegura humedad ambiental automáticamente; cuando las temperaturas nocturnas bajan de 14-13° se deben llevar dentro de casa.

• Amenazas:

Pulgones y hongos como la Botrytis, podredumbre que propicia el exceso de humedad y la falta de ventilación.

• Alimentación:

La dieta de moscas y mosquitos es la habitual en el cultivo en interiores; las de exterior se bastan con los insectos que pululan en su entorno. Si no comen carne estarán menos lustrosas, aunque pueden sobrevivir como cualquier otra planta.


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